dimanche 22 mai 2011

Javier RODRÍGUEZ MARCOS/ La mayor librería

REPORTAJE: 70ª FERIA DEL LIBRO DE MADRID 
La mayor librería
Por Javier RODRÍGUEZ MARCOS

La Feria del Libro de Madrid, verdadero termómetro del sector editorial, encara su 70ª edición -que comienza el próximo viernes- con su habitual ambiente de celebración, aunque lastrada este año por los efectos de la crisis. Alemania es el país invitado.

La Feria del Libro de Madrid -buque insignia de una flota de citas que, desde abril, toma las calles de las ciudades españolas- lleva décadas funcionando como termómetro del año editorial. Este curso, además, deberá tomar la temperatura a un enfermo al que han tardado en diagnosticarle la dolencia que padece: crisis. Llueva o no llueva, las casetas del Retiro abrirán el próximo viernes en medio de un temporal. Cuando cierren se sabrá si la deriva sigue o si el optimismo primaveral es algo más que papel mojado. Entretanto, los libros siguen llegando a las librerías a velocidad de crucero.

Cita 'ni ni'. La de Madrid es una feria ni ni. Ni profesional ni cultural. Ni se compran y venden derechos como en Fráncfort ni tiene una programación de eventos a la altura de la feria de Guadalajara (México). Nunca ha pretendido ser lo primero y nunca ha conseguido ser lo segundo. Es, estrictamente, una feria, en el viejo sentido de mercado al aire libre. Todo el mundo sabe que organizar un coloquio a puerta cerrada en el Retiro es, a pesar de la tregua que supone el aire acondicionado, arriesgarse a que haya más gente entre los oradores que entre los espectadores.

No está agotado. Hasta el 12 de junio la mayor librería de España estará en el parque del Retiro porque, a pesar de que la organizan los libreros, la personalidad de la feria madrileña reside en las editoriales. Su presencia garantiza una diversidad que incluye, por supuesto, las novedades, pero que pone al alcance del lector un fondo compuesto por títulos a los que con demasiada frecuencia se despacha en algunas tiendas con un "está agotado".

Minoría absoluta. Desde hace un lustro, una de las grandes tendencias del mercado español del libro es la proliferación de pequeñas editoriales. Levantadas a pulso por una o dos personas, suelen atreverse con apuestas que, por minoritarias, sus hermanas mayores consideran demasiado arriesgadas. Como, dada su juventud, el catálogo de muchos no alcanza el número de títulos necesario para acudir a la feria, los sellos pequeños tienden a agruparse. El ejemplo clásico es el grupo Contexto, pero este año una de las casetas más multitudinarias mostrador adentro será la que aloje a 10 editoriales de las cuatro esquinas de España: Alfabia, Ático, Barril & Barral, El Olivo Azul, Libros del Lince, Libros del Silencio, Principal, Nevsky Prospects, Sajalín y Xordica.

Hijos de la 'perestroika'. En la caseta de los 10 hay al menos dos editoriales -Sajalín y, sobre todo, Nevsky Prospects- volcadas en la literatura rusa. Más allá del siempre actual trío clásico -Tolstói, Dostoievski, Chéjov-, que no para de reeditarse, el éxito de Vasili Grossman ha conseguido demostrar que el viento del Este no dejó de soplar en el siglo XIX. Las ayudas a la traducción de varias fundaciones rusas y la audacia de algunos editores están haciendo, poco a poco, el resto. "Ya le tocaba a Rusia. Nosotros no paramos de publicar inéditos de autores contemporáneos consagrados allí y desconocidos aquí", dice Marian Womack, de Nevsky, que anuncia, además, la llegada de "los autores cuya infancia transcurrió en plena perestroika", jovencísimos cuando cayó la URSS. Algunos de ellos, integrantes de la llamada generación Debut -nombre de un prestigioso premio para jóvenes-, estarán en el Retiro el 31 de mayo presentando El segundo círculo (La otra orilla), una revolucionaria antología de narradores. Para alguno de ellos, como Gula Jirachev, el comunismo es cosa del pasado porque el presente vive, como dice el traductor Ricardo San Vicente, en la olla podrida del Cáucaso, "mezcla de corrupción, yihadismo, violencia y alegría de vivir, todo bien regado con el caldo postsoviético".

Se habla alemán. Rusos aparte -este es oficialmente el Año Rusia-España-, la presencia de un país invitado a la feria es una costumbre cuyo contenido a veces no llega siquiera a simbólico (Francia hace dos años) y otras es un ejemplo de dinamismo (los países nórdicos el pasado). Ahora toca Alemania, que desembarca en Madrid con pesos pesados del ensayo como Hans Magnus Enzensberger y Rüdiger Safranski. Además, desde que en 2009 ganara el Nobel, las editoriales españolas se han puesto al día con las novelas, poemarios y hasta libros de collages del último premio de habla alemana de la Academia Sueca, la impagable germano-rumana Herta Müller. Ella no viene. Por suerte, sus libros ya no dejan de llegar.

Japonerías

Imposible de desbancar la literatura anglosajona del primer puesto de las traducciones más vendidas en España, el segundo hace tiempo que lo ocupa ese cajón de sastre que son las letras centroeuropeas: de la finis austriae al comunismo pasando por el nazismo en todas las lenguas del antiguo Imperio Austrohúngaro. Con todo, en los últimos años, los editores han puesto sus ojos en Japón hasta el punto de que es difícil encontrar un catálogo que no contenga algún escritor japonés. Más que el recientísimo efecto Fukushima se debe al largo efecto Murakami, del que ha empezado a publicarse su mítico 1Q84 (Tusquets). Al contrario que en el caso de Rusia, el presente tira del pasado. La actualidad nuclear, también. De ahí la oportunidad de la aparición de un libro como Flores de verano (Impedimenta), de Tamiki Hara, el pavoroso relato de una superviviente de Hiroshima.

La guerra es un 'best seller'. La guerra civil española, sus antecedentes y sus consecuencias siguen generando toneladas de papel y polémica. Seudohistoriadores aparte, entre los serios coinciden ahora la interpretación coral dirigida por Fernando del Rey sobre la intransigencia política en la Segunda República (Palabras como puños, en Tecnos) con la traducción sangrienta de esa intransigencia, estudiada por Paul Preston en El holocausto español (Debate). Entre tanto, Jorge M. Reverte viaja a la URSS con La División Azul (RBA), mientras tres novelistas coinciden escribiendo sobre el maquis: Almudena Grandes, Alicia Giménez Barlett y Raúl del Pozo. Continuará.

Todo a cien. Como en tiempos de tribulación conviene no hacer mudanza, los editores apuestan sobre seguro rescatando inéditos o poniendo cubierta nueva a sus viejos fondos. Como el mejor pretexto es un centenario, ahí está la segunda vida de los que este año hubiesen cumplido cien: de Álvaro Cunqueiro a Gabriel Celaya pasando por Juan Bernier o el recientemente fallecido Ernesto Sabato.

Primavera analógica. Mientras se defendían del enemigo pequeño -el libro electrónico- las librerías se han encontrado con el grande -la crisis-. Es cierto que el primero creció el año pasado un 50% según el Ministerio de Cultura, pero lo hizo representando apenas un 1% del mercado. La segunda, entre tanto, ha golpeado como nunca durante el primer trimestre. Para colmo, la confusión en torno a la fecha del Día del Libro no ha tenido el efecto curativo esperado fuera de Cataluña, donde se siguió celebrando el 23 de abril pese a caer en Sábado Santo. Finiquitado el mito del libro como refugio de ocio barato contra la recesión y con las compras institucionales bloqueadas por el endeudamiento de ayuntamientos y comunidades autónomas, "muchas librerías han sobrevivido reduciendo personal drásticamente", explica Michèle Chevallier, directora de la confederación de libreros (CEGAL). La crisis es tal que afecta incluso a los presupuestos destinados a los estudios que calculan la magnitud de la caída. Con todo, Chevallier insiste en que ahora son claves "la formación, la gestión y la visibilidad en Internet". De ahí la importancia, apunta, del nuevo buscador www.todotuslibros.com, que permite localizar en qué librería está un libro. Con la feria de Madrid, icono de todas las demás, "llega la primavera", añade. "La real y la simbólica. Este año más que nunca, todos los ojos están puestos en ella".

Las cifras

- Ubicación: paseo de Coches del parque del Retiro, de Madrid
- Fecha: del 27 de mayo y 12 de junio.
- Horario: de lunes a viernes, de 11.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.30. Fin de semana: de 10.30 a 14.30 y de 17.00 a 21.30.
- 447 expositores divididos de la siguiente forma: 27 organismos oficiales, 11 distribuidores, 59 librerías generales, 58 librerías especializadas, 176 editores de Madrid y 116 editores de fuera de la capital.
- Alemania es el país invitado. Casi 20 autores alemanes y 41 encuentros.
- La página www.ferialibromadrid.com  informa del calendario de firmas y actividades.

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La indignación no es suficiente
Por Daniel INNERARITY

En una sociedad con ciudadanía de baja intensidad, desafección galopante hacia la política, debates planos y argumentos inexistentes, cualquier llamamiento a sumarse a las críticas encuentra una inmediata acogida. Si quien escribe ¡Indignaos! es Hessel, que es además un luchador de la Resistencia francesa, uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y si quienes han escrito Reacciona son personas de indudable talla intelectual, entonces resulta imposible llevarles la contraria o matizar sus opiniones sin parecer un mercenario del sistema.

Et pourtant... La indignación es una virtud cívica necesaria pero insuficiente. Lo siento por estos autores pero yo veo las cosas de otra manera y el problema fundamental en otro sitio. De entrada, no nos sobra indignación sino todo lo contrario. Indignación la hay en todas partes; basta hacer un poco de zapping y uno se encuentra, sobre todo, gente indignada (preferentemente en los canales de la extrema derecha). Indignados están, por ejemplo, los que creen que el Estado de bienestar disminuye pero también los que consideran que está yendo demasiado lejos, los que piensan que ya hay demasiados extranjeros, los fanáticos de todo tipo, aquellos cuyo miedo ha sido agitado por quienes aspiran a gestionarlo.

Nuestras sociedades están llenas de gente que está "en contra" y escasean los que están "a favor" de algo concreto e identificable. El problema es cómo nos enfrentamos al hecho de que lo que moviliza son energías negativas de indignación, afectación y victimización. Es lo que Pierre Rosanvallon ha denominado como "era de la política negativa", en la que quienes rechazan no lo hacen a la manera de los antiguos rebeldes o disidentes, ya que su actitud no diseña ningún horizonte deseable, ningún programa de acción. En este panorama, el problema es cómo distinguir la cólera regresiva de la indignación justa y poner esta última al servicio de movimientos con eficacia transformadora.

¿Y si el público que escucha con agrado esas imprecaciones no fuera la solución sino parte del problema? Pedir a la gente que se indigne equivale a darles la razón para que continúen como hasta ahora, viviendo en una mezcla de conformismo e indignación improductiva. Lo revolucionario sería romper eficazmente con el populismo, con esa inmediatez y adulación que está en el origen de nuestras peores regresiones. Y este tipo de llamamientos sigue ofreciendo explicaciones simples para problemas complejos. La indignación deja de ser en exabrupto inofensivo e ineficaz a la hora de modificar los hechos intolerables que la suscitan cuando incluye además algún análisis razonable de por qué pasa lo que pasa, si identifica bien los problemas en vez de contentarse con haber encontrado a los culpables, si propone algún horizonte de acción.

¿Y si la indignación actuara en beneficio de quienes están satisfechos o incluso son responsables del estado de cosas contra las que nos indignamos? Puede ser que esas explosiones de airada protesta sean menos transformadoras de la realidad que el trabajo sostenido en el tiempo para formular buenos análisis y esforzarse pacientemente por introducir algunas mejoras. Se podría hablar de una función conservadora de la indignación que estabiliza los sistemas como lo hacen las válvulas de escape o las canas al aire, tan funcionales a la hora de dejar las cosas como están. Ese algo más que necesitamos para transitar hacia un mundo mejor no es una mayor exageración dramática de nuestro descontento; es, de entrada, una buena teoría que nos permita comprender lo que está pasando en el mundo sin caer en la cómoda tentación de escamotear su complejidad. Solo a partir de entonces pueden formularse programas, proyectos o liderazgos que permitan un tipo de intervención social eficaz, coherente y capaz de resultar atractiva para una mayoría que no esté formada solo por gente cabreada.

¡Indignaos! Stéphane Hessel. Traducción de Telmo Moreno Lanaspa. Destino. Madrid, 2011. 64 páginas. 4,75 euros. Reacciona. Varios autores. Aguilar. Madrid, 2011. 176 páginas. 9,02 euros.Daniel Innerarity (Bilbao, 1959) es catedrático de Filosofía Política y Social, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática (www.globernance.com). Es autor, entre otros libros, de El futuro y sus enemigos: una defensa de la esperanza política y La renovación liberal de la socialdemocracia.

 
Articulo : http://www.elpais.com  21/05/2011

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