samedi 23 juillet 2011

Oscar PORTELA/ Entrevista & Poemas




Oscar Portela, nacido en la provincia de Corrientes (República Argentina) el 5/13/50, es considerado hoy por las más importantes voces de la literatura de su país, como una de las más potentes voces de la poesía y el pensamiento latinoamericano. Administrador Cultural, ha ocupado importantes funciones en su provincia y ha integrado por dos periodos consecutivos la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores de la Argentina, presidente de la misma entidad en su Provincia, Director de revistas como Tiempo y Signos, entre otras, es y a sido Asesor de Cultura de la Honorable Legislatura de la Provincia de Corrientes. Doce títulos de su obra poética editadas (Senderos en el Bosque, Los Nuevos Asilos, Memorial de Corrientes, La Memoria de Láquesis, etc), y obras ensayísticas en las que se ocupa preferentemente del pensamiento filosófico contemporáneo, (Nietzsche sonámbulo del día), le han valido la consideración de importantes pensadores de su país...Ha publicado en España, México, Venezuela, Paraguay, y casi todos los medios de prensa de la Argentina y dictado conferencias en España, Paraguay y provincias Argentinas. Asimismo es especialista en crítica e historia del cine y es autor de letras de obras musicales en su mayoría inéditas…

Oscar PORTELA sobre Azul@rte:


Oscar Portela O el exilio de la Soledad

"Escribo para olvidar", digo y aquél
se extravía en este axioma.
paradojal es todo, hasta el destino

de los muertos que forman parte
de la memoria de los vivos.
Sigue pues tu camino. Él se adelanta a ti
y te espera, con dudas y presagios,
felicidad y olvidos.

OSCAR PORTELA 


EL GRUPO NÉMESIS le hizo llegar a Oscar Portela un cuestionario para tratar de analizar las razones de su destierro auto-impuesto en el lugar donde nació - Corrientes - así como el itinerario de su poesía.

Estas son las preguntas y respuestas que trazan el perfil de un poeta impar.
G.N.: ¿Está dispuesto a someterse a las preguntas de un cuestionario? 
O.P: He sentido una especie de horror La huída que produce el pánico
de tener que enfrentarme a las preguntas de un cuestionario porque he afirmado que escribía para olvidar y borrar mis huellas (experiencias) de vida, y de memoria.

G.N: Desde sus primeros libros hasta ahora, ¿se ha mantenido fiel a una misma línea estética?
O.P. Toda la trayectoria de la "obra está atada" no a búsquedas estéticas - sino al modo de relacionar el interminable duelo de lo vivido y sostener las búsquedas conceptuales que son el andamiaje con el cual traté de enriquecer el frágil equilibrio emocional que me permitiera seguir viviendo- con la imaginación y el deseo.

G.N. ¿Son muy fuertes esas conexiones entre experiencia vivida y poesía? ¿A qué época se remontan?
O.P. A los 12 años tras las primeras lecturas de Nietzsche decidí dejar la religión lo que desató en el ámbito hogareño el primer estado general de desasosiego: yo era sobre protegido porque fui muy enfermo de niño.
Pero ya no había vuelta atrás. Dos años después, dejé mi casa de campo para vivir con una hermana de mi padre y terminar el secundario en Corrientes.
Fue una época fantástica hasta que a veintitrés años entré en el primer estadio de desequilibrios emocionales cuando ya había comenzado mi trayectoria de creador a través del ensayo -balbuciente- y la poesía.
Desequilibrio que yo le atribuyo a la prematura madurez cognitiva y al retraso de la "vida vivida" como decía Pavese.
Fue una época de grandes tensiones y torsiones existenciales que me lanzaron a la hoguera de la acción política mientras seguía mis búsquedas en el terreno del concepto o plasmaba poemas en otros momentos.
No olvidemos que el cine ha ejercido y ejerce en mi obra una poderosa influencia que ha dejado de ejercer el paisaje de mi terruño y queda sólo como "duelo retórico".
De esa etapa de búsquedas emerge Senderos en el bosque. Hay que decir que Ricardo Mosquera Eastman -que elevó los dos últimos cantos a la altura de clásicos- calificó a este libro sin que esto fuera para él desdoroso como "literatura de literatura".
Desde entonces comenzó a hablarse de poesía hermética, de influencias orientales, surrealistas, neorrománticas, pero la crítica a veces se confunde. Podía existir un poco de todo ello ¡pero sólo era un barniz!
Raúl Gustavo Aguirre muy cauto frente al segundo libro o sea Los nuevos asilos escribió: "cantos que dudamos de calificar paganos tal es la fuerza de su reverberación bíblica". Y es que comenzaba el periplo de las grandes torsiones.

