dimanche 1 mai 2011

Ernesto SÁBATO/Muere el escritor argentino (2)



Muere el escritor argentino Ernesto SÁBATO
Mario Muchnik: "Sábato me enseñó el escepticismo, a dudar de todas las certezas"
Por Nuria AZANCOT
Publicado el 13/04/2011
 
En el marco del centenario del escritor publica Ernesto Sábato por Mario Muchnik, una crónica ilustrada de su amistad personal
 
El 24 de junio, Ernesto Sábato (Rojas, Buenos Aires, 1911) cumple cien años, lo que hace que se multipliquen homenajes y publicaciones, aunque quizá una de las más especiales sea Ernesto Sábato por Mario Muchnik (Del Centro editores).
 
Se trata de una edición para bibliófilos de 100 ejemplares numerados y firmados, que contiene siete fotografías realizadas por Muchnik así como una crónica de su amistad personal y de la edición del Informe para ciegos que es el núcleo central de Sobre héroes y tumbas, editado por primera vez por Jacobo Muchnik, padre del editor, en 1961 y que Muchnik recuperó en los años 80 con un texto nuevo del autor de El túnel.
 
Entonces, recuerda Mario Muchnik, "Sábato prefirió no escribir un prólogo, sino un postprólogo, pero todas esas conversaciones fueron momentos muy felices para mí, porque conocía a Ernesto, al tío Ernesto, desde los 14 años, y fue siempre parte integrante de nuestra familia. Él acababa de abandonar la física, que me tenía fascinado, y creía que la filosofía, la literatura, el arte en general no eran sino decorados de salón. Es curioso, pero cuando yo también me desengañé de la ciencia, fue quien mejor me comprendió.
 
-¿Cómo?
-Riéndose con palabras gruesas de mis antiguos amigos científicos que creían que mi afición a la literatura era cosa de maricones y desengañándome de la física. Su mejor regalo fue el escepticismo: me abrió los ojos, me enseñó a dudar de todas las verdades. ¿Que alguien me decía que estaba lloviendo? No podía creerlo, tenía que ir a la ventana y comprobarlo en persona, tenía que mojarme. Sábato sabía cómo destripar todas las certezas, ya fuesen literarias, científicas, literarias, políticas... le admiraba mucho, y me influyó personal y literariamente.

-Compartieron, vacaciones, estudios y juegos...
-Sí, recuerdo sobre todo que en una ocasión montanos un espectáculo de sombras chinescas en las que Sábato era el paciente y yo el cirujano... Dije algo así como “habrá que amputar”, y él respondió, sentado en la camilla, “¡Amputa que lo parió!” - concluyendo la función en medio de carcajadas”.

-Recupera en el libro siete fotos suyas, pero cuesta imaginar que sean las únicas que le hizo...
-No, tengo más, pero son las mejores, por calidad, las otras son peores, o más íntimas también, no sé...

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Sábato compartido
por Claudio MAGRIS
Publicado el 09/09/2004
 
Hay una palabra que Ernesto Sábato utiliza a menudo para indicar el sentido de vivir y quizás cualquier cosa que se parezca a la felicidad; un adjetivo: compartido, silencio compartido con un ser querido, un momento compartido con un amigo, con la persona amada, una existencia compartida.
 
Es una palabra que también yo amo mucho, porque creo, como escribe Sábato en El escritor y sus fantasmas, que vivir es convivir, y para mí es realmente una verdadera gracia poder compartir estas líneas con Sábato y con ustedes. No porque yo sea un especialista; yo he leído mucho de Sábato, mucho en italiano, un poco en español, he leído las novelas y los ensayos. Otros sabrán hablar de él mucho mejor que yo; sólo he escrito un artículo sobre Ernesto Sábato. Pero el escritor que amamos no es aquél sobre quien escribimos. Yo no he escrito sobre Homero, o sobre Tolstoi, pero Homero o Tolstoi para mí no son objetos de interpretaciones sino maestros y compañeros de vida. Así Sábato. Hace muchos años, hace ya treinta y cuatro o treinta y cinco años, la compañera de mi existencia compartida, Marisa, mi Matilde, me hizo leer Sobre héroes y tumbas. Desde ese momento Sábato ha entrado en mi vida, y sus libros han entrado en mi vida con violencia, con ternura, como un hacha, como decía Kafka, pero también como una ola, como un mar. [...]
 
