dimanche 10 juillet 2011

José Luis CORRAL LAFUENTE/ El patrimonio artístico mundial, herido

El misterioso robo de una joya del medievo
El patrimonio artístico mundial, herido
Por José Luis CORRAL LAFUENTE

En el año de 1120 Diego Gelmírez, obispo de Compostela (1100-1139), consiguió del papa Calixto II que su sede episcopal fuera elevada a la categoría de metropolitana y él a la de arzobispo. Santiago de Compostela ya era un notable centro de peregrinaje para la cristiandad a causa del descubrimiento del presunto sepulcro del apóstol Santiago, pero Gelmírez le dio el impulso definitivo. Murió en 1139, pero para entonces había puesto en marcha una extraordinaria campaña de difusión de Compostela gracias a sus buenas relaciones con el papado, con la monarquía leonesa y con la poderosa orden de Cluny.

En los últimos años de su episcopado ordenó copiar uno de los libros más importantes de la primera mitad del siglo XII, un conjunto de relatos conocido como Liber Sancti Iacobi, en un ejemplar de muy buena factura que se compone de 225 folios de pergamino, de 295 por 214 milímetros de tamaño, escritos por las dos caras e iluminado con abundantes miniaturas.

A esa copia del Liber Sancti Iacobi realizada para el arzobispo de Compostela se la llamó Codex Calixtinus, debido a que los dos primeros folios contienen la copia de una carta que el papa Calixto II (1119-1124), presunto impulsor del texto, habría enviado a Diego Gelmírez ratificando la importancia de Compostela como lugar donde reposaban los restos del apóstol Santiago.

El Codex contiene varios libros de música eclesiástica, de liturgia, de misas, dos relatos sobre el martirio de Santiago, textos de los afamados sabios medievales Anselmo de Canterbury y Beda el Venerable, una relación del milagroso traslado del cuerpo del apóstol a Compostela, una crónica de las conquistas del emperador Carlomagno y la primera guía del peregrino a Compostela. Este último libro es quizás el más interesante del Codex. Incluido entre los folios 192 y 213, se trata de un verdadero libro de viaje. Algunos los han considerado incluso como la primera guía de la historia para viajeros, en el que se describen con precisión las etapas del Camino hasta llegar a Santiago y se dan consejos sobre en qué zonas extremar el cuidado a causa de los ladrones, dónde comer o qué puede verse durante el viaje. La guía, obra del monje peregrino francés Aymeric Picaud, concluye con una precisa descripción de la ciudad de Santiago de Compostela y de su catedral, que en la fecha de redacción de ese texto, hacia 1135, todavía estaba construyéndose.

Desde el siglo XII el Codex se conserva en el archivo de la catedral de Santiago. Fue muy consultado en la Edad Media, retocado en 1609 y luego olvidado. Redescubierto a fines del siglo XIX, fue restaurado en el año 1966. La sustracción de este códice supone una enorme pérdida, ojalá momentánea, para el patrimonio histórico mundial.

José Luis Corral Lafuente es escritor y catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza.

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El misterioso robo de una joya del medievo
El tesoro (desprotegido) del Apóstol
Por D. SALGADO / M. PAMPÍN / J. DUVA

La Brigada de Patrimonio Histórico investiga la desaparición del 'Códice Calixtino' de la catedral de Santiago - El libro, una joya del siglo XII, no estaba asegurado

"No" era la respuesta más habitual para cada organizador de exposición que quisiese disponer del Códice Calixtino de los archivos de la catedral de Santiago, un volumen del siglo XII, de valor incalculable, conocida como la primera guía del Camino de Santiago. Algunos visitantes lo podían ver solo "desde la puerta" y cada vez que algún investigador o experto accedían a los 225 pergaminos que componen el volumen, la vigilancia era estricta. El códice, cuya desaparición de la catedral ha provocado una alerta europea, solo abandonó la cámara de seguridad donde se guardan todos los volúmenes valiosos del archivo un par de veces, con ocasión de dos exposiciones, la última en 1993. E incluso en esos momentos, volvía rápidamente al archivo catedralicio. Para la última muestra, el códice estuvo fuera dos días, el tiempo justo para la inauguración, y después fue sustituido por una edición facsímil. Los propios investigadores del archivo no podían sacarlo a la sala de investigación.

