dimanche 12 juin 2011

EL CULTURAL/ Rey LEONARD, Príncipe de las Letras


Rey Leonard, Príncipe de las Letras
Por ELCULTURAL

Por "una obra literaria que ha influido en tres generaciones de todo el mundo a través del a creación de un imaginario sentimental en el que la poesía y la música se funden en un valor inalterable"

El poeta, cantautor y novelista Leonard Cohen, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011 ha declarado estar muy agradecido "por ser reconocido por los compatriotas de Machado y Lorca, y mi amigo Morente, y los incomparables compañeros de la guitarra española". Cohen ha confirmado que asistirá a la entrega de premios que se celebrará en el mes de octubre en Oviedo y cuya fecha exacta se anunciará el próximo mes de septiembre. El jurado encargado de la concesión del premio ha distinguido al músico y escritor, que se impuso en la recta final a Ian McEwan y Alice Munro, "por una obra literaria que ha influido en tres generaciones de todo el mundo, a través de la creación de un imaginario sentimental en el que la poesía y la música se funden en un valor inalterable". El jurado ha destacado también en el acta que: "El paso del tiempo, las relaciones amorosas, la tradición mística de Oriente y Occidente y la vida contada como una balada interminable configuran una obra identificada con unos momentos de cambio decisivo a finales del siglo XX y principios del XXI."

Considerado uno de los cantautores más influyentes de nuestro tiempo, sus canciones, de extraordinaria riqueza literaria, han explorado con profundidad y belleza las grandes cuestiones del ser humano. El Jurado de este Premio -convocado por la Fundación Príncipe de Asturias- estuvo presidido por Víctor García de la Concha e integrado por Andrés Amorós, Luis María Anson, J. J. Armas Marcelo, José Manuel Blecua, Carmen Caffarel, Amelia Castilla, Juan Cruz, Jacobo Fitz-James Stuart, José Luis García Martín, Pilar García Mouton, Manuel Llorente, Rosa Navarro, Berta Piñán, Fernando Rodríguez Lafuente, Fernando Sánchez Dragó, Diana Sorensen y Román Suárez Blanco (secretario).


Leonard Cohen, el espíritu de su tiempo

Leonard Norman Cohen nació en Montreal (Canadá) en 1934, en el seno de una familia de emigrantes judíos. Interesado por la literatura desde la niñez, en 1955 se licenció en esta especialidad en la Universidad McGill de Montreal. En esa época se produjeron sus primeros contactos con la música y formó parte de The Buckskin Boys, un grupo de aficionados a la música country. Más tarde, se trasladó a Nueva York con una beca de estudios que le permitió ingresar en la Columbia Graduate School.

En 1956 recibió una subvención del Canadá Council para escribir un libro, y publicó su primera obra poética, titulada Let us compare mithologies, inspirada en Federico García Lorca, por el que siempre ha manifestado gran admiración. En sus escritos tempranos Cohen estaba también influido por la poesía romantica inglesa (Yeats, Lord Byron...). En la década de los 60 se instaló temporalmente en la isla de Hydra, en Grecia, donde arrancó su vinculación con el Mediterráneo, y allí comenzó a componer canciones, aunque sin abandonar la literatura. Durante esos años publicó su segundo libro, Spice-box of Earth (1961), su primera novela The favourite game (1963) y un nuevo poemario, Flowers for Hitler (1964). A estos seguirían Beautiful losers (1966) y el poemario Parasites of Heaven (1966).

El poeta que llegó los abismos del alma

Tras su primera influencia romática, la obra literaria de Cohen se acerca temporalmente a la a corriente beat de principios de los 60, aproximándose a la obra de poetas como Ginsberg y Kerouac, de los que era amigo. Ese acercamiento se aprecia sobre todo, recuerda su traductor, Alberto Manzano, en un libro posterior, La energía de los esclavos, obra en la que predomina la antipoesía: "Ahí pierde todas las formalidades románticas y ortodoxas, y a pesar de que es un músico excelente, renuncia la musicalidad a favor del tono antisistema y de la desobedencia", describe Manzano. Cohen regresa a este estilo en La muerte de un mujeriego, disco en el que conjuga varios géneros y que es el resultado de la ruptura de su matrimonio con Suzanne. Según Manzano, esta obra "condensa todo su arte".

