dimanche 3 juillet 2011

La vieja dama y el rufián

La vieja dama y el rufián

Anna Jansson, destacada escritora policial de la actualidad, forma parte de la tradición de autores escandinavos que han cambiado nuestra percepción del relato detectivesco, otorgándole nuevos e inusitados niveles de complejidad, extensa variedad temática, notable calidad literaria.

Henning Mankell, Jo Nesbo, Karin Fossum, Asa Larsson, Johan Theorin, Arnaldur Indridason, son sólo unos pocos nombres de un extenso grupo de creadores singulares, talentosos, sin prejuicios para analizar las heridas de sus países y exponer las grietas de sociedades prósperas, donde aparentemente todos los problemas de las personas estarían solucionados gracias al estado de bienestar. Si leemos sus libros, enseguida nos daremos cuenta de que, por más increíble que parezca, la corrupción, la violencia, la desigualdad son tan habituales en estas naciones como en las del Tercer Mundo, por lo que no es recomendable emigrar a ellas en busca de un mejor estándar de vida.

Jansson ha publicado más de 15 títulos, cuenta con millones de lectores, ha recibido numerosos premios, varias narraciones suyas han sido adaptadas a la televisión y, en el año 2000, inició la serie protagonizada por la investigadora María Wern. Hablaré cuando esté muerto (Roca, 352 páginas, $15.500) es su primera ficción traducida al español y se trata de un texto perfecto, sin cabos sueltos, absorbente, de estilo impecable, con muchas sorpresas y un inusual sentido del humor. Los hechos transcurren en la isla de Gotland y en la ciudad de Visby, enclaves veraniegos donde acuden ricachones que suelen perturbar la provinciana paz del lugar, cuyos habitantes se conocen por generaciones, nadie está libre de pecados ni rumores y los muertos comparten el pasado con los vivos en un nebuloso tejido de recuerdos, alucinaciones, rencores, pasiones ancestrales.

Muy pronto, un asesino en serie o alguien que parece serlo, desencadena el pánico cuando tres mujeres, vecinas entre sí, son asesinadas sin motivo ni conexión entre los crímenes. La primera es Frida, una viuda octogenaria lúcida, brillante, quien habría muerto calcinada debido al incendio deliberado de su casa. La segunda es Ingrid, enfermera cincuentona que vive con Signe, su madre adoptiva, millonaria de la localidad. Y la tercera es Camilla, adolescente que trabaja en un supermercado mientras sus padres están de vacaciones en Francia. Poco después, Mirja, quien planea construir un balneario en la zona, es atacada a palazos y se libra por la presencia de María. El sacristán Lennart, especulador inmobiliario, también se salva de milagro tras una golpiza y una caída por las escaleras.

A estas víctimas hay que añadir una galería de personajes, todos convincentes y bien trazados: sospechosos, policías, comerciantes, periodistas, jubilados y una variopinta sucesión de hombres y mujeres, de las más variadas edades, que quedan grabados en la memoria debido a la pericia narrativa de Jansson y a su certera capacidad para conferirles acusados rasgos psicológicos. Así, en ningún momento nos perdemos, pese a la enrevesada trama y sus laberínticas ramificaciones.

En Hablaré... la indagación propiamente tal no reviste la importancia que suele presentar en este tipo de obras. El comisario Tomas Hartman, la forense Erika Lund, los asistentes Eriksson y Haraldsson cumplen bien su papel, pero la historia va por otros derroteros y la única funcionaria que une a todos cuantos aparecen en la intriga es María. A poco andar, descubrimos que Frida escapó del intento por liquidarla y sigue empeñada en excavaciones arqueológicas iniciadas por su marido, el cual sostenía que Gotland fue sede del imperio vikingo y avanzada del cristianismo en el norte de Europa. Naturalmente, la anciana no está en condiciones de realizar semejante empresa, por lo que se asocia con Joakim, un muchacho sin control, delincuente ocasional, resentido, nada de simpático y blanco de las acusaciones por los homicidios en la zona. La pareja de Frida y Joakim se roba la película, pues hace honor a la vertiente nórdica de reunir a seres muy disímiles y resulta plenamente persuasiva. La vieja dama intrépida, libertaria, culta y el rufián apuesto, malcriado, insoportable, forman un dúo extraño, aunque entrañable y sus insólitos intercambios son lo más divertido de esta amenísima novela.

La solución del enigma pasa a segundo plano frente al vasto espectro político y social retratado por Jansson. Hablaré... comprueba la vigencia del género negro y la admirable variedad de expresiones que hoy muestra.



Articulo : http://diario.elmercurio.com  03/07/2011

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