Michael Cunningham: "Mi mente está llena de imágenes, no de palabras"
Por Vis MOLINA
El autor norteamericano presenta Cuando la noche, una disección de las dudas y temores del hombre contemporáneo
Es fumador compulsivo pero tiene aspecto de hombre saludable, dado su porte atlético y su tez bronceada. Es fácil imaginarlo en una de esas fiestas mundanas que tan bien retrata en Cuando cae la noche (Lumen), su última novela, y resulta extraño que un asiduo a ambientes refinados y snobs, en los que sólo se toman cócteles y agua Perrier junto a unas coloristas crudités, fume con esa pasión y practique un vicio tan políticamente incorrecto. "La realidad es que nunca ha sido mi ambiente, afirma el autor. "Ya me gustaría que me invitaran de vez en cuando a una soirée de ese estilo pero no pertenezco a ese mundo".
Ganador del Pulitzer y del Faulkner Award por su tercera novela, Las horas (llevada al cine por Stephen Daldry y basada en la vida de Virginia Woolf) habla sin tapujos de lo que esos galardones supusieron en su carrera: "Llevaba años sin que nadie me prestara atención y de repente llegó la enorme convulsión del premio. Quedé anonadado, paralizado por el terror, tanto que creí no poder volver a escribir nunca más. Hasta que un buen día me dije que tenía que desterrar ese miedo puesto que lo más probable es que nunca más volviera a ganar ese premio. Y ese pensamiento fue enormemente liberador y me permitió volver a mi ordenador".
Californiano de adopción, aunque residente en Nueva York desde hace años, Michael Cunningham (Ohio, 1952) ha vuelto a sorprender a los lectores con este retrato de una pareja en la cuarentena, metida de lleno en los ambientes artísticos y culturales del Manhattan más urbano y contemporáneo, que ve perturbada su apacible convivencia por la irrupción de un tercero, el hermano pequeño de la mujer, un elemento fetiche a la manera del Tadzio de Muerte en Venecia, referencia literaria del autor. Y ese protagonismo está compartido con el propio Manhattan ya que, según palabras de Cunningham, "otorgo mucha importancia a los ambientes, creo que una de las labores del escritor es reflejar con detalle la vida en el entorno correspondiente. Conocemos la Rusia del siglo XIX gracias a Dostoievsky, Chejov o Tolstoi. Los historiadores se dedican a registrar hechos mientras que los escritores describimos experiencias. Me gusta y me interesa ser meticuloso con la época y las costumbres". La realidad es que, desde la primera página, el lector se sumerge en el ritmo rabioso de la ciudad, primero a lomos de uno de sus iconos, los inconfundibles y destartalados taxis amarillos, y luego irrumpiendo en una sofisticada velada protagonizada por los neoyorquinos más chics.
Y el que ha sido considerado el maestro del diálogo muestra una vez más en estas páginas su dominio de la técnica, al conseguir que el lector participe casi en primera persona de las escenas gracias a unas conversaciones frescas y directas, que parecen haber surgido espontáneamente del teclado de su portátil sin ninguna manipulación posterior. "Esa naturalidad no es tan difícil de lograr, sobre todo si tenemos en mente dos principios fundamentales del ser humano: nunca contestamos directamente a ninguna pregunta y siempre ocultamos algo. Estas dos premisas me guían y me mantienen en el camino, por eso intento serles fiel", aclara el autor. Y añade: "Dicen que mi manera de narrar es muy visual, casi fotográfica, y lo cierto es que mi mente está siempre llena de imágenes, y no de palabras. Y lo que capta el interés del lector es el hecho de que los personajes sean creíbles y convincentes. Y que parezcan gente de verdad". Los de Cuando cae la noche lo son, de eso no hay duda. Uno se mete en su vida cotidiana desde el principio y con una facilidad pasmosa, entrando en la intimidad de su apartamento, oyendo el silencio de su dormitorio, contemplando el desorden de su cuarto de baño y siendo testigo mudo de lo que se esconde en el fondo de su nevera.
