dimanche 12 juin 2011

¿Y qué haremos con tanta ceniza?

¿Y qué haremos con tanta ceniza?
 
Es difícil entender por qué esa aberración institucionalizada que es la guerra deja indiferentes a millones de personas.

En estos días la prensa internacional se ha estado refiriendo a un cuento inédito de J. D. Salinger, el enigmático autor de El guardián entre el centeno . Se llama "La trinchera mágica". Salinger fue combatiente en la Segunda Guerra Mundial, experiencia que lo dejó con estrés postraumático. Escribió el cuento en 1944 y lo envió a la revista The New Yorker, pero fue rechazado porque era "inconveniente" que apareciera en plena guerra. Después Salinger decidió no autorizar su publicación, así que no podrá editarse sino a partir del año 2080, al cumplirse 70 años de su muerte. Sólo conocemos los resúmenes realizados por los pocos que lo han leído.

Ocurre durante el desembarco de los aliados en Normandía. Los hechos se exponen a través del monólogo de un soldado y tienen que ver con un camarada suyo de apellido Gardner. Éste conversa con otro joven recluta. Durante el diálogo descubre que el muchacho es Earl, su hijo de 20 años. ¿Cómo puede ser, si ellos tienen casi la misma edad? Lo que sucede es que Earl es el fantasma de un hijo suyo que no ha nacido aún y que ha venido desde una guerra del futuro. La historia termina siendo un magnífico alegato antibélico. En una de sus cartas Salinger dice que este cuento es muy importante para él, porque muestra dónde se origina el "drama psicológico" que sufren los protagonistas de sus obras posteriores.

Un clásico de las novelas que denuncian los horrores de la guerra moderna es Sin novedad en el frente , del alemán Erich Maria Remarque. En 1929, año de su aparición, el poeta César Vallejo la reseñó en el diario El Comercio de Lima. Dice Vallejo: "Una crónica incomparable de las trincheras; un libro sensacional sobre la guerra". Fue llevada al cine y obtuvo el Oscar a la mejor película en 1930. Cuando los nazis llegaron al poder en Alemania, la quemaron públicamente junto con otros textos "indeseables". Pero los libros siempre renacen de las cenizas. Sin novedad en el frente se sigue reeditando y su mensaje todavía tiene vigencia, hasta el punto de que un músico de estos días, Elton John, escribió una canción inspirada en la novela de Remarque. Se titula "All Quiet on the Western Front" y está disponible en YouTube. Es bueno escucharla mirando el impactante video que la acompaña.

No siempre los escritores del siglo XX tuvieron una actitud crítica frente a estas conflagraciones. Hubo poetas vanguardistas que festejaban la Guerra del 14, porque representaba el colapso de una era que ellos querían obliterar. Otros, como el poeta Guillaume Apollinaire, llegaron a exclamar: "¡Oh, Dios, qué hermosa es la guerra!", para después hablar en éxtasis de los obuses que alumbraban la noche. Esto trae a mi memoria a ese locutor de la televisión norteamericana que mientras estallaban las bombas en Bagdad y el cielo nocturno se iluminaba con múltiples resplandores, decía fascinado que le recordaba el festival de fuegos artificiales que se despliega cada 4 de julio en Estados Unidos. No dijo si los miles de víctimas inocentes le recordaban algo.

En Hispanoamérica el paladín de la guerra fue el poeta Alberto Hidalgo. Escribió un poema que tiene versos como los siguientes: "La Guerra es como un brazo del Progreso. La Guerra/ purifica las razas con su férreo poder./ Corten las bayonetas las cabezas a miles". Vicente Huidobro se ocupó del tema en "Hallali", composición escrita en francés. Presenta una visión creacionista del conflicto de 1914, pero evita hacer una apología de la guerra.

El tratado START de desarme nuclear entre Estados Unidos y Rusia ha sido ratificado en 2011 por los parlamentos de estas dos potencias. Es un paso adelante que debemos celebrar, con la esperanza de que algún día se haga realidad el sueño de abolir no sólo los arsenales atómicos, sino también las armas convencionales. Es decir, que la guerra -santa o no- deje de ser una opción aceptable para dirimir conflictos. Es difícil entender por qué aberraciones como la pedofilia o el incesto son unánimemente repudiados por la sociedad, y sin embargo esa aberración institucionalizada que es la guerra deja indiferentes a millones de personas. La energía nuclear es letal en la guerra y en la paz. Lo supieron en Hiroshima y Nagasaki y ahora lo confirman en Fukushima.

Articulo : http://diario.elmercurio.com  05/06/2011

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