samedi 23 juillet 2011

Mario VALDOVINOS/ Parodia de la narrativa chilena

Parodia de la narrativa chilena
Por Mario Valdovinos 

Siete textos forman esta novela sorprendente de Eduardo Labarca, más conocido por su práctica periodística y ensayística. Pueden también ser considerados capítulos o módulos, en el lenguaje del narrador que pretende inaugurar un nuevo género literario.

Estos módulos están arquitecturados con un lenguaje pleno de un humor de buena ley. Se trata de conferencias y/o traducciones de otros textos referentes a autores, por lo general eruditos desconocidos, estudiosos, investigadores de remota vida académica. Fuera de la actitud citadora, a la manera de Borges, el narrador básico incluye autores apócrifos junto a reconocibles y, simultáneamente, no elude las frecuentes alusiones a su obra, digámoslo así, real, la editada hasta hoy por Eduardo Labarca. Bajo la ironía, la parodia, el tono lúdico, la intertextualidad, se agazapan las autorreferencias. Pero no resultan egocéntricas y se ven como bien integradas al corpus novelesco, en el que, raro en nuestra narrativa, hay un sostenido tono festivo.

Como plan argumental, la novela elabora una crítica relativa a los escritores que han dominado la escena literaria de nuestro país en las últimas décadas. El narrador básico no elude la autoparodia ni el cuestionamiento a sí mismo, si bien explicita su fusión con la obra ya editada de Eduardo Labarca.

La novela se abre con una introducción del emérito profesor Lupus Thoruld y los momentos mejor logrados con esta eficaz técnica literaria corresponden a los viajes del protagonista, el mismo Eduardo Labarca, quien conduce un anacrónico Lada blanco, por diferentes universidades europeas, como estrambótico conferencista, en cuyos comentarios ironiza a íconos y fetiches de nuestras letras. Versan sus dirsertaciones, a veces con el estilo vertiginoso de los mails, sobre la República de las Letras, la presencia de la ciudad en la literatura latinoamericana, la figura de José Donoso, la nueva narrativa chilena, las editoriales emergentes, las revistas culturales y el modo de fabricar best sellers.

También pone su discurso en relación con los contextos, ya sean los años dictatoriales o los democráticos y se mofa de la intertextualidad, creando una atmósfera corrosiva que pulveriza el marketing libresco y las fábricas editoriales de éxitos literarios.

Así, inventa a autores de nombres como: Isabel Allende, Luis Sepur, Antonio Skarpa...
Las acciones están ilustradas por Fernanda Krahn y si bien la intriga novelesca no es ascendente, el relato se cierra en un buen nivel.
Paradójicamente, el módulo más literario resulta ser la experiencia in situ del periodista Eduardo Labarca, a propósito de la muerte del Che Guevara, 1967, en la selva boliviana.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 17/07/2011

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