samedi 23 juillet 2011

Walter OPPENHEIMER/ Polémico NAIPAUL



ENTREVISTA:
Polémico Naipaul
Por Walter OPPENHEIMER 

El Nobel británico intenta llegar "hasta los inicios de todo" en su nuevo ensayo La máscara de África. El controvertido autor, quien declaró que las escritoras son inferiores a él, da muestras en esta difícil entrevista de su agrio carácter.

Vidiadhar Surajprasad Naipaul, más conocido como V. S. Naipaul, o Sir Vidia, no está de buen humor en esta soleada mañana de lunes. En realidad, al decir de la documentación consultada para preparar esta entrevista, Sir Vidia casi nunca está de buen humor. Esta mañana, desde luego, no. Está sentado, bastón en mano, en un sillón más bien angosto para su notable humanidad en una luminosa y acogedora sala de estar de su cottage en Wiltshire.

No es fácil llegar hasta allí. Una hora y media en tren de Londres a Salisbury y veinte minutos en taxi hasta Salterton. Los veinte minutos se transforman en media hora larga: ni el taxista ni el satélite parecen saber dónde está el cottage.¿Será este de aquí? No, no parece. Un coche bloquea la carretera, no hay ni siquiera un rótulo con el láctico nombre del lugar, la casa parece cerrada. Llamada a Londres, aclaraciones, segundo intento: sí, era ahí.

Y ahí está Sir Vidia (Trinidad, 1932), premio Nobel de Literatura en 2001, elevado por algunos al altar de mejor escritor británico vivo. Quizás lo fue. Pero leyendo La máscara de África. Un viaje por las creencias africanas (Mondadori), nadie diría que lo sigue siendo. Los que saben de África no parecen muy impresionados. Y los que no sabemos, tampoco. Naipaul nos cuenta que África es sucia, sus ciudades superpobladas, que la religión nativa es buena pero es mala pero es buena, que en cuanto te descuidas los chamanes y los taxistas te van a cobrar más de lo debido...

No está claro si Sir Vidia está molesto por los 10 minutos de retraso o por la presencia al parecer inesperada de la fotógrafa. O quizás le dure el disgusto por las malas críticas que el libro recibió cuando apareció en Inglaterra el año pasado. "Es insensible, aburrido, nada esclarecedor y mal escrito", escribió Emily Witt en The Observer. "Tóxico, poco investigado, sin verificar", opinó en The Sunday Times Robert Harris, a quien algunos pasajes le recuerdan al político fascista Oswald Mosley "cuando se presentó a las elecciones en Notting Hill en 1959 acusando a los hombres negros de África de comer carne de perro y mantener a las mujeres encerradas en los sótanos".

Quizás Sir Vidia está de mal humor porque no le apetece ver a un periodista precisamente ahora, cuando unas declaraciones suyas declarándose superior a las mujeres escritoras han despertado los viejos fantasmas sobre su carácter, descrito con inusitada crudeza por Patrick French en 2008 en una biografía autorizada que retrata a un hombre egocéntrico, vanidoso, inseguro, extraordinariamente cruel con su primera mujer, Pat, fallecida de cáncer en 1996.

O quizás no le apetece perder el tiempo con un interlocutor al que adivina inculto y sin nivel para analizar su literatura. Él, hijo de periodista mediocre, parece aborrecer la profesión. Y, sin embargo, sus libros de viaje tienen mucho de periodísticos: ir, preguntar, generalizar...

La entrevista va mal. Desde el primer instante. No hay química. La mirada de Sir Vidia destila cada vez más impaciencia, más desprecio. Sus respuestas secas, cortas, sin ninguna complicidad, desarman al periodista. La provocación de hurgar en su pasado personal agota la escasa paciencia del autor. Sir Vidia no grita: pero corta el aire con el desdén de sus gestos, su lengua de acero, su inglés inmaculado. Al final se niega a moverse del sillón para la sesión de fotos con Ione Saizar. ¿Problemas de movilidad de un hombre de casi ochenta años o rabieta de artista endiosado? Al día siguiente, la venganza: no autoriza la publicación de las fotos. Está acostumbrado a quedarse con la última palabra.

PREGUNTA. O sea, que usted es la persona de la que todo el mundo tiene miedo.
RESPUESTA. No. No, no, no... ¿Por qué lo dice?
P. Porque no soy un experto en literatura, soy el corresponsal del periódico en Reino Unido y he leído lo que dicen sobre usted para preparar esta entrevista. Y dicen que es usted muy gruñón, pero no parece que sea tan gruñón.

