samedi 30 juillet 2011

Sara BERTRAND/ Nuevas formas de narrar: el soporte NO importa

Literatura 2.0 Voces literarias en la era digital
Nuevas formas de narrar: el soporte NO importa
Por Sara Bertrand 


La velocidad de los tiempos actuales no permite la nostalgia y se impone, en cambio, la incerteza. ¿Cómo será el libro digital, si hablamos no de soporte sino de narrativa? ¿Breve? ¿Una magra y poética concentración de tweets en formato libro? O, como apuestan muchos, un revival del cuento y la nouvelle . Sobre lo que ha de venir opinan autores nacionales.  


La irrupción del libro digital versus la versión en papel es al mismo tiempo una revolución y un desafío para los escritores. Sí, porque mientras los conglomerados editoriales temen por el futuro de sus ganancias digitales, para los narradores 2.0 el panorama es alentador. ¿Qué importa que sea en piedra, papel o pantalla, si seguirán escribiendo? Y es un hecho que, sea por ventanas, clics, links , imágenes o videos, las nuevas tecnologías acercaron el texto a las personas. En este revival de las letras abundan los productores de medios, los espacios de concentración escritural, la inmediatez, el vértigo de un ritmo acelerado, incluso más rápido que la imaginación y el uso de los símbolos metamorfoseados en lenguajes.

En ese contexto, el libro digital entendido como una obra producto de esta velocidad, fractura y dispersión, pertenece a un futuro que aguarda su nacimiento, quizás, para unos años más. Mientras tanto, nacen animales híbridos, libros mestizos como los llama la escritora Alejandra Costamagna, engendros de una transición que va mucho más allá del soporte.

El futuro de los Karénin

No hay pueblos sin memoria, tampoco novela sin pasado. O en palabras de Milan Kundera "el espíritu de la novela es el espíritu de la continuidad: cada obra es la respuesta a las obras precedentes". Pero no por eso deja de sorprender que las llamadas "nuevas" formas de escritura venidas de Facebook, Twitter o blogs, finalmente sean parte de una tradición narrativa.

Así, cuesta pesquisar lo realmente nuevo. Quizás la inmediatez es lo más distintivo, pero el resto no parece ser más que el juego perpetuo de los amantes de la literatura. En este sentido, la fragmentación y brevedad características de las redes sociales y que se ha colado en muchas voces emergentes, como la de Diego Zúñiga en su obraCamanchaca (Calabaza del Diablo, 2009) o de Antonio Díaz Olivo y La soga de los muertos (Alfaguara, 2011), ha potenciado una forma escritural anterior. El mismo Zúñiga no está seguro de que sus párrafos cortos tengan que ver con las nuevas tecnologías, sino más bien con el embrujo que recibió de Borges y su habilidad para condensar biografías en pocas líneas como en Historia universal de la infamia . Escritores como el mexicano Mario Bellatin o Nicanor Parra son grandes innovadores de la palabra y han iluminado a estas nuevas generaciones. Alejandra Costamagna señala: "La concentración de significado que requiere un tweet de 140 caracteres implica afinar un tipo de lenguaje relacionado con la poesía, que va al hueso y aunque no sea nueva como forma narrativa, es difícil imaginar cómo se traspasará generando una tradición literaria".

Probablemente la web y el futuro digital de la palabra no enmarcará una sola forma de escribir, sino que se caracterizará por la diversidad. Miles de voces y estilos conviviendo en una metafantasía fantástica como la que imagina el escritor Jorge Baradit: "Un mar de producciones que llenará el mundo, a través de editoriales que no serán más que agencias de medios. La producción narrativa se ampliará y para cada nicho habrá espacio".
Al escritor y guionista Galo Ghigliotto le interesa lo que ocurre con el uso de los símbolos lingüísticos. Según él, asistimos a algo así como el nacimiento de un lenguaje universal: "Loquísimo, con abreviaciones de palabras, dibujos y signos que se han incorporado como elementos literarios y que, probablemente, se homogeneizarán entre los idiomas". Porque la red generó lenguajes, acortó distancias y comprimió textos, aunque -calma- ninguno piensa que obras de la talla de Anna Karénina o Los hermanos Karamàsov vayan a desaparecer.

Según el escritor Francisco Ortega, los clásicos sobrevivirán porque "siempre habrá lectores que quieran apreciar la belleza de esa literatura", aunque está convencido de que habrá un revival de esa moda de adaptarlos a formato de bolsillo. " Oliver Twist en cuarenta páginas o Anna Karénina en un thriller de cien páginas perfectamente compatibles con el formato digital", dice.

