SOCIEDAD A propósito de una polémica:
Los franceses, el velo y el "look"
Por Elaine SCIOLINO
No existen datos confiables sobre cuántas mujeres usan el tipo de velo musulmán que acaba de ser prohibido. Algunas estimaciones indican que a lo sumo son unas dos mil. Entonces, ¿a qué se debe todo este alboroto? Una explicación es cultural y tiene que ver con rasgos de la idiosincrasia gala.
Muchos estudiosos del Islam dirán que no hay nada en el Corán que exija que una mujer musulmana cubra su rostro, que las normas sobre una apropiada vestimenta islámica son ambiguas y limitadas. "Decid a las creyentes que bajen la vista con recato", dice el libro sagrado. Y añade: "Ellas deberán cubrirse el busto con el velo y no mostrar sus adornos".
Incluso se cree que Khadija, la primera esposa del profeta Mahoma y una exitosa mujer de negocios, que seguramente fue muy recatada, descubría su rostro en público. Históricamente, en el Oriente Medio, eran a menudo las mujeres beduinas las que cubrían sus rostros, a veces con decorativos velos tipo máscaras de los que colgaban monedas que anunciaban el valor de sus cuentas.
El burka y el niqab
Los occidentales se sensibilizaron a la imagen sin rostro de las mujeres musulmanas en gran medida debido al uso del burka por los talibanes para oprimir a las mujeres en Afganistán. Esta prenda funciona como una carpa para el cuerpo, con una rejilla para que los ojos puedan ver algo. Las feministas francesas protestaron indignadas por el burka, y más tarde en contra de otras interpretaciones radicales del Islam en Afganistán, incluidas la lapidación pública por adulterio, la demolición de los templos budistas y la prohibición de la música. Y ahora el gobierno francés ha prohibido oficialmente el uso del velo completo para el rostro.
Pero los velos que cubren el rostro en Francia son diferentes. A pesar de que muchos lo llaman erróneamente "burka", la prenda que usan las mujeres aquí es mayormente un "niqab", una improvisada cobertura negra, sin más significado religioso o tradicional que aquel que le pueda dar un usuario u observador. Algunas de estas mujeres pueden ser muchachas rebeldes que exigen el reconocimiento dentro de una cultura occidental cuyos valores sociales rechazan y tener control sobre sus cuerpos. Algunas pueden haberse visto obligadas a cubrirse el rostro por hombres dominantes, en tanto otras pueden creer que son mejores musulmanas por ocultar su rostro en público. Algunas de ellas son cristianas francesas que se han convertido al islamismo.
No existe ningún censo o datos confiables sobre por qué estas mujeres usan el velo o cuántas de ellas lo hacen. La estimación del gobierno francés es que a lo sumo son unas dos mil. ¿Entonces a qué se debe todo este alboroto, de ambos lados, sobre una ínfima minoría de mujeres que usan prendas extrañas en un país que es la sede creativa del mundo para modas extrañas? Una explicación es cultural.
Miradas galantes
En la cultura francesa, se supone que los ojos deben servir para conocerse en público, para invitar a una conversación o simplemente para intercambiar un saludo visual con un desconocido. Entre los musulmanes, se supone que los ojos de los hombres y las mujeres no deben encontrarse, ni siquiera por casualidad, y menos en público o entre extraños.
"Le regard" -la mirada intercambiada por dos personas- es un componente clásico de la literatura francesa, desarrollada hace siglos en la poesía amorosa de los trovadores. Sobre todo en París, una mirada en público no se suele tomar como un signo de mala educación, y puede ser aceptada como un caluroso cumplido. Al parecer, aquí uno nunca camina solo. "El mercado visual de la seducción", es como Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut definen el espacio público en su libro "El nuevo desorden amoroso" (Anagrama).
En otro libro, "Galanterie Française," Claude Habib, especialista en literatura del siglo XVIII, asevera que la centenaria tradición de galantería francesa "presupone una visibilidad de lo femenino" y "la alegría de ser visible, la misma que ciertas jóvenes musulmanas no pueden o no desean mostrar".
