samedi 23 juillet 2011

Patricio TAPIA/ Joyce Carol OATES: retrato de un matrimonio

"Memorias de una viuda" Último libro de la escritora estadounidense
Joyce Carol Oates: retrato de un matrimonio
Por Patricio Tapia 

Después de 47 años de matrimonio, en 2008 la destacada narradora Joyce Carol Oates quedó repentinamente viuda. Aparece ahora su memoria sobre la experiencia. Un libro elocuente y revelador, tan emocionante como la mejor de sus novelas.

Entre las reflexiones sobre la muerte de su mujer que C. S. Lewis recogió en Una pena en observación, anota: "Pensé que podría describir un estado, hacer un mapa del dolor. El dolor, sin embargo, resulta no ser un estado, sino un proceso. No requiere un mapa, sino una historia".

Esa historia es la que entrega Joyce Carol Oates en Memorias de una viuda, un libro más dolorosamente revelador que muchas de sus obras narrativas. El tema es uno que rara vez ha abordado: ella misma. Ella misma vista por el cristal de su viudez.

Esposa

Joyce Carol Oates es conocida -aparte de la copiosidad de sus escritos- por su tratamiento altamente literario de temas escabrosos. Ha escrito sobre mujeres intranquilas y furiosas, muchas veces víctimas de hombres monstruosos. Por estas memorias se descubre que en su "vida real" era una esposa devota y sumisa. "A pesar de mi reputación como escritora, mi vida personal ha sido tan comedida y decorosa como un papel de pared de Laura Ashley", señala en algún momento.

Memorias de una viuda es un libro tan atrapante como doloroso, en que entrega el detalle de la muerte sorpresiva de su marido y los meses posteriores. En febrero de 2008, Oates llevó a su esposo, Raymond Smith, ocho años mayor que ella, a un centro médico de Princeton. Le diagnosticaron neumonía, y por casi una semana Oates estuvo a su lado a casi toda hora. Parecía mejorar y era inminente su regreso a casa, por lo que un día se fue más temprano. Pero esa misma noche la llamaron para decirle que él estaba grave, debido a una "infección secundaria". Cuando llegó, ya había muerto, hacía poco: "me inclino sobre él mientras yace inmóvil bajo la sábana, le abrazo, le abrazo con desesperación, le beso, lloro por él, le insto a que se despierte, soy yo, soy Joyce, soy tu mujer, le suplico, porque a Ray hay que coaccionarlo, convencerlo, no es un hombre cabezota, no es un hombre inflexible, si pudiera abriría los ojos y me saludaría, lo sé; murmuraría algo divertido e irónico, lo sé; le abrazo todo el tiempo que puedo, estoy llorando, su piel está caliente todavía, pero empieza a enfriarse".

Estuvieron casados por casi medio siglo -47 años y 25 días, precisa la autora-, casi sin separarse. Lo que sigue a la muerte es la sensación de culpa. En base a entradas de sus diarios entrega una cascada de lo que piensa, de sus recuerdos, reflexiones, visiones, alucinaciones, cartas y correos electrónicos. Incluye un obituario en The New York Times , cartas de condolencia, muestras de conversaciones y correspondencia con otras personas (escritores, artistas e intelectuales, como Richard Ford, Gail Godwin, Gloria Vanderbilt, Philip Roth, Elaine Pagels, Edmund White).

Su hogar vacío es una mezcla de consuelo y desolación. Comienza a sufrir un insomnio implacable, consume (y se siente adicta) pastillas diversas. La idea del suicidio la ronda constantemente. Ve desdeñables programas de televisión en sus noches sin dormir.

Escritora

Desde los tiempos de Dickens o Balzac que no hay un escritor tan prolífico como Joyce Carol Oates. En un momento de Memorias de una viuda cuenta que en la Biblioteca de la Universidad de California hay una muestra sobre la colección de Larry Grobel de sus libros. En su presentación se dice: "A lo largo de cuatro decenios, ha escrito más de ciento quince libros, cincuenta y cinco novelas, más de cuatrocientos relatos breves, más de una docena de libros de no ficción y ensayos, ocho libros de poesía y más de treinta obras de teatro". En muchos de ellos se presentan violencia sexual, tensiones raciales, asesinatos, la irrupción inesperada de la irracionalidad y su capacidad para la destrucción.
Como señala a lo largo del libro, ella hace una distinción entre la famosa escritora, que llama JCO, y la esposa (ahora viuda). Por eso no deja sus clases en Princeton, ni sus presentaciones, lecturas públicas y viajes. "No puedo explicarles que anular el viaje no era una opción para mí. Porque si lo hubiera hecho, quizá habría anulado el próximo compromiso. Y el siguiente. Y una mañana, no me levantaría de la cama".

Pero no obstante su angustia y desesperación, Oates es un prodigio de la retención. El último día, su marido la llamó en la mañana mientras ella viajaba al hospital y el mensaje quedó en la grabadora del teléfono. Ciertamente no se contará entre las "últimas frases" más memorables: "Todo mi amor a mi cariño y mis gatitos". Tampoco borra la voz del marido que responde en la contestadora, sino hasta un año y medio después de su muerte.

Matrimonio

El libro es, sobre todo, el retrato de un matrimonio. Ella y su marido se conocieron el 23 de octubre de 1960 y se casaron el 23 de enero de 1961. Ella era ocho años menor. Crearon en 1974 la revista literaria Ontario Review , con Smith como editor, y después una pequeña editorial ( Ontario Review Books ) que ha publicado a algunos autores y parte de la inmensa obra de Oates. Curiosamente, Smith nunca leyó la obra de ficción de su esposa.

