dimanche 10 juillet 2011

Pedro Pablo GUERRERO/ Juan MIHOVILOVICH: "Todos anhelamos dominar a otros"

Novela "Grados de referencia"
Juan Mihovilovich: "Todos anhelamos dominar a otros"
Por Pedro Pablo Guerrero

El narrador y juez de Letras de Curepto rastrea en las décadas del post-golpe los orígenes del dictador que llevamos dentro.

Desde su pieza de trabajo, rodeado de libros, mira a través de una amplia ventana la playa de La Trinchera, situada en la comuna de Curepto. El mar está quieto, a unos trescientos metros, pero todavía ve en sus orillas un grupo de árboles que el maremoto arrancó de raíz. "Un lugar que me ha dado cierta paz y sosiego coincidente con el paisaje y el amor que vibra en su interior", dice Juan Mihovilovich, satisfecho, después de tres cambios de casa que siguieron al último terremoto.

Grados de referencia , su más reciente novela, escrita en tres meses, nació de una catarsis. "Pero no en el sentido griego del término -aclara el autor-, sino como una manera de expulsar determinados recuerdos que han perturbado transitoriamente la conciencia. Y digo transitoriamente, porque el texto evidencia un tránsito, un trayecto. Y es paradójico que la haya escrito en la vieja casa de adobe que habité en Curepto hasta el día del terremoto. Es decir, ahora que lo pienso, surgió como una especie de desmoronamiento interior y exterior".

El título del libro alude a una teoría según la cual al inicio de la vida cada ser humano se relaciona con no más de cinco personas y a través de ellas se va vinculando con otras, pero siempre reaparecen las primeras. Al interior de la novela, el narrador sugiere que la tesis de los grados puede ser un pretexto para escribir esta novela. La portada del libro, desarrollada por Vania -hija del escritor-, refuerza esta idea. "Representa fielmente el contenido del texto: una telaraña que va entretejiendo el destino del y los personajes", según Mihovilovich.

El miedo en los genes

El protagonista conduce el relato a través de un monodiálogo, forma de diálogo en la que solamente una persona habla, pero siempre dirigiéndose a un interlocutor desconocido para el lector, cuyas respuestas son transmitidas a través del protagonista. Mihovilovich explica el uso de este recurso para abordar las décadas del post-golpe: "Debía buscar un tono interior que implicara, por un lado, sacar desde adentro del personaje lo que éste había sentido y sufrido con el trauma general y, por otro, relacionar su mundo interno con las vivencias empíricas, tanto propias como del entorno. Debía moverse con cierta soltura expresiva, como si estuviera cómodamente sentado en el living de su casa conversándole a un amigo imaginario, alguien un poco ajeno al drama o la historia contada, pero que podía hacerla suya si la charla fuera convincente".

-Se reconocen en el libro a personajes de la historia reciente: Luis Maira, Manuel Contreras, Mariana Callejas... ¿Por qué sentiste la necesidad de escribir sobre ellos?
-No pretendí escribir a priori sobre nadie en particular. La novela sí refleja parte de la historia política reciente, pero no se trata de una narración circunscrita a un ámbito exclusivo. Se nutre de las vivencias que el personaje va reconstruyendo en esa idea, aparentemente esquemática, de entrelazar sus experiencias con las de otros personajes. Y en esa perspectiva resulta lícito dar cuenta de ciertos tipos, o estereotipos, que la historia o la vida van generando. El que haya conocido a tal o cual personaje público le sirvió al narrador para conformar algunas personalidades literarias donde se mezclan virtudes y defectos, como en todo individuo.

-¿Qué derecho tiene el lector a reconocer una voz autobiográfica tras el relato?
-No digo nada nuevo al señalar que terminado un texto narrativo deja de ser propio. El lector podrá ejercer su legítimo derecho a leer una voz autobiográfica como también a sentir o suponer que lo narrado resulta tan inverosímil que sólo la ficción puede encuadrarla, porque, ¿no resulta increíble que la realidad nos otorgue por décadas la vigencia del miedo y el horror como parte de la normalidad ambiental? ¿No resulta descabellado constatar que el mundo moderno sea un reflejo aumentado de los peores imperios del pasado? ¿No es aterrador y sorprendente que la historia sea tan poco imaginativa en sus peores perversiones y atrocidades?

