dimanche 12 juin 2011

Evelyn ERLIJ/ Susan SONTAG al desnudo

Libro Se publican sus diarios en español:
Susan Sontag al desnudo
Por Evelyn Erlij

"Renacida. Diarios tempranos, 1947-1964" es el nombre que David Rieff, hijo de la ensayista y escritora estadounidense, puso a los polémicos escritos íntimos de su madre, donde se exponen su precocidad y lucidez, pero también sus inseguridades y su vida sexual. "Ella siquiera se hubiera decidido a publicar el libro", confiesa su único descendiente. El texto es una de las novedades editoriales de junio.

La imagen pública de Susan Sontag era la de una mujer seria, de mirada severa, a veces con un cigarro entre los dedos y ese despreocupado aire intelectual que se asociaba a una mente analítica, rigurosa y brillante. Así quería ella también que el mundo la viese. Y por ello se esmeró toda su vida en construir ese personaje que tan bien le resultó. A los 28 años, apuntó en sus escritos íntimos pautas para interpretar ese rol: "1. No repetirme. 2. No tratar de ser divertida. 3. Sonreír menos, hablar menos. Por el contrario, y más importante, ser sincera cuando sonrío, y creer lo que digo + decir sólo lo que creo".

Estas líneas pertenecen al libro "Susan Sontag. Renacida. Diarios tempranos, 1947-1964", que su hijo David Rieff editó y decidió publicar seis años después de la muerte de su madre, fallecida en 2004 por un cáncer sanguíneo del que creyó se iba a recuperar. El texto, que se trata sólo de la primera parte de tres tomos que contendrán sus apuntes privados, reúne los escritos que la escritora y ensayista redactó desde los 14 a los 30 años -poco después de haber publicado su novela "El benefactor"-, sin ninguna intención de sacarlos a la luz.

"Nunca permitió que se publicara una frase siquiera, ni tampoco, como otros diaristas, lo leyó a sus amigos, aunque los más íntimos sabían de su existencia", escribe Rieff, quien confiesa en el prólogo que su madre no fue en ningún sentido una persona proclive a la confidencia, que siempre trataba de evitarla y que, de hecho, "no se trata de un libro que ella misma habría creado, suponiendo en primer lugar que ella siquiera se hubiera decidido a publicarlo".

Esto, en parte, porque se trata -a diferencia de otros diarios famosos- de retazos de ideas poco pulidas, pensamientos sueltos, descripciones al paso de situaciones diarias que distan mucho de la escritura prolija y elaborada por la que Sontag se caracterizaba. La excusa de Rieff para publicarlos es que si no lo hacía él lo haría otro, ya que su madre donó en vida todos sus escritos a la Universidad de California. Ante esto, algunos críticos estadounidenses, como Richard Eder, de The New York Times, se preguntaron si ése, que es un motivo para publicarlos, es acaso un motivo para leerlos.

El grado de intimidad de los apuntes -en los que revela, entre otras cosas, sus tormentosos amores y experiencias sexuales con hombres y sobre todo con mujeres- llega a ser tan intenso por momentos que es inevitable no sentirse algo voyerista. Muy pocas, casi nulas, fueron las veces en que Sontag quiso hablar de su vida privada en público. Quería que se la conociese por su trabajo y por su inteligencia, a pesar de que era, ante los ojos del mundo, una protagonista del llamado star-system intelectual.

La polémica que se creó a partir de la publicación de estos diarios se basa precisamente en ese recalcitrante deseo de intimidad por el que la autora era conocida. La edición y selección de textos dependió del criterio de su hijo -periodista, crítico cultural y analista político de vasta trayectoria-, quien confiesa su reticencia a publicar los textos y revela haberlos querido quemar. "Mi decisión sin duda viola su intimidad. No hay otra manera de describirlo con imparcialidad", reconoce Rieff.

 
Una intelectual precoz

El aparente desgano de David Rieff hacia "Renacida" es evidente en el poco esfuerzo que dedicó a contextualizar los escritos y aclarar detalles de la vida de Sontag. Más que una especie de autobiografía, es una forma de conocer sus inseguridades, lamentos, miedos, pasiones, obsesiones y sus profundas inquietudes intelectuales desde que era una adolescente. Pero más que eso, el texto es un reflejo de cómo funcionaba su mente, de su estricta y persistente autoformación intelectual y de su extraordinaria precocidad.

"El virtuosismo me impresiona más que nada en esta época de mi vida -la técnica, la organización, la exuberancia verbal, me atraen con gran intensidad", escribe la autora a sus 16 años y a unas semanas de comenzar a estudiar en la Universidad de California. El régimen de lectura y aprendizaje que por entonces se autoimponía era de hasta casi cinco libros al mismo tiempo.

"He terminado Demian [de Hermann Hesse] hoy y me ha producido, en general, una gran decepción. El libro tiene algunos pasajes muy sobresalientes (...) Pero el impasible supernaturalismo de la última parte del libro supone una conmoción, considerando las pautas realistas implícitas en la primera parte. No me opongo al tono romántico (...), pero la puerilidad (no puedo expresarlo de otro modo) de la concepción de Hesse...", escribe en una de sus primeras entradas.