Los cuidados cuando la pieza salía de la catedral se completaban con un seguro ad hoc, pero cuando estaba dentro del edificio, su valor no estaba cubierto por ninguna aseguradora. El precio de los pergaminos, incalculable, fue tasado en 1990 en 1.000 millones de pesetas cuando la organización de la exposición de arte religioso de Las Edades del Hombre quiso contar con el códice para la muestra. El coste, relató ayer el deán, les hizo desistir. La catedral sí cuenta con un seguro general, aunque el cabildo no supo aclarar si cubre el volumen. "Como norma [el códice] no sale de la catedral. Si en algún caso el cabildo determinase cederlo por excepción a algún sitio, entonces fijaríamos un seguro ad hoc", puntualizó Díaz.

Estos cuidados, sin embargo, contrastan con la limpieza de la desaparición del Códice Calixtino. El propio deán de la catedral y responsable de su archivo, José María Díaz, confirmó ayer lo que apuntaban fuentes policiales: la cerradura de la estancia de seguridad no estaba forzada. Fuentes de la investigación añaden que las llaves estaban en la cerradura cuando se percataron del robo. Díaz no quiso comentar ninguno de los aspectos que trascendieron sobre las medidas de seguridad del archivo "por recomendación" de la propia policía. Solo especificó que hay "controles en todos los ángulos del claustro, de forma que queda fotografiada cualquier persona" que entre en el archivo.

La última persona que vio el volumen es uno de los dos investigadores del archivo que tienen -además del deán- acceso a la estancia de seguridad. Lo echó en falta a última hora del martes, pero asegura que el jueves o el viernes estaba en su sitio, sobre un cojín, cubierto con un tapete. En seguida avisó al deán, según el relato del propio Díaz, que, junto a otros dos trabajadores del archivo rebuscaron en la cámara y en los cuartos contiguos. No apareció, y llamaron a la policía, que se personó en la catedral y comenzó la investigación. El cabildo interpuso el miércoles la denuncia de desaparición del códice. La policía no sospecha por el momento de ninguna de las personas que podían acceder a la sala con libertad, que ya han sido interrogadas. Fuentes de la investigación confirman que, aunque el acceso a la cámara de seguridad era bastante restringido, el control sobre las llaves era "bastante laxo". La Brigada de Patrimonio Histórico se encarga de la investigación y se han activado los protocolos europeos para controlar los canales de venta de obras de este valor. Las sospechas apuntan a un robo por encargo.

Entre las últimas personas que visitaron la estancia se encuentra el expresidente de la Real Academia Galega, Xosé Ramón Barreiro, que compara la pérdida con "el derrumbamiento del pórtico da Gloria". "Me lo enseñó el archivero a distancia, desde la puerta", recuerda, "y no nos lo dejaron para la exposición que abrió la Cidade da Cultura. Según ellos, por razones de seguridad". Que la vigilancia en torno al códice era estricta también lo afirma José Manuel Díaz de Bustamante, catedrático de Filología Latina en Santiago y uno de los mayores expertos en la obra. "Por gentileza del cabildo, yo he dado clases con mis alumnos de latín medieval junto al códice", recuerda, "pero en medio de las medidas de seguridad más histéricas que se puedan imaginar". Al latinista le parece "no extraño, sino sorprendente" el robo. "Si usted supiese cómo estaba de custodiado...", apunta. Carlos Villanueva, catedrático de historia de la música en la Universidad de Santiago, registró la polifonía del códice en disco con diferentes grupos. La primera vez que accedió al Códice Calixtino fue en los años setenta y asegura que él siempre trabajó en la catedral en el "ámbito restringido del archivo y limitado a investigadores". No es exactamente ese el recuerdo de un fotógrafo profesional que prefiere el anonimato y que en 2002 realizó la reproducción facsímil del volumen. Ni el archivero ni nadie del cabildo, afirma, vigilaron su labor y, al finalizar, tuvo que buscar a los responsables por diferentes dependencias.

Hace un mes, el deán mostró por última vez el códice, probablemente a un catedrático, y esa fue la última vez también que lo vio. Aunque el archivero no acusó a nadie de la desaparición en voz alta, sí dejó entrever que tiene su propia idea: "Si sospecho de alguien no lo digo. Primero porque es pecado hacer juicios temerarios y en este caso y si es un juicio temerario interior para este fin puedo formularlo pero nunca manifestarlo. El que se lo llevó, sabía de qué se trataba, de su incalculable valor y cómo llegar a él".