G.N.: ¿Su padre, su madre, dejaron en usted huellas muy profundas?
O.P. Un año después de la publicación de Senderos… murió súbitamente mi madre que sigue el ángel tutelar que aún me protege. Aunque existían influencias epidérmicas que se negaban a desaparecer: Francisco Madariaga dividió el libro en dos partes: "los Cantos a la muerte de mi Madre" y las restancias de Los nuevos asilos título tomado de una traducción de Hölderling de los grandes himnos pindáricos.

G.N.: En un momento se nota un cambio en la temática de sus poemarios. ¿Eso es coincidente con experiencias vitales distintas?
O.P: Todo iba en mi vida muy, muy rápido creo bajando el tono. Sin que ninguna búsqueda estética uniera mis libros escribo en la cárcel Auto de fe: en mi vida se había hecho la oscuridad total. No había ni arriba ni abajo sino voces que me llegaban desde lejos. Paradojalmente Juan José Ceselli premia Recepciones diurnas y María Elena Walsh me pregunta "adónde fue tu juventud" antes de incluir en su antología de poemas a la madre algunos de los que yo escribiera en memoria de la mía.
Nadie, ni yo mimo daba nada por mí: la traición política se ensañó conmigo, pero la amistad de aquellos que vivían en Buenos Aires me rescató de esa versión de la nada
¿Qué tiene que ver un libro de tono religioso del que Ernesto Wilde dijo que era uno de los pocos libros místicos escritos en la época con todo lo anterior? ¿Qué hilo de Ariadna puede unir estas experiencias que salen de una vida absolutamente fragmentada?
De inmediato aparece para despecho de los que esperaban mi definitivo ocaso Había una vez, como la despedida de un gran amor o por lo menos, de una gran pasión con la que culmina tal vez mi juventud. Leonor Calvera nota el cambio de tono y Raúl Vera Ocampo también lo hace: Calimaco y Kavaffis estaban junto a mí.

G.N.: ¿En que circunstancias escribió su siguiente libro, Memoria de Corrientes?
O.P.: En el '84 mi padre, convertido ya en hijo mío está una y otra vez a las puertas de la muerte pero yo conservo ese tono pánico que tanto había confundido a muchos, con influencias extrañas a mí : tanto la del Señor Claudel, como la de Foucault.
Entonces comienzo a escribir con fuerza los poemas de Memorial de Corrientes, obra que cae muy bien a la crítica de los medios de Buenos Aires. Elba Soto, Elizabeth Azcona, y María del Carmen Suárez analizan con sutileza e ingenio el libro en su presentación y ven que detrás de lo sensorial continúan las búsquedas de certezas interiores de alcance metafísico.
Horacio Armani me escribe diciendo "un camino solitario en la joven poesía argentina" y en La Prensa y Guillermo Saavedra reivindica ese juicio.

