dimanche 29 mai 2011

Michael LIND/ La teoría del Estado, según Francis FUKUYAMA

Libro Del autor de "El fin de la historia y el último hombre":
La teoría del Estado, según Francis Fukuyama
Por Michael LIND

Ambicioso, erudito y elocuente, este libro es sin lugar a dudas un gran logro de uno de los principales intelectuales públicos de nuestro tiempo.

"Este libro tiene dos orígenes", escribe Francis Fukuyama en el prefacio de "Los orígenes del orden político". "El primero surgió cuando mi mentor, Samuel Huntington, de la Universidad de Harvard, me pidió que escribiera un prólogo a una reedición de su clásico de 1968, "El orden político en las sociedades en cambio". Su segunda inspiración fue la década que Fukuyama dedicó a estudiar "los problemas del mundo real en los estados débiles y fallidos", y que inspiró su libro de 2004, "La construcción del Estado: hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI".

Al hablar de los orígenes de "Los orígenes", Fukuyama está siendo modesto, por no decir poco sincero. Él es más conocido por el éxito internacional que obtuvo su ensayo de 1989, "¿El fin de la historia?" en la revista de política exterior "The National Interest" y el posterior libro, "El fin de la historia y el último hombre". Su tesis generó un debate mundial: "Lo que podemos estar presenciando no es sólo el final de la guerra fría, o el paso de un período particular de la historia de la posguerra, sino el fin de la historia como tal; es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano".

En los 20 años posteriores, Fukuyama ha calificado su argumento, pero no lo ha abandonado. En "Los orígenes del orden político", primero de dos volúmenes proyectados, escribe: "Alexandre Kojève, el gran intérprete ruso-francés de Hegel, sostuvo que la historia, como tal, había terminado en el año 1806 con la batalla de Jena-Auerstadt, cuando Napoleón derrotó a la monarquía prusiana e introdujo los principios de libertad e igualdad en la parte de Hegel de Europa". Y continúa diciendo: "Creo que la afirmación de Kojève todavía merece ser tomada en serio. Los tres componentes de un orden político moderno -un Estado fuerte y capaz, la subordinación del Estado a un estado de derecho y un gobierno responsable ante todos los ciudadanos- ya se habían establecido en una u otra parte del mundo a finales del siglo XVIII".

Por casualidad, estos tres elementos se unieron por primera vez en Gran Bretaña, aunque otros países del noroeste europeo que fueron influidos por la Reforma, como los Países Bajos, Dinamarca y Suecia, "también lograron unir el Estado, el estado de derecho y la responsabilidad en un solo paquete para el siglo XIX". Pero antes de que se combinaran en Gran Bretaña y en los países vecinos en la época de las revoluciones industrial y democrática, los tres elementos de orden político moderno habían evolucionado por separado en diferentes civilizaciones premodernas: "China desarrolló un estado poderoso desde un principio, el estado de derecho existía en la India, Oriente Medio y Europa, y en Gran Bretaña apareció por primera vez un gobierno responsable".

La mayor parte de "Los orígenes del orden político" se dedica a contar la historia de cómo el Estado, el estado de derecho y la responsabilidad evolucionaron de forma independiente en diferentes sociedades, antes de su combinación en la Gran Bretaña del siglo XVIII. Después de haber sido acusado de determinismo por algunos críticos de su obra anterior, Fukuyama insiste en el papel de la contingencia. Los orígenes de las instituciones políticas modernas fueron "complejos y específicos para cada contexto". Por ejemplo, la disminución de la importancia de los clanes familiares en la Europa moderna, que se debió en parte al poder de la iglesia medieval, significó que "una economía capitalista emergente en Italia, Inglaterra y los Países Bajos en el siglo XVI no tuvo que vencer la resistencia de los grandes clanes familiares corporativamente organizados con propiedades sustanciales para proteger, como en la India y China".

Fukuyama rechaza los intentos reduccionistas de explicar las instituciones políticas y sociales como meros epifenómenos de estructuras económicas o tecnológicas subyacentes. "Es imposible desarrollar una teoría significativa de desarrollo político sin tratar las ideas como causas fundamentales de por qué las sociedades son diferentes y siguen distintos caminos de desarrollo". En particular, "la religión no puede explicarse simplemente en función de las condiciones materiales previas".

Es por esta razón que "Los orígenes del orden político," al igual que el trabajo anterior de Fukuyama, no concuerda con la elevación actual de la economía neoclásica como la ciencia social paradigmática. Su afinidad intelectual se sitúa junto a los grandes pensadores de la tradición sociológica del siglo XIX, como Weber, Durkheim y Marx, así como con Hegel, a quien Fukuyama identificó de forma reveladora como un científico social en "¿El fin de la historia?". Fukuyama comparte con esta tradición sociológica una visión de la política como el producto de la historia y la evolución, y rechaza el absolutismo de la teoría de los derechos naturales de Locke y el fundamentalismo del mercado, o "el liberalismo de Manchester". Contra liberales como Friedrich Hayek, que tratan de explicar la sociedad en términos de "homo economicus", Fukuyama sostiene que un Estado fuerte y capaz ha sido siempre una condición previa para una economía capitalista floreciente.

A partir de trabajos recientes en sociobiología, así como críticas anteriores sobre el liberalismo abstracto de los derechos naturales, Fukuyama escribe: "Los seres humanos nunca existieron en un estado presocial. La idea de que los seres humanos existieron alguna vez como individuos aislados, que interactuaron a través de la violencia anárquica (Hobbes) o ignorándose pacíficamente unos a otros (Rousseau), no es correcta".

Algunos lectores, sin embargo, pueden pensar que Fukuyama va demasiado lejos en restarle importancia a la tradición del derecho natural que inspiró al Renacimiento y al liberalismo de la Ilustración. Aquí se podría decir que el historicismo de Fukuyama y su énfasis en que son las ideas mismas las que forman el orden político, no concuerdan. Él se toma en serio la teología de los brahmanes antiguos como una explicación para la organización de la sociedad india, pero no hace lo mismo con el pensamiento de los niveladores (levellers) y seguidores de Locke ingleses del siglo XVII que influyeron en las revoluciones inglesa, francesa y norteamericana. Al igual que los historicistas del siglo XIX, que aceptaban la mayor parte de la modernidad, mientras intentaban atribuirles los orígenes de las modernas instituciones occidentales a las costumbres de las tribus germánicas o a las corporaciones de la sociedad medieval, Fukuyama favorece un orden político democrático, pero argumenta que las teorías que lo justificaron, en primer lugar, como los derechos universales y el individualismo moral y epistemológico, están equivocadas. Será interesante ver qué hace Fukuyama con las ideas que le dieron forma al republicanismo de las revoluciones americana y francesa en su segundo volumen.

Dicho esto, "Los orígenes del orden político" es un intento riguroso de crear una visión sinóptica de la historia humana por medio de una síntesis de la investigación en muchas disciplinas. Incluso, aquellos que dudan de que esta empresa pueda tener éxito o que discrepen de detalles particulares o conclusiones, pueden quedar impresionados de la audacia de Fukuyama y estimulados por sus argumentos. Ambicioso, erudito y elocuente, este libro es sin lugar a dudas un gran logro de uno de los principales intelectuales públicos de nuestro tiempo.

Michael Lind es el director de políticas del programa de crecimiento económico de la New America Foundation.

The Origins of Political Order
Editorial Farrar, Straus and Giroux, 2011, New York, 608 páginas.


Articulo: http://diario.elmercurio.com  22/05/2011

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...