La tradición francesa también ha fomentado siempre la mezcla de los sexos en situaciones sociales. "El velo", continúa Habib, "interrumpe la circulación de la coquetería y de rendir homenaje, al declarar que hay otra manera posible de convivir para los dos sexos: una estricta separación".
Una explicación más familiar para el antagonismo francés al velo facial es histórica y política: el arraigado temor, resentimiento y rechazo hacia el "otro" de los franceses (el inmigrante, el invasor, el posible terrorista o abusador de los derechos humanos que come, bebe, reza y se viste de manera diferente, y se niega a asimilarse a las costumbres francesas). Algunos franceses, en particular los de extrema derecha, todavía creen que la "misión civilizadora" de la Francia colonial fue noble, y que los pueblos de las antiguas colonias, incluyendo a los árabes del norte de África, se han aferrado a costumbres retrógradas que están exportando ahora a Francia. "La presencia del velo le recuerda a diario al pueblo francés que dicha misión fracasó", señala Rebecca Ruquist, especialista norteamericana en raza y religión en la Francia moderna. "Se lo considera como un rechazo en el vestir a los valores de la república francesa".
Al ponerse un vestido negro que cubre todo menos los ojos, estas mujeres parecen desear que se noten sus vestiduras y no su rostro. Sus velos generalmente se colocan en un lugar fijo y tienen un corte o forma que sólo permite que se vean los ojos. Sin embargo, en algunas partes del mundo islámico, las mujeres optan por una mayor libertad. En Arabia Saudita, por ejemplo, donde las mujeres musulmanas tienen la obligación de mantener el cuerpo y el cabello cubiertos en público, el velo del rostro no es obligatorio.
Secularismo y seguridad
Los funcionarios y legisladores franceses han utilizado una serie de argumentos para defender su nueva ley. El ministro del Interior, Claude Guéant, dijo que defiende "dos principios fundamentales: el secularismo y el principio de la igualdad entre el hombre y la mujer". Un argumento más potente es que cualquier rostro oculto es un potencial riesgo de seguridad, y es sobre esa base que la ley no hace distinción de velos islámicos por su nombre, sino que incluye a todos los velos faciales en público.
En teoría, eso significa que cualquier persona que use un pasamontañas, una máscara de esgrima o un casco de moto con visera podrá ser castigada. ¿Pero lo serán? Los franceses se podrían escandalizar si algo así sucediera. Otro ejemplo especial serían los viejos pascueros y las personas disfrazadas para el Carnaval.
También se presenta otro problema: Las mujeres turistas de los estados árabes del Golfo, que son grandes compradoras, ¿se verán obligadas a descubrir sus rostros en los Campos Elíseos? En Suiza, el ministro de Justicia, Eveline Widmer-Schlumpf, quiere prohibir los velos faciales, pero ha dicho que las turistas del Golfo estarán exentas.
Mientras tanto, Francia seguirá siendo Francia, la tierra donde se celebra al cuerpo descubierto. Vallas publicitarias y carteles en las calles de París habitualmente muestran senos y nalgas desnudas. Para alentar a mujeres mayores de 40 a hacerse mamografías, diez mujeres destacadas, entre ellas la chef con dos estrellas Michelin, Hélène Darroze y Nathalie Rykiel, directora de la casa de moda Sonia Rykiel, posaron en topless en la revista "Marie Claire" hace dos años atrás.
Y una de las imágenes más pintorescas de la protesta contra la reforma laboral en 2006 fue la de una estudiante enarbolando la bandera en Burdeos vestida como Marianne, con un gorro frigio de color rojo y una blusa campesina blanca. Al igual que en el cuadro del siglo XIX de Eugène Delacroix, que se exhibe en el Louvre, sus pechos estaban al descubierto. Marianne continúa siendo, como lo ha sido siempre, el símbolo nacional idealizado de la república francesa.
Articulo : http://diario.elmercurio.com 24/04/2011