G.N.: Un momento de respiro y una cosecha de buenas críticas, ¿qué siguió a eso?
O.P.: La próxima torsión en la que comienzo a abandonar los paisajes y visiones exteriores para conectarlas a una determinada "stimung" es Golpe de Gracia, título que rinde tributo a una expresión de Jacques Derrida, y en la que cada palabra, rompiendo toda sintaxis hímnica, se mueve en los límites de una especie de reconstrucción poética. Este libro pasó inadvertido.
Años de lucha en la administración pública y en la SADE de Buenos Aires terminan en un fracaso rotundo y casi con mi vida. Los estados de inhibición, de angustia, de depresión se agudizan y, sobre la sombra de Derrida, comienza el largo e interminable duelo que constituye La memoria de Laquesis.
Sí Golpe de Gracia me llevó tres meses de elaboración, Laquesis, antes de llegar a la imprenta, me llevó cinco años
Luego me sentí extenuado Trabajar un poema es cirugía que abre heridas ya cerradas en apariencia y cuando presento el texto siento que me estoy despidiéndome de la poesía cuando en realidad me estoy despidiendo de mí mismo.
Claroscuro que salió luego es continuación, deriva y sombra de Laquesis. Un lamento inusual en mí acerca del paraíso perdido, perdido en mí como fue perdido el deseo. Continúo y estoy terminando
"Descarnado",  expresión que Ruth Fernández había utilizado alguna vez para definir mi recta vía.

G.P.: Carlo Michaelstaedter, un poeta italiano de comienzos del siglo XX, en su carta de despedida antes de suicidarse a los 23 años, dejó escrito, "muero por sobreabundancia de vida". En sus poemas aparece muchas veces la "tentación" del suicidio; la pregunta es entonces ¿suicidio por huida de la vida o suicido para predominar sobre la muerte y, como decía su admirado Nietzsche, ser "capaz de soplar sobre mí mismo para no terminar de arder?"
O.P.: Michelstaedter no hace sino confirmar aciertos nietzscheanos acerca de la conciencia desdichada con respecto de que todo exceso exige para preservar la vida el elemento apolíneo: el arte, de lo contrario, no nos queda sino el suicidio y, hay que decirlo, nunca uno se mata sino mata al que cree que es.
El suicidio es una línea de fuga y no sólo aparece en mis poemas sino que suena también en diversos momentos de una instancia de prueba para mí frente al dolor que implica la finitud y aquello que yo lo diría con palabras de Sartre: " el hombre es una pasión inútil".

G.P.: Existe, por supuesto, una soledad última, una soledad ontológica del hombre en la tierra, del hombre en situación. En sus últimos libros se ha acentuado una especie de grito de soledad, ¿por qué?
O.P.: Escribo para olvidar, no las desgracias que acarrean las Moiras sino los instantes dichosos que se niegan a irse tal vez precisamente los de la infancia.
Siento cada vez con más acritud la soledad de lo incomunicable, la falta de ternura en un mundo abandonado por los Dioses y el habla,  y porque presiento como afirmaba Heidegger, que ya sólo un Dios distinto a todo ente que se sustantivara como los enterrados puede salvarnos, acercándonos a una nueva experiencia de la relación entre lo que falsamente se denominó durante siglos "profano" y "sagrado".   
  
Canto de Dionisos
Por Oscar PORTELA

No habrá quejido en mí, ni nostalgiosos ayees
Resabios de pesares y de"doloras",
Ni exhalarán mis labios melancólicas notas
De pesares, caídas, vejaciones y llantos.

(¡El sol, El Sol, El sol y el Mar, son mi elemento!)

Allí gestó la Moira el laberinto y la luz
Cobró forma en la mirada que gira sobre sí
Sin transferir mis cantos a Hespérides ni Patmos
Para las que no quiere mi corazón camino alguno.

Aceptaré los dones que las Gracias
Pusieron en mis manos sin pedirlos y
Y cavaré el sepulcro incandescente que contendrán
Mis versos extraídos de la celebración terrestre de la vida.

 */ El libro "Golpe de Gracia" le pertenece a mi hermana LEONOR CALVERA
  

Los Adamitas
Por Oscar PORTELA

a Luisa Mercedes Levinson
María del Carmen Suárez
Y Leonor Calvera.

Adán Desnudo. Desnudo el Mar retrocedido
Ante tanta hermosura. Medida es la belleza
Mas tu hermosura es impiedad y es todo.

Los ojos del venado te contemplan
Azorados. Tan pura es la visión que el animal
Y el ave, las aguas y los vientos, el cielo
Donde reinas se demoran contigo.

