dimanche 22 mai 2011

Daniel SWINBURN/ Ana María STUVEN: "Hoy las mujeres son más visibles en la historia"

NUEVO LIBRO Entrevista a la historiadora y editora
Ana María Stuven: "Hoy las mujeres son más visibles en la historia"
Por Daniel Swinburn

Editorial Taurus lanza el primer volumen de Historia de las Mujeres en Chile, un esfuerzo por continuar el trabajo pionero que se inauguró en Europa hace tres décadas y que a estas alturas ya tiene en Chile notables seguidores para estudiar nuestro propio pasado.

Hace pocas semanas culminaba en el Muso Thyssen de Madrid una exposición que presentaba a la mujer a través del arte occidental. Su curador recordaba el desequilibrio de género y racial de los artistas representados en galerías y museos, aludiendo a que menos del cinco por ciento de los artistas eran mujeres, pero, por contraste, el 85 por ciento de los desnudos del museo eran femeninos. "Cuanto más difícil ha sido el acceso de las mujeres reales a la creación artística, más han proliferado las mujeres representadas en la pintura o la escultura". Un ejemplo claro de la historia visible de la mujer como objeto, pero invisible como sujeto.

Su aparición como sujeto de la historia es una de las empresas que han llevado a cabo tendencias renovadas de la historiografía en los últimos 30 años en Europa y Estados Unidos, y en los últimos lustros, en nuestro medio.

El libro Historia de las Mujeres en Chile, cuyo primer volumen lanza Taurus, es la última muestra de esta corriente innovadora, que tiene como editores a la destacada historiadora Ana María Stuven de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales, donde dirige el Programa de Historia de las Ideas Políticas, y al historiador Joaquín Fermandois, de la Universidad Católica, donde es profesor de Historia Contemporánea. Stuven, pionera en Chile en los estudios históricos sobre la mujer, trabajó este primer volumen.

Una nueva mirada

La colección de Taurus Chile sigue el espíritu de la pionera Historia de las Mujeres de George Duby y Michelle Perrot. "Duby y Perrot fueron pioneros en una iniciativa de visibilización de las mujeres como actoras en la historia, afirma Ana María Stuven. Ello fue parte de una corriente historiográfica que buscaba develar la acción de los grupos marginados de la historia, e interesarse por la historia social y de las mentalidades. Su obra es parte de la incorporación de nuevas temáticas que la historia positivista y de los 'grandes hombres', estructuras y procesos había ignorado". Stuven agrega que hoy, la historia de las mujeres en Chile "no sólo es posible, sino necesaria. Hay un contexto cultural que lo permite y que surge de una sociedad que crecientemente asume que el objetivo de la vida republicana y democrática es respetar los principios de libertad y de igualdad de las personas, lo cual se realiza no sólo en los espacios privados, sino también en la esfera pública."

-¿La redefinición del feminismo ha aportado en la consolidación de los estudios de la mujer?
"Ha sido muy importante superar la visión feminista que llamaba a las mujeres a construir un mundo antimasculino y a hacerlas aparecer en posición de competencia y reivindicación frente a los hombres. La historia se construye desde la interacción entre hombres y mujeres. Sin duda la historiografía tradicional ignoró la participación femenina, incluso en los lugares de poder que ella ocupó. Ahora corresponde, como postula el concepto de género, identificar los aspectos de la división sexual que han sido construidos culturalmente para suprimir todo determinismo biológico, estudiar a hombres y mujeres en conjunto, interrogar las relaciones de poder que han definido históricamente lo femenino y masculino y estudiar la participación de cada uno en los roles que han asumido".

-¿El feminismo no es un pie forzado a la hora de estudiar la historia de las mujeres? ¿Cómo funciona en este libro?
"Como toda idea con connotación política, hay que verlo en su contexto histórico. Feminismo se ha usado como concepto polémico más que analíticamente desde finales del siglo XVIII, pero especialmente en Francia durante el siglo XIX, como sinónimo de "emancipación" de la mujer. Desde esa perspectiva, las distintas posturas ideológicas definieron su propio feminismo dejando al concepto casi vacío de significado: hubo feminismos de "primera" y segunda ola", socialistas, igualitarios, liberales, etc. Hoy, el concepto se define principalmente desde dos perspectivas: aquella que define los derechos de la mujer dentro de una categoría más abstracta de derechos humanos, y otra, más relacional, vinculada al "género".

"Este libro no asume una postura frente al feminismo; tan solo intenta mostrar en la historia de Chile, qué lugares ha ocupado la mujer en la esfera privada y pública, cuáles han sido sus lugares de poder y subordinación, y algunos recorridos hacia su incorporación republicana."

