dimanche 22 mai 2011

Marilú ORTIZ DE ROZAS/ La literatura francesa de hoy según los tipos como FABRE

Entrevista Invitado por el Instituto Francés y Lom, aporta su mirada:
La literatura francesa de hoy según los tipos como Fabre
Por Marilú Ortiz de Rozas
 
Narrador de los suburbios de París y de personajes que profesan un culto al bajo perfil, Dominique Fabre presenta su visión de las letras galas en la actualidad. Y da a conocer a sus cuatro autores favoritos.
 
Dominique Fabre se siente orgulloso de haber dado voz a quienes no la tienen: las personas humildes, los marginados. Que no necesariamente son perdedores, porque los personajes de sus novelas, a pesar de su precariedad económica o emocional, suelen estar en busca de algo, lo que construye la tensión de la obra. Sus anhelos de compañía, salud, trabajo, felicidad son simples y a la vez ambiciosos. Tal como lo que él propone, con su voz tenue, pero firme: "Intento escribir a la altura del hombre y espero ser leído por personas cultas o no tanto, incluso si sé que es una pretensión optimista".
 
Vino a nuestro país invitado por el Instituto Francés de Chile y Ediciones Lom, sello que publicó dos novelas suyas traducidas al español, La mesera era nueva (2006) y Los tipos como yo (2010). Dos obras emotivas y de silenciosa poética asociada a la urbe, que presentó al público chileno. A la vez, Fabre sostuvo un encuentro con estudiantes de la Universidad Alberto Hurtado, donde abordó su visión de la literatura francesa actual.
 
"Es tal la cantidad de libros que se publica actualmente en Francia (unos 600 cada año), que es imposible tener una percepción global. Pero se puede afirmar que existen algunas escuelas vinculadas con ciertos editores", precisa. En este grupo entrarían los autores de Ediciones Minuit, cuya materia de trabajo se centra en la lengua, como Jean Echenoz, Tanguy Viel, Eric Laurent o el belga Jean Philippe Toussaint. "Ellos se plantean hoy desafíos a nivel del lenguaje, están enfocados en juegos de palabras, más que en contar una historia".
 
Otra importante corriente se refiere a la autoficción, "las literaturas del yo", practicadas en general por mujeres, algunas con mucho éxito, como Christine Angot, o Camille Laurens. "El caso de Amélie Nothomb - también belga - es particular. Se trata de una autora muy cómica, su trabajo es astuto y original, pero como se sabe que cada año publica un libro, los lectores los esperan para divertirse. Su propia vida es como de cuento de hadas, y lo que ella escribe, aunque sea terrible, adquiere un tono feérico".
 
Hay otros autores, como Michel Houellebecq, que practicarían una sociología del presente y persiguen plantear debates a partir de lo que dicen sus libros. "Por ejemplo, puede anunciar el fin de Occidente, o el malestar del hombre blanco, todo esto con grandes escenas de sexo". Fabre sostiene que se estaría renovando una "novela de tesis", cuyo interés no está en la obra en sí.
 
Finalmente, existe también una literatura sentimental, como la de Anna Gavalda, y otra que colinda con lo bufo, como historias de viajes a países del tercer mundo, "con exotismo, amor y atentados", detalla con humor. Sin caer en esos extremos, para Dominique Fabre hay muchos escritores que ingresaron a la industria de la entretención, lo que no engendra un género propiamente tal, pero donde se producen obras que no tienen objetivo alguno. "Son libros que no te desvelan. Yo creo que una obra no sólo debe estar bien hecha, sino que debe tener algo que decir. A mí me gusta la idea de hablar al corazón de las personas".
 
Por el repunte del libro

En Francia, según Fabre, la literatura está en retirada -para los estándares galos-. "Hoy, en el metro la gente ya no lee, no hay espacio; la gente está pegada a sus mp3, a sus celulares". Sin embargo, no pierde la esperanza de que un día repunte la masa lectora. Como sus personajes, cree que se puede doblar la mano a la adversidad, y es un agudo observador de la sociedad. "Los tipos como yo suelen llenarse de melancolía cuando miran a los otros", escribe.
 
Dominique Fabre es profesor de inglés y además estudió filosofía. Antes de ser escritor, trabajó en turismo y como corrector de imprenta. Sus libros a menudo hablan de la ausencia del padre. "A mi propio padre lo conocí a los 17 años. Crecí sin él. Y mi madre nos mandó a mi hermana y a mí a una familia de acogida, en los Alpes, de los 3 a los 12 años. Luego a un internado. A ella también la conocí, verdaderamente, bien tarde". Sin embargo, él no cree en una literatura destinada "a saldar las cuentas con la vida".
 
La mayor parte de sus novelas narran las vicisitudes cotidianas de personajes solitarios adscritos a un paisaje urbano, que a veces ni siquiera es París, o sus suburbios, sino un barrio. "De hecho, tengo una novela que se llama Mi barrio , donde éste es el protagonista". En realidad, él no es un escritor francés, él es de Asnières, su barrio. Y no cree pertenecer a una corriente intimista. "Si en efecto mi obra habla de lo íntimo, es porque esto es lo que todos tenemos en común".
 
Muchos de sus libros son breves, "me parece que si una obra queda bien en cien páginas, no hay que inflarla para llegar a doscientas". Por eso escoge minuciosamente cada palabra que emplea. Escribe: "Las palabras arden un instante, pero cuando la puerta del bar se abre o se cierra, se las lleva el viento, desaparecen".
 
Sus escritores franceses favoritos:

Annie Ernaux (1940): una autora que ha escrito mucho sobre la condición femenina en Francia, hoy famosa. "Ella viene de un medio muy modesto, como yo, y cuenta cómo logró llevar a cabo su literatura, abriendo la vía a numerosos autores que no nacimos en medios letrados". Confiesa que La Place o Les Années lo marcaron.

Patrick Modiano (1945): el más conocido internacionalmente de los cuatro y no requiere presentaciones. "Me gusta porque encuentro que es un escritor de París y de las vidas oscuras, me atrae su mirada".

Jean Rolin (1949): aunque viaja constantemente, sus libros sólo hablan de él. Su forma de hacer literatura es muy personal. En una novela recorrió los hoteles de los suburbios pobres de París; en otra, reseñó las bandas de perros vagabundos de diversos países. "Su trabajo está entre el gran reportaje y la literatura".

Xavier Bazot (1955): un poco más joven que los anteriores, este autor de muy pocos libros no proviene de un ambiente marginal, pero aborda la situación de personas excluidas, de errantes. Creó también un libro de relatos tras seguir un circo itinerante durante varias temporadas: "Crónica de un circo en el desierto".

 
Articulo: http://diario.elmercurio.com  22/05/2011

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