 
Sus gustos literarios

En esta época adolescente, Sontag se siente fuertemente atraída por "la caricatura socarrona o la larga exposición sensual, filosófica de Thomas Mann" y "el comentario cruelmente realista" de Huxley y Rochefoucauld. Anota eternas listas -una costumbre que tuvo toda su vida- con libros que quiere comprar: Henry James, Dostoievski, Conrad, Rilke, Defoe y su muy amado André Gide, quien junto con Mann son dos de los máximos referentes de su juventud.

Pero cuando tiene la posibilidad de conocer al autor de "La montaña mágica" no pierde el juicio crítico que siempre la caracterizó. Tras su encuentro con él en 1949, a sus 16 años, escribió: "E, F y yo interrogamos a Dios esta tarde a las seis (...) Sobre La montaña mágica: -cita a Mann- 'intenté hacer una suma de todos los problemas que enfrentaba Europa antes de la Primera Guerra Mundial'". Más tarde, en esa misma entrada, la joven Sontag apunta: "Los comentarios del autor traicionan su libro con su banalidad".

Los primeros años de "Renacida" muestran a una adolescente profundamente lúcida respecto de su entorno y de sí misma. "Mirada retrospectiva de los 16 años. Un buen comienzo. Podría ser mejor: más erudición, definitivamente, pero no es razonable esperar mucha más madurez emocional que la que tengo hasta el momento...", dice en una nota que luego tachó. Más tarde, escribiría: "Nada me impide, salvo la pereza, convertirme en una escritora. En una buena escritora".

Con el paso del tiempo, sus gustos e ídolos literarios fueron cambiando. A los 20 años, cuando ya era esposa y madre, señala: "Kafka: ¡Cuánto lo admiro por encima de todos los demás escritores! A su lado, Joyce es tan estúpido, Gide es -sí- dulce, Mann es tan hueco + grandilocuente. Sólo Proust es tan interesante -casi. Pero Kafka tiene esa magia de lo real incluso en la frase más dislocada, más que en ningún otro moderno, una especie de escalofrío + deprimente dolor absoluto en los dientes".

 
Alma expuesta

Así como los diarios permiten conocer las inquietudes intelectuales de Susan Sontag y adelantan algunas ideas que luego se convertirán en libros, como es el caso de su aplaudido ensayo "Contra la interpretación" (1966) y la novela "El benefactor" (1963), también revelan el lado que la escritora siempre supo ocultar frente al mundo: su inseguridad, miedos, sufrimientos, penas, deseos y pasiones.

Gran parte de los escritos están dedicados a sus tormentosos y desgarradores amores, en particular los que sostuvo con la escritora bohemia Harriet Sohmers y con la dramaturga María Irene Fornés. A los 25 años, escribió: "el sadismo, la hostilidad es un elemento esencial en el amor". Dos años más tarde, afirma: "Amar duele. Es como entregarse a que te desollen a sabiendas de que en cualquier momento la otra persona puede marcharse con tu piel".

La Susan Sontag de sus diarios tempranos es una joven contradictoria que se debate entre su seguridad intelectual y sus debilidades emocionales; una mujer totalmente consciente de sus problemas, defectos y falencias, pero que no por esa lucidez deja de sufrir -"mi 'yo" es enclenque, precavido, demasiado cuerdo", apunta-. Al mismo tiempo, es una persona ávida de vivir, de experimentar el mundo y de ser dueña de su vida; una feminista hambrienta de independencia.

"El que haya inventado el matrimonio es un ingenioso torturador. Es una institución comprometida con el embotamiento de los sentimientos", escribe a los 23 años, a seis años de haberse casado con su profesor Philip Rieff sólo 10 días después de conocerlo. "Me caso con Philip con plena conciencia + temor a mi voluntad de autodestrucción", dijo en 1951.

Para Sontag, la escritura íntima era una forma de elaborar su identidad y pintar su infierno privado, como ella misma lo describió. "¿Por qué es importante escribir? Sobre todo, por egotismo, supongo. Porque quiero ser ese personaje, una escritora, y no porque haya algo que deba decir. Pero ¿por qué no también por eso? Con un poco de construcción del ego -tal como muestra el fait accompli de este diario- saldré adelante con la confianza de que [mi] yo (yo) tiene algo que decir, que debe ser dicho", reflexionó en 1957.

Aunque quizás nunca hubiese sacado a la luz sus escritos privados si estuviese viva, Sontag estaba consciente de que la principal función social de un diario "consiste justamente en la lectura furtiva de otras personas". Se refería a su familia y a sus amantes. Hoy, todo el mundo puede fisgonear en sus papeles íntimos. "Mis recelos persisten. Afirmar que estos diarios son reveladores es un drástico eufemismo", confiesa Rieff. Toda su vida Susan Sontag se dedicó a juzgar severamente el mundo que la rodeaba. Ahora, todos quienes lean sus escritos íntimos podrán juzgarla a ella.
 

Articulo : http://diario.elmercurio.com  05/06/2011