Hay una tercera etapa en la literatura de Cohen, la que se produce a partir de su descubrimiento de la cultura budista y de la meditación zen. Su obra da entonces un vuelco rotundo, y el escritor pasa a convertirse en un "poeta sagrado -señala manzano- equiparable a Rumi, el gran poeta del sufismo". Pero en general hay en sus composiciones un perenne juego del escondite entre Dios y la mujer, dos de sus grandes temas y que se confunden con frecuencia. "Cohen llega a lugares donde nadie se atrevería a pisar, tiene una capacidad de articular un discurso comprensible, sencillo y que te toca profundamente, llega los abismos del alma, esa es una de las grandes virtudes de la obra de Cohen", concluye Manzano.

Trayectoria musical

En 1967 regresó Cohen temporalmente a Estados Unidos y publicó su primer disco, Songs of Leonard Cohen, que incluía algunos de sus temas más conocidos como Suzzanne y Sisters od Mercy. A este trabajo siguieron Songs from a Room (1969), con gran acogida por parte del público y Songs of Love and Hate (1971), que le confirmó como uno de los autores más destacados del momento. A lo largo de las décadas de los 70 y 80 realizó giras por todo el mundo y publicó álbumes como Live Songs (1973), New Skin for the Old Ceremony (1974), Death of Ladies' Man (1977), Recent Songs (1979) y Various Positions (1984), cuyo tema Hallelujah ha sido, desde entonces, versionado por más de 150 artistas. Con posterioridad publicó I'm your Man (1988) y The Future (1992), en los que consiguió plasmar a la perfección el espíritu de su tiempo. Desde entonces, ha grabado Ten New Songs (2001), Dear Heather (2004) y Blue Alert (2006).

Ha compaginado su carrera musical con la literaria, y ha publicado doce libros. El más reciente, Book of longing (2006), una colección de poesía, prosa y dibujos, ha sido el primer libro de poesía en alcanzar el número 1 en las listas de ventas en Canadá. En 2008, y tras la celebración de su 40 aniversario como artista, Cohen ofreció 84 conciertos por todo el mundo, a los que asistieron más de 700.000 personas, en una gira que significó su regreso a los escenarios tras 15 años de ausencia. Posteriormente editó Songs from the Road, un álbum grabado en directo durante la gria, con sus canciones más emblemáticas. Admirado por artistas de renombre, muchos han interpretado sus temas y han grabado discos homenaje como I'm your fan (1991), Tower of song (1995) -en el que intervienen cantantes como Billy Joel, Sting, Elton John y Bono-, Leonard Cohen: I´m your Man (2006) y According to Leonard Cohen (2007). Actualmente, Cohen está grabando un nuevo disco en Los Ángeles que verá la luz el próximo mes de septiembre, un poco antes de la ceremonia de entrega del Príncipe de Asturias, que se celebra a finales de octubre.

Es Oficial y Compañero de la Orden de Canadá, la orden civil canadiense de mayor rango, y Gran Oficial de la Orden Nacional de Quebec. En 2008 ingresó en el Rock and Roll Hall of Fame y en 2010 fue distinguido con el premio Grammy a toda una trayectoria.

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Decir su nombre da miedo
Por A. SÁENZ DE ZAITEGUI
Publicado el 01/06/2011

Leonard Cohen no es poeta para agradar, entretener, ser mediático. Es poeta porque puede

Parece una persona corriente. No es una estrella. Tiene algo de Clint Eastwood (lo tierno) y de Patti Smith (lo duro). Aires de filósoso francés postmoderno. Da la impresión de estar permanentemente roto.Escribe. Básicamente, escribe. El qué es lo de menos. Empezó por la poesía, como los héroes: Comparemos mitologías nació 22 años después que él, en 1956. Luego vinieron ocho o doce más: no es sencillo contar sus versos. Los hay bastante ortodoxos, casi normales, a pesar de llamarse Flores para Hitler (1964) o La energía de los esclavos (1972). Otros son más elusivos, al interactuar con las artes visuales (Libro del anhelo, 2006) o con la música. De hecho, su mejor poema es una canción. En Hallelujah coinciden todos los hombres que él es: el poeta, el profeta, el rapsoda, el hombre que eclipsó a Handel.