Tan pura es la virginidad del cuerpo
Que rompes tu la aurora cuando aquella despierta.

Abre tus verdes ojos como algas y mueve
Tus ligeras pestañas arqueadas como plumas
Giradas hacia el cielo o entórnalas si quieres.

Donde  tu frente es amplia como verde pradera.
Luce la otra estrella.

Tiemblan las fosas de tu nariz de ave levemente
Aquilina.  Y la declinación
De pómulos hacia entreabiertos labios
Donde el mundo y su gloria deponen su osadía.

La tarde avanza lenta hacia extrema barbilla.
Y en la punta del iceberg encuentra un solo
Artista la perfección eterna. La visión
Enloquece. Cuello de aéreo cisne
Que baja hasta los hombros
Como los férreos arcos que sostienen la tierra.

La áurea espalda baja hasta cintura- junco
Donde concentra el todo su alimento terrestre.

Y el  monte el monte el monte
De tus dos nalgas prietas como estremecimientos
De Islas del Egeo.

Muslos que los delfines y  orfebres
Encontraran quiso emular el héroe.

Y tu  tórax de acero que define
Tu vientre de caderas
Que juegan las fugas de un  concierto.
  
¡Adán, Adán desnudo en un día primero!

Ninguna desnudes tan desnuda como ésta.

Tu sexo de paloma erguido entre las piernas.
Y tú reinado aquí en éste mundo nuestro.

Este es el paraíso y ésta tu luz austera.

Oh palmera a la vera de una mar suntuosa.
Este es el paraíso. Y tu mano contiene los frutos
Que aquel día tú comiste sin vernos. Nosotros somos
Frutos. Tu sed y tu hambre todo.

Nosotros poseídos de tu rayo celeste.
Nosotros Adamitas siempre te fuimos fieles.

Estas tú, rey de un orden de amores. Y nosotros tus siervos.
Solo tú desnudes vela la gracia eterna.

Danos tu cuerpo entonces. Poséenos postreros
Que el grito de un amante
Es un hijo perfecto.


El Canto
Por Oscar PORTELA

Vuelve canto a mi boca. No abandones los sueños
Y las videncias que prohijaste en mí y en las que ardí
Por una eternidad apenas como alegoría del instante.
No me dejes ahora que los harapos de las visiones
Del verbo son sombras que me acompañan hacia
La luz final que oculta la melodía en la que
Se perdieron mis horas: haz de mí nuevamente
Un fanal de venenos y mieles, y reúne todo lo mortal
En las imágenes que han venido hasta mí
Solo para crucificarme: otórgame tumbas y resurrecciones,
Sarcófagos y soles espectrales para que la soledad
No me devore y abandoname luego a la intemperie,
De aquellos elementos que me elevaron por encima
De aquel que no es más que un rapazuelo, capaz de abrir
Sus ojos para que el Dios en su más pura forma
Crezca como asfódelo entre los pliegos de mi carne.
Ábreme, no me cierres a la osadía de ser la llaga
Del sentido, y deja que las videncias en las que iluminé
El camino del apostata, las islas del Egeo, el cuerpo de Theo,
Los ojos de Theo, en los cuales se ocultan todas las mieles
De la Estigia, sus piernas y su cintura que copian
Los peligros de la aventura de Odiseo sean el postrer
Ejercicio de haber estado aquí sirviéndote, y haz que el
Colibrí beba de mí por última vez, mientras mis ajadas
Manos acarician el cabello del Dios a quien me rindo:
Ámbos mortales, ámbos solo búcaros, que buscan
Morir en el amor para resucitar tal vez convertidos
En lobos ya solamente para servir a la luna.
Pero ahora dame una vez más aquel veneno
Con el cual curé mis heridas para construir imágenes
Que solo hablan el sinsentido de tu loca
Carrera, Oh canto, nocturna estrella de zafiro
En la frente de Theo por un segundo más, por un segundo
En sus tobillos y el empeine de sus pies, por un segundo más
Por un segundo déjame desaparecer en sus límpidos
Ojos, déjame morir en él como la rosa que vive por un segundo
En el cántaro que la aprisiona, poséeme luz una vez más
Para que transfundidos y ya eternos de nuestros cuerpos espectrales
Gotee el aceite de la Eternidad, porque yo te amo- Theo- Eternidad.