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El misterioso robo de una joya del medievo
Que nos lo devuelvan
Por X. L. AXEITOS

Con aire ceremonioso y sigilo sacro, el canónigo archivero de la catedral de Santiago, un día del mes de septiembre del pasado año, nos abrió la cripta que daba cobijo casi litúrgico al Codex Calixtinus, el códice medieval y joya bibliográfica que acaba de desaparecer. Era el canónigo archivero D. José Mª Díaz quien, con orgullo, nos estaba mostrando el tesoro catedralicio. Nadie podía sospechar en aquel momento que seríamos, el historiador X. R. Barreiro y yo, de las últimas personas que tuvimos ocasión de contemplar la obra.

No conseguimos, a pesar de la cordialidad con que nos recibió el archivero, el préstamo de la obra para una exposición que pretendía mostrar algunos libros que habían configurado nuestra identidad como pueblo. Tuvimos que servirnos del magnífico ejemplar que custodia la Universidad de Salamanca... La exposición Ex libris Gallaeciae se acaba de clausurar y probablemente hubiera sido la mejor protección para la obra que acabamos de perder. Son cosas del destino, y espero que no hayan contado con la complicidad divina.

En la sociedad mercantilizada en la que vivimos todo el mundo se empeña en aquilatar la pérdida de la obra cuando es una auténtica profanación el hacerlo. Jamás podremos valorar la obra que dio lugar a una de las metáforas pétreas más importante de la cristiandad como es la catedral de Santiago y que nos situó a los gallegos en la cartografía cultural de la humanidad. La iglesia se servía de estas obras, en una época en la que lo natural y lo sobrenatural se confundían, para trazar rutas y diagramar el mundo y las conciencias de los creyentes.

Un claro síntoma de la decadencia eclesiástica está en el silencio que rodeó el robo del códice. En otras épocas, el hecho quedaría subrayado con una ruidosa tormenta tal como nos dicta la fecunda topística de hechos memorables. Hoy, en tiempos de tiniebla, el silencio ni siquiera fue roto por unas rotativas que ya no se fatigan como antaño.

Por si alguien pudiera dar noticia, el códice sustraído mide 23 x 16 y 30 por 21 centímetros la caja en la que se conserva. Consta de 225 folios y numerosas miniaturas, iconografía reproducida y estudiada en todo el mundo. Los derechos de autor de esta obra incomparable pertenecen a toda la humanidad y los gallegos somos los garantes de la distribución. Que nos lo devuelvan.

X. L. Axeitos es secretario de la Real Academia Galega.

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La policía visiona cientos de horas de grabaciones en busca del Códice Calixtino

Los indicios siguen apuntando a un robo por encargo, según fuentes de la investigación

La policía está visionando cientos de horas de grabaciones de las cámaras de seguridad en busca de una pista que permita identificar y detener al autor de la sustracción del Códice Calixtino, según fuentes de la investigación. "Es un trabajo lento y laborioso, pero creemos que podría sernos últil", ha dicho a EL PAÍS un mando policial. Ninguna de las cámaras estaba dentro del recinto donde se hallaba guardado el valioso libro del siglo XII, sino en la zona del claustro y en otras dependencias. No es seguro que el ladrón accediera hasta el códice a través de esos pasillos, pero "es probable".

Además de eso, los agentes de la Jefatura Superior de Policía de Galicia y de la Brigada Central de Patrimonio Histórico están constrastando las declaraciones de las personas ya interrogadas, en busca de alguna contradicción o alguna pista que pueda precisar el momento en que el códice fue robado. Junto a estos especialistas están trabajando otros de la Policía Científica, que han sido requeridos para que hagan un "minucioso" examen del lugar en busca de algún tipo de material genético (podría valer un simple pelo) que aportara información sobre las personas que accedieron hasta la caja fuerte.

Ante el desconcierto de estas primeras horas sobre la forma en que el ladrón llegó a la sala, un helicóptero de la policía ha sobrevolado y fotografiado los tejados de la catedral compostelana ante la posibilidad de que el caco hubiera penetrado en el recinto por algún agujero desconocido. Eso ha permitido descartar que esa fuera la forma en la que el intruso llegó hasta apoderarse del códice.

El equipo encargado de las pesquisas está "aislado" para que pueda trabajar sin recibir ninguna presión y para que pueda realizar su trabajo con tranquilidad, según fuentes de la investigación. "Cuentan con todos los medios que precisan y tendrán todo lo que necesiten", asegura un mando policial. Los indicios siguen apuntando a un robo por encargo y las fuentes consultadas tienen la "intuición" de que las pesquisas acabarán dando resultados positivos.