-El miedo como motor de la historia, más que el dinero, el poder o el sexo, ¿cuándo nace?
-Es probable que la experiencia de una larga dictadura haya entronizado en nuestro interior gérmenes de un miedo inconsciente y que aflora cada cierto lapso como algo no resuelto, ya sea en la vida personal o colectiva. Sin embargo, el miedo como factor que condiciona la vida humana excede las dictaduras. Tiene que ver, me parece, con ese afán de dominio perenne con que sometemos a nuestros semejantes, o al que somos sometidos. Está casi en nuestros genes.

-El trabajo que desarrollaste en derechos humanos, generalmente clandestino, ¿te enseñó que, a fin de cuentas, no podía confiarse en nadie plenamente?
-En tu pregunta hay una conclusión lapidaria, pero real. En esos tiempos la credibilidad era permanentemente testeada por las dudas, las vacilaciones, las desconfianzas. Sin embargo, el sólo hecho de colaborar en la defensa o promoción de los derechos humanos a uno le llenaba el alma. Por supuesto que había riesgos, ¿quién no los tenía? Sólo que el simple hecho de difundir esos derechos tan vapuleados y desconocidos entonces otorgaba una potente fuerza interior. El personaje central dice que mientras un solo ser humano esté prisionero la humanidad no podrá ser libre. Y esa prisión no está referida únicamente al encierro físico, que de por sí ya es terrible, sino al enclaustramiento mental que, a la larga, termina por ser tanto o más destructivo que aquél.

-¿El "dictador que llevamos dentro" en el que insiste el narrador es afín al "pequeño hombrecito", de Wilhelm Reich?
-Tuve algunas dudas respecto del título de la novela. De hecho pensé en algún momento denominarla Nuestro Dictador (Interior). El concepto resume la idea de que en determinadas circunstancias un individuo cualquiera puede llegar a exteriorizar sus afanes de dominio. Cual más cual menos, todos anhelamos dominar a otros. Cuando yo trabajaba en Gendarmería, el director nacional me comentó como un hecho anecdótico que un empleado del aseo le pidió que lo nombrara jefe en uno de los pisos. El cargo era innecesario y al consultarle sobre el motivo de la petición, el empleado contestó que sólo le interesaba mandar a alguien. La naturaleza humana sigue idéntica, más allá de la supuesta evolución de la especie y, por lo mismo, perfectamente podría ser afín a la tesis que Reich desarrolla en Escucha, pequeño hombrecito , que leí en mi época universitaria y que me conmovió profundamente, porque percibió el futuro humano con precisión asombrosa.

Su admiración por el Padre Pío

El narrador de Grados de referencia está en permanente búsqueda espiritual: desde su contacto en la adolescencia con los rosacruces y el esoterismo de Lobsang Rampa, transitando en la vida adulta hacia el catolicismo -y el intento por unirlo con el socialismo en el movimiento de la Izquierda Cristiana-, hasta un paso fugaz por la masonería. Hacia el final del libro, sin embargo, siente lo que Mihovilovich define como "una serena expectativa" en la que ya no caben los dogmas ni las respuestas concluyentes que se buscan con urgencia en la juventud.

-¿Compartes la admiración del personaje por el Padre Pío?
-Sí. La primera vez que escuché hablar de él debió ser en los años 80 a través de mi compadre y fraile capuchino Sergio Hernández, padrino de bautismo de mis dos hijos mayores, quien había pasado del marxismo al cristianismo producto del sufrimiento humano: estuvo tres años encarcelado tras el golpe del 73, con 18 años recién cumplidos. Él me habló de un ser excepcional que le daba sentido a la Orden a la que pertenecía y me relató parte de sus milagros cuando todavía el Padre Pío era un virtual desconocido. Más tarde, al conocer el trabajo del místico brasileño José Trigueirinho entendí que la labor de depuración espiritual del Padre Pío excedía los restringidos límites de una religión oficial. La energía que lo sustentó en vida sobrepasa también su existencia física. El hecho de que hiciera uso de poderes sobrenaturales, como la bilocación o la premonición, o su permanente trabajo de depuración anímica a través del rito de las confesiones, me sirve para comprender que ciertos individuos son parte de un oculto designio espiritual que permite mantener la esperanza en la raza humana. Y quizás, ¿por qué no?, en algo más que ella.

Articulo : http://diario.elmercurio.com  10/07/2011

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