dimanche 22 mai 2011

Pedro Pablo GUERRERO/ PONIATOWSKA en el país mental de Leonora CARRINGTON

Entrevista Autora mexicana:
Poniatowska en el país mental de Leonora Carrington
Por Pedro Pablo Guerrero

En las próximas semanas llegará a Chile la novela de Elena Poniatowska. Leonora sigue los pasos de la bella, irreverente y talentosa artista, desde sus orígenes en una acaudalada familia británica hasta su actual vida en México.

Todavía se puede ver en las calles de la colonia Roma, en Ciudad de México, a Leonora Carrington paseando junto a su hijo mayor. Tiene 93 años y no se aleja mucho de casa. Guardó los pinceles hace un tiempo y ya no escribe, pero aún recibe visitas ocasionales -no siempre con invitación- de admiradores que quieren ver a "la última pintora surrealista del mundo" y escuchar al menos una palabra de quien publicó La casa del miedo y El séptimo caballo y otros cuentos . Historias pobladas, como sus cuadros, de criaturas extravagantes: quimeras nacidas del cruce entre los seres maravillosos de los que le hablaba en Lancashire, cuando niña, su Nanny irlandesa; la lectura de Lewis Carroll y la observación atenta de los cuadros de Brueghel y El Bosco.

Fue Max Ernst, su primera pareja, quien le enseñó innovadoras técnicas para trasladar sus fantasías al lienzo. Fue también el artista alemán quien la impulsó a escribir las pesadillas que no lograba representar con imágenes. La llamó la Desposada del Viento y la expresión resultó profética. El estallido de la Segunda Guerra le arrebató a Ernst y la finca con viñedos que compraron en el sur de Francia. Refugiada en América junto a la crema de los surrealistas, se casó con el poeta y periodista mexicano Renato Leduc y luego con el fotógrafo húngaro Emérico "Chiki" Weisz, padre de sus dos hijos.

Ya radicada en Ciudad de México, desde los años cincuenta la comenzó a visitar una mujer menuda, vivaz y muy curiosa, trasplantada de Europa, como ella, pero de ancestros franceses y polacos. Elena Poniatowska la entrevistó en varias oportunidades, sin vencer del todo su reticencia. Hace cuatro años, la autora mexicana empezó una novela "inspirada" en la vida de la artista, pero luego decidió escribir directamente sobre ella. Así nació Leonora , distinguida con el Premio Biblioteca Breve 2011 de Seix Barral.

Imaginario céltico-mexicano

A punto de cumplir 79 años el próximo jueves ("no voy a celebrar, prefiero esperar los 80"), Elena Poniatowska habla desde su casa en Chimalistac, en el sur de Ciudad de México. Su voz cansada, con algo de tos, se emociona al recordar a los amigos que ya no están, pero cobra ánimo cuando se refiere a la protagonista de su nuevo libro.

-¿Por qué abandona la idea de hacer una "historia alusiva" y escribe una novela en que Leonora Carrington y otros personajes reales aparecen con sus nombres verdaderos?
-Me di cuenta de que había poco sobre ella en español. Hay mucho en inglés, pero sobre todo libros de crítica de arte. Quise que esto fuera como un homenaje de México. Yo no sé hacer biografías ni notas a pie de página. No tengo esa formación académica. Además se me olvidan las cosas.

-Para reconstruir la infancia acomodada de Leonora, ¿le sirvió su propia experiencia en una familia aristocrática?
-Claro, me siento muy cerca de ella. En esa época, entre los padres y los hijos había muchos intermediarios y eso nos sucedió a las dos, con algunos años de diferencia: clases de equitación, de esgrima, preceptores. Sólo que yo tuve un padre muy buena gente, muy tierno, que no intentó jamás cortarme las alas.

-¿Leonora leyó esta novela?
-No. Nunca la ha leído ni ha manifestado el menor interés por las cosas que se dicen o publican de ella. Que yo sepa, está más allá de todo eso. Siempre me preguntaba qué estaba haciendo, y yo le decía "estoy escribiendo sobre ti", pero a ella eso no le interesaba y cambiaba la conversación.