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España ya no sale en la lista negra de los robos de arte
Los inventarios y la seguridad han frenado el expolio
Por J. RODRÍGUEZ MARCOS

Un recorrido por la lista de robos recientes de obras de arte elaborada por la Interpol permite sacar dos conclusiones: la mayoría se refieren a objetos litúrgicos y muchos de ellos tienen como escenario Italia. Hace años que España no tiene peso en esa relación.

De hecho, hasta la sustracción ayer del Códice Calixtino de la Catedral de Santiago, el último gran caso por resolver del patrimonio español tiene fecha de 1989: en agosto de ese año desaparecieron del Palacio Real de Madrid dos cuadros de Velázquez: Retrato de una dama y Mano del retrato del arzobispo Fernando Valdés. Dos décadas después siguen en paradero desconocido.

Junto a esos dos velázquez, el otro gran mito de las piezas que se desvanecieron sin dejar rastro en España es casi de otra galaxia artística y no se trata oficialmente de un robo sino de una desaparición: en 2006 se hizo público que los cuatro bloques de 38 toneladas de la escultura Equal Parallel/Guernica-Bengasi, de Richard Serra, se habían evaporado del almacén de la empresa contratada para su custodia por el Reina Sofía. Desde 2009 el museo exhibe una copia realizada por el propio artista.

Hitos aparte, en España el robo de obras de arte y del patrimonio histórico es, según los expertos, casi una anécdota. A la dificultad de vender las piezas robadas se une la catalogación del patrimonio -una pieza bien inventariada es más difícil colocar en el mercado ilegal - y, pese a episodios como el de ayer en Santiago de Compostela, el aumento de las medidas de seguridad en iglesias, catedrales y museos.

Muy lejos quedan ya los tiempos en que los robos se contaban anualmente por decenas. Los años que van de 1975 a 1981 fueron los peores para el patrimonio artístico español. Si en agosto de 1977 la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo fue expoliada por un grupo de ladrones que destrozó tres joyas del arte medieval -la Cruz de los Angeles, la Cruz de la Victoria y el Arca de las ágatas-, en 1979 -un año en el que se llegó a registrar un robo al día en los templos españoles- fue sustraído del santuario navarro de San Miguel de Aralar un retablo del siglo XI famoso por sus esmaltes. Dos años más tarde la obra fue recuperada, por piezas, en Italia y Francia.

Superada una era de expolios en la que reinó René Alphonse Vandenbergue, el célebre Erick el Belga, recientemente, los dos casos más sonados terminaron con la vuelta de las piezas robadas a sus repectivos dueños. Otra vez en agosto, esta vez de 2001, fueron sustraídas del domicilio madrileño de la empresaria Esther Koplowitz 17 pinturas, entre ellas dos goyas, un sorolla, un gutiérrez solana y un juan gris. Un año más tarde fueron localizadas las primeras piezas.

El otro golpe sonoro fue el que César Ovilio Gómez Rivero, un historiador uruguayo afincado en Argentina, dio al arrancar ocho mapasmundi de la edición de 1482 de la Cosmografía de Ptolomeo que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Sucedió en 2007 y ese mismo año el caso quedó resuelto.

Los mapas volvieron a Madrid en noviembre después de que su desaparición fuera hecha pública, de nuevo, en agosto por la entonces directora de la institución, la escritora Rosa Regás, que dimitió una semana después a pesar de que quiso desvincular del robo su salida de la biblioteca del paseo de Recoletos. Pese a que se han extremado los controles, impedir la mutilación de libros valiosos sigue siendo uno de los caballos de batalla de la protección del patrimonio, ya que Gómez Rivero, por ejemplo, era un investigador autorizado. Actúo porque revisar un libro página por página parece misión imposible.

Casos sonoros

- El gran caso por resolver de robos del patrimonio español se produjo en agosto de 1989. Desaparecieron del Palacio Real de Madrid dos cuadros de Velázquez -Retrato de una dama y Mano del retrato del arzobispo Fernando Valdés- que siguen en paradero desconocido.

- En agosto de 2001 fueron sustraídas del domicilio madrileño de Esther Koplowitz 17 pinturas, entre ellas dos cuadros de Goya. Fueron localizados un año después.

- En 2007 un historiador robó ocho mapas de 1482 la Biblioteca Nacional de Madrid. Se recuperaron ese mismo año.

 
Articulo : http://www.elpais.com  08/07/2011

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