samedi 14 mai 2011

Patricio TAPIA/Escritores Ernesto SABATO visto por sus colegas

Escritores Ernesto Sabato visto por sus colegas
Fiebre de Sabato
Por Patricio Tapia

En los funerales siempre se dicen palabras bonitas sobre el muerto, sea o no escritor. Pero ¿qué se ha dicho antes de este momento, sobre todo, por los compañeros de oficio? De Ernesto Sabato se ha dicho de todo.

Al morir, casi centenario, Ernesto Sabato dejó sin zanjar del todo el asunto de si él fue un mal escritor al que otros escritores encontraban estupendo o un gran escritor al que otros encontraban lamentable. Es cierto que los autores dedicados a la literatura no siempre mantienen relaciones cordiales entre sí por mucho tiempo y que el insulto o la animadversión -ya sea por polémicas, rivalidades o lo que fuere- pueden aflorar con soltura. Pero también lo es que, con igual facilidad, brotan los halagos. Ahora bien, Faulkner dijo de Henry James que era "la vieja dama más agradable que haya conocido", lo que ciertamente no es muy amable. Pero, al comentar a otros escritores, pocos autores se comportan como damas o son agradables.

Amor...

Sin considerar los elogios fúnebres que la ocasión impone, Sabato no careció de los encomios de otros autores importantes. A modo de ejemplo, Claudio Magris en un artículo recogido en Alfabetos (Anagrama, 2010) comenta Antes del fin e indica: "Sabato ha escrito obedeciendo a la necesidad, sólo cuando no ha podido evitarlo, imperiosamente, y también ha destruido muchas de sus páginas". Y que sobre "las verdades más sobrecogedoras" de su vida ha escrito poco, sólo tres novelas, "pero son suficientes para convertirlo en uno de los grandes de este siglo". Por otra parte, el Nobel José Saramago no escatimó alabanzas sobre el argentino. En uno de sus Cuadernos de Lanzarote (Alfaguara, 2001) dejó un recuerdo de su primer encuentro y el largo soliloquio del argentino sobre sus obsesiones: "La implacable descreencia en la razón, la negación crítica del conocimiento científico, el problema del mal, Dostoievski, la apología de la obra breve...". Más tarde, en el Congreso de la Lengua celebrado en Rosario, en 2004, Saramago le rindió un homenaje al que llama "profeta áspero y agreste que la vejez no ha conseguido dominar" y lo refiere como: "Un autor trágico y al mismo tiempo eminentemente lúcido que, además de ser capaz de abrir caminos por los corredores laberínticos del espíritu de los lectores, no les consentía, ni siquiera durante un solo instante, que desviasen los ojos de la esquina más oscura del ser". En El último cuaderno (Alfaguara, 2011), que recopila los textos escritos por Saramago para su blog , entre marzo de 2009 y junio de 2010 hay una entrada escrita el día del cumpleaños 98 de Sabato que concluye diciendo. "Estoy seguro de que al siglo pasado se le podrá llamar también el siglo de Sabato, como el de Kafka o el de Proust"...y odio

