dimanche 22 mai 2011

Marilú ORTIZ DE ROZAS/ Sergio MISSANA reflexiona sobre la identidad en los 40

Entrevista Nuevo libro:
Sergio Missana reflexiona sobre la identidad en los 40
Por Marilú Ortiz de Rozas

Este jueves, en La Chascona, se presenta la quinta novela del autor chileno. De marcado corte borgiano, Las muertes paralelas (Seix Barral) enfrenta la disgregación en el Chile del siglo XXI.

Un buen título para este libro hubiera sido la frase de Marx: "Todo lo sólido se desvanece en el aire", advierte el escritor Sergio Missana (1966), autor de cuatro novelas previas: El invasor , Movimiento falso -finalista del Premio Rómulo Gallegos 2001-, La calma y El día de los muertos , cuya presentación en México en 2007 estuvo a cargo de Carlos Fuentes.

Sin embargo, la frase de Marx ya fue usada como título y él escogió Las muertes paralelas , que alude a las consecuencias concretas del fenómeno que experimenta su protagonista. Su desdoblamiento es narrado con tal verosimilitud, que este "realismo delirante" no se cuestiona. "La novela empuja el límite de lo sobrenatural, pero no necesariamente lo cruza; las reacciones de los personajes son creíbles. Lo interesante es comprobar cuánto aguanta el lenguaje", manifiesta Missana.

El protagonista, Tomás Ugarte, es un publicista sin utopías ni norte claro, que renuncia a su trabajo a la vez que, a pesar suyo, se divorcia. Su único fin es emprender un gran viaje y su desazón mayor es que cumplió 40 años.

-¿Cree que esta novela es políticamente menos correcta que las anteriores?
-El personaje no me parece despreciable, no lo juzgo moralmente. La idea era configurar un sujeto reconocible en sus conductas sociológicas, con cierta arrogancia, algo relacionado con los tiempos actuales de Chile. El personaje parte de una posición muy fuerte, pero luego pasa por una máquina de moler carne. Esta explosión del sujeto puede ser iluminadora incluso para él, en la medida en que se despoja de máscaras y emprende un proceso de desafiliación voluntaria de todo. Es la típica crisis de la mediana edad: dejar el trabajo, cambiarse de casa. Pero luego ese proceso deja de ser voluntario, y se vuelve un padecimiento.

-El narrador dice que el personaje fue un tipo exitoso, pero la novela parte de su caída al abismo.
-Yo veo al protagonista como una trayectoria, no de una sola pieza del principio hasta el final. Pienso en el Don Juan, que se presenta como un seductor que ya no seduce a nadie; se nos narra desde su decadencia.

Dobles y suplantadores

-Esta novela es intimista, a diferencia de otras suyas basadas en sucesos históricos colectivos.
-Es posible, pero algunos han visto en ella una dimensión política. Hay un intento de reflexionar sobre la identidad personal, desde la tradición decimonónica. Actualmente se tiende a pensar en políticas de la identidad, o en la identidad como pertenencia a ciertas minorías o grupos con reivindicaciones gremiales. Yo diría que en el siglo XX se pensó en la ruptura o en la incerteza de la identidad desde la técnica literaria; es decir, romper el "yo" en el lenguaje, a partir de Virginia Woolf y Joyce. Pero antes de eso se cuestiona la identidad a través del tema del doble, de lo cual también hay referencias contemporáneas, en Borges o Philip Roth. Pensaban que uno podía desdoblarse, reflejarse o duplicarse y que eso ponía en jaque la idea de identidad.

-¿La exploración en la mente del personaje es lo que construye su relato "real delirante"?
-En la narración se producen loops paradójicos en el tiempo, primero porque el tipo viaja al futuro en la piel de la anciana, su primer desdoblamiento, y ve un porvenir posible. Cuando vuelve al presente intenta modificarlo, pero todo lo que hace contribuye a que ese futuro se cumpla, como en una tragedia griega. Cada episodio de desdoblamiento es diferente. La novela sigue el esfuerzo del protagonista por descubrir una lógica en lo que le está pasando, descifrar el misterio.

-El niño, que es engendrado como consecuencia de los sucesos que conducen a todas las muertes, ¿es una suerte de redentor?
-Ese niño sueña y confunde los personajes, y esos sueños se proyectan al pasado en otra paradoja temporal. En cierta forma, el niño se crea a sí mismo, y aparece la idea del advenimiento, que puede ser mesiánico, satánico o neutro. Por eso la cita de Yeats, en el epígrafe: "¿Y qué tosca bestia, su hora cumplida al fin, se arrastra hacia Belén para nacer?". No se sabe quién va a ser este niño.

-Hay quienes sostienen que un cadáver hace avanzar la acción en una novela. ¿Qué cree que aporta el sexo, más presente en esta novela?
-El sexo y la muerte son momentos límite en la narración, suelen aparecer porque marcan un punto de oscilación. La escena inicial tiene una connotación de éxito asociado al placer; la descripción es casi clínica, metódica, sin eufemismos. La escena final, al contrario, es germinativa.

-Hace cuatro años que regresó a Chile, tras seis en Estados Unidos y cuatro en Madrid. ¿Sigue siendo un escritor solitario, o se ha hecho buenos amigos entre sus pares?
-Si bien me he hecho varios amigos, creo que los escritores nacidos en los 60 han tendido a formar tribus con marcas más definidas, y los nacidos en los 70 hemos tendido a ser más solitarios. Vamos por caminos más personales. No hay esa sensación de una "cohorte". Sin embargo, hay algunas obsesiones recurrentes, como el tema del viaje, que está presente en textos de Cynthia Rimsky, Alberto Fuguet, Beltrán Mena, Mauricio Electorat, y también en mis novelas. Pero es una marca generacional débil comparada con quienes nacieron en los 50 y formaron la nueva narrativa, o los de los 70, que tienen el legado de Bolaño más presente. No sé si relacionarlo con el exilio. En mi caso, he viajado mucho por Asia, África, Norteamérica, y eso se vio más reflejado en mi novela anterior, El día de los muertos .

-¿En qué proyecto se encuentra actualmente?
-Terminé un libro de relatos de viajes, estoy publicando, con Alfaguara, una obra infantil, coescrita con mi hija Maya, de 9 años, y estoy trabajando en una nueva novela.


Articulo : http://diario.elmercurio.com  15/05/2011

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