Sábato es un universo, un laberinto, yo no puedo ciertamente dar brevemente un cuadro completo. Me detendré sólo en lo fundamental: para empezar es un gran escritor que en una larga vida ha escrito tres novelas, por eso ha estado siempre libre de la ansiedad de publicar; un hombre que ha demostrado también esta libertad del deber de estar siempre presente, del deber de ser siempre un artista; es esto lo que permite a la escritura ser grande.
 
Sábato une dos verdades. Dos verdades necesarias que expresa el escritor, que se mezclan, nutriéndose una de la otra, haciendo de una la coartada de la otra. Son la verdad diurna y la nocturna. El lado diurno, y el monstruoso mundo de sus tinieblas, como dice en sus páginas.
 
En el gran libro Antes del fin, Sábato dice al principio que en él no se encontrarán sus verdades más atroces, que las verdades más atroces se encuentran en sus ficciones, enmascaradas, porque de lo contrario no podría confesarlo a cara descubierta. Es un problema, creo, fundamental; no hay un escritor en el mundo que haya sabido expresar con tanta fuerza, y con tanta lucidez y honestidad, esta verdad.
 
Antes del fin habla de una verdad esencial, la fraternidad con todos los débiles, la lucha contra la tiranía; sabemos lo que ha hecho Ernesto Sábato en defensa concreta de la libertad de las personas. Es un gran libro de amor, de amistad, de afectos familiares, un libro del amor paterno; el libro de un hombre que de forma extraordinaria confiesa haber tenido alguna vez la tentación del suicidio, pero no haberlo hecho porque sabe que no se puede causar dolor a nadie. [...]
 
Sábato es también un extraordinario ensayista. Pienso en sus ensayos, que son de los más claros, de los más lúcidos. Es un escritor que, cuando se ocupa del lado diurno, lo hace como un credo; yo no conozco otro escritor que haya sabido hacerlo con tanta responsabilidad. ésta es una virtud de la que muchos escritores, también grandes, a menudo carecen casi por completo. Luego hay también las otras verdades. Son las verdades que vienen de la escritura nocturna. Es grandioso que un hombre sepa ser grande en las dos dimensiones.
 
Normalmente tenemos a escritores que son grandes en una, o en la otra. Pero cuando Sábato habla con su escritura nocturna, sus visiones nos hablan de excesos, hablan de cosas indignas, que van más allá de aquello que la conciencia puede consentir. [...]
 
En esta obra nocturna Sábato escucha y hace hablar a otra voz. Una voz que es suya pero que en buena parte desconoce, y que va más allá de aquello de lo que es consciente. Él mismo ha escrito una vez que no sabría explicar qué ha querido decir en sus novelas. Sobre héroes y tumbas, este subsuelo de tiniebla, esta historia terrible; su libro más grande me acompaña en la vida. También El túnel, también Abaddón el exterminador; pero sobre todo éste, que yo creo el libro por el que Sábato estará para siempre en la historia.
 
Tolstoi dijo una vez: “he perdido el control sobre Ana Karenina; hace aquello que ella quiere”. El escritor que hace hablar de esto otro es un escritor cuya creatividad extrañante se encuentra con su doble. El escritor que oye esta voz alguna vez preferiría decir otra cosa, pero si es un gran escritor la deja hablar.
 
Esto hace grande a Ernesto Sábato, deja hablar a ese otro escritor, a ese doble, corriendo el mismo riesgo que corre también el escritor, hablando de verdades arrebatadoras. El escritor, en su lado diurno, quiere que el sol no resplandezca igual sobre los justos y sobre los injustos, y la grandeza de Sábato, y no de muchos más, es que él se ha enfrentado con la escritura nocturna, con el escándalo de la vida. él baja a las tinieblas, ve la medusa, ve la cabeza enredada con las serpientes, y la cabeza enredada con las serpientes no se puede embellecer, por lo tanto él no sufre la fascinación del horror. [...] ésta es la grandeza de Sábato, este coraje, esta lucha. Sus obras son luz y tiniebla; todo lo que tiene la vida. Saber unir la aventura de la vida con el juicio, el compromiso, la moral. Para seguir con la buena lucha, como decía San Pablo.
 