Poco después de leer Sobre héroes y tumbas (1961), Julio Cortázar, en una carta desde París, de enero de 1962 ( Cartas , Alfaguara, 2002), le escribe a su editor Francisco Porrúa que lo que hay que hacer es "denunciar a gritos esa 'seriedad' de pelotudos ontológicos que pretenden nuestros escritores". Y más tarde: "En el viaje, Aurora y yo apechugamos y nos leímos la novela de Sabato. Mi impresión es que el hombre está completamente piantado. Le ha salido una especie de folletín, pero sin el interés de un buen Poson du Terrail. Me asombra que una punta de amigos porteños me haya dicho que se trataba de 'un libro importante'. La importancia en la Argentina se esta poniendo irrespirable" (19 de mayo de 1962). Otro autor argentino destacado, César Aira, en su Diccionario de autores latinoamericanos (Emecé/ Ada Korn, 2001), señala en la entrada sobre Sabato su "falla central, una inadecuación entre su personalidad y sus intenciones estéticas". "Sobre su robusto sentido común, sobre sus ideas convencionales y políticamente correctas (que lo hicieron en su vejez un favorito de los medios) era imposible ajustar pretensiones de escritor maldito o endemoniado, o tan siquiera angustiado; no tuvo más remedio que crear un personaje que se dice malo, atormentado y sombrío, con una insistencia francamente infantil". Lo precisa en una entrevista con Carlos Alfieri, recogida en el libro de este último Conversaciones (Katz, 2008): "Bueno, a Sabato no lo hemos tomado nunca muy en serio. Y sorprende un poco que alguien se lo pueda tomar en serio. Es un señor que tiene aristas muy risibles: esa vanidad, el malditismo... Malditismo que no condice con su personalidad. Es un señor perfectamente racional que juega al maldito, le gusta ese personaje y quiere asumirlo; entonces, como no puede serlo, tiene que decirlo. Así, se ve obligado a escribir constantemente en sus textos la palabra angustia, la palabra dolor... y claro, eso no funciona". Por último, Bioy Casares anota en su diario, Borges (Destino, 2006): "Es curioso el caso de Sabato: ha escrito poco, pero ese poco es tan vulgar que nos abruma como una obra copiosa" (agosto de 1956). Y quizá su relación de enemistad más famosa es la que tuvo con Jorge Luis Borges.

Sabato-Borges

El autor de Sobre héroes y tumbas en unas palabras de homenaje a Borges en París (1986) -que forma parte de Lo mejor de Ernesto Sabato , de próxima publicación por Seix Barral-, afirmaba: "Cuando todavía yo era un muchacho, versos suyos me ayudaron a descubrir melancólicas bellezas de Buenos Aires: en viejas calles de barrio, en rejas y aljibes de antiguos patios, hasta en la modesta magia que la luz rojiza del crepúsculo convoca en charcos de agua. Luego, cuando lo conocí personalmente, supimos conversar de Platón y de Heráclito de Éfeso, con el pretexto de vicisitudes porteñas. Más tarde, ásperamente, la política nos alejó. Porque, así como Aristóteles dijo que las cosas se diferencian en lo que se parecen, en ocasiones los hombres llegan a separarse por lo que aman". Hay, es cierto, un libro de conversaciones entre ambos. Entre diciembre de 1974 y marzo de 1975, Borges y Sabato se reunieron en siete ocasiones manteniendo largas charlas sobre los más diversos temas -desde filosofía o arte hasta filosofía o religión, excluyendo únicamente la política-, compiladas en un libro por Orlando Barone como Diálogos (Emecé, 1976, con varias reediciones). Pero se conocían de mucho antes. Para el centenario de Borges, Sabato, en un artículo de 1999, precisaba que lo conoció a fines de la década del 30 y reproducía sus palabras de 1986 para concluir: "Borges es, sin duda, uno de los más grandes escritores del siglo".

Lo cierto es que en Borges , de Bioy, se refieren varios artículos, antes de 1960, en los que Sabato atacaba a Borges, así como otros, casi simultáneos, en que lo defiende. Por de pronto, en su artículo "Los dos Borges" (en revista "Índice", 1961) Sabato criticaba a Borges su "falta de grandeza, una incapacidad para entender y sentir la totalidad de su nación, que es lo mismo que decir la totalidad de su contemporáneo carnal".

Pero la ojeriza de Borges es previa. Según Bioy, Borges le asegura "que le ha tomado tanto odio a Sabato, que ya no imagina su cara tal como es, sino en caricatura" (5 de septiembre 1956). Y sería duradera. En junio de 1979 le preguntaron: "¿Qué me dice de Sabato?". Borges contestó: "He venido a hablar de cosas agradables". Una entrada del 30 de noviembre de 1962 quizá resume la opinión de Borges sobre Sabato: "Al enérgico mal gusto, la desenfrenada egolatría, la sincera preocupación por el propio y continuado triunfo, hay que agregar la melancolía porque éste no sea mayor y el entusiasmo con que acoge los modestos productos de su mente activa y mediocre".

 
Articulo : http://diario.elmercurio.com  08/05/2011

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