samedi 7 mai 2011

Jaime SEREY/Páginas blancas & Microhistoria de una bicicleta



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Páginas blancas
Por Jaime Serey

Empiezo ha pensar en tus besos, en tus besos que me llegan hasta los huesos, pero particularmente en todos tus besos que me calientan la boca bajo los crudos inviernos, que jamás podrán ni con el olvido olvidarse.

Pienso repetidamente en todos tus besos de la juventud, aunque también pienso en tus besos, que ahora me entregas como mujer con tantos antojos de ofrecerme más y más.

Pienso en ti con intensidad generalmente cuando han pasado horas sin verte, pero te veo llegar a casa y pienso menos en ti, porque te siento y me tranquilizo. Cuando pienso en ti con grandeza en los minutos de letargo, cuando te espero se me hace insoportable, pues te diviso dentro de mi imaginación y que expectación es la que me alerta.

De mi no tengo nada que decir solo que me faltas cuando partes ha enseñar y es tu amor el que quisiera amar. Pienso en ti después que te vas, pero se que es de niño, que llore. Todo lo que le digo a tu oreja y que suelen ser palabras obscenas son verdaderas, palabras que usan los enamorados y que esconden en sus ojos escondo mis palabras en el corazón y en los ojos, pero a veces lo hago para que te inquietes para que veas llegar junto a las estrellas y la noche a mis palabras, que solo serán palabras de puro amor y que a ti te harán pensar que yo te deseo al instante.

Hay tanta señal obscena en mi vocabulario, que se mezcla con mi palabra santa, que me equivoco a veces, pero todo lo que te digo es únicamente una realidad, porque te amo y por lo que tu piel me suscita.

Me gustas cuando corres detrás de mí para alcanzar el bus, que nos llevara a casa, como también me gusta cuando te enojas por el puro gusto de volvernos ha reconciliar.

Me gusta tu rostro sonrojado por el frío y después que hacemos el amor.

Me gusta cuando me enseñas a caminar sobre la nieve o ha correr sobre ella misma siguiendo tu huella.

Me gustas cuando regresas del dolor, pero optimista y con ello me conformo. Que más le podemos pedir a nuestras vidas, a nuestro azar si ellos ya cumplieron de que tú y yo estemos juntos y entusiasmados por la eternidad.

Ahora que tu voz me gusta y que no pierdo de vista tus pupilas o tus gestos cuando llueve

Ahora que no quiero frecuentar a ninguna otra ninfa, porque solo deseo entenderte a ti, ahora que me encantas toda integra con tus cabellos que juegan con el agua incluso tus pies que pisan la hierba.

Ahora que me concedes tus besos de una vez.

Ahora cuando te enojas…

Me alegra saber de no saber lo que vendrá mañana. Quizás nos enojemos por cosas pasajeras, cosas que le suceden a las parejas de amor de mirarse de tocarse y sobre todo de cariño verdadero.

Me alegro como se alegra un hombre bajo la lluvia sin saber lo que vendrá mañana.

Debe ser porque te veo siempre corriendo, que te quiero, corriendo e inquieta que te quiero, siempre vistiéndote apurada que te quiero, siempre y siempre corriendo de un lugar a otro que te quiero.

Debe ser porque te veo cuando apareces y desapareces en el cuarto de baño y te vuelvo ha ver, que te quiero con tus ojos, tus manos y tu cuerpo desnudo, donde advierto derretirse tu deseo.

***
Microhistoria de una bicicleta
Por Jaime Serey

Emprendemos el descenso por la pendiente a las ocho de la mañana para posteriormente sufrir un accidente cinco minutos mas tarde, una sujetada provisional con mis dos manos me detiene de caer adentro un canal enorme de regadío, posteriormente percibo a mi hermano chillar de dolor en el camino de tierra y piedras mientras herido se encuentra metido entre los fierros del vehiculo.

Después de este accidente y mucho tiempo mas tarde indagué que en el antiguo Egipto, ya existía la bicicleta y se construyeron artefactos primarios compuestos por dos ruedas unidas por una palanca. También supe que en China inventaron un aparato muy similar, pero con ruedas constituidas de bambú. También En la cultura Azteca se encontraron huellas de lo que podría ser algo parecido a un carruaje con dos ruedas y que se impulsaba con un velamen. Pero las primeros rumores que se tienen sobre una bicicleta datan del año 1490, aproximadamente, en la obra de Leonardo da Vinci. En ellos puede verse un bosquejo de una bicicleta con transmisión de cadena impulsada por unos pedales, el mismo método empleado por las actuales. En 1790 un conde Francés habría descubierto en Paris el «celerífero», al que también se llama «jamelgo de ruedas». Consiste en un palo, terminado en una cabeza de zorro o de reno, y acomodado sobre dos ruedas. No tiene unión alguna, y para las operaciones hay que echar pie a tierra; esa misma rigidez hacía que todas las variaciones del terreno repercutieran sobre el conductor. Cuestión que a mi hermano y yo nos perjudico en esa mañana de cálido verano.

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