samedi 30 juillet 2011

Juan Ignacio RODRIGUEZ MEDINA / Desentrañando el misterio de "El Libro Rojo", de Carl JUNG

Novedad El templo que Jung le construyó a su inconsciente
Desentrañando el misterio de "El Libro Rojo", de Carl Jung
Por Juan Ignacio RODRIGUEZ MEDINA 


La obra era una suerte de mito originario para los junguianos. Cincuenta años después de la muerte del suizo por fin se publica en una edición lujosísima. Escrito cual manuscrito medieval, el texto recoge, anotadas y dibujadas, las experiencias o monstruos mentales que llevaron al suizo a desarrollar su psicología analítica.  


Si creemos en la palabra de Carl Gustav Jung, el psiquiatra suizo creador de la psicología analítica -no confundir con el psicoanálisis de Freud-, podemos decir que la realidad es más compleja que el mundo físico, que también está lo inconsciente desde donde aflora lo simbólico, los sueños. De acuerdo con esa idea, entonces, es importante ponerle atención a esa parte de la realidad.

Ponerle atención, hacerle caso: anotarla, interpretarla. Y por qué no recrearla y hacer de ella una obra de arte. Un libro rojo, por ejemplo. Un libro nuevo con caligrafía medieval, capitulares dibujadas, mándalas y toda una serie de paisajes y figuras fantásticas provenientes de ese fondo que, se supone, hay bajo nuestra superficie racional. Un libro tal como el que hizo Jung.

Aparecido por primera vez en 2009 y traducido el año pasado al castellano, "El Libro Rojo" (importado a Chile por Librería Prosa y Política) o Liber Novus, como lo llamó él, tiene treinta centímetros de ancho por treinta y nueve de alto, pesa alrededor de un kilo, está dividido en dos partes y tiene dos capas. En la primera de éstas, Jung anota sus fantasías, y en la segunda las interpreta.

Por ejemplo, en un momento dialoga con un personaje al que llama "El Rojo" y que -especula Jung- puede ser el diablo, su diablo, quien le dice: "¿No me reconoces, hermano mío? ¡Yo soy la alegría!". Y viene la exégesis: "El diablo es un elemento malo. Pero, ¿la alegría? El hecho de que la alegría también tiene el mal en sí lo adviertes cuando vas tras ella, pues entonces llegas al placer y del placer derecho al infierno, al infierno que te es peculiar, que resulta distinto para cada quien".

Una crisis cultural y personal

Jung empezó con su libro en 1914. Sobre papel pergamino comenzó a traspasar e interpretar sus sueños y visiones, esos que tenía anotados en unas libretas de cuero negro que, por lo mismo, han pasado a la posteridad como los "Libros Negros". Pero no era asunto de copiar no más. No. En medio de la crisis del mundo moderno -muerte de Dios, decadencia de Occidente, nihilismo, racionalismo- tenía que hacer una obra de arte de sus mitos. Explica Sonu Shamdasani en la introducción que hace al libro: "Fue en el contexto de esta crisis cultural que Jung concibió la idea de emprender un extenso proceso de autoexperimentación, cuyo resultado fue el Liber Novus, una obra de psicología con forma literaria".

Es más, al comienzo del texto Jung anota una visión que tuvo en octubre de 1913: primero un diluvio, luego un mar de sangre, después el congelamiento del mundo. Tras eso oye "una voz interna" que le dice: "Mírala, es enteramente real, y así será. No puedes dudar de ello". Pues bien, al año siguiente estalló la Primera Guerra Mundial y para Jung -que pensaba que su "espíritu había enfermado"- todo hizo sentido.
De todos modos, la crisis igualmente fue personal. Jung sentía que el psicoanálisis freudiano no bastaba. Ya desde 1912 venía con sueños que ni él ni su maestro pudieron interpretar. Cada vez más, el discípulo comenzó considerar estrecha la ortodoxia freudiana, hasta que en abril de 1914 renunció a la presidencia de la Asociación Psicoanalítica Internacional y, un mes después, la Sociedad Psicoanalítica de Zürich se separó del organismo internacional y se rebautizó como Asociación de Psicología Analítica. Por supuesto, en este trance, Jung no reveló a sus pares nada de su propia crisis. Eso lo dejaba para sus apuntes y para su "Libro nuevo", en el que trabajó durante unos quince años, hasta 1930.