Su matrimonio parecía desde todos los puntos de vista, feliz y respetuoso. Quizá si excesivamente: pasaron años antes de que ella reuniera el valor para decirle que no le gustaba alguna música que él escuchaba. Ambos pertenecían a familias pequeñas, no tuvieron hijos.

Su relación se basaba en el silencio ("Muchas veces estábamos los dos en casa durante horas sin hablarnos ni tener necesidad de hacerlo") y la poco común práctica matrimonial de no contarse sus respectivas cuitas: "En nuestro matrimonio, teníamos la costumbre de no compartir nada que fuera triste, deprimente, desmoralizador, tedioso, a no ser que fuera inevitable".

"En un matrimonio, como en cualquier relación íntima, existen sumideros ". "O tal vez campos de minas ", dice Oates. Como si manejara el suspenso, ella aborda tarde en Memorias de una viuda los "sumideros" de su marido: la infancia en una severa familia católica. En sus papeles encuentra cosas que no sabía: una crisis nerviosa diez años antes de que se conocieran, una relación amorosa en el sanatorio en el que fue internado por esa crisis, su hermana menor internada en un centro psiquiátrico (según su novela en clave podría haber sido lobotomizada por su "rebeldía"), el alejamiento de su padre. Puede leer su novela inconclusa, Misa negra , en la que un alter ego , un sacerdote, en una de sus versiones, sacrifica su vocación por el amor de una talentosa poetisa (en otra versión, ella se mata). ¿Se refiere a su esposa?

Señala Oates que desde la muerte de su marido: "Me he dado cuenta de que mi escritura -mi 'arte'- forma parte de mi vida, pero no es la parte predominante".

Honestidad

A Oates se le ha criticado que su historia tiene un final feliz, y que ella no lo refiere. Es su matrimonio con un neurocientífico, Charlie Gross (a quien está dedicado Ave del paraíso ), trece meses después de la muerte de su marido. Ha dicho en alguna entrevista que lo conoció en agosto de 2008, comenzaron a verse un mes después y se casaron en marzo de 2009.

Janet Maslin en el periódico The New York Times sugiere que su nuevo casamiento transforma en algo así como una mentira esta memoria: un libro que podía mencionar una máquina contestadora, podría haber mencionado un nuevo marido. Por su parte, en su elogiosa reseña en la revista The New York Review of Books , Julian Barnes apuntaba como una omisión poco feliz no detenerse en ese nuevo matrimonio. Oates escribió una carta a la revista diciendo que quizá debió agregar algo así como un apéndice para poner al día su historia. Pero, indica, lo que ella quería contar era la de su viudez y el dolor inmediato de su experiencia, no lo que ocurre después. Sería como si un enfermo de cáncer quisiera relatar los detalles de su lucha con la enfermedad, no importa si después se salvó de ella: "si alguien es torturado, pero sobrevive, no ha sido menos torturado porque haya sobrevivido".

Ciertamente, no es importante para el libro. Y, en parte, lo menciona casi en la página final cuenta que en una cena para el filósofo Harry Frankfurt, conoció a un neurocientífico de Princeton.

En el libro la siempre reticente Oates -sobre ella misma- se presenta de cuerpo completo: divertida, amable, desvalida, algo neurótica, insomne. No teme mostrar sus debilidades, fealdades y, a veces, alcanza puntos de comedia negra: la presentación de una enfermera parlanchina e impertinente; cuando se le caen las cosas al desfondarse una bolsa de compras o cuando está de rodillas en su baño intentando recoger las pastillas para dormir que se le han caído en todas direcciones. "Éste es un dato ontológico: desde la mañana en la que llevé a Ray a Urgencias, desde la hora en que empecé a ser, al principio sin saberlo, una mujer sola, se ha desatado en mi vida una especie de cruda monstruosidad mitad seria mitad cómica. Monty Phyton en infinitas escenas adaptadas de textos de William Burroughs. El 'teatro del absurdo' de Ionesco, con la viuda -es decir, esta viuda- en el papel protagonista".

Libros que no cesan

En algún momento de Memorias de una viuda, Oates cuenta que al momento de morir su marido tenía una novela ya terminada: "Esta novela, sobre la pérdida, la pena y el duelo, en una mítica ciudad del norte del estado de Nueva York llamada Sparta, llegará a ser fundamental en mi vida e incluso quizá un salvavidas". Pues esa novela es Ave del paraíso (Alfaguara, 2010, 520 páginas). Efectivamente ocurre en Sparta (la misma ciudad de su novela Qué fue de los Mulvaney ) y trata del asesinato, en 1983, de una mujer, una cantante y camarera. Los sospechosos son su marido y su amante -ambos hombres son monumentos de la traición y el colapso- y el relato corre por cuenta del hijo de la asesinada y la hija del amante, donde cada uno cree que el padre del otro es el culpable.

También se recupera, por otra parte, un libro de cuentos suyos de hace una década. En Infiel (Alfaguara, 2010, 548 páginas), las protagonistas femeninas tienen una suerte de grandeza en su miseria, rodeadas de terror, pasiones, soledad y muerte: en "Amante" una mujer quiere matar al amante que la despreció con un auto como arma, o en "Asesinato en segundo grado", una abogada se enamora de un cliente, un joven acusado de haber matado a su madre. En "Au sable", un hombre llama a su yerno para decirle que él y su esposa han decidido suicidarse, pero no quiere que le cuente a su hija hasta después de ocurrido el hecho.


Articulo : http://diario.elmercurio.com 17/07/2011

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