Martina Barros, Úrsula Suárez ...

-Hay solo dos estudios escritos por hombres en este volumen. ¿Sigue siendo un campo de investigación y lectura femenino?
"Sin duda y es lamentable. La mirada masculina sobre las fuentes de historia de la mujer es un gran aporte y una necesidad. La ausencia de historiadores masculinos interesados en la historia de las mujeres habla de la persistencia de ciertos prejuicios, no sólo sociales sino incluso historiográficos, sobre el valor secundario que ocupa la mujer. Me parece que superar esto requiere, primero, superar la separación tajante entre una esfera pública y otra privada, entendiendo que ambas interactúan y se conforman mutuamente, así como entender que lo público no es necesariamente masculino ni lo privado, femenino. En la medida en que la mujer participe en igualdad de condiciones con el hombre, que no requiera de "discriminaciones positivas" ni sufra las negativas, es probable que la historiografía ponga a la historia de las mujeres a la altura de los demás temas ya consagrados".

-¿Son más escasas las fuentes para estudiar a las mujeres en el pasado? ¿O lo que importa es saber interpretarlas de manera novedosa?
"Las fuentes, para toda indagación histórica, son fundamentales. Y es cierto que los registros sobre participación femenina en la historia son más escasos que los masculinos. Es fácil encontrar reinas, santas y también mujeres que sobresalieron en su intento por aparecer: Madame de Staël, Virginia Woolf, Mary Wollstonecraft; en Chile, Sor Úrsula Suárez, Carmen Arriagada, Martina Barros (tradujo en 1872 La Esclavitud de la Mujer del filósofo inglés John Stuart Mill). Si se miran sus historias, todas pagaron un alto precio social por acceder a la esfera pública. De hecho, Martina cuenta en sus "Recuerdos de mi Vida" que sus amigas quisieron "excomulgarla" por "feminista"; es decir, hablar en público como mujer y defendiendo o publicitando nuevos lugares para ellas, despertaba las suspicacias no solamente del mundo masculino sino de las propias mujeres, cuya autopercepción era desafiada si se le abría lugar en otros espacios, distintos del doméstico o familiar".

-Al ver el índice del libro se ven diversidad de temas y de enfoques -demográficos, ideológicos, políticas del cuerpo- que enriquecen la mirada sobre la mujer. ¿Existe un denominador común?
"El único común denominador debe ser que aparezca el objeto de estudio, en este caso, la mujer interactuando en el mundo del pensamiento y de la acción. Los diversos temas y enfoques son prueba de que ha estado en muchos ámbitos. Este libro recoge apenas algunos y, por eso, es una invitación para preguntarse sobre otros espacios donde la podemos encontrar interactuando".

-Mucho de los estudios históricos sobre mujeres (incluidos algunos de este libro) "se confunden con un profundo reclamo y hasta ira por anteriores limitaciones de la experiencia femenina", se lee en su introducción. Esta vinculación de las investigaciones con la política, con la reivindicación, ¿es inevitable en los trabajos de historia de las mujeres?
"Lo político abarca la auto-comprensión y la representación de una comunidad. La mujer es obviamente un integrante natural de la comunidad cuyo pasado el historiador quiere comprender. El aspecto reivindicativo que ha estado presente en los estudios sobre la mujer proviene de la marginación que tuvo de lo político. Eso debiera superarse a medida que ella es integrada y, más aún, invitada a participar activamente de lo político, incluyendo en el debate público y la toma de decisiones que afecta a esa comunidad. Cuando la mujer pudo hacer oír su voz en Chile, en el siglo XIX, sus demandas no incluían la participación en política. Aún más, los primeros periódicos femeninos la rechazaban pues consideraban que ese era un lugar masculino. A ella le interesaban los derechos sociales, especialmente aquellos que le permitían tuición sobre sus hijos y su patrimonio. Su deseo de integrarse en la esfera pública a través de la participación en partidos políticos o la aspiración a cargos vinculados al Estado es un fenómeno de los años 30 del siglo XX. Eso tiene que ver con su auto-percepción de los medios que le interesa usar y que están a su disposición, más que con una reivindicación".