El psiquiatra suizo reconoce que quiso plasmar la obra al modo de una "revelación". Se reiteran inicios de oraciones del tipo "el espíritu de la profundidad me obligó a decir esto..." o "el espíritu de profundidad me enseñó...". De hecho, Shamdasani remarca la sintonía con otras fantasías, como el Zaratustra de Nietzsche -que por ese tiempo leía Jung-, la "Divina Comedia", de Dante; o los soliloquios, de Agustín.

Anota Jung: "No obstante, antes de haber podido animarme a hacerlo realmente [decir las palabras de la profundidad], necesité una señal visible que hubiera de mostrarme que el espíritu de la profundidad en mí es al mismo tiempo el amo de la profundidad del acaecer del mundo". Jung, según se lee en la obra, siente el llamado del "espíritu de la profundidad", opuesto al "espíritu de la época", y emprende un viaje -guiado por Philebo, el Virgilio de Jung- de reencuentro con su alma.

Dos miradas chilenas

Haydee Domic y Alejandro Dabovic son miembros de la Fundación de Psicología Analítica C. G. Jung Chile, y cuando se les pide hablar sobre "El Libro Rojo", lo primero que aclaran es que no son expertos: "No pueden haber expertos, ya que en él se refleja una experiencia personal", explican.

En todo caso, Domic ve la obra como una especie de "libro mítico" para los estudiosos de Jung: "Por ese lado cumple el rol de cerrar un círculo en cuanto a llegar a la fuente, pues -como él dice- toda su psicología está allí". Y aunque Dabovic puntualiza que allí no hay una teoría, "sino que una experiencia real", cree que la obra confirma lo que Jung hizo en su vida y lo que pudo vislumbrar como teoría: "En el fondo él hizo su vivencia y después la teoría", opina. "Es como el experimento", complementa Domic. El propio Jung escribió en 1957 que se trataba de "la materia originaria para una obra de vida. Todo lo que vino después fue la mera clasificación externa, la elaboración científica".

Ambos junguianos concuerdan en que es muy pronto para ver qué impacto puede tener la obra, pero en todo caso creen que no viene al caso hacer una lectura a favor o en contra: "Las vivencias no se critican...", piensa él. "...Son", completa ella. Ahora, si entendemos que en esta obra se encuentran las vivencias mentales que llevaron al autor hacia sus teorías y prácticas analíticas -en una carta de 1929 se ve que él les recomienda a sus pacientes "expresar sus contenidos particulares, ya sea en la forma de escritura o de dibujo y pintura"-, bueno, resulta por lo menos sorprendente que hayan pasado casi cincuenta años tras la muerte del autor para que el mundo conociese la obra.

Cincuenta años de espera

Domic especula que Jung pudo tener resquemores de ser cuestionado desde un punto de vista científico. Como sea, al momento de morir, en 1961, no dejó ninguna instrucción sobre el destino del libro, el que quedó en la casa del psiquiatra hasta 1984, cuando su familia lo depositó en una bóveda del Union Bank de Suiza.

Al fin y al cabo era la intimidad del patriarca la que estaba registrada. Por ejemplo, en uno de los tantos diálogos con Elías, que luego se convierte en Philebo, y su hija Salomé, Jung se pregunta: "¿Salomé me ama, la amo yo a ella?". Ella resulta ser su hermana, una hermana que le dice: "Tú eres Cristo". A lo que Jung responde: "Estoy parado con los brazos extendidos como un crucificado, mi cuerpo estrecha y atrozmente enroscado por la serpiente. '¿Tú, Salomé, dices que yo soy Cristo?'".

