samedi 2 juillet 2011

Bea ESPEJO/ Campus arty

Campus arty
Por Bea ESPEJO

¿Es posible un nuevo modelo pedagógico para el arte? Los talleres con artistas proponen diálogo y colaboración

Coinciden estos días en nuestro país varios cursos y talleres de arte dispuestos a buscar un modelo pedagógico más cercano, autónomo y efectivo para el artista. Se trata de Campus, una escuela gratuita instalada en el espacio de CajaMadrid, en Barcelona, y de los talleres de Paul Graham en Santander, Los Carpinteros en Cádiz y Azucena Vieites en Madrid. Analizamos con ellos la vigencia y urgencia de este tipo de escuela temporal.

En la web de Rubén Grilo, el único artista español actualmente en la Rijksakademie, uno de los más importantes centros de residencia y educación para artistas en Europa, no hay ni rastro de su trayectoria, ni proyectos, ni siquiera de la exposición PowerPoint Karaoke (tercera del ciclo 'Entrar en la obra') que acaba de inaugurar en el MARCO de Vigo. En la pantalla, la imagen de un botiquín reclama ayuda tras el anuncio del gobierno holandés de recortes en cultura para 2013. De llevarse a cabo, no sólo este centro de referencia en Ámsterdam se cerraría. En la capital holandesa peligra la también residencia De Ateliers, por la que han pasado artistas como Paloma Polo, Asier Mendizabal o Lara Almárcegui, SKOR (Stichting Kunst en Openbare Ruimte) una de las mejores plataformas de producción de arte público, el prestigioso instituto NIMK (antes Montevideo) y también dejarían de tener financiación pública plataformas como Manifesta o Witte de With, entre muchas otras. “Es intervencionismo político del peor”, explica Rubén Grilo. “Su decisión es principalmente ideológica. El modelo de la Rijksakademie es muy generoso, ayuda a la gente a ser artista, de ahí su demanda. Por eso puede parecer elitista, aunque acoge a más de 50 artistas, muchos sin tantas oportunidades en sus países de origen. La mitad de las plazas son para artistas holandeses, y es que el sistema holandés estaba pensado para facilitar el acceso a la cultura”.

Nuevos modelos

Esta misma semana, dentro del proyecto Campus, una escuela de arte gratuita, temporal y sin créditos instalada, desde el pasado lunes, en el Espacio Cultural Caja Madrid en Barcelona, Bartomeu Marí, director del MACBA, analizaba el modelo de la Rijks, paradigmático por el contacto internacional que ofrece, buscando nuevos modelos pedagógicos válidos para el arte en nuestro país. Es uno de los cuatro casos de estudio para la educación artística con los que arranca este proyecto piloto dirigido por Latitudes, la oficina curatorial independiente fundada en 2005 por Max Andrews y Mariana Cánepa Luna.

En Campus no hay notas, ni títulos, ni costes por participar. Dura dos meses y se estructura en tres fases. La primera pasa por la presentación interna del trabajo de los 15 artistas participantes y el estudio de varios modelos educativos de primer orden internacional. La segunda son cuatro sesiones de trabajo de una semana de duración bajo la tutoría de los artistas Libia Castro & Ólafur Ólafsson -que el próximo diciembre veremos en el CAAC de Sevilla-, Renata Lucas, Peter Piller y Adrià Julià. La tercera fase es una exposición de los proyectos realizados en esos talleres.“Para nosotros -explica Max Andrews- una de las cosas más importantes de modelos como la Städelschule de Frankfurt y la Rijksakademie de Ámsterdam es que no hablan de 'estudiantes', sino de artistas jóvenes. No son lugares en los que se convierten en artistas por arte de magia, por el mero hecho de graduarse. De la misma manera nos acercamos en Campus. No es un modelo escolar donde los artistas más jóvenes reciben de manera pasiva la información de una autoridad incuestionable, sino una situación en la que la participación esperamos que sea activa y genere algo nuevo, un ambiente proactivo, crítico”.

Basado en la relación estudiante-tutor, Campus pone todo el énfasis en la colaboración mutua. “Lo que nos interesa -añade Mariana Cánepa- es crear un ‘círculo de confianza', una red de gente con la que se pueda colaborar en el futuro. Encontrar personas con las que hablar sin tapujos. En la facultad eres uno de 200 y tienes la sensación de que no te explican cosas prácticas de la profesión, por ejemplo cómo presentar tu trabajo a nivel más básico, cómo preparar un presupuesto o llevar tus cuentas. En España tenemos la universidad y las becas para que los artistas se vayan fuera, pero no suficientes puentes entre el lugar de aprendizaje y el mundo profesional real. El objetivo es que haya sinergias, momentos de aprendizaje, intercambio de experiencias".