La vida es más de todas formas que cualquier escritura. Y la humildad de Ernesto Sábato, que se convierte en coraje, su pasión, su ironía, lo hacen grande. El gran arte sabe que tiene que servir a la existencia, como decía Esquilo, que hizo que en su tumba se pusiera simplemente que había luchado con valor en Maratón. Frente a un gran escritor, como Ernesto Sábato, hay que decirle simplemente gracias por existir, por ayudarnos a vivir con mayor valor y con humildad. Leer a Sábato, compartir la vida con él, nos ayuda a vivir mejor.
 
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La resistencia
Por Joaquín MARCO
Publicado el 27/09/2000
 
Ernesto Sábato
Seix Barral. Barcelona, 2000. 125 páginas, 1.600 pesetas
 
El nuevo milenio que Sábato augura está teñido de negros nubarrones. He aquí un legado que, se nos repite, nace cuando “la muerte está vecina”. Parece un libro tan necesario como definitivo
 
Pocos escritores contemporáneos en lengua española poseen un crédito moral equiparable al de Ernesto Sábato. No sólo por las circunstancias vitales que le llevaron de la ciencia a una exigente literatura, sino por la parquedad de su obra, en la que ha buscado siempre lo esencial, al margen de la ansiada comercialidad de algunos de sus contemporáneos. Incluso en su escasa obra narrativa optó por el pensamiento, la reflexión filosófico- moral. Nunca se alejó en exceso de Sartre, Camus y del existencialismo en general. El autor de El túnel y Sobre héroes y tumbas se inició como ensayista a una edad ya madura y sus libros fueron escasos: El escritor y sus fantasmas (1963), Apologías y rechazos (1979), Uno y el Universo (1981) y el que ahora comentamos. La resistencia está formado por cinco cartas dirigidas a los lectores, pero en cada una de ellas figuran diversos temas, tratados con brevedad y desde el pesimismo radical que caracteriza al escritor argentino, aunque no le impida defender la naturaleza humana y su entorno, porque se muestra como radical ecologista.
 
Nacido en 1911, sus textos -meditaciones, algunas páginas de creación literaria, reflexiones sobre temas trascendentales- proceden de un escritor que las dicta desde el borde de una orilla: “podría haber muerto inesperadamente y no habría sido como hoy, en que la muerte me va tomando de a poco, cuando soy yo quien me voy inclinando hacia ella. [...] Su llegada no será una tragedia como hubiese sido antes, pues la muerte no me arrebatará la vida: ya hace tiempo que la estoy esperando”.
 
Desde este punto de partida, el escritor combate contra la resignación, se manifiesta contra la televisión, reflexiona sobre su idea personal de Dios, la condición del hombre y el humanismo que profesa, defiende a los humildes, cita con frecuencia a Gandhi, recuerda algunos instantes de su existencia, rememora Salta, y el viejo y ya perdido Buenos Aires; defiende la democracia, el arte, especula sobre el destino. Cada una de las cartas contiene un cúmulo de temas e ideas que brotan desde circunstancias vitales que, en ocasiones, también nos transmite. Nos revela interesantes detalles sobre el origen de su obra y las circunstancias en las que se manifiesta su quehacer artístico: “El arte fue el puerto definitivo donde colmé mi ansia de nave sedienta y a la deriva. Lo hizo cuando la tristeza y el pesimismo habían ya roído de tal modo mi espíritu que, como un estigma, quedaron para siempre enhebrados a la trama de mi existencia. Pero debo reconocer que fue precisamente el desencuentro, la ambigöedad, esta melancolía frente a lo efímero y precario, el origen de la literatura en mi vida”.
 
