dimanche 10 juillet 2011

Jessica ATAL/ El caudal poético de la editorial Pfeiffer

Colección Dedicada a la poesía chilena
El caudal poético de la editorial Pfeiffer
Por Jessica Atal
 
Unidos por "el oficio y el rigor poéticos", Floridor Pérez, Juan Cristóbal Romero, Óscar Hahn, Rafael Rubio, Manuel Silva Acevedo, Pedro Lastra y Gonzalo Rojas integran la Colección 33, primera apuesta de este sello nacional que, a sólo un año de su creación, ya proyecta nuevas iniciativas.

La aparición de una nueva editorial en el mercado chileno es una instancia de aplauso y celebración. La iniciativa, esta vez, ha sido de Ernesto Pfeiffer, quien, a pesar de todos los contra (el IVA, la mala distribución, las pocas librerías, los escasos lectores, etc.), parece creer que bien vale la pena jugárselas por la difusión de la literatura, teniendo especial cuidado, por lo demás, en producir libros que son un placer tener entre manos.

Floridor Pérez, Manuel Silva Acevedo, Óscar Hahn, Rafael Rubio, Pedro Lastra, Gonzalo Rojas y Juan Cristóbal Romero son los poetas que dan inicio a la Colección 33, una serie bien pensada, dedicada a la poesía chilena, con un diseño elegante y armonioso, con buenos prólogos y buenos autores.

Lo novedoso radica en que se les pidió a los mismos poetas que seleccionaran los poemas a incluir en sus libros. En total, treinta y dos, más uno inédito y manuscrito. ¿Por qué estos autores y no otros? Da la impresión de que el editor ha querido entregar una muestra transversal de lo que es la poesía chilena. Sin embargo, se echan de menos poetas de la generación de los ochenta, como Diego Maquieira o Elvira Hernández, quien a su vez nos recuerda la falta de poetas mujeres en este conjunto. Dentro de esa misma generación, por ejemplo, podrían haber participado aquí poetas como Verónica Zondek y Teresa Calderón, aunque acaso nos alejaríamos un poco de la pretensión primera del editor, quien explica, en su nota preliminar, que a los autores seleccionados los une "el oficio y el rigor poéticos". Todos ellos han trabajado el verso, el soneto, la rima melodiosa, la elegía en el caso de Rafael Rubio y hasta las coplas, en el caso de Pedro Lastra. Hay tradición poética, conocen a los clásicos, desde Homero y Virgilio hasta Rubén Darío, Jorge Manríquez y Juan Ramón Jiménez. Y la trabajan, y la emulan. Tienen, además, una explícita conciencia poética. Saben por qué y para qué escriben. Bien, razones del porqué éstos y no otros autores hay suficientes, aunque bastaría decir que son poetas del gusto del editor.

Algunos poemarios abren con un retrato a lápiz de su autor. Otros con un dibujo. Trazos limpios, en blanco y negro, dan cuenta de la sencillez y poca pretensión de la factura. El primero de la colección es Floridor Pérez. Un orfebre, un labrador, un tallador minucioso. La poesía de Pérez es producto de la constancia y la disciplina y, en este sentido, refleja muy bien la línea editorial de esta colección: poetas que son fruto del esfuerzo, del sacrificio, reflejos del dolor de la historia pública y privada. Cantos a la madre, al padre, a la amada. Gritos de furia contra el régimen opresor, palabras de acercamiento, de entendimiento, de tregua ante una muerte segura. Óscar Hahn, Manuel Silva Acevedo, Pedro Lastra, Gonzalo Rojas son, parafraseando el título del libro de Hahn, "poetas sin fronteras". Se encuentran con Pérez en el oficio y en algunas temáticas (a ninguno lo dejan tranquilo ni el amor ni la muerte), pero se alejan, sobre todo Hahn, del coloquialismo chileno. Pérez se sienta a la mesa con su pedazo de pan y su copa de vino, junto a Neruda y a la Mistral, mientras suena de fondo una cueca triste; en cambio Hahn visita el Café Berlioz, escucha a Miles Davis, escribe desde su habitación en Iowa versos sobre las Torres Gemelas. Atmósfera poco cercana a esta realidad chilena. Pero él es un hombre que ha vivido muchos años afuera y, claro, la poesía es ante todo impresión primera, fotográfica. Para los recuerdos y la juventud hay tiempo también, pero no tienen la fuerza de la imagen instantánea que logran esos poemas de Hahn, como, por ejemplo, "Sociedad de consumo" o "Televidente", los que, como un cuadro de Warhol, extasían el espacio.

Rafael Rubio y Juan Cristóbal Romero son quienes dan el salto generacional, pero no por eso dejan de ser poetas talentosos, que, al igual que los anteriormente revisados, han nacido y crecido marcados por una poderosa tradición poética chilena y, en este sentido, son un fiel reflejo de una lírica muy de hueso, tierra y sangre -o vino- de este país.

También en narrativa

Esta semana, Pfeiffer presentó una reedición de Días de campo, de Federico Gana. Una apuesta por el rescate de obras narrativas que continuará con El Inútil, de Joaquín Edwards Bello.

Articulo : http://diario.elmercurio.com  10/07/2011

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