Pero todavía sobrevive el anhelo por la extensión literaria, es decir, el desafío de construir un mundo y sus personajes con toda la complejidad que ofrece la literatura. Algo que experimentó María José Viera-Gallo mientras escribía lo que se convirtió en el bosquejo de su Memory Motel (Tajamar, 2011). Nacida del blog El desquite de Agatha B, de repente se le hizo estrecho el formato de columnas cortas y en primera persona: "sentí que no me dejaba ensancharme en la exploración de la literatura y su lenguaje", cuenta la autora. Por eso decidió "escribir" una novela poniéndose restricciones: "que cada capítulo no tuviera más de cuatro páginas, que el encabezado fuera como un twett , un resumen de lo que sucedería: 'vivía en una gran ciudad pero mi vida me parecía cada vez más pequeña". De esta manera, la novela funciona como twitter y se puede leer a partir de esa primera frase. Un ejercicio de 250 páginas.

Extensión que también anhelan Zúñiga o Díaz Olivo, ambos formados literariamente gracias a la web y sus contactos, lecturas y el mapa literario que construyeron ahí. En agosto Díaz lanza su primera novela, o nouvelle , de 180 páginas, mientras trabaja en un proyecto de largo aliento (sobre 500 páginas) que ganó una Beca de Creación Literaria. "Vivimos en un mundo en que se han disuelto las fronteras y la única forma para narrar esa complejidad e incerteza es una novela grande", dice.

Frente a ello, Baradit advierte: "El suave aroma de la pulpa y el acre de la tinta son placeres de ancianos que se están muriendo. Si adoras el libro como objeto, eres de los que van a morir antes. Lo siento". Según el escritor, seguirá habiendo libros puramente de texto durante un buen rato, hasta que mueran los escritores no nativos, pero el papel desaparecerá. "¿Qué queda del soporte fotográfico? ¿Cuántas familias siguen teniendo álbumes de papel?", cuestiona.

Por su parte, Viera-Gallo se pregunta qué habría pasado si Flaubert hubiese podido twittear La educación sentimental a los adolescentes parisinos. Esa línea directa con el lector es una de las posibilidades más adictivas que ofrecen las nuevas tecnologías, sobre todo en un oficio que requiere "apartarse a las sombras". Y ahí está, a unos clics de distancia, el contacto directo, fresco y día a día con los lectores... Por eso, ante la disyuntiva ermitaño o conectado, todo parece indicar que será fundamental estar on line . Sobre todo, porque, como dice Ortega, gran parte de la difusión del libro electrónico será responsabilidad del autor, quien podrá no tener plata para hacer publicidad, pero sí para twittearlo , anunciarlo en tu blog o en Facebook. O bien, subir a Youtube un tráiler de novela como lo hizo Viera-Gallo con Memory Motel . Costo cero.

Zúñiga duda: "Me parece bien como promoción de textos, pero la escritura, en realidad, seguirá siendo lo de siempre: un tipo solo sentado frente a una hoja en blanco". Según Costamagna, la forma en que se organicen los escritorios mentales determinará cómo lidiaremos con los nuevos formatos. Porque las nuevas tecnologías inducen a la lectura por un laberinto de ventanas que son saltos, nuevas posibilidades, frases que quedan resonando y llevan sus lecturas por derroteros no imaginados. En la web se lee muchísimo, aunque claramente no en el orden en que se haría en papel.

Peladas de cable

Sí hay consenso en que la red y lo digital permiten juegos de materialidad, narración y dispersión impensados hace algunos años. Sobre cómo se imaginan el libro que viene hay de todo, pero la mayoría se inclina a pensar que el cuento y la nouvelle tendrán una nueva chance después de que el área comercial de las editoriales los consideraran mal negocio. "Podrás bajar un cuento como quien baja canciones en Itunes", señala Ortega. Es un convencido de que con el libro electrónico pasará lo mismo que con la música: "Vender una novela por entregas como si fuera una serie, semanalmente un capítulo". Ahí cobra importancia la literatura, es decir, la forma narrativa capaz de enganchar a los lectores para comprarla hasta el final.

Por eso mismo, tal vez, casi todos se motivan por experimentar con el contenido. Usar la literatura como una plataforma donde se instalen simulacros que proyecten lo inconmensurable de la vida humana, como asegura Galo Ghigliotto.

En otras palabras, jugar con la palabra desacralizando sus formas, pero sin olvidar que la belleza estará siempre en lo literario.

Articulo: http://diario.elmercurio.com 30/07/2011

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