dimanche 22 mai 2011

Antonio BASCUÑÁN RODRIGUEZ/ El último año en la vida de MAHLER

DE NUEVA YORK A VIENA Memorias:
El último año en la vida de Mahler
Por Antonio Bascuñán Rodríguez

"El final - 1911" es el epígrafe del último capítulo de los "Recuerdos" que Alma Mahler publicó en 1923 y luego en 1940 y 1949. Es en lo esencial la crónica de la enfermedad mortal de Gustav Mahler, a contar de su diagnóstico en Nueva York hasta su desenlace en Viena.

Desde la dimisión de Mahler a su cargo de director de orquesta y director artístico de la ópera de Viena en 1907 los Mahler -Gustav, Alma y Anna Justine (Gücki)- pasaban la temporada otoño-invierno en Nueva York, donde Mahler tenía compromisos como director de orquesta, primero para óperas en el MET y más tarde para conciertos con la Filarmónica.

La temporada 1910-1911 sólo contempló conciertos. Entre el 1° de noviembre y el 21 de febrero Mahler condujo en Manhattan, Brooklyn y un tour por los grandes lagos y las ciudades del norte del Estado de Nueva York un total de 48 conciertos que comprendieron 165 interpretaciones de 94 obras, incluyendo una versión corregida de su 4ª Sinfonía. El hecho de que Mahler tuviera a principios de febrero un desencuentro con el comité de la Filarmónica y dificultades con la orquesta generó para la posteridad el mito de su fracaso en América.

El mito fue originalmente alimentado por la ausencia de Mahler en el podio a partir del 21 de febrero y por una entrevista dada en abril por Alma en París. La posteridad lo vio ratificado en el pasaje de los "Recuerdos" de Alma que describe el incidente con el comité. Henry-Louis de la Grange, el monumental biógrafo de Mahler que elevó el registro del chisme a las dimensiones de una epopeya, considera que ese incidente no rebasó el margen de una negociación, probablemente malentendida por Mahler a consecuencia de su deficiente dominio del inglés.

Walter Gropius y Sigmund Freud

Como sea, el 21 de febrero Mahler dirigió el último concierto de su vida, padeciendo amigdalitis y fiebre, y contraviniendo de las indicaciones de Josef Fraenkel, amigo cercano y médico de la familia desde 1908. La amigdalitis desapareció, pero la fiebre se mantuvo intermitente. Recluido en el Hotel Savoy y entregado como niño a los cuidados de Alma, cuando Mahler estaba de buen humor bromeaba acerca de su muerte. "Cuando me haya marchado tú serás un buen partido; eres joven, eres hermosa, ¿con quién nos casaremos? (...) X es demasiado aburrido. Y, demasiado monótono (...) mejor me quedo junto a ti", cuenta Alma que le decía, mientras ella reía con lágrimas en los ojos.

Es imposible no ver en esa broma de Mahler una alusión al entonces joven arquitecto Walter Gropius. En agosto de 1910, en Toblach (hoy Tobiacco), un pueblo del Tirol donde los Mahler pasaban sus vacaciones de verano desde 1908, Mahler abrió un sobre dirigido a él, que portaba una carta escrita por Gropius a Alma, en la que le declaraba su amor y le pedía que dejara su matrimonio. Gropius incluso apareció en Toblach; Mahler lo buscó, lo trajo a la casa familiar y dijo a Alma que se decidiera.

Alma optó por mantener su matrimonio, pero su relación con Mahler cambió. El hecho le ofreció una ocasión para hacerle presente su postergación durante esos 10 años juntos y Mahler sufrió ataques de pánico y regresiones infantiles por temor a ser abandonado. Incluso viajó a Leiden (Holanda) para reunirse el 26 de agosto por la tarde con Sigmund Freud, en una sesión que duró varias horas paseando juntos. (Los honorarios por 300 coronas fueron cobrados por Freud después de la muerte de Mahler a Emil Freund, su albacea.)