Sus confesiones deben entenderse como reveladoras; parten de un hombre que aconseja, estigmatiza, profetiza, mira hacia un futuro que ya no le pertenece. Y lo hace con la entera libertad que le dan su edad y una probada trayectoria de compromiso con su propia obra; no sólo con su pueblo, pese a haber recibido toda suerte de amenazas al convertirse en cronista de la cruenta represión militar argentina. Se manifiesta exigente consigo mismo y lúcido en los autoanálisis. Sus observaciones sobre la sociedad en la que hoy vive son desoladoras: “Esta crisis no es la crisis del sistema capitalista, como muchos imaginan: es la crisis de toda una concepción del mundo y de la vida basada en la idolatría de la técnica y en la explotación del hombre. [...] Es innegable que esta sociedad ha crecido llevando como meta la conquista, donde tener poder significó apropiarse y la explotación llegó a todas las regiones posibles del mundo”.
 
Sus ideas sobre la miseria que soportan dos tercios de la Humanidad pueden parecer radicales, pero responden a una concepción ética y racional.
 
La salvación sólo la entiende gracias a la resistencia de cuantos hacen el bien, viven conforme a sus ideas, defienden la Naturaleza, se preocupan por los demás: “Como ya lo he afirmado, el ser humano no podría sobrevivir sin héroes, santos y mártires porque el amor, como el verdadero acto creador, es siempre la victoria sobre el mal”. No cabe duda de que Sábato escribe en ocasiones desde la nostalgia de un ayer que parecía más comprometido. De ahí que defienda todavía valores que están representados por el existencialismo al que nunca ha renunciado. Aparece también en su obra narrativa. Y en estas páginas podemos advertir algún diálogo con alguno de sus entes de ficción, como parte de una realidad cotidiana.
 
El libro posee también valores entrañables, como el recuerdo de su madre o la dramática reflexión sobre la soledad de los ancianos. Admitirá que hay algo sagrado en el ser humano, lo que permite un resquicio para la salvación: “Unidos en la entrega a los demás y en el deseo absoluto de un mundo más humano, resistamos. Esto bastará para esperar lo que la vida nos depare”. Tales textos no constituyen un sistema coherente, ni lo pretenden. A menudo, por su estructura, se asemejan al último Juan de Mairena, de Machado. Pero Sábato apenas sí se aleja de las coordenadas del cristianismo. El mundo en el que vive y en el que vivimos es distinto del de la España de los años treinta, pese a que los interrogantes de los seres humanos siguen siendo los mismos desde hace siglos en Occidente. El nuevo milenio que Sábato augura está teñido de negros nubarrones. Con un lenguaje preciso, sin elucubraciones excesivas, desde el espíritu, Sábato nos advierte y nos transmite sus experiencias y lecturas. He aquí un legado que, se nos repite, nace cuando “la muerte está vecina”. Parece, una vez más, un libro tan necesario como definitivo.
 
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Ernesto Sábato, antes del fin
Por Blanca BERASÁTEGUI
Publicado el 24/01/1999

"A pesar de la catástrofe, hay salvación"

Ni siquiera ahora se concede una tregua. Ochenta y siete años, y su ánimo continúa erguido y furioso. Ernesto Sábato lleva diez puliendo su testamento desgarrado y triste. “Antes del fín” se llama, y el título ya ilustra bien el sentir y la zozobra enhiesta del escritor, que se irá de la vida, dice, con el auxilio de la fuerza pública, pero que confiesa sentir nostalgia de casi todo y padecer crisis aguda de trascendencia.
 
Estos días, sin embargo, lo que le tiene postrado es una ciática brava que le impide morir de éxito, públicamente al menos. Su “Antes del fin” se lee en todos los santos lugares de Argentina y a partir del lunes se pondrá a la venta en España. Sábato ha escrito su memoria, que es selectiva, inteligente y trágica. Con diversas palabras, desde distintos tiempos y situaciones, Ernesto Sábato llega siempre al mismo punto: al fracaso del hombre. “Todo esto es una catástrofe, comenta, pero hay salvación”
 
La salvación está en la utopía, dice grave y rotundo Ernesto Sábato. Luego, al menos, hay salvación...
 
-Sí. Ahora creo que hay salvación. Yo confío en la gente joven, y no es una frase de compromiso. Por eso me dirijo a ellos al final del libro.Tengo fe en ellos. Respecto a las utopías le aseguro que sí, que siempre las habrá. Puede haber crisis de ideologías, pero no de ideales.
-¿La escritura de “Antes del fin” le ha servido de bálsamo a esa furia tan suya, o, por el contrario, le ha llevado a hurgar en el drama, también tan frecuentado por usted?
 