A medio camino entre una escuela y una residencia, Campus surge, precisamente, como reacción a esa falta de plataformas formativas para artistas en Barcelona que hoy por hoy se suple con los cursos de Formació Contínua impulsados por la AAVC y llevados a cabo en Hangar, los premios Casablancas o la Sala d'Art Jove. Lejos de buscar un resultado final con obras de arte al uso, el proyecto prioriza el proceso de trabajo y la discusión en grupo, siempre bajo el parámetro internacional y bilingüe, otro de sus fuertes. "No sólo podemos hablar dentro de la ciudad o país, o dentro de un dominio lingüístico", añade Max Andrews. La mitad de los participantes no son de Barcelona, de modo que se fortalece el intercambio desde el principio. Este tipo de proyectos pueden ayudar a reflexionar sobre las herramientas y plataformas que son más adecuadas para la conversación, la comunicación y la colaboración, el modo en que artistas crean y comparten (entre colegas, un grupo de amigos, el público en general...)".

Del mismo modo tienen claros los modelos en qué mirarse, saben qué dinámicas suponen un retroceso: "Por supuesto -añade Max-, tenemos que presentarnos de manera ética, y con el deseo de hacer las cosas mejor y con más eficiencia junto a artistas, comisarios, críticos, periodistas... Si empezamos por obsesionarnos con la promoción, fabricación y el lanzamiento de carreras de arte y éxitos, esto fácilmente puede acabar en manos de los políticos (como vemos ahora en Reino Unido y Holanda) donde la educación de grado superior se utiliza con fines económicos para que sean rentables y productivos. Tiene que haber un lugar para la lentitud y la reflexión, por el propio bien del arte, así como para la inutilidad, el 'sin sentido', la experimentación y el juego".

Hagas lo que hagas pasa por ser profesional

Sobrevolando en el aire, entre tutoría y tutoría, aparecen algunas de las preguntas a las que este tipo de talleres intentan dar respuesta: ¿Cuándo se convierte un artista en profesional? ¿Qué peso tiene la galería? ¿Sale un artista preparado de la facultad? Carles Guerra, el actual director de La Virreina, que el próximo septiembre ocupará la plaza de Conservador jefe en el MACBA, da algunas pautas: “La validación profesional cada vez depende más de la autoorganización del artista, de cómo distribuye su trabajo. La galería valida en el mercado del arte, pero la presencia en el sistema galerístico no garantiza nada. Hay otros espacios tan interesantes o más que la galería. Construirlos, descubrirlos y ocuparlos es la tarea del artista. La conectividad es el paradigma del progreso”.

En Campus, Carles Guerra analiza el modelo de The Mountain School of Arts de Los Ángeles, una escuela gratuita establecida en 2005 por los artistas Piero Golia y Eric Wesley en el bar The Mountain en Chinatown. De enero a marzo, 15 alumnos asisten a clases dos veces por semana, 3 horas al día, con un programa que incluye discusiones y conferencias de artistas, cineastas y científicos. En España estamos a años luz de un modelo como éste. “Vivimos en un desierto”, añade Carles Guerra. “Hay una ausencia de modelos e iniciativas. Los másters son la tabla de salvación. De todos modos, el mejor aprendizaje es el que obtienes buscando interlocutores y poniendo tu trabajo de artista a la intemperie, contrastando con el de otros agentes. De todos modos, la mejor escuela ya no parece ser una escuela formal. Son las situaciones de conflicto las que resultan más instructivas y esas te las buscas donde sea”.

Soy artista, ¿y ahora qué?

La histórica desconexión que suele haber entre la universidad y el mundo del arte profesional la intentan paliar algunas facultades a contrarreloj. Es el caso de la Facultad de Bellas Artes de la Complutense de Madrid. En lo que llevamos de año, están trabajando en la creación de redes y convenios con centros madrileños como Matadero, Tabacalera, CA2M o el Reina Sofía y respaldan iniciativas como Intransit, del Vicerrectorado de la UCM, una plataforma para relacionar, de manera eficaz, a los creadores en fase de formación universitaria con los profesionales de su sector (responsables de museos, comisarios, galeristas, críticos...). Al frente están Selina Blasco y Lila Insúa, responsables del Vicedecanato de Extensión Universitaria, que trabajan por hacer visibles formatos más abiertos que la obra de arte final, fomentando los procesos, la seguridad de los artistas y la experimentación. “Es absurdo pensar que una persona que está terminando la carrera de Bellas Artes tiene una obra consistente, lista para ser producida como algo terminado, definitivo, cerrado”, explican.