La prensa y los derechos civiles

-En su trabajo -que se publica en este libro- sobre el avance de la mujer en los derechos a la educación en el siglo XIX, se advierte que tanto el Estado y los partidos políticos, como la Iglesia, se oponen a ampliar sus derechos a la educación superior. ¿Fue el nacimiento la opinión pública y la libertad de prensa repúblicanas, el principal motor para mover a las élites?
"Las políticas que impulsaron la admisión de la mujer a la educación superior, y en general, la inclusión de la mujer en la vida pública en Chile se insertan en las luchas políticas del siglo XIX, especialmente respecto del rol de la religión y de la Iglesia Católica en la esfera pública. Para los sectores conservadores, la mujer era un "público cautivo", por su catolicidad y temor al cambio; para la Iglesia, la posibilidad de mantener su influencia sobre la familia. Educarla, como decían los liberales "en las profesiones científicas" abría una brecha en el control eclesiástico de sus conciencias y una posibilidad de cambio social. En lo que me parece un reconocimiento del lugar de poder que ocupaban las mujeres, ambos bandos lucharon por atraerlas a su lado. La prensa, lugar privilegiado de expresión de la opinión pública fue el campo de batalla: la Revista Católica la usaba para promover una mujer que imitara a María en su silencio y reclusión; El Eco de las Señoras de Santiago, de l865, las mostró en plena efervescencia pública para defender la catolicidad del Estado. Hacia fines de siglo y comienzos del XX, periódicos femeninos como la Alborada, Evolución, y Acción Femenina fueron importantes portavoces de una mujer que entendía los medios de la modernidad como suyos para acceder a los derechos civiles y políticos".

Diez variaciones sobre un tema

Diez trabajos conforman el libro. Paulina Zamorano , en "Mujeres conquistadoras y conquistadas. Las constructoras de un nuevo mundo", coteja la visión de los cronistas con la historiografía del siglo XIX y XX, mostrando la complejidad de la relación entre conquista, guerra y cotidianeidad familiar. Mientras, Jorge Hidalgo y Nelson Castro estudian a la mujer indígena en la sociedad colonial ya consolidada ofreciendo la hipótesis de "las sociedades igualitarias"; Ximena Azúa, estudia mediante testamentos y artículos judiciales la relevancia del factor étnico en todos los asuntos de la vida pública en el siglo XVII. "Los tres textos de historia colonial, escribe Ana María Stuven, son un aporte porque abren cauces hacia una relectura de los textos de los cronistas e historiadores de la Conquista, de la dominación española, desde una perspectiva de género".

Más adelante, el investigador René Salinas ofrece un estudio sobre "las otras mujeres", -madres solteras, abandonadas, viudas- para los siglos XVIII y XIX. El número de mujeres solas en Chile alcanzó un 30 por ciento, porcentaje muy alto para los países occidentales. Salinas explica las causas de este fenómeno y fija las estrategias de defensa que encontraron estas mujeres en una sociedad muy estratificada.

Por su parte, Paz Larraín estudia la presencia de la mujer chilena en la Guerra del Pacífico, las cantineras cumpliendo el rol de "ama de casa-amas de guerra". La mujer detrás del soldado, Irene Morales, Carmela Carvajal, pero también el trabajo anónimo de las costureras que cosían la vestimenta de los soldados cumpliendo un rol en la empresa bélica.

Ximena Illanes relata la historia de la llegada a Chile de las Hermanas de la Providencia, en 1853, como parte de varios otros artículos que estudian el rol protagónico que tuvieron las congregaciones religiosas en este período, particularmente en este caso, basado en los escritos de su superiora Bernarda Morín y su experiencia con la acogida a los niños abandonados de la Casa de Expósitos. Alexandrine de la Taille y Ana María Stuven abordan temas relacionados con la educación en el contexto del conflicto entre la Iglesia y el Estado, provocado por el advenimiento de la República. La llegada de las monjas del Sagrado Corazón desde Francia en 1853 significó la instauración de una de las primeras experiencias de educación para niñas de la clase dirigente, enfocada a contrarrestar el espíritu laicista que nacía en el proyecto educacional del Estado chileno. Ana María Stuven estudia el mismo proceso, pero en el contexto del conflicto entre la autoridad eclesiástica y el Estado por el control de la educación de las mujeres. Su artículo "La Educación de la mujer y su acceso a la universidad: un desafío republicano", detalla la polémica pública generada por un artículo de Juan Nepomuceno Espejo en la lucha que comienza a darse en este ámbito.

María de la Luz Hurtado , desde una perspectiva de las políticas del cuerpo, analiza cómo fue el lento acceso de la mujer al ámbito social público a finales del siglo XIX. Por último, Claudia Araya recuerda el famoso caso de "la endemoniada", Carmen Marín, como telón de fondo para su reflexión sobre la constitución de las enfermedades psiquiátricas de las mujeres.


Articulo : http://diario.elmercurio.com  15/05/2011

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