samedi 4 juin 2011

Otra novela de la dictadura

Otra novela de la dictadura

La dictadura militar sigue ofreciendo a los escritores chilenos material para sus narraciones como si todavía no hubiese aparecido la obra que da cuenta de ella plenamente (si es que ello es posible). La última novela de Antonio Skármeta (1940), Los días del arcoíris , es, precisamente, un relato histórico que busca ilustrar los desgarros humanos que marcaron a aquella generación que, hacia finales de los años 80, protagonizó el fin del régimen de Augusto Pinochet y el retorno de la democracia. Una atmósfera de temor e inseguridad frente a la represión de un régimen autoritario próximo a su desplome y, junto a ello, de esperanza y expectativa ante la promesa de la inminente libertad, es el telón de fondo sobre el cual se desarrollarán las historias de dos personajes, dos "héroes anónimos" de un proceso social medular en la historia reciente de Chile.

Uno de los ejes del relato está centrado en la figura de Nicómaco Santos, el "Nico", un adolescente que cursa su último año de estudios en el Instituto Nacional y que debe lidiar en carne propia con la brutalidad y el terror impuestos por la paranoia autoritaria. Los primeros capítulos del libro se encargan de presentar, de hecho, el cuadro que determinará el periplo interior del joven en el transcurso de la narración: Nicolás Santos, padre de Nicómaco y profesor titular del Instituto, es apresado por los militares en medio de una clase, acusado de aprovechar sus lecciones de filosofía para sembrar en sus alumnos el descontento y la desconfianza ante los mecanismos opresores del régimen. La historia de Nico, entonces, narrada en primera persona, estará planteada como una especie de relato de formación en el cual el personaje, aquejado por el temor ante la posibilidad de que su padre se convierta en una más de las víctimas de la represión, deberá sin embargo sobreponerse y estar a la altura de los sucesos decisivos que agitan los ánimos de la sociedad y, junto a ello, de las transformaciones que trae consigo el paso de la adolescencia hacia la juventud.

El otro eje corresponde a la historia de Adrián Bettini, un publicista al que le será encomendada la tarea de hacerse cargo de la campaña publicitaria del No en el plebiscito de 1988. También aquí lo predominante será el temor ciego frente a la persecución: Bettini, que pese a su talento ha estado inactivo durante años por ser un reconocido detractor del gobierno militar, es tentado sin embargo por el propio ministro del Interior para ponerse a la cabeza de la propaganda del Sí, y su rechazo ante dicha oferta lo mantendrá en un estado de inseguridad permanente. Otro tipo de narrador -esta vez omnisciente y en tercera persona- será el encargado de relatar el proceso mediante el cual también este personaje deberá superar sus aprensiones para encontrar una fórmula publicitaria que consiga atraer a las masas indecisas al proyecto de la restauración democrática.

Tales son, a grandes rasgos, las dos tramas que erigen el cuerpo narrativo de Los días del arcoíris . Lo cierto es que, en lo que a su estructura concierne, si bien el libro avanza con soltura, no destaca por ofrecer al lector un proyecto narrativo cautivante. La alternancia entre las historias de Nico Santos y de Adrián Bettini no ofrece la posibilidad de acceder a dos perspectivas que iluminen desde ángulos diferentes los acontecimientos relatados y redunda más bien en los mismos elementos, manteniendo un tono en que el escasean los matices y sorpresas. Se echa en falta mayor riesgo en una narración que apuesta por una temporalidad uniforme, y que logra parcialmente tan sólo aprovechar por entero el uso de dos narradores disímiles en el intento de añadir profundidad y relieve al relato. Por otra parte, la elección de un lenguaje que busca reproducir en la escritura los giros del habla coloquial -abundan los "p'tas", los "pa' dentro", los "tenís", los "cachái"- parece forzada y poco espontánea, vedándole fluidez y el brillo al discurso narrativo.

Una duda similar podría plantearse en torno a la construcción de los personajes. Si el proyecto de la novela radica en el intento de retratar un proceso histórico y colectivo ciñéndose a las experiencias individuales de sus dos protagonistas, queda a medio camino puesto que no siempre logra generar la profundidad necesaria y trascender el estereotipo. La interioridad de Santos y de Bettini no se halla suficientemente desarrollada: ni la voz en primera persona del primero ni la omnisciencia del narrador que se hace cargo del segundo permiten, al fin y al cabo, forjar un cuadro que dé cuenta de la complejidad y singularidad de sus experiencias más allá de lo previsible y, por lo mismo, que las convierta en una ventana privilegiada a ese proceso histórico.

Articulo : http://diario.elmercurio.com  29/05/2011

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...