R. No es verdad. No es verdad. No es verdad. OK. O sea, ¿usted es el corresponsal político...?
P. Sí. Hago de todo, pero sobre todo política.
R. ...

P. ¿Qué es La máscara de África? ¿Por qué el nombre? ¿Qué representa? ¿Por qué lo ha hecho ahora?
R. Masque es una palabra del siglo XVIII que significa una obra, no una obra normal sino una obra con un poco de música, y texto. Pensé, La masque de África, la obra de África. Es masque, no mask, que significa la máscara que uno se pone. Masque es una especie de obra. Una obra.

P. ¿Y qué representa? ¿Qué representa esa obra a sus ojos? ¿Es África una obra, una ficción?
R. No. Representa lo que he escrito. Representa todo lo que está en el libro, lo que he escrito.

P. ¿Por qué África? Usted es de origen indio, nacido en Trinidad, vive en Reino Unido. ¿Por qué necesitaba escribir sobre África?
R. Porque es interesante. Porque me interesa el mundo. No creo que tenga que tener una razón especial para ir a África. Igual que no necesito una razón especial para ir a Japón. No hay necesariamente una razón.

P. Creo que usted no es una persona especialmente religiosa. Obviamente la religión es importante para la gente y...
R. No soy religioso. Pero estoy interesado en la religión.

P. ¿Por qué? ¿Le importaría desarrollar un poco más su respuesta?
R. Está en el libro. Estoy interesado en el desarrollo de la creencia. Estoy interesado sobre todo en el comienzo del desarrollo humano. Por eso estoy interesado en las creencias africanas. En hasta dónde se remontan en los orígenes del desarrollo del hombre.

P. Usted ha estudiado el islam, el hinduismo, conoce muy bien el cristianismo. ¿Cómo los compara con las creencias populares africanas?
R. No hay comparación. No hay comparación.

P. No hay comparación...
R. No. No, no, no...

P. Ya veo. Usted viene de un país colonizado. Ha escrito mucho acerca de colonialismo. Han cambiado con el tiempo sus opiniones sobre el colonialismo? ¿El hecho de que usted conozca muy bien la sociedad británica, el país colonizador, ha cambiado su visión acerca del colonialismo?
R. ¿Por el hecho de estar en Inglaterra? No. No, no, no...

P. Hay gente que dice que usted no tiene nada realmente nuevo que decir. Que su carrera fue brillante pero de alguna manera está acabada. ¿Qué le dice usted a esos críticos?
R. No les diría nada. Debería usted preguntar a la gente que lo ha escrito. No me pregunte a mí. No tengo nada que decir.

P. ¿Y por qué cree que es una figura tan controvertida?
R. Eso es un accidente. La cuestión es que una vez que tienes esa reputación, la gente ve controversia en todo lo que dices. Incluso cuando no es nada.

P. Pero usted ha sido citado, no sé si correctamente o no, diciendo "si un escritor no genera hostilidad, está muerto". ¿Ha dicho usted eso?
R. No, no lo he dicho. Me han citado de forma incorrecta.

P. No le gusta ser controvertido.
R. No, no me gusta.

P. Entonces, cuando hace poco dijo "las mujeres son desiguales a mí", lo que...
R. No, no dije eso en absoluto. Ese es un gran error. Me hicieron una pregunta acerca de la escritura, de literatura, y eso es lo que estaba contestando. No estaba hablando de la mitad de la humanidad. No haría algo así.

P. ¿Y por qué cree que las mujeres, escribiendo, son inferiores a los hombres o al menos a usted?
R. Esa es una afirmación que hice en una reunión pública y dije que la escritura de las mujeres es sentimental y cosas como esa. Pero no quiero defenderme porque eso volvería a agitar las cosas.

P. Otra gente dice que usted es racista.
R. No sé qué quieren decir.

P. ¿No sabe qué quieren decir cuando dicen que es usted racista? O sea, no es usted racista.
R. No sé qué quieren decir. Una vez más, tendría que preguntarle a ellos qué quieren decir.

P. Déjeme preguntarle algo que normalmente no le gusta que le pregunten. Cuando usted aceptó en público que en el pasado solía tener relaciones con prostitutas, ¿era esa una reacción de culpabilidad por la manera en que se relacionó con Pat, su primera mujer?
R. No creo que tengamos que hablar sobre eso, porque creo que dejamos claro que queríamos hablar solo sobre el libro africano. No queremos ir a cuestiones personales. Eso se lo habían dejado claro, ¿no es así?

