dimanche 12 juin 2011

Fietta JARQUE/Iván THAYS: 'El fracaso es un aprendizaje'


ENTREVISTA:
'El fracaso es un aprendizaje'
Por Fietta JARQUE

El autor peruano hace un juego de cajas chinas entre una novela y un libro de cuentos. Historias de escritores en busca del éxito, que viven de lo que nunca llegaron a ser.

Hay personajes que migran de unas novelas a otras. Y también libros que se multiplican. Un sueño fugaz es un libro liberado, contenido dentro de La disciplina de la vanidad, novela que Iván Thays (Lima, 1968) publicó en Perú en 2000. Una novela dentro de otra. Que se desdobla. Un juego de cajas chinas. "Cuando me planteé La disciplina de la vanidad se me ocurrió que el narrador llevara al encuentro de escritores un libro de cuentos. Un libro que es comentado a su vez por otro personaje. Siempre me imaginé que los cuentos que el protagonista escribía tenían una unidad, que avanzaban en el tiempo y que sería interesante saber cómo se podrían leer fuera de la novela que los contenía. Así es que hice un proyecto de aumentar algunos cuentos, alterar algunos detalles para que encajaran mejor. A Anagrama le gustó así y lo ha publicado", explica.

Considerado uno de los valores más sólidos de la literatura latinoamericana actual, Thays no se dio a conocer en España hasta la publicación de la novela Un lugar llamado Oreja de Perro, finalista del Premio Herralde 2008. Sueño fugaz es una novela de cuentos. "A pesar de que he cambiado algunas cosas y que se puede pensar que este libro ha sido arrancado de otro, yo diría que es como el relato de Borges Pierre Menard escribe el Quijote. Se ha convertido en otro libro para mí, distinto al que escribí, porque yo mismo he cambiado de manera de pensar".

En La disciplina... se planteaba ya la preocupación por la estructura de la novela: libros que contienen otros, historias paralelas. Thays cita a Tolstói con Anna Karenina y siembra la duda sobre si funciona o no ese modelo argumental. "Lo que siempre me ha interesado son las historias que abducen a otras, por las relaciones que se forman entre ellas", dice Thays. De todas formas, el despliegue actual se veía venir. "Una vez me llegaron a proponer en México publicar La disciplina de la vanidad, sin los cuentos y sin la historia. Es decir, solo los fragmentos teóricos. Era como un tercer libro. Eso habría dado como resultado un libro de cuentos, una novela y un libro de teoría literaria. Dije que no porque los breves ensayos estaban muy ligados a la novela".

Un sueño fugaz trata de escritores que no escriben o que intentan vivir sin la escritura. Los personajes se conocen de jóvenes en un taller literario. Lo que sucede con ellos se desarrolla en relatos individuales. Hay un capítulo nuevo en este libro, El profesor Delgado. Un reflejo a su vez -nuevo juego de desdoblamientos literarios- de La obra maestra desconocida, de Balzac. "Es un guiño muy inspirado en ese relato, pero es que todos los textos que escribí tienen un punto de partida real. El profesor Delgado corregía constantemente el mismo cuento para perfeccionarlo sin llegar a terminarlo jamás. Hay distintos tipos de fracaso pero este, el de nunca da por terminada la obra, es quizás el mejor. Se fracasa en busca de la excelencia".

"La disciplina... es un libro sobre el éxito literario y el deseo del narrador de conseguirlo. En el libro de cuentos el tema es el fracaso literario", subraya el autor. Cita la frase de Rudyard Kipling: "Debes encontrarte con el éxito y el fracaso, y tratar a esos dos impostores de la misma manera". "Los dos son igualmente farsantes", continúa Thays. "En La disciplina... contaba la historia de un joven que quería ganar en literatura y para hacerlo escribía un libro sobre el fracaso literario. Ese juego me gustaba. Escribí esa novela con 29 o 30 años. Ahora que tengo 42 y que ya he pasado por muchas cosas, me doy cuenta de que, como escritor, me interesa mucho más el fracaso que el éxito literario. Fracasar es un aprendizaje. Por eso en Un sueño fugaz me interesó desarrollar un poco más ese tema en el último cuento, Visita al maestro. Es un personaje que se convierte con los años en escritor de culto, pero ya desinteresado por completo de su carrera literaria. Un maestro no porque haya escrito una gran obra, sino porque ha aprendido de los fracasos suyos y de sus amigos".

