dimanche 14 août 2011

Bárbara CELIS/Entrevista a Tom DRURY


ENTREVISTA: a TOM DRURY
"Mis personajes tienen cierta sabiduría interior"
Por Bárbara CELIS

El escritor publica en España En el condado de Grouse, su primera novela, tramada sobre sus recuerdos de infancia en Iowa: "Nunca he estado de acuerdo con quien piensa que la gente de pueblo no es tan inteligente como la gente de ciudad"

El escritor Tom Drury acaba de mudarse a Nueva York después de haber pasado casi una década viviendo en Los Ángeles y, por lo tanto, encadenado a un coche. "Y aunque te suene a locura, en cierto modo, y salvando las distancias, es como haber regresado al pueblo de mi niñez. Podría vivir perfectamente sin salir de mi barrio, todo está a dos manzanas de distancia y eso no me ocurría desde que abandoné Swelldel. He regresado a la vida en su sentido más sencillo". Su infancia la pasó en ese remoto lugar de apenas un millar de habitantes, en el corazón de Iowa, uno de esos Estados de la llamada América profunda, de donde la mayoría de los jóvenes con inquietudes culturales suelen huir cuando crecen y adonde nunca piensan en regresar. Drury tampoco lo ha hecho. Sin embargo, ha convertido el recuerdo de aquel lugar en el contexto central de toda su obra. Su primera novela, En el condado de Grouse, acaba de publicarse en España, aunque actualmente ya está escribiendo su cuarto libro y otro de ellos, La región inmóvil, llegó ya hace algunos años a las librerías españolas.

"En el condado de Grouse nació precisamente de esas memorias que siempre me han acompañado. La acción no transcurre en un lugar real, pero está construido con esos recuerdos, que configuran el escenario en el que se mueven los personajes. Es un lugar poblado por mucha gente, quizás porque de niño siempre quise que en mi pueblo hubiera mucha más vida y como era imposible, ahora lo puedo hacer posible en mis libros. Son personajes imbuidos de cierta sabiduría interior y a los que el lector acompaña en su día a día, en sus alegrías y sus tristezas, con todo lo que eso implica. Nunca he estado de acuerdo con quien piensa que la gente de pueblo no es tan inteligente como la gente de ciudad. Creo que nuestras expectativas de la vida y las personas normalmente no se corresponden con la realidad y creo que ese concepto es clave en toda mi obra".

Drury, de 55 años, lo explica sentado a la mesa de un bar irlandés en su barrio del Upper East Side neoyorquino, donde escritor y periodista saborean un té helado para huir del calor. Es un hombre de mirada cálida, cortés y que al menos en apariencia destila felicidad. "Supongo que como los directores de cine, los escritores somos sobre todo felices mientras estamos escribiendo, construyendo nuevos mundos. Y yo ahora estoy completamente enfrascado en escribir una nueva novela. Pero es una situación que también puede ser peligrosa porque esa pulsión creativa a veces no te deja disfrutar del mundo real". No obstante, Drury parece disfrutar tanto del té como de la conversación, que intercala constantemente de preguntas, dejando traslucir su antigua profesión. "La verdad es que decidí estudiar y ejercer como periodista como un camino para ser novelista. No veía muy claro