P. Sí. Sí, sí. Y qué me dice acerca de Paul Theroux. ¿El hecho de que se estrecharan la mano el otro día significa que vuelven a ser amigos o fue una mera cuestión social?
R. Creo que significa que un episodio más bien tonto se ha acabado.

P. Sé que no quiere hablar de Pat y todo eso, pero mi pregunta no iba orientada en ese sentido. Eso son cosas del pasado. Lo que quería es saber si es un gesto de contrición el hecho de que usted admitiera en público algo que le avergonzaba o el hecho de que estreche la mano a una persona con la que ha tenido un desacuerdo.
R. No entiendo lo que me está diciendo.

P. ¿Podemos interpretar como una confesión de estilo católico, como una contrición, esa admisión de los propios errores, como si fueran pecados, al decir en público algo que es muy privado y aceptando la responsabilidad de ello?
R. ¿El qué es muy privado?

P. Su vida, su relación con Pat, el hecho de que le guste o no ir con prostitutas.
R. Le he dicho que no hablaríamos de eso.

P. No intento hablar de eso, intento plantearle si está usted evolucionando hacia...
R. Creo que es mejor que llamemos a mi mujer. Ella va a afrontar algunas de sus preguntas.

P. Déjeme preguntarle algo acerca de cuando usted empezaba a ser un escritor y sus dificultades para saber de qué escribir. Cómo afrontar el hecho de que usted quería escribir una novela, que en principio debería ser algo imaginario...
R. [La criada le explica que su mujer se ha ido de compras y no está en casa, y le pregunta si necesita algo] No. Quería que nuestro corresponsal hiciera lo que había aceptado hacer, pero él quiere adaptar...

P. No, no, no. No se preocupe, no quiero adaptar nada.
R. Pero le he dicho ya tres veces que no lo haga y usted lo sigue haciendo.

P. ¿Puedo preguntarle acerca de cuando empezó a escribir?
R. No quiero hablar sobre eso. Se le dejó muy claro que quería hablar de otras cosas, de las que usted no quiere hablar.

P. Se lo voy a preguntar otra vez. ¿Por qué escribió La máscara de África? Si usted me da respuestas tan escuetas y síes o noes, es muy difícil hablar acerca del libro.
R. Ya se lo he dicho: interés. Eso es suficiente. Es suficiente. Y si ha leído el libro entenderá la naturaleza de mi interés. No tiene por qué preguntarme todo el rato acerca de ello. Está en el libro.

P. Ya, ya veo. He leído el libro, por cierto.
R. Eso no es habitual en un periodista.

P. ¿Quiere que le enseñe todos los subrayados?
R. OK, OK. Entonces ya sabe de qué estamos hablando...

P. Más o menos, porque como periodista quizá no lo entiendo todo. ¿De dónde salió la idea de escribir este libro?
R. Le he contestado a eso ya cinco veces.

P. No, se lo pregunto en otro sentido. Me parece que el problema es que usted no me está ayudando mucho.
R. Le estoy ayudando un montón, pero usted se resiste, je, je, je.

P. Me encantaría que me ayudara, pero quizás soy demasiado idiota...
R. Usted se resiste. ¿Por qué no hablamos del libro? Sería más fácil para usted.

P. Bueno, le estoy haciendo preguntas acerca del libro, pero preguntas sobre por qué quiso hacer el libro, cómo lo decidió, preguntas propias de un periodista. No soy un crítico que pueda discutir cada párrafo del libro, sino más bien informar a la gente de forma genérica. Usted ha escrito un libro sobre África centrado sobre todo en religión, y mis preguntas van en el sentido del porqué y el cómo. No sé qué tipo de preguntas se esperaba.
R. No tengo por qué contestar a esa pregunta. Si le pregunto a usted por qué es periodista me dirá que le gusta su trabajo y que le parece interesante. No creo que tengamos que ir de nuevo a discutir por qué es periodista. Y es lo que está usted haciendo.

P. No, no creo.
R. Creo que tendríamos que acabar esto enseguida porque no está usted siendo muy cooperativo. Usted cree que lo es, pero...

***
CRÍTICA
El sentido de la vida y de la muerte
Por José María GUELBENZU

V. S. Naipaul, tan buen escritor como persona de mal carácter, detesta que a sus libros de viajero se los denomine libros de viaje. Tiene razón, porque no lo son al uso; sus libros no se dedican a hacer descripciones sociopolíticas e históricas, aderezadas con anécdotas pintorescas, del país o países visitados sino que se adentra en las creencias sustanciales de los lugares que visita; vendrían a ser algo así como visiones del alma de un lugar y de la relación con sus habitantes.

