Castellanos indaga en la bondad y maldad del ser
En “La sirvienta y el luchador”, el escritor refleja la violencia extrema en El Salvador de los años 80
Por Yanet Aguilar Sosa
La nueva historia del escritor Horacio Castellanos Moya tiene como escenario el San Salvador de los años 80, con toda su violencia e impunidad; sus personajes confirman lo que él sabe tras años explorando esos territorios desde la literatura y el periodismo: que en tiempo de guerra se liberan las energías más negativas en los seres humanos, pero también las energías más positivas. Que por cada víctima siempre hay un criminal.
Una mujer de escasos recursos que se ha ganado la vida sirviendo a otros y un ex luchador que vive de hacer el trabajo sucio de las instituciones de seguridad, son los protagonistas de La sirvienta y el luchador, una historia de violencia extrema, de utopías, de luchas, de crímenes desde la impunidad; pero también muestra grandes bondades, que ocurren en El Salvador, pero que bien podrían ocurrir en cualquier lugar del mundo.
“Este es un tema universal en el sentido en que puede suceder en San Salvador, en Guatemala, en Ciudad Juárez, en Bagdad o en Kabul, ahora puede pasar en alguna ciudad del norte de Libia; es decir, son momentos en que se desatan los demonios, donde los seres humanos pierden los mecanismos de control de lo que se llama la civilización”, dice el narrador.
El escritor de familia salvadoreña que nació en 1957 en Tegucigalpa, Honduras, ha indagado en las profundidades de la violencia y lo ha hecho a un ritmo duro, vertiginoso. En esta historia publicada por Tusquets, el escritor, que vivió durante muchos años en México, quiso indagar en los momentos de violencia extrema y descarnada en un tiempo donde los jóvenes luchan por hacer un mundo mejor usando la violencia.
“Tenemos a un Vikingo que representa un proceso de descomposición y de pérdida de todos los valores; por otro lado está María Elena, quien conserva ciertos valores esenciales, que nos muestra cómo enfrentar con valores morales una situación difícil”, dice el autor de Tirana memoria.
Castellanos Moya parte en cada novela de un hecho concreto, que en la historia de la humanidad todo es cíclico.
“Ni mejores ni peores”
Tiene claro que en términos de valores morales del hombre, el progreso no existe, pues sólo existe en términos materiales. “Hay momentos cíclicos, hay momentos en que la sociedad están en un momento cumbre por cómo funcionan, del entendimiento, de cómo se respeta el pacto; pero luego aquello se comienza corroer y cae, entonces las cosas se polarizan muchísimo”.
El libro permite ver hasta dónde pueden llegar los seres humanos, da cuenta de qué son capaces de hacer, tanto del lado de la bondad como del lado de la perversidad o de gozar con el dolor ajeno. Castellanos lo sabe bien porque dice que hay evidencia de que los hombres no somos ni mejores ni peores y que el tiempo es una falacia en lo que respecta a la condición humana porque no la modifica.
Para él, el tiempo modifica las circunstancias en que el hombre vive, proporcionando tecnologías, ideas que permiten tratar de vivir mejor, pero cuando ese hombre está ante ciertas situaciones, muestra que en él está lo mejor y lo peor de la especie.
“Nos comportamos según las circunstancias, las condiciones, la educación y el momento en que nos toca vivir, pero todos somos capaces de lo peor y también todos somos capaces de lo mejor, en eso no hay novedad”, señala escritor que radica en EU.
Dice que hay un proceso dialéctico o complementario, los hombres no se descomponen y las instituciones quedan incólumes, tampoco las instituciones se descomponen solas y los hombres quedan incólumes; sino, que todo está interrelacionado. “Por cada víctima hay un criminal y cuando hay muchísimas víctimas hay una gran cantidad de criminales”, dice.
Puesto así, el Vikingo, su policía que fue antes un luchador, representa lo más bajo de una institución que se descompone. La contraparte es María Elena, la sirvienta que de forma rudimentaria investiga la desaparición de una pareja de jóvenes con los que trabaja, al tiempo que es testigo de la subversión juvenil y de la impunidad de las instituciones.
Castellanos Moya no es un creyente de la bondad innata del hombre, ni de la maldad innata del hombre, él cree que las dos están dentro de los seres humanos. “Mira lo que pasa con México, cuando yo viví aquí en los 80 este era un país pacífico, por eso vine, porque no pasaba nada, lo más que le podían hacer a uno era que le sacaran la billetera en el Metro o en el bus”.
Hoy, este escritor vislumbra otra historia tan provocadora como esta, pero va con calma, dice.
Articulo : http://www.eluniversal.com.mx 16/04/2011