El místico. Su escritura es siempre palimpsesto de la Escritura: inmersión en el imaginario universal, no importa el credo, judío, cristiano, budista, todos, uno. Concibe la creación como la Creación: si los pitagóricos creían que la materia era numérica, si Yahvé inventó el mundo diciéndolo, él forja lo humano cantándolo, con o sin música. Para entender cuál es su religión, lo mejor es leer a Whitman. También su fe es el hombre.

Cada poema, un templo. La construcción de su poesía se basa en las ruinas: es un discurso inacabado, siempre derrumbado. Las palabras esconden más de lo que comunican, abriendo monstruosos abismos en el texto y en nuestra mente. Surgen voces de no se sabe dónde, hombres y mujeres entran y salen de escena sin razón aparente, la narración es un silencio sólo aliviado por las vigas maestras, los puntos de anclaje: las ideas. Para contar la Historia, hay que callar la historia.

Se considera un redactor de salmos, oraciones, apocalipsis. No es poeta para agradar, entretener, ser mediático. Es poeta porque puede. Asume que (como dice Spiderman) un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Evita manipularnos mostrándonos las piezas, no el puzzle. En sus versos se exhiben trozos de vida, pedazos de mundo, tragedias shakespearianas interrumpidas por anuncios de la tele. Leerle es un proceso de reconstrucción perpetua. Las combinaciones posibles se miden en cifras borgesianas: somos absolutamente libres de interpretarle o malinterpretarle a nuestro antojo. No podemos equivocarnos. Su complejidad nos salva de nuestra simpleza.

Es un mito. Un ídolo. No tiene edad (77 años). No tiene patria (Canadá). Parece impermeable a su propia inmortalidad. Enseña que la poesía se escribe en vinilo, se escucha en el iPod. Nos ha redimido para siempre de nuestra manía de distinguir entre literatura y no literatura, ficción y realidad. Si uno pasa demasiado tiempo leyendo su poesía, acaba por sentirse un personaje, una voz de su poesía. Y al cerrar el libro y salir a la calle y disponerse a vivir, se da cuenta de que el libro sigue ahí, en la calle, en la vida, abierto de par en par.

En España acaban de darle un premio.

Es Leonard Cohen.

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Cuando Cohen y Morente brindaron por Federico
Por Marta Caballero

El poeta y traductor del canadiense, Alberto Manzano, culpable de que Omega viera la luz, evoca los encuentros entre los dos genios de la música, que se admiraron mutuamente

Año 1980, Leonard Cohen visita España para presentar sus Canciones recientes. Toca en Barcelona y un joven Alberto Manzano consigue enterarse de dónde estaba alojado el cantante. Escritor, traductor y poeta autoeditado, Manzano se planta en el hotel con todo su arsenal y consigue verlo. Poco tarda el canadiense en percatarse de la devoción del catalán hacia su obra. Quedan a cenar, y lo próximo es una invitación de Cohen a Manzano para pasar las navidades junto a su mujer y sus hijos (Lorca, a la que llamó así por Federico, y Adam, entonces de seis y ocho años) en la isla de Hydra. Desde entonces, la suya ha sido una relación "de largo recorrido", una amistad cercana entre el icono de la música norteamericana y el poeta español, convertido desde entonces en su traductor oficial al castellano. "La última vez que hablé con él fue la semana pasada, siempre lo llamo para preguntarle dudas sobre cualquier cosa relacionada con la traducción", comienza explicando Manzano, todavía emocionado por la noticia de la concesión del Príncipe de Asturias de las Letras a su amigo Leonard.

Esa larga relación suya tiene un hito en el año 1992. Cohen volvía a estar de gira por España con el disco El futuro y Manzano, que siempre supo de la relación de Cohen con el flamenco, decidió presentarle a Enrique Morente, con el que trabajaba en un disco de versiones de Cohen junto a Pepe Habichuela desde hacía algún año. Era el germen de Omega, ese álbum antológico de la música española. Bajo la cúpula del Palace, dos genios, Cohen y Morente, brindan por Federico García Lorca, que precisamente había sido un habitual del bar del hotel, dato que les facilita Manzano y que ellos celebran.