-No ha sido bálsamo, no. Ha surgido de la necesidad profunda de expresar lo que se me revela, a esta edad tan avanzada, como el sentido profundo de la vida, la trama en la que quedan narrados los hechos decisivos, aquellos que construyen nuestro destino. Hace años que lo vengo escribiendo, quizá como ocho o nueve, pero fue en los tres últimos meses cuando le di forma final y escribí las Palabras Preliminares y el Epílogo.
 
El escritor ha partido en cuatro su memoria. No sigue orden cronológico, ni temático. Es más bien vital y compulsiva la división de los capítulos del libro: “Primeros Tiempos” y “Grandes Decisiones” narra el origen de su vida. Todo lo que sucedió después estaba allí, como germen, como presentimiento, como destino, dice Sábato. La segunda parte,”Quizá sea el fin”, está dedicada a la situación, trágica para él, por la que atraviesa el mundo. “El Dolor rompe el Tiempo” es la experiencia que quebró su vida y la que, “paradójicamente, me entregó su sentido final. El epílogo es la carta, un pedido a los jóvenes, el 'Pacto entre derrotados'”.
 
No son, pues, memorias al uso, sino reflexiones acerca de las cosas en determinados momentos de su vida. Así que desde su infancia argentina al desastre ecológico, desde la muerte de su hijo Jorge al romance de Juan Lavalle no hay más que un paso. Pero manda la fatalidad, el desasosiego por los “hechos irreversibles”, la advertencia.
 
Hechos irreversibles

-Sí, he dudado en publicarlo o no. Durante largo tiempo lo dejé de lado, porque creí que la visión de lo que está sucediendo en el mundo, la fatalidad de hechos irreversibles, podría dañar a la gente joven. Pero finalmente lo publiqué porque creo que aún la humanidad está a tiempo de convertir su camino.
 
-¿A qué hechos irreversibles se refiere?
-Los hombres quieren ignorar que han dañado a la vida, irreversiblemente, para poder seguir ganando fortunas al precio de la destrucción, y de ese modo no sentir el peso de la culpa que cae sobre todo criminal. El hombre ha puesto la tierra en un estado desolador. Si no se toman medidas urgentes, va a ser inhabitable en tres o cuatro décadas. Mire cómo están talando el Amazonas, que es una de las últimas grandes reservas, y el áfrica. El oxígeno está disminuyendo peligrosamente por el ácido carbónico de autos y fábricas. Y qué me dice de los reactores nucleares arrojados a los mares, del agujero de ozono. Y la aniquilación de las especies animales. ¿Es que el hombre piensa que puede sobrevivir sin plantas ni animales? Mire la desertización de áfrica, ¡el hambre de esos hombres cuyas tierras fueron fértiles praderas...!
 
-¿Qué se puede hacer ante tanta catástrofe? ¿Da usted en su libro soluciones, alguna esperanza?

Espíritu religioso

-Yo soy un hombre por momentos pesimista y por momentos creyente y utópico; pero soy poco abatido. Siempre he luchado en la vida. Ahora bien, no se puede llegar a los ochenta y siete años y no sentir nostalgia de la vida, de las personas que ya no están aquí, aún de los grandes desencuentros. Pero no estoy abatido, no, porque siempre he sentido una enorme pasión por la vida. Creo, como dijo Camus, que “no hay amor de vivir sin desesperación de vivir”.
. Ernesto Sábato hinca sus palabras en lo más profundo. Atraviesa el escritor momentos especialmente espirituales y confiesa sentirse hoy, tal vez hoy más que nunca, un espíritu religioso pero con graves contradicciones.
. -Creo que es muy difícil sostener en la vida una fe absoluta y permanente. Una fe auténtica. Hasta los grandes místicos tuvieron momentos de duda. A lo largo de la vida he entrevisto al Absoluto en las obras de los grandes artistas, ¡tantas veces durante mis prolongados abatimientos, alguna coral, una trompa en una sinfonía, han aliviado esta existencia atormentada! Pero también durante este último año en que he viajado por el interior del país, he podido ver cómo la gente más pobre mantiene la confianza en la vida en medio de grandes precariedades; lo mismo me sorprendió en un país tan desvalido como Albania. El fervor religioso con que viven me inclina a creer en un Dios oculto detrás del sufrimiento. Gandhi decía que no habría podido alcanzar a Dios sin el hombre, quizá hoy yo puedo afirmar lo mismo.
 