En sus "Recuerdos" Alma narra estos hechos como si se tratara de una infatuación juvenil de Gropius, no correspondida. La revelación en 1983 de la correspondencia entre ambos que quedó en poder de Gropius, por su biógrafo Reginald Isaacs, refuta esa versión. Alma tuvo intimidad sexual con Gropius antes del incidente, y volvió a tenerla en septiembre en Munich, mientras acompañaba a Mahler para el estreno de su 8ª Sinfonía. Antes de partir a Nueva York Alma convirtió a la pequeña Gücki al protestantismo para que su religión no le prohibiera el divorcio, y durante toda su estadía en Nueva York mantuvo correspondencia con Gropius, pensando incluso en adelantar su retorno a Europa para encontrarse con él en Montecarlo. La enfermedad de su marido fue lo que alteró sus planes.

De Nueva York a París

Desconcertado por la evolución de la salud de Mahler, Fraenkel pidió el consejo de Emanuel Libman, especialista en enfermedades de la sangre y el corazón. El 25 de febrero le fueron tomadas muestras de sangre para cultivo y el diagnóstico fue fulminante: endocarditis bacterial debida a una infección de estreptoco viridans.

Antes de la penicilina, ese pronóstico implicaba una muerte casi segura. Libman se negaba a dar esa información a sus pacientes, pero Mahler exigió conocer su condición. Se contactó a André Chantemesse, un reputado bacteriólogo francés, y los Mahler, ahora con la compañía de la madre de Alma, Anna Moll, se embarcaron en el SS Amerika el 8 de abril para llegar al Hotel Elysée de París el domingo de Pascua del 16 de abril por la noche.

El lunes por la mañana Alma encontró a Mahler de pie en el balcón de su habitación, afeitado y vestido, pidiendo el desayuno. Él persuadió a todos de hacer un paseo en automóvil al Bois de Boulogne. Se trataba de un episodio de aparente recuperación, frecuente en esa enfermedad. En palabras de Alma: "Como un hombre sano subió y después de una hora de viaje bajó como un enfermo de muerte".

Mahler fue llevado al sanatorio para ser tratado por Chantemesse. El tratamiento pareció dar buenos resultados, pero el 30 de marzo Chantemesse ordenó nuevos cultivos y después de un par de días llamó a Alma para que echara una mirada con el microscopio: "Vea usted, señora Mahler, jamás había visto un desarrollo tan fabuloso de los estreptococos. Vea usted esos cordones: son algas".

Regreso a su Viena materna

Comprensiblemente, los Mahler buscaron el consejo de otro médico. Franz Chovstek llegó a París desde Trieste el jueves 11 de mayo por la mañana, y por la tarde acompañaba a Mahler, junto a Alma y su padrastro, Karl Moll, en el tercer vagón del Expreso de Oriente rumbo a Viena. Chovstek dijo a Mahler que sufría un colapso nervioso que podía ser tratado en Viena, pero la auténtica razón del viaje era la inminencia de su muerte.

Una vez llegado a Viena el viernes 12 de mayo, Mahler fue llevado al Sanatorio Loew. Fue visitado por Gücki, permaneció acompañado por Alma, Anna y Karl Moll y Bruno Walter, su discípulo más cercano y recibió notas y flores. Las inyecciones de digitalis, cafeína y morfina no impidieron su deterioro. A las once y cinco minutos de la noche del jueves 18 de mayo, en medio de una tormenta, Gustav Mahler murió.

Por instrucciones suyas, Mahler fue enterrado en el cementerio de Grinzing, junto a su adorada hija mayor, María Anna (Putzi), muerta en 1907. Allí alcanzó la promesa del último de los versos de la última de sus "Canciones de los niños muertos", introducido por su puño y letra en 1904: "Descansar, descansar como en la casa materna, como en la casa materna".

 
Articulo : http://diario.elmercurio.com  15/05/2011

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