La colaboración con El Ranchito, un proyecto de investigación promovido por Matadero que busca activar el contexto artístico de Madrid con residencias internacionales, convocatorias públicas y conexiones con agentes locales, lleva esta semana a 14 estudiantes de fin de carrera a presentar sus proyectos a Vicente Todolí. Deben hacerlo en 3 minutos, tras los que el ex director de la Tate distinguirá a siete. “Por primera vez -explican Selina Blasco y Lila Insúa- los estudiantes que están saliendo de la universidad han sido seleccionados desde fuera, un primer contacto con la realidad muy valioso. La apuesta debe pasar por crear un sistema de cultura de abajo-arriba y no al revés. Una apuesta que no esté basada en los grandes eventos, sino en la creación de un tejido sostenido a lo largo del año. Hablamos de espacios independientes, dinamizadores por su capacidad de experimentación, permeable a nuevas propuestas, como los Agentes Artísticos Independientes en Madrid. Si no existe un compromiso de apoyo hacia estos agentes, estos tampoco podrán apoyar a los nuevos valores. Es una apuesta política, claramente”.

Pese al mal momento económico, en España muchos son los espacios creados por colectivos de artistas, comisarios o gestores pensados para experimentar, hablar, reflexionar. Hace poco más de un mes Espacio Trapézio se instalaba en el Mercado de San Antón del madrileño barrio de Chueca precisamente, con la intención de ser uno de esos espacios intermedios, entre la facultad, la galería y la institución. En julio hará públicas las convocatorias abiertas a artistas, colectivos y comisarios emergentes.

Yo me lo guiso...

Como un lugar de debate y un laboratorio de proyectos se define RMS, El Espacio, abierto en Madrid el pasado octubre y dirigido por RMS, La Asociación, una agencia de producción cultural que, desde 1999, trabaja en el comisariado, la gestión y la mediación del arte contemporáneo. Esta misma semana, Azucena Vieites impartía uno de los talleres incluidos en el proyecto Primera necesidad: ¡libros! La artista, que colabora con galerías de forma puntual y que el próximo enero ocupará una de las salas del MUSAC de León, considera que se podría dudar de que exista un mercado del arte que te permita la profesionalización, “aún más complicado si eres mujer”, añade, y trabaja desde parámetros de la cultura Do it Yourself: “Si no te gusta lo que hay a tu alrededor no esperes a que otra persona lo haga por ti. No necesitas grandes infraestructuras para hacer algo. Cuestiona la idea de "profesionalidad", de "autoridad". Genera contextos de autoestima, estrategias de lo barato, ágil, rápido, efímero. Trabaja con la idea de reciclaje, de urgencia”, explica.

Actitud similar tienen Los Carpinteros. Los artistas cubanos plantean una Situación límite en el taller que hoy empieza en la Fundación Montenmedio Arte Contemporáneo de Véjer de la Frontera, con motivo de su 10° aniversario. “Una situación limitada es una ventaja para producir una obra. Nuestro propio trabajo empezó así, sin apenas medios. Queremos que los participantes hagan un análisis de situaciones límite y que se adecúen a ellas. Nosotros vamos a tratar que trabajen con los mínimos recursos. El hecho de no tener nada no es algo necesariamente malo”, explican.

Como éste en Cádiz, varios son los talleres que se organizan por estas fechas en nuestro país. Finalizado en Madrid Campus PHE o el taller de Miguel Ángel Blanco en el Thyssen, llegan, entre otros, el de Ángel Marcos en MACUF, la QUAM en Vic, el de Ínigo Manglano-Ovalle a la Universidad de Navarra o Lambroa '11, sobre performance, en Artium. Todos bajo la estela de los talleres de Arteleku, en San Sebastián, el gran referente, y no sólo en España, de un modelo pedagógico altamente productivo y generador de contexto.

Clásicos son también los de Villa Iris, una de las sedes de la Fundación Botín en Santander. Desde 1994, de cada artista al frente de taller, la Fundación adquiere una obra y le organiza una exposición en otoño. Este año, Paul Graham ha elegido a 15 artistas de entre 219 solicitudes. Del 4 al 15 de julio tratará de resolver una cuestión: ¿Cómo conseguir decir lo que queremos? La artista Rineke Dijkstra y el editor Michael Marck le ayudarán a responderla, aunque él tiene claro el trasfondo: “El mayor problema de un artista es hacer un trabajo realmente bueno. Hay que educarse, tener hambre, aprovechar el tiempo al máximo: leer, pensar, mirar todo. No hay que descartar las cosas que a priori no se entienden. El arte no es un truco. El trabajo que no te gustaba hace 5 años ahora puedes verlo como algo increíble. Lo importante es el trabajo, no el éxito. A veces, ser nuevo o poco conocido es lo mejor que le puede pasar a un artista. ¡Todo el mundo quiere hacer un descubrimiento!”.

 
Articulo : http://www.elcultural.es  01/07/2011

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