Del cerebro para abajo

“Si por un momento -concluye Sábato- tenemos la certeza de que el hombre, como dijo Nietzsche, es el animal más perverso de la creación, ¿por qué no creer que estos seres bondadosos y pobres son la reserva de la humanidad? Si, el amor es una utopía, por la que vale la pena vivir y morir”.
-Me ha dicho en alguna ocasión que el ensayo se escribe con la mente, y la novela con el alma. Que la novela, en contra de lo que le sucede a la mayoría de los escritores, ha dado cobijo a lo más trascendente que ha escrito usted nunca. ¿Y “Antes del fin”?
 
-Durante estos últimos siglos todo se ha subordinado a la razón, a tal punto que la mayoría de las personas cree que los grandes problemas existenciales se resuelven con razonamientos. Nada de eso, los temas fundamentales del hombre suceden de la corteza cerebral para abajo. En todo caso, para este libro me he apoyado fundamentalmente en las “razones del corazón” de las que hablaba Pascal. He volcado, desde luego, algunas ideas, he narrado pasajes de mi vida con datos objetivos, pero pocos.“Antes del fin” está escrito con el corazón, a través de intuiciones poéticas, desde una necesidad visceral de darle un sentido a la existencia y al terrible dolor de estos últimos años.
 
Los grandes misterios

Prosigue Sábato: “El corazón del hombre es el que acusa los grandes misterios, el amor, la amistad, el bien, el mal, y esa soledad en la que finalmente todos nos encontramos. ¡Qué inválida parece la inteligencia ante estas condiciones fundamentales! Si hay alguna apertura posible sin duda se encuentra en el paradójico mundo de nuestras almas, donde percibimos la condición trágica de la existencia, como lo señaló el genial Unamuno. ¿Cómo quiere que un hombre que se va acercando a la muerte pueda buscar un sentido de la vida con los precarios alcances de la inteligencia?
 
-Dígame: ¿cómo compensa ese sentido trágico de la realidad? ¿Cuál ha sido el motor de su vida?
-Me es difícil contestar, siempre me he encontrado resurgiendo. Es
inexplicable para mí, cómo, después de las más grandes amarguras, he vuelto siempre a recomenzar. Y donde hubo un abatimiento ha surgido luego una gran pasión. Creo que la creación ha sido la salvación para mí, y también esta manera apasionada de ser que, si bien me ha traído grandes problemas, de ella he recibido el impulso para resistir.
 
-Acabamos el siglo sin apenas referencias morales. No parece que hoy los intelectuales del mundo desempeñen su papel histórico, ¿cuál es, a su juicio, la razón? ¿Qué tendrían que hacer?
-Quizá no sean los intelectuales, sino la simple gente de pueblo, quienes posean una reserva de sentido que nos encamina hacia otra manera de vivir, que es la única puerta que nos queda.
 
Al final, el gran misterio radica según Sábato en saber si el hombre camina inexorablemente por su tendencia hacia el mal.
-ése es un gran misterio, la esperanza volviendo a nacer una y otra vez de los escombros de la historia.Si sólo existiese el mal, como es lo que nos transmiten las noticias, si todo estuviese perdido, en rigor nos dejaríamos morir en las indiferencias. Y por el contrario, a pesar de los desastres y las frustraciones la gente sigue esperando. Es muy conmovedor sentir la magnitud de la esperanza que alberga el corazón del hombre.
 
Una parte sustancial de “Antes del fin” la escribió Sábato a raíz de la muerte de su hijo Jorge. El dolor por su muerte rompió brutalmente, así que es imposible referirse a ello sin que el escritor ponga en sus palabras, y en su gesto, y en sus silencios, todavía mayor gravedad de la acostumbrada. Ha sido otro Sábato desde entonces.
 
