samedi 4 juin 2011

Pedro Pablo GUERRERO/ Custodio de la memoria literaria chilena

Despedida Juan Camilo Lorca
Custodio de la memoria literaria chilena
Por Pedro Pablo GUERRERO

Después de 43 años, el próximo 10 de junio se retira el jefe de la sección Referencias Críticas de la Biblioteca Nacional, fundada en 1968. Juan Camilo recuerda el origen de este imprescindible archivo, evoca su amistad con escritores y revela los motivos de su partida.

Nació en una casa de la calle Temuco, en el barrio Pila del Ganso, Estación Central abajo, el 13 de septiembre de 1945. Ese día tembló. "Mi madre me decía Temblorcito cuando era chico", recuerda Juan Camilo Lorca con una voz que no puede mantenerse seria por mucho tiempo. Hijo de un suboficial de Ejército y una chilota, en su hogar no había demasiados libros, pero sí revistas. Muchísimas. Y permanecería rodeado de ellas por el resto de la vida.

Su hermano mayor lo llevó, cuando joven, a trabajar en el Centro de Investigaciones de Literatura Comparada de la Universidad de Chile, que dirigía Roque Esteban Scarpa, y donde estaban, entre otros, Ariel Dorfman, Armando Uribe y su hermana María de la Luz. "Yo no era del grupo de intelectuales", aclara Juan Camilo, "pero allí conocí al mejor equipo de investigadores de comienzos de los 60. Después de que armé el archivo, Scarpa me trajo a la Biblioteca Nacional en 1968 para formar el de Referencias Críticas".

En esos años Juan Camilo Lorca sólo usaba corbatas de seda italiana y trajes Scappini, dicen quienes lo conocieron. "Soltero gastador; después el matrimonio y las hijas -todas bellas- me obligaron a cambiar. Había que gastar la elegancia en la familia", justifica.

"Referencias Críticas fue un lugar de encuentro"

Visitada por generaciones de estudiosos y lectores, Referencias Críticas heredó los archivos de recortes de Raúl Silva Castro, Joaquín Edwards Bello, Alfonso Calderón y Pedro Lastra (los dos últimos donaron sus colecciones en vida). Sin embargo, "su base fue y sigue siendo el depósito legal que nos permite tener, gratis, casi todos nuestros nutrientes: revistas, periódicos y diarios de todo el país", explica Juan Camilo.

Con más de 600 mil artículos, la sección ha cumplido, de sobra, el objetivo que la inspiró: crear un centro de información acerca de escritores chilenos. El viejo sistema de recortes de prensa guardados en sobres se continúa ocupando, pero ahora los archiveros catalogan y digitalizan, casi al mismo tiempo, la información para después subirla al catálogo en línea de la Dibam.

-¿Crees que las nuevas tecnologías reemplazarán a los recortes?
-Para la gran masa, sí. Para el investigador más refinado, no. Él siempre va a querer el documento, tocarlo, verlo, aunque sea un articulito que se esté deshaciendo.

-¿Viene más o menos gente que antes?
-Nosotros ya casi no atendemos público presencial. En 2005 teníamos una estadística de 15 mil consultas anuales a través de internet y hoy sobrepasamos las 100 mil. En sala, atendíamos a siete mil personas al año y ahora atendemos a la mitad. Pero hay 80 mil artículos de Referencias Críticas en el sitio de Memoria Chilena, que supera el millón de visitas.

-¿Cuántas personas llegaron a trabajar en Referencias Críticas?
-Siete. Los más fuertes del grupo, aparte de mí, eran Rolando Catalán, José Apablaza y Justo Alarcón, que fue mi jefe durante 25 años y al que yo sucedí hasta hoy. Hace un par de lustros éramos un grupo más numeroso y cohesionado.

-¿Por qué te retiras?
-Creo que basta; cumplí 65 años y me iré a la plaza a conversar con los pájaros.

-¿Hay razones laborales?
-La falta de personal y la poca preocupación de apoyarnos es también lo que me lleva a decir "ya no quiero más". Llegamos a estar sólo tres personas durante dos años. Recién hace unos meses se incorporó otro muchacho. Es cierto que antes trabajábamos a mano, pero ahora las computadoras necesitan más gente para meter información. Hoy las tareas son más variadas y enormes.

-¿Cuál ha sido, a tu juicio, el mejor director de la Biblioteca Nacional en estos 43 años?
-Chuta, qué difícil. Yo pasé por diez, parece. Scarpa era el más humano, pero creo que el mejor director fue Gonzalo Catalán, un gallo espectacular. Trabajé con él y lo escuchaba en reuniones: sabía todo, conocía los detalles de muchos proyectos al mismo tiempo, tenía una visión increíble, nunca he vuelto a ver una cosa así.

