samedi 30 juillet 2011

Las fronteras de la razón

Las fronteras de la razón

Las muertes paralelas (Seix Barral, 250 páginas, $11.900), quinta novela de Sergio Missana, no sólo es su mejor título, sino que constituye una de las más satisfactorias ficciones publicadas últimamente en Chile. La historia, o, mejor dicho, las múltiples historias que construyen la madeja argumental, podrían haberse desparramado en un enredo difícil de seguir, en situaciones confusas, en episodios insostenibles. Para evitar tal descalabro e interesar al lector, quizá de modo inconsciente, Missana elige un lenguaje rico, variado, repleto de matices, si bien convencional y realista, lejos del experimentalismo y las digresiones fatigosas -algo de eso había en La calma y El día de los muertos , sus obras anteriores-, por lo que nos internamos con placer y curiosidad en una trama original y fascinante.

Tomás Ugarte, el protagonista, acaba de cumplir 40 años, es ejecutivo de una empresa de publicidad, está a punto de divorciarse de Paula, piensa tomarse un año sabático viajando por el mundo y sufre de una afección llamada amnesia global transitoria. Fuera de lo que indica el nombre de la enfermedad, vale decir pérdida de la memoria durante períodos breves, poco sabremos sobre ella. En lugar de someterse a tratamiento con neurólogos o psiquiatras, Tomás decide enfrentar por su cuenta los ataques de olvido. El problema es que mientras dura la ausencia de facultades mentales, el profesional se convierte en otra persona: "Mi sorpresa no se debe a hallarme de pronto en la piel de Matías, en Valparaíso (...). En la primera transposición (no sé cómo llamarlas exactamente: ¿desplazamientos?, ¿encarnaciones?) me encontré de golpe en el cuerpo de Inés, pero en plena posesión de mi conciencia (...). En el caso de Aurelio, el intercambio fue inmediato y definitivo: no tuve más noción de haber sido otro hasta los últimos instantes, cuando ya lo vencía el sueño, y me volví a sentir yo mismo".

Esta no es la primera ni será la última vez que un autor juega con la idea de que uno puede ser otro, de que el yo sería intercambiable, de que la propia identidad es resbaladiza, fragmentaria, sujeta al peligro constante de aniquilación. Sin embargo, Missana lo hace en un texto complejo y al mismo tiempo sencillo, cotidiano y alucinatorio, excéntrico y profundamente familiar. Además, en una intriga con tantas vueltas como un remolino, en constante mutación, a punto de desintegrarse, imposible de resumir, consigue finalmente un todo unitario, pero ambiguo, cuya interpretación definitiva queda al entero arbitrio del lector.

Inés, anciana mendiga de la Plaza Almagro, inmunda, repulsiva, mas poseedora de dignidad, acreedora de respeto, es el paso inicial de Tomás hacia su transformación total en otro ser humano. La aventura con Inés es sobrecogedora porque une dos mundos opuestos: la prosperidad y el desarraigo extremo, el lumpen y el bienestar, las dos caras de una ciudad, Santiago, completamente esquizofrénica. Esta es, claro, una lectura superficial, ya que en las delirantes andanzas de Tomás siendo Inés hay sucesivos pliegues que lo ligan con su infancia, su familia, en especial el padre, en fin, la precariedad, el desamparo, la desolación en que tarde o temprano todos terminamos viviendo.

El sobrino de Inés, Osvaldo, posee, según la mujer, un insólito parecido con Tomás; en verdad, para ella ambos son idénticos en términos físicos. No obstante, se convertirá después en Aurelio, hermano de Osvaldo, perdido en la nieve junto a Ramiro. El capítulo, que es un extenso, pormenorizado accidente de andinismo, deporte en el que Missana parece experto, culmina con un sueño deshilvanado, "que a su vez se disgrega en las sábanas de nieve impulsadas por el viento". Matías, la última representación de Tomás, es guionista de una película financiada por capitales norteamericanos provenientes de la filantropía, que se producirá en una aislada oficina salitrera, donde concurren muchos participantes, cada uno un personaje con rasgos específicos y las diferentes experiencias, remotas o actuales, se fusionan en la fantasmagórica dimensión de un rodaje cinematográfico.

Las muertes... ya lo dijimos, es un relato con tantas facetas que resulta virtualmente absurdo sintetizarlo, aun cuando se puede hablar sobre él por horas. Missana avanza y retrocede, plantea posibilidades que luego descarta y, a la postre, estira nuestra capacidad de creer en la verosimilitud de lo narrado hasta las fronteras de la racionalidad. A ratos es desesperante, pero nunca deja de ser sugestivo.


Articulo: http://diario.elmercurio.com 30/07/2011

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