Las creencias son religiosas o simplemente mágicas y tradicionales, lo que da pie a tratar de recoger el sentido de la vida y la muerte de esos grupos humanos. Esta vez recorre Uganda, Nigeria, Ghana, Gabón, Costa de Marfil y la República de Sudáfrica. No son recorridos exhaustivos sino selectivos al servicio de lo que él busca, lo que le permite saltar con sentido de un asunto a otro sin perder el fondo general del libro; eso lo hace ameno, interesante y sugestivo. Él define sus viajes como viajes alrededor de un tema. Ya lo hizo con admirable eficiencia en el original Al límite de la fe, donde recorre cuatro países conversos al Islam, pero no árabes.

El leitmotiv de La máscara de África es, como el lector descubre enseguida, el clásico conflicto entre tradición y modernidad. En este caso, la modernidad viene representada por las religiones monoteístas que los comerciantes árabes y los colonizadores europeos sobre impusieron a las culturas tradicionales africanas. Se trata, por tanto, de un libro de espiritualidad contemplada, de creencias y símbolos que afectan a lo más primitivo de la condición humana y así nos afecta; son ejemplares y nos descubren un mundo ignorado o despreciado por el mundo moderno. La reproducción en imágenes y reflexiones de ese alma africana está admirablemente expuesta por Naipaul y es un lujo literario que pone en nuestras manos una verdad que aún subsiste en el imaginario africano.

La tradición -o, mejor dicho, el desorden de la tradición- se manifiesta, de maneras distintas según las regiones, en la religión y en sus reyes, y en todos los lugares aparece una vivencia de extrema crueldad asociada al poder y a las tradiciones. Así, el paganismo primitivo es despreciado por el modelo de orden social y moral que proponen las religiones no africanas de cristianos y musulmanes. Naipaul, en su indagación, va desvelando tanto realidades ancestrales como actitudes modernas donde subsisten formas de vida dolorosas, como la espléndida, lúcida e impactante descripción de un harén que se inicia con la imagen de un cuadro de Delacroix. Naipaul muestra la lucha y dificultades para crear una sociedad civil en medio de esa mezcla de religión autóctona e impuesta, de tradición y establecimiento de leyes; las leyes son códigos escritos, la religión tradicional, no. La tradición pertenece a la memoria y tiene el alcance de cuatro o cinco generaciones; el orden cristiano o musulmán está codificado en forma de libro de manera perenne.

Por tanto, el conflicto está a la vista. El africano consciente de los países que Naipaul visita es por lo general un hombre o una mujer desgarrados. De una parte está la tierra legada por los antepasados; de otra, el deseo de una civilidad que los impulse a salir de la miseria y el desconocimiento, pero que, sin embargo, les es extraña. En las formas culturales originarias es constante el modo en que se relacionan con sus antepasados. Los antepasados no han muerto sino que se han ido, pero no se dirigen al más allá; ese haberse ido significa que están, pero no pueden verlos; tampoco son fantasmas sino que se han retirado; por ejemplo, al bosque sagrado, donde pueden ser conectados por los magos. En fin, todo este rico imaginario pendiente tiene en Naipaul un gran relator. Su prosa posee la determinación y precisión de su mirada, lo cual crea un ritmo pausado conducido por la serenidad del hombre que se acerca sin prejuicios a la realidad circundante.

El ejemplo excelente sería el relato de la situación de los pigmeos en Gabón. De una parte, son pura cultura de la selva y, por tanto, de recinto cerrado; por otra, muestra su inteligencia para aceptar otra realidad ajena a la misteriosa de la selva sin abandonar ésta. Los pigmeos son "los que saben hablar con la selva", pero sus enseñanzas han sido decisivas para otras tribus. El lamento actual es por los más jóvenes, afectados por el mundo moderno, el alcohol... El choque es permanente y lo es de identidad y de modelos de sociedad. El capítulo final, dedicado a Sudáfrica, "donde la distancia entre metáfora y realidad es muy pequeña", lleva a su límite -y quizá al futuro- el conflicto entre creencias y leyes. Un libro admirable sobre la sustancia de un continente que aún nos resulta tan ajeno.

La máscara de África. Un viaje por las creencias africanas
V. S. Naipaul
Traducción de Flora Casas
Mondadori. Barcelona, 2011
272 páginas. 21,90 euros

Articulo : http://www.elpais.com  23/07/2011

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