-¿En todo este tiempo has encontrado algún tesoro bibliográfico?
-Un día el profesor Antonio Doddis, después de haber hecho clases en el Pedagógico durante 50 años, vino a preguntarme por un libro, no recuerdo cuál. Hasta se lo había encargado a su hija, que estudiaba en Alemania. Ella le contestó que en toda Europa había un solo ejemplar, en el Museo Británico. Yo le pregunté a don Antonio: "¿Y usted ha revisado en la Biblioteca Nacional?". Me repitió la historia, escéptico. Fuimos a ver y aquí estaba. Además, impecable, porque nunca, nadie, había tomado esa joya.

-Qué triste, por otro lado.
-La biblioteca tiene tesoros espectaculares. Lo malo es que la gente no los conoce. Hay que sacar los libros a la calle para que los lean. Eso es hacer una verdadera biblioteca, atraer a los lectores. Si protegemos demasiado un libro nadie lo va a tomar jamás. Alguna vez fui con un par de amigos a ver las joyas de la biblioteca y quedaron asombrados de las cosas que están en un piso al que nadie entra, bajo siete candados. ¿Para qué queremos esos libros? ¿Para qué? Si va a llegar un ratón gigante y se los va a comer.

-¿Cuáles son tus mejores recuerdos de todos estos años?
-Haber conocido a Justo Alarcón. Quizás fui distante con él al comienzo, pero hoy somos como hermanos. Y parientes, porque nos casamos con hermanas. Él ha sido siempre un gran lector y yo he aprendido de él. Como he aprendido de escuchar a mis amigos. El mejor de todos, el profesor Carlos Núñez, el tipo más sabio que conozco.

-¿Quiénes han sido los visitantes más asiduos de la sección?
-Oreste Plath, Juan Uribe-Echevarría y Antonio Skármeta padre fueron los más perseverantes. Y hasta hoy, Floridor Pérez.

-¿De qué escritores llegaste a ser amigo?
-Puf, de muchos. Pero los más íntimos son Oreste y Jaime Valdivieso. En 43 años, ¿a quién no he conocido? Cuando la cosa estaba complicada, Referencias Críticas fue un lugar de encuentro. Ahora vienen muy pocos escritores, porque todos tienen sus propios espacios en la ciudad. Referencias Críticas ya no es el mismo sitio acogedor y casi secreto de reunión. Antes nos juntábamos aquí y salíamos a comer o a fiestas con Martín Cerda, Fernando Jerez, Teresa Calderón, Poli Délano.

"Al próximo Nacional postularía a Óscar Hahn"

-¿De qué escritores has presentado su candidatura al Premio Nacional de Literatura?
-Bueno, no soy "presentador", pero sí lo hice con Efraín Barquero y Francisco Rivas. Tres veces postulé a Barquero, con Naín Nómez y nuestros amigos de Lom. Ya la primera vez estaba convencido de que lo iba a ganar, pero las "circunstancias" no se dieron sino hasta la tercera. En narrativa, siempre le he dicho a Francisco Rivas que él me parece el mejor escritor chileno.

-¿Vas a postular un candidato al Nacional del próximo año?
-Ya alejado de la Biblioteca Nacional, seré más anónimo aún. Pero sí lo haría por Óscar Hahn.

-De tanto hablar con escritores, ¿no te ha dado por escribir?
-¿Que cuente mis cosas? No. Fui muy buen lector, ahora cada vez más flojo. Escribir debe ser muy complicado. Alguna vez lo intenté y no me gustó para nada, así que no insisto, se lo dejo a la gente que sabe.

-¿Qué lees?
-Sobre todo, poesía joven chilena. Me mantengo al día. Fui amigo de casi todos los muchachos y muchachones. Imagínate que los sigo viendo desde que comenzaron a escribir a los 20 años. Ahora tienen 40 o más y colecciono los libros que me han regalado Pepe Cuevas, Víctor Hugo Díaz, Leo Sanhueza...

-¿Cómo va el Diccionario de Gonzalo Rojas en el que trabajas?
-"De la A a la Z" está muy encaminado. La idea surgió del exhaustivo trabajo sobre Gonzalo realizado por Daniel Fuenzalida, que para mí es la persona más importante de Referencias Críticas en este momento. Él ha hecho un par de libros con Teillier, Lihn, Manuel Rojas y está trabajando en uno de Gabriela Mistral. Un gallo inquieto y que trabaja muy bien.

-Una duda que tiene mucha gente: ¿qué hay tras la puerta que está detrás de tu escritorio?
-Eso no se puede poner en ninguna parte. Es "el cuartito" que he manejado desde que estamos aquí. Un cuartito secreto, donde la única autoridad de la Dibam que ha entrado es Clara Budnik. Y porque somos amigos. Sólo puedo decir que ahí tenemos una muy buena biblioteca de literatura. Nuestro apoyo bibliográfico lo manejamos en "el cuartito".

-¿Y "el cuartito" va a seguir cuando te vayas?
-Ojalá.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 29/05/2011

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