La obra fue siempre un objeto de deseo para los junguianos , pero la familia se negó una y otra vez a mostrarlo y ni siquiera pensar en publicarlo. Eso hasta 1997. Poco tiempo antes había muerto Franz Jung, nieto de Carl, y el más ferviente opositor a publicar la vida privada de su abuelo. En dicho año, Shamdasani se acercó a la familia con dos manuscritos que contenían partes del texto, lo que implicaba que -sin importar los cuidados familiares- extractos del íntimo manuscrito podían circular y hasta publicarse y ser mal utilizados. Tras dos años, en 1999, los herederos se convencieron: había que sacar a la luz completamente la obra, trabajo al que Shamdasani le dedicó cerca de una década.
Se puede especular si Jung quiso o no divulgar su libro. Lo cierto es que en 1959, dos años antes de morir, redactó un epílogo en el que explica que empezó a dejar de lado el proyecto en 1928, cuando conoció la alquimia a través del tratado "La flor de oro"; una obra en la que reconoció mucho de lo que había plasmado en sus pergaminos: "El contenido de este libro halló el camino a la realidad y ya no pude seguir trabajando en él".

Un alquimista del siglo XX

A propósito de la alquimia. Esa mezcla de ciencia y magia muy propia de la Edad Media, da una pista de por qué Jung plasmó su libro nuevo en un formato antiguo, gótico... medieval. Si se acepta la reflexión sobre la situación espiritual de Occidente que hace Jung -la crisis de la modernidad-, según la cual el hombre moderno estaba escindido, pues había dejado en el olvido toda su faceta mágica, arcaica para quedarse sólo con lo racional, la ciencia, la técnica; si se acepta eso, decimos, puede verse en su obra un gesto conciliador, incluso renacentista.

En la segunda parte de "El Libro Rojo" el suizo escribe: "Debo ponerme al día con un trozo de la Edad Media -dentro de mí-. Sólo hemos finalizado la Edad Media de otros. Debo empezar temprano, en ese período en el que existieron los ermitaños".
Por si fuera poco, en 1920 el psiquiatra adquirió un terreno en la orilla del Lago de Zürich, donde levantó una torre de piedra -muy en el espíritu medieval-, pues el papel y las palabras no le parecían "suficientemente reales". Necesitaba un hogar primitivo para pintar murales y tallar las paredes con sus pensamientos. De ahí que Shamdasani vea en la construcción "una continuación tridimensional del Liber Novus".

¿Qué es entonces este libro nuevo, con una forma y contenido tan singular? Responde Jung en el epílogo de 1959: "Al observador superficial le parecerá una locura. De hecho se hubiera convertido en una locura si yo no hubiera podido captar la avasalladora fuerza de las experiencias originarias. Con la ayuda de la alquimia pude finalmente ordenarlas en un todo. Siempre supe que aquellas experiencias contenían algo precioso y, por eso, no supe hacer nada mejor que ponerlas por escrito en un libro 'precioso'; es decir, valioso, y pintar las imágenes que surgían al revivirlas tan bien como fuera posible. Sé cuán espantosamente inadecuada fue esta empresa, pero a pesar del mucho trabajo y distracciones permanecí fiel a ella".

Una libro mitológico y revolucionario

Difícil criticar un libro tan personal. ¿Cómo evaluar lo que no es más, ni menos, que la descripción de una experiencia?Quizás como lo que parece ser: una obra de arte, no un trabajo científico. O como ciencia hecha arte.

Michael Dirda, del Washington Post, habla de un "amalgama alegórico-mitológica de 'Así Habló Zaratustra' de Nietzsche, los poemas iluminados de Blake, los diálogos neoplatónicos renacentistas, las escrituras orientales, el Infierno de Dante , 'Una visión' de Yeats e incluso del libro bíblico de la Revelación ".

Por su parte, Kathryn Harrison, en The New York Times , la califica como "una obra singular, fuera de toda categoría", como una "investigación en lo que significa ser humano, que trasciende la historia del psicoanálisis y pone de relieve el lugar de Jung entre pensadores revolucionarios como Marx, Orwell y, por supuesto, Freud ".

Articulo: http://diario.elmercurio.com 30/07/2011

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