Enamorado de la poesía de poeta granadino, la admiración de Cohen por el arte español pasaba también por el flamenco (fue seguidor de Camarón, al que fue a ver al Olimpia de París al final de su vida). "El primer maestro de guitarra de Cohen, el único que tuvo, fue un músico llamado El Gitano de Montreal, que tocaba para las chicas en un parque que se divisaba desde la ventana de la habitación de Leonard", recuerda Manzano. Embrujado por los acordes de aquel joven, Cohen se acercó a él un día y le pidió que fuera su profesor. Quizá por eso, los primeros discos del canadiense escondían un alma flamenca. Nadie se percató de aquello hasta que llegaron a oídos de Morente, que fue quien descubrió aquellos matices jondos. "Cohen siempre le agradeció a Morente que hubiera descubierto que en el fondo de sus canciones había ese poso flamenco. Si entendemos tan bien sus canciones en España es precismante por esa conjunción que se da entre ambas músicas", comenta Manzano.

El primer encuentro en el Palace fue más parecido a una charla amistosa que a una reunión profesional. Cada uno, como pudo, le reconoció al otro su admiración, pero fue suficiente para que Omega, todavía hoy uno de los discos más vanguardistas de la fusión entre el flamenco y el rock, viera la luz en 1996. Ambos músicos no volvieron a encontrarse hasta el año 2008, cuando de nuevo Manzano propició el encuentro en el Festival de Benicàssim, donde los dos actuaban, y Morente, además, volviendo a tocar aquel repertorio grabado con Lagartija Nick de versiones de Lorca y Cohen. "Toda la familia de Morente estaba allí, fue muy emotivo", concluye el traductor. Lo más probable es que, a la hora de recoger el Príncipe de Asturias, Cohen evoque con su discurso aquellos encuentros, esa pasión mutua de dos artistas que nunca hablaron el idioma del otro pero que supieron hallar la natural reunión de sus respectivas tradiciones musicales.

(En el vídeo versión grabada en directo de Take This Waltz en 2008 en Londres).

Pequeño Vals Vienés, de Federico García Lorca

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del “Te quiero siempre”.

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.


Take This Waltz (Versión en inglés del poema, por Leonard Cohen)

Now in Vienna there's ten pretty women
There's a shoulder where Death comes to cry
There's a lobby with nine hundred windows
There's a tree where the doves go to die
There's a piece that was torn from the morning
And it hangs in the Gallery of Frost

Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take this waltz with the clamp on its jaws

Oh I want you, I want you, I want you
On a chair with a dead magazine
In the cave at the tip of the lily
In some hallways where love's never been
On a bed where the moon has been sweating
In a cry filled with footsteps and sand

Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take its broken waist in your hand
This waltz, this waltz, this waltz, this waltz
With its very own breath of brandy and Death
Dragging its tail in the sea

There's a concert hall in Vienna
Where your mouth had a thousand reviews
There's a bar where the boys have stopped talking
They've been sentenced to death by the blues
Ah, but who is it climbs to your picture
With a garland of freshly cut tears?

Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take this waltz it's been dying for years

There's an attic where children are playing
Where I've got to lie down with you soon
In a dream of Hungarian lanterns
In the mist of some sweet afternoon
And I'll see what you've chained to your sorrow
All your sheep and your lilies of snow

Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
With its "I'll never forget you, you know!"

This waltz, this waltz, this waltz, this waltz...

And I'll dance with you in Vienna
I'll be wearing a river's disguise
The hyacinth wild on my shoulder,
My mouth on the dew of your thighs
And I'll bury my soul in a scrapbook,
With the photographs there, and the moss
And I'll yield to the flood of your beauty
My cheap violin and my cross
And you'll carry me down on your dancing
To the pools that you lift on your wrist

Oh my love, Oh my love
Take this waltz, take this waltz
It's yours now. It's all that there is
 
Articulo : http://www.elcultural.es  11/06/2011

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