La desmedida frivolidad

-La muerte de Jorgito fue terrible para mí. Toda experiencia de dolor, de gran dolor, nos cuestiona enteramente la vida, hasta la misma existencia de Dios. Pero los grandes sufrimientos nos llevan a contemplar la vida con mayor hondura. Es un gran misterio, y por eso no lo podemos explicar. La razón logra abarcar el absurdo pero no alcanza a penetrar los misterios. No quiero decir que estoy en contra del placer, no; lo que detesto es la desmedida frivolidad de nuestros días. Sin duda el dolor, a través de la historia, ha sido la fuente de grandes creaciones.
 
-¿Usted cree, entonces, que el arte verdadero es siempre trágico?
-Creo que cuando el arte revela lo esencial del ser humano es trágico. Porque la vida es trágica. Y cuando digo trágica también estoy diciendo poesía.
 
-¿Es tan grave la situación?
-Usted conoce las noticias, ¿acaso podemos permanecer indiferentes? El desastre ecológico es irreversible, y lo peor es la ausencia de medidas reales para impedir que esta situación siga adelante. Si mal no recuerdo, en la Cum-
bre Ecológica de hace dos años, las áreas en las que se había notado un marcado empeoramiento eran las mismas en que las grandes potencias se habían comprometido a mejorar en la Cumbre del año anterior. Las especies siguen extinguiéndose de modo alarmante, y varios países continúan con sus “ensayos “atómicos.
 
Por otra parte, el descreimiento que hay en las generaciones jóvenes de poder llevar adelante un cambio me preocupa. Aunque también, hay cantidades de personas, de jóvenes, que luchan por los demás. Y éste es un hecho absoluto.
 
-En el último capítulo, “Pacto de derrotados” hay un resquicio de esperanza. Se dirige a los jóvenes a veces incluso con entusiasmo. ¿Cree que son ahora sus mejores lectores?
-No podría decirle con certeza quienes son mis mejores lectores. Hay gente grande que por pudor no se atreve a expresarme lo que siente, las mujeres lo hacen a través de cartas muy conmovedoras.
 
Lo que ocurre con los jóvenes es otra cosa, ellos son los que más sufren, los que necesitan creer en los valores y hoy no encuentran quienes los apoyen en sus ideales, en esa fe a menudo candorosa pero siempre auténtica. Hablo de pacto entre derrotados porque es una frase que pertenece a la cantata “El romance de Juan Lavalle”, y porque expresa ese sentimiento que viven los hombres de hoy, desconcertados ante el fracaso de lo que Occidente impulsó como proyecto, basado, como le dije en la técnica, la razón y el dinero. Ahora el mundo es un caos. Mi esperanza es que apostemos a una historia que no relegue al ser humano. Cuando tuvo que emprender su doloroso exilio, León Felipe dijo “mientras exista el llanto el hombre estará aquí de pie”.
 
- Al final hablamos de política. Las ideas políticas de Sábato, que ha antepuesto siempre su sentido de la justicia a sus preferencias estéticas, le ha acarreado la amistad y la enemistad con otros escritores. No podía no hablar de Borges en este libro, ni de la revista Sur, ni de José Bianco, de Victoria Ocampo, de Leopoldo Marechal y, de ahí, de sus escritores más cercanos:Camus Huxley, Michaux, Faulkner o Tagore. De Borges cuenta cómo, lamentablemente, “en 1956 nos separaron ásperas discrepancias políticas para siempre y comprendí que en ocasiones los seres humanos llegan a separrse, no por las cosas que les diferencian, como decía Aristóteles, sino por lo mismo que aman”.
 
El coraje de Garzón

-Señor Sábato: ¿Le hubiera gustado un juez Garzón para los generales argentinos?
-No hay fronteras cuando el horror que padece un pueblo llega a violar a tal punto la sacralidad del ser humano. En este sentido considero fundamental las actitudes de coraje que en este último tiempo han demostrado hombres como el Juez Garzón. En nuestro país también hubo un juicio ejemplar, cuyas sentencias fueron luego anuladas por decreto. En un mundo como éste, tan evidentemente injusto la lucha de Garzón es esencial y heroica.
  
Articulo : http://www.elcultural.es 30/04/2011