Cunningham se confiesa como "odiosamente disciplinado, porque vengo de una familia muy estricta en cuya casa no estaba permitida la entrada a los virus y microbios". Ahora acaba de concluir uno de sus últimos guiones para Hollywood, "porque el de guionista es un trabajo que me permite pagar las facturas sin dolores de cabeza". Se trata de la adaptación al cine de Una vuelta de tuerca, la magistral obra de Henry James, otro de sus autores preferidos. Y acaba de empezar su próxima novela, de la que tan sólo lleva escritas unas cincuenta páginas y que está situada en el Manhattan más paupérrimo, "la otra cara de la moneda", añade.
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Las horas
de Michael Cunningham
Trad. de Jaime Zulaika. Muchnik. Barcelona. 212 págs., 1.950 ptas.
Por José Antonio GURPEGUI
Michael Cunningham es autor de tan solo tres novelas y es el flamante premio Pulitzer de 1999. Para quien no conozca ninguna de las novelas de Cunningham tal vez resulte sorprendente la concesión del premio a un autor de tan corta trayectoria, pero no será el caso para los lectores de Una casa en el fin del mundo (1990) y De carne y hueso (1995). Hace años, en la reseña de Una casa en el fin del mundo expresaba mi satisfacción con la obra de este autor novel y le aventuraba un puesto importante en el panorama literario norteamericano; De carne y hueso revalidaba las esperanzas expresadas y esta Las horas incluso supera a las anteriores.
En Las horas nos encontramos con tres mujeres que viven en tiempos y lugares diferentes. Cada una tiene su propio espacio en la novela con los capítulos correspondientes, pero éstos se intercalan de manera que se recrea la ilusión de que sus propias vidas participan y son parte de una experiencia común. La primera que conocemos es a Virginia Woolf, sí, la Virginia Woolf de Mrs. Dalloway, cuando un día de junio de 1923 comienza a escribir su novela y recibe la visita de su hermana Vanessa. La segunda protagonista es la Sra. Brown, Laura Brown, en Los ángeles de 1949, mientras prepara la fiesta de cumpleaños de su esposo y que va a leer la novela Mrs. Dalloway. Por último Clarissa Vaughan, del Nueva York de los 90, que prepara una fiesta para su amigo Richard Brown, afectado por el SIDA, al haber recibido un premio de poesía. En otros tiempos esta pareja mantuvo una relación; era cuando Richard llamaba a Clarissa “Mrs. Dalloway”. El lector conocerá los acontecimientos de un día en la vida de cada uno de los personajes, tiempo suficiente para desvelarnos las ilusiones y miedos de estas tres heroínas.
Este brevísimo recorrido argumental bien puede inducir a pensar que nos encontramos ante una novela con una añadida dificultad de lectura; en absoluto. Aunque intercaladas, las tres historias se desarrollan de forma lineal sin intervenir la una en la otra. Tan sólo sutiles e imaginativas pinceladas, como cuando dejamos a Virginia escribiendo la primera línea de su novela y a continuación encontramos a Laura leyendo esa misma línea.
El primer título que Virginia Woolf tenía pensado para su novela era precisamente Las horas y recordarán los lectores que el argumento de Mrs. Dalloway tiene que ver con los preparativos de una fiesta. No son éstos los únicos préstamos que toma Cunningham. Clarissa compra flores para la fiesta, es bisexual, vive con su amiga Sally; Laura, que tiene un hijo y está embarazada, tendrá que escaparse durante unas horas a un motel para poder leer... Pero además de todos estos aspectos puramente formales, que sin duda alguna sirven para soldar Las horas y Mrs. Dalloway, la novela de Cunningham también recoge todo el oscurantismo, la ansiedad contenida en la de Woolf y todo ello en un ambiente de absoluta normalidad. Pese a lo expuesto, no debe pensarse que la segunda es una simple secuela de la primera pues las conexiones entre las dos obras van mucho más allá de meros aspectos formales. Lo que de verdad interesa es que para entender Las horas no es necesario haber leído previamente Mrs. Dalloway, aunque si ya la han leído gozarán de un placer añadido; y que en este último premio Pulitzer encontrarán un excelente estudio de las penalidades de la creación artística, de los límites de la sexualidad, del poder de los recuerdos y la gran maravilla que es la literatura.
Articulo : http://www.elcultural.es/ 11/03/2011
