samedi 2 juillet 2011

Yanet AGUILAR SOSA/ El santuario vacío del sabio Castro LEAL

El santuario vacío del sabio Castro Leal
Por Yanet AGUILAR SOSA

Marcia, una de las hijas del ex rector de la UNAM, muestra cada una de las habitaciones que el intelectual tenía repletas de libros que recién compró Conaculta en 12.5 mdp

Cada puerta que Marcia Castro Leal abre de par en par de la casa-biblioteca que habitó su padre, el abogado, diplomático y escritor mexicano Antonio Castro Leal, es como acceder a un paraíso de libros. En siete habitaciones de esa casa en Coyoacán no hay una sola pared libre, todas están cubiertas, de piso a techo, por libreros, aunque vacíos.

La hija del ex rector de la UNAM se mueve como pez en el agua en esa casa que habita desde 1955, cuando su padre y su madre, Rafaela Espino, la compraron. Mientras recorre las habitaciones cuenta anécdotas de su padre, señala el lugar exacto donde tenía la poesía mexicana, los libros en inglés que coleccionó, los textos en lengua alemana; los miles de libros en francés que Castro Leal tenía en su habitación.

Esos libreros de madera negra de más de tres metros de altura lucieron atiborrados hasta hace unos meses, cuando el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) compró la biblioteca en 12.5 millones de pesos y trasladó los 50 mil volúmenes.

Marcia Castro Leal, doctora en arqueología con especialidad en las culturas del Golfo de México, recuerda cómo fue el traslado, cómo durante semanas, de 9 de la mañana a seis de la tarde, salieron camiones cargados con los libros que su padre reunió en 70 años.

Si algo le gratifica es que la biblioteca de su padre tendrá como destino la Biblioteca México de La Ciudadela, donde se comenzarán a adecuar dos crujías, al lado del acervo de José Luis Martínez, en un proyecto diseñado por el arquitecto Bernardo Gómez Pimienta.

El arquitecto invitado por Conaculta para emprender tal proyecto asegura que él y su equipo retomaron información personal de Castro Leal, así como todos los referentes históricos del edificio de La Ciudadela, para emprender el diseño que ya fue entregado a Conaculta y que está a punto de arrancar.

“Pude visitar la casa de don Antonio, Marcia me paseó por toda la casa y me contaba anécdotas; datos de cómo estaban acomodados los libros y de cómo prácticamente forraban todas las paredes de la casa; y también pude ver el color de la madera de los libreros, era oscura; a partir de todas estas imágenes de cómo la tenía organizada y cómo la tenía hecha en su casa, salieron las ideas principales para hacer la biblioteca en La Ciudadela”, dice Gómez Pimienta.

Fernando Álvarez del Castillo, director general de Bibliotecas del Conaculta, asegura que están en un proceso de inventario de la biblioteca y a punto de entrar a la catalogación, y a la estabilización y restauración de materiales. “Uno de los problemas es que algunos libros se habían ahumado, los libros no se quemaron, están muy bien, pero las guardas y los lomos quedaron ahumados, por eso estamos en procesos de estabilización y de rehabilitación”.

¿Cómo se forjó la biblioteca?

Marcia Castro Leal abre cajones del despacho de su padre, desde su muerte, en 1981, ella no ha movido nada; el archivero aún contiene escritos de puño y letra de quien fuera el rector más joven de la Universidad Nacional de México, tenía 32 años; hay apuntes, archivos para posibles obras, lapiceros, fichas informativas y ejemplares de algunos de los libros que escribió.

En la casa quedan algunos diplomas, como aquel que le entregó El Colegio Nacional en 1968 o esa otra imagen en la que Castro Leal, en su calidad de diputado, saluda al presidente Adolfo lópez Mateos; muchos de sus objetos personales, incluido un busto en bronce, se los llevó el Conaculta para ponerlos en la biblioteca que llevará su nombre.

“Mi papá compraba los libros, pero luego los mandaba a encuadernar; los sábados y domingos venía un señor a la casa, que le trabajaba esos libros a mi padre; seguía sus instrucciones; luego él mismo los ponía en el lugar preferido; era muy ordenado”, recuerda Marcia al recorrer las habitaciones.

La biblioteca de Antonio Castro leal se fue forjando con los años, con muchos libros que le mandaban sus amigos y admiradores, otros que él mismo compraba; incluso, cuando la familia vivía en Amsterdam 202, en la colonia Condesa, ya la biblioteca era extraordinariamente numerosa.

Marcia recuerda el lugar exacto en donde estaban los libros de su padre, incluso hizo un inventario de la colección, tras su muerte. “Aquí estaba Inglaterra, Estados Unidos, aquí estaba Alemania y aquí Grecia, todos los libros del centro de Europa estaban juntos, pero sus libros más queridos, los de Francia, estaban en los libreros de su habitación”, dice.

La hija de Castro Leal no recuerda de otra forma a su padre que no sea leyendo en su despacho; allí escribió muchas de sus obras, algunas antologías de poesía mexicana y otros sobre educación. “Mi papá era maravilloso, leía y hablaba muy bien en francés, inglés, italiano y alemán; tenía amigos en varios países, de cuando estuvo en la Unesco”.

Un recinto con su nombre

A la muerte de Antonio Castro Leal, Rafaela Espino, su esposa; y sus hijas, Paloma y Marcia, pensaron en hacer un inventario para ver si la UNAM tenía interés en comprar la biblioteca de su ex rector y aunque se dice que esa institución educativa no la adquirió porque el precio era muy alto, Marcia asegura que ellas no aceptaron porque la UNAM les dijo que no mantendría en conjunto los libros, sino que serían separados.

El arquitecto Gómez Pimienta dice que con todas estas informaciones diseñó la biblioteca que comenzarán a construir en La Ciudadela, donde se erige una “Casa de los libros”, un espacio que pretende hacer la recuperación integral del edificio para convertirlo en una Biblioteca de bibliotecas.

El arquitecto a cargo de la biblioteca de Castro Leal dice que un reto importante fue trabajar con un edificio emblemático e importante como el de La Ciudadela, que es un edificio colonial del siglo XVIII, donde pasaron muchísimos momentos históricos. Al que se sumó la trayectoria de don Antonio.

“Él fue rector de la Universidad Nacional a los 32 años, tuvo puestos diplomáticos, estuvo en la Unesco en París; todos estos recorridos profesionales hicieron que su biblioteca fuera sumamente rica, con muchísimos temas y en muchos idiomas; así la tenía organizada, por idiomas y por el origen de los libros, él podía leer su biblioteca en muchos idiomas, pues era polígloto”, dice Gómez Pimienta.

Las dedicatorias

Ahora, el plan de Marcia es reunir las portadas y dedicatorias en los libros que le regalaron escritores mexicanos, latinoamericanos, franceses, italianos e ingleses a su padre; son más de 800 libros en los que se puede leer el gran respeto y admiración que le tenían.

Aunque los libros ya están en poder del Conaculta y están en proceso de estabilización y catalogación, Marcia pudo fotocopiar antes todas las dedicatorias y planea hacer un par de libros, para que tengan copia de ellos Conaculta, El Colegio Nacional y su familia.

 
Articulo : http://www.eluniversal.com.mx  01/07/2011

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