La historia de la literatura está formada por esas obras, esos sueños de gloria, que han sobrevivido largamente a sus autores. "Cuando reescribí este libro tenía muy presente a Matsuo Basho. Un poeta que se ha convertido en una biblia para mí", dice Thays. "Por eso en el epílogo uso como epígrafe un haiku suyo (dentro de la olla / un pulpo reposa en un sueño fugaz / bajo la luz de la luna de verano). Creo que esa es la realidad: nos venden un sueño que parece eterno pero que es solo una trampa, como la de los pulpos. García Márquez escribió Cien años de soledad, Cervantes el Quijote, y eso quizá no va a olvidarse nunca. Pero nadie se lleva nada al otro lado del mundo. La obra queda en el lado humano y no pasa al mundo astral, espectral. Han caído en lo que caemos todos, vanitas vanitatis".

Sí, la vanidad del escritor es algo que está muy presente en la vida de este autor. La doble faceta de novelista y crítico literario de Thays (dirigió un programa de televisión, Vano oficio, durante siete años) tiene algo que ver con esto. "Cuando tenía el programa de televisión recibía muchos comentarios sobre el título. Me decían que si me refería a que los escritores son pretenciosos o vanidosos. Yo les decía que la literatura es un vano oficio porque, aunque ganes el Nobel o solo vendas cien ejemplares de un libro, al final de la vida no te queda nada. Todo es en vano. La idea del sueño fugaz al que me refiero en el título del libro es esa. El hombre que lo lleva hasta el final tuvo sus quince minutos de fama, pero si no los hubiera tenido también habría sido un sueño fugaz".

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CRÍTICA
Qué quebranto de vida
Por Lluis SATORRAS
 
IVÁN THAYS, conocido en España desde 2008 cuando su novela Un lugar llamado Oreja de Perro fue finalista del Premio Herralde, expone en Un sueño fugaz, en un hermoso tono intimista y sin ninguna afectación, cómo la ilusión literaria y la atracción erótica que tanto subyugan a su protagonista cuando joven se diluyen en la nada.

Hay ahí en el escepticismo que gobierna todo el texto un gusto por la filosofía estoica. El prólogo, un primer capítulo singular, articulado mediante párrafos cortos, simples exclamaciones y frases truncadas retrata la época exultante de la juventud en la que el sosiego y la reflexión brillan por su ausencia. El narrador asiste a un taller literario donde se escenifica la camaradería y la promiscuidad sexual. Ahí se anudan todas sus amistades y el fulgor de ese momento, aunque cada vez más débil como en las leyes físicas de la termodinámica, se propaga por los siguientes capítulos, fragmentos escogidos de una vida gris. El protagonista huyendo del país natal efectúa un largo periplo, años y más años indecisos, por ciudades italianas, Venecia (retratada con una pericia pocas veces vista, con el asombro del turista y la íntima emoción del conocedor), Trieste, Roma... hasta el hecho de un regreso al Perú, ni ilusionado, ni decepcionado. En lenguaje ahora analítico, elegante y evocador, acompañado del gesto distanciado del escéptico y las justificaciones y excusas del ser sentimental, asistimos a la especificación del deterioro físico, la propagación de deficiencias psicológicas, la anulación del impulso sexual y los fracasos artísticos y económicos. Se hace presente la habilidad del autor para capturar la humanidad de los personajes en frases precisas que se hacen cargo de una frase, una mirada o un gesto que lo justifican y lo engrandecen. Destacan la figura de Tomás, ese escritor triunfador a costa, se insinúa, de vender su integridad, el motivo recurrente de un mito sexual juvenil, la "falsa flaca" (pechos grandes y caderas amplias en un cuerpo delgado), y la entrevista en un despacho grosero con el irónico y elusivo Jaime, el escritor que, ese sí, al contrario de Tomás, parece insobornable, ejemplo de escritor verdadero. Al fin, tras el camino invariable y sin retorno llega la hora de las despedidas. Quedan pocas elecciones y escasos placeres. Así lo certifica el narrador en palabras en que apreciamos bien la calidad de la prosa del autor: "Salir a caminar bajo la luna, con mi cargamento de melancolías, nostalgias, emociones, supersticiones".

Un sueño fugaz
Iván Thays
Anagrama. Barcelona, 2011
180 páginas. 15 euros

 
Articulo : http://www.elpais.com  11/06/2011

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