El Camino hacia la Desnudez en la Poetica de Oscar PORTELA
por MARÍA del CARMEN SUÁREZ

I

La desnudez puede ser calvario o un camino hacia la dicha, también revelación y pasaje a otro estado de conciencia. Oscar Portela despliega en el poema "Los Adamitas" toda su originalidad desde un tiempo sin tiempo, en el centro mismo de un ritual antiguo y secreto.

El cuerpo es el vehículo de conocimiento, el poeta repite una ceremonia, accede a ese centro, a un área sagrada, fundante y desnudo como aquellos adamitas, sólo tiene la palabra como eje, como consagración y cima.

Escribe "Tan pura es la virginidad del cuerpo / Que rompes tú la aurora cuando aquella despierta"

Celebración. Poema destilando un profundo conocimiento del despojarse. Estar desnudo es volver a nacer, es sentir la cercanía y la frontera con el otro.Es estar en la más profunda soledad.

.... "Nosotros poseídos de tu rayo celeste" escribe. Sí, celebración de los cuerpos , ritual que ahuyenta la muerte. Portela resume, quizá , en este poema toda su poesía.

Está el paraíso buscado, el origen, el paisaje y la indagación constante en su yo más profundo,en su erotismo.

La creación es el camino de este poeta argentino, originial, único, implacable en su desnudez interior, en su dedicación plena al arte sublime de la poesía. Quizá como conjuro para que no se cumplan las dos líneas del maravilloso Luis Cernuda "Tierra, tierra y deseo/una forma perdida".

II

A partir de este poema sobre el cual nos expresamos con contudencia,  Oscar Portela no sólo enfatiza como en toda su obra - el valor de la belleza como categoría sustancial del ser sino que abre una puerta muy potente para hacerlos reflexionar acerca de lo efímero.

Es este un poema circular, un texto remolino, un ir y venir como en una danza de derviches para llegar al éxtasis, salir de sí mismo y caer en la oscuridad de un tiempo detenido.

Y allí está la desnudez primigenia, sin culpas, sin mandatos impuestos.

Dos frases de Miguel de Unamuno se enlazan con el poema:

"El que no sufre tampoco goza, como no siente calor el que no siente frío."

Oscar Portela es un buceador y sabe de estos temas. La otra sentencia del español:

"Y es que en rigor la razón es enemiga de la vida".

Oscar Portela apela a lo sensorial, al sueño y al aire, a aquello que no se ve pero existe , a los resortes secretos del erotismo, a los misterios de la "pequeña muerte", que es también la unión de los opuestos para arribar desde el deseo a la redención.

Recordemos a George Bataille cuanto afirma :

"El sentido último del erotismo es la fusión, la supresión del límite".

Nuestro poeta ha trabajado muchos años en busca de la luz aun en la más terrible tiniebla, esa que quizá nos haga saber el sentido profundo de la existencia.

En su poema"Resurreción" vuelve a remitirnos a unas lìneas del gran Luis Cernuda, "Alma, deseo, hermosura, / Son galas de las bodas Eternas con la muerte. 

Pues "Resurrección" es justamente la "petit mort", la pequeña muerte que es el orgasmo, pues allì en el clìmax del deseo el tiempo se detiene, todo queda suspendido en un halo de fuegos y luces, en un abismo desde donde se vuelve a nacer. 

Este poeta extraordinario que es Oscar Portela no le teme a la osadìa, y al nombrar las cosas les otorga el peso contundente de la vitalidad, él nombra, acude a las palabras que vienen de lo hondo del cuerpo y del alma.

El olvido momentáneo del yo en el paroxismo del deseo es la maravillosa vivencia de estar en el otro, soltando amarras, renaciendo para volver a comenzar. 

Un poema de dualidades, de extremos, desmesura y gran belleza.

María del Carmen Suàrez. Buenos Ares 3 de diciembre del 2010

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