-¿Cuándo fue la última vez que hablaron?
-Hace dos semanas. Incluso le di el libro con muchos recortes de cosas que le pueden gustar: le pegué adentro caballos y flores europeas. Así como los niños, le hice un gran collage. A ella le gustó el libro, lo puso en una mesa, pero nunca lo va a leer.

-¿Cuál es el lugar actual de Leonora Carrington en México?
-Importantísimo. Es un gran honor que haya pintado y escrito en este país. Su obra está en colecciones particulares y le han hecho una gran exposición en Monterrey, pero ella vende mucho más en Estados Unidos.

-¿Consiguió finalmente adaptarse al país?
-Vive como si estuviera en Inglaterra. En su casa uno se reúne a tomar té alrededor de la mesa. Metió en su pintura caballitos de petate, escribió una obra sobre la forma de comerse al arzobispo de Canterbury en mole verde, y hay muchas otras alusiones a México, pero ella es esencialmente inglesa, y sobre todo irlandesa, porque su madre fue irlandesa y ella reivindica muchísimo a Irlanda.

-¿Su imaginario es celta o mexicano?
-Hay una mezcla. En México, a los sidhes, como ella llama a los hombres y mujeres pequeñitos que habitan debajo de la tierra, los conocemos como chaneques y también hacen muchísimas travesuras. Hay otros personajes, como el nahual, que es tu alma gemela y te acompaña a lo largo de la vida. Ella además encontró plantas sagradas, como el peyote, ligado a la búsqueda de uno mismo, pero no a través del psicoanálisis, sino por medio de los ritos sagrados de los antiguos mexicanos.

-¿Por qué necesitó dos artes para expresarse?
-Porque es una mujer que tiene muchos dones. Ella misma lo repite varias veces: puede escribir lo mismo con la derecha que con la izquierda. Tiene muchísimo sentido del humor, un espíritu muy fino y escribe con enorme facilidad.

-¿Es igual de talentosa en los dos artes?
-Bueno, ella no se dedicó tanto a escribir como a pintar. Pero en su literatura hay un mundo muy personal y quizás sus cuentos no están terminados, pero desde luego tiene un relato extraordinario, "Memorias de abajo", que todos los psicoanalistas han declarado un documento muy importante, en el que cuenta su encierro en un manicomio elegante de Santander. Hasta hace tres años hablaba mucho de eso, como buscando apoyo o complicidad, como diciendo mira lo que me hicieron.

-¿Se considera una víctima?
-Ella nunca se calificaría como víctima. Al contrario, desde niña se rebeló y no quiso ser víctima. Claro, no pudo controlar sus circunstancias, pero siempre hizo lo que quería. Tal vez al final deseó volver a Europa y no quedarse en México, pero como sustituto viajó muchas veces a Estados Unidos.

-En la novela, Leonora aprende cuando niña que la línea que separa la realidad de la imaginación es muy frágil. ¿Ella olvidó distinguirlas?
-Yo creo que supo distinguirlas muy bien, porque es una mujer que toda su vida se mantuvo a sí misma. Y una mujer que es económicamente libre se gana el respeto de los demás. En una época ella sostenía su hogar y ganaba muchísimo más dinero que Chiki, su marido. En ese sentido, fue una mujer responsable de sí misma y dueña de sus decisiones.

"México está de la patada"

-Usted escribe que alguna vez vislumbró un mundo como el de Leonora, pero lo perdió en el camino del periodismo.
-Bueno, sí, porque yo me dediqué mucho a las luchas sociales para mejorar las condiciones de los mexicanos más pobres, mientras que ella se dedicó sólo a sus libros y pinturas.

-¿Y usted se arrepiente de esta opción?
-No. Nada hay más estúpido que arrepentirse de algo que ya pasó. Además, creo que todavía no se ven los frutos de lo que yo y muchos ciudadanos hemos hecho. México está de la patada. Desde que llegué aquí, en 1942, es el peor de los Méxicos que he visto jamás. Mucho peor que el de 1968. Mucho peor que el del terremoto de 1985. La gente muere en las esquinas, hay fosas donde aparecen cadáveres de gente decapitada. Lo que está sucediendo en México es mucho peor que la Revolución.

-¿Es un gesto de resistencia publicar una novela sobre Carrington y los surrealistas en pleno auge de la narrativa sobre la violencia del narcotráfico?
-No haría ya una novela sobre el narcotráfico, porque creo que hay gente mucho más capacitada que yo para escribirla, y porque además es un tema que rechazo. No me quiero acercar a él. Es tan vulgar, tan terrible, porque implica el dinero, la corrupción política, gubernamental, en fin.

-Antes de "Leonora", usted ha escrito en "Tinísima" sobre la fotógrafa Tina Modotti, y en "Querido Diego, te abraza Quiela", acerca de Angelina Beloff y Diego Rivera. ¿La mujer artista es el tipo de personajes que más le atrae?
-No, también tengo muchos personajes hombres: un ferrocarrilero aparece en la novela El tren pasa primero . Y está un científico en La piel del cielo . No se puede decir que hay sólo mujeres y sólo mujeres apocalípticas. Lo que siempre me ha interesado son los iluminados, los que saben por donde caminar, los pensadores. Yo creo que las mujeres, como los niños, buscamos hacia quién mirar. En México tenemos hambre de grandes viejos. También es un rasgo de carácter mío: los eslavos siempre están en busca de sus rasputines.

-¿Son mesiánicos?
-Sí, de personajes que te dan una razón para vivir más importante que las que tú misma encuentras. Aunque a veces se desquicien. Pero creo también que el desquiciamiento es una forma de vida. Me interesan mucho las personas distintas a la gente cotidiana.

-En ese sentido, los surrealistas son los que más respetaron la locura.
-Sí, incluso la fomentaron, pero no en ellos mismos. Sólo querían reflejarla. Yo creo que André Breton jamás perdió la cabeza. Max Ernst tampoco. Sabían muy bien lo que les convenía. Max Ernst comprendió que para irse a Estados Unidos y escapar de los campos de concentración en Francia era necesario que Peggy Guggenheim le pagara el boleto de avión. Es un hecho que Max Ernst no la amaba. Y apenas pudo, después que Leonora se fue a México, la dejó por Dorothea Tanning.

La novela de los Poniatowski

-Después de "Leonora", ¿trabaja por fin en la novela sobre su familia?
-Pues no sé. Ese es mi drama. Después de publicar siempre viene un compás de espera. Creo que la vida es como un círculo y uno regresa a lo que fue. Nunca pensé en quiénes eran los Poniatowski. Sólo sé que fueron expulsados de Polonia y que son franceses casi desde el siglo XVII. Quisiera averiguar más sobre quiénes eran, qué hacían. ¿Por qué un Poniatowski fue amante de Catalina la Grande? ¿Cómo un mariscal de Napoleón, José Poniatowski, llegó a luchar en contra de los rusos?

-¿Viajará a Europa para investigar?
-Para nada. Todo lo que puedo hacer ahora es leer. A los jóvenes no sé si les interesa tanto ese pasado. Los que se podían haber interesado ya murieron. Quería muchísimo a Carlos Monsiváis y admiraba a una mujer que también se fue: María Luisa Puga. Es mi mala suerte que se muere la gente que yo amo.

-¿Sigue viendo a José Emilio Pacheco?
-Lo quiero muchísimo, pero nos vemos poco. En México las distancias son tan enormes que es difícil reunirse, además el tráfico es espantoso. Cada quien está muy aislado y ya la gente no quiere salir de noche. Es doloroso, pero así es.

-De todos los libros que ha escrito, ¿cuál es el que más la satisface?
-El que voy a hacer. Porque si no tuviera yo esta esperanza de escribir otro libro mejor, me sentiría muy infeliz.


Articulo : http://diario.elmercurio.com  15/05/2011

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