samedi 14 mai 2011

La casa fantasma de Pablo NERUDA

La casa fantasma de Pablo Neruda

En Cien sonetos de amor, Neruda llama a esos poemas "pequeñas casas de 14 tablas para que en ellas vivan tus ojos que adoro y canto". La ecuación es clara. Si sus poemas son casas, sus casas son poemas.

Hace unos días Hernán Loyola, el connotado especialista en Neruda, me preguntó sobre las conversaciones que tuve con el poeta cuando visitó Arica en 1969. Quería que le diera detalles, a ver si había información que le pudiera servir para el segundo volumen de la biografía que estaba escribiendo. Le conté algunas cosas, entre ellas una que a mí me pareció menor. Le dije que Neruda quería comprar una casa en Arica. Loyola pegó un salto y me preguntó ansioso: "¿Estás seguro de lo que dices?". "A ver, Hernán, él me contó que le había encargado a alguien de Arica que le buscara una casa. Escribió el nombre de la persona en un papelito y me lo pasó. Me pidió que estuviera atento y que me fijara bien que la casa y su ubicación frente al mar fueran las más apropiadas". "¿Le preguntaste por qué quería comprar una casa en Arica?", insistió Loyola. "Sí", repuse. "Me explicó que tenía muchas invitaciones del Perú, Ecuador y otros países de Sudamérica, y que para él sería muy agradable descansar unos días en Arica y desde ahí salir al extranjero. Después lo nombraron embajador en Francia y el asunto pasó al olvido". "¿Te suena el nombre Alicia Urrutia", dijo Hernán. "Claro, ¿no era la sobrina de Matilde?". "Así es. ¿Y a dónde se trasladó después de vivir con ellos en Isla Negra?". "Creo que a Arica". "Exacto", dijo él. "¿Entiendes la conexión?".
 
Yo sentía un gran afecto por Neruda y por Matilde y sabía que ella había sufrido mucho con el "desliz" amoroso del vate, así que no fue fácil para mí hablar del tema. Cuando se eliminó la censura y mi libro Mal de amor pudo publicarse de nuevo, Matilde asistió a la presentación. Me emocionó verla sentada en la primera fila. Después estuve varias veces con ella en el departamento de Jorge Edwards. Recuerdo en particular una tarde de julio de 1982, porque coincidió con el día de mi cumpleaños. Jorge hizo preparar unas once adecuadas a la ocasión y ahí estuvimos los tres celebrando. Yo me había conseguido un ejemplar de la legendaria edición de Los versos del capitán que se publicó en 1953 y le pedí que me lo dedicara. "Este libro es muy especial para mí", me dijo ella. Apareció primero en forma anónima, porque en esos años Neruda y Matilde mantenían una relación secreta y todavía no estaban preparados para hacerla pública. Dice uno de los poemas: "Toda la noche he dormido contigo/ junto al mar, en la isla. Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño/ entre el fuego y el agua". No se refiere, eso sí, a Isla Negra, sino a Isla de Capri, donde Neruda vivió por primera vez bajo el mismo techo con Matilde Urrutia. Pero la vida tiene sus vueltas y después fue Matilde la que estuvo en uno de los vértices de un nuevo triángulo amoroso, mientras otra mujer se instalaba en el vértice superior. De ese idilio crepuscular Neruda dejó un testimonio lírico. Es el libro La espada encendida (1970), cuyos originales, me dicen, están en manos de la inspiradora. Esta vez la fórmula que encontró el poeta para ocultar su romance no fue ya el anonimato, sino la invención de dos personajes: Rocía y Rhodo, a quienes asigna los parlamentos que podrían haberlo puesto en problemas.
 
Nadie ignora que Neruda era un gran diseñador y decorador de sus propias casas. En Cien sonetos de amor él mismo llama a esos poemas "pequeñas casas de 14 tablas para que en ellas vivan tus ojos que adoro y canto". La ecuación es clara. Si sus poemas son casas, sus casas son poemas. Conocemos la de Isla Negra, frente al océano, esa especie de barco para el marinero en tierra que fue Neruda; la Chascona, bautizada así en homenaje a Matilde, en los faldeos del Cerro San Cristóbal; y la Sebastiana de Valparaíso, en la que acaba de inaugurarse una estupenda biblioteca de poesía chilena. Ahora habría que agregar la casa fantasma de Arica. No la casa en la arena, sino la casa de arena que se llevó el viento.
 

Articulo : http://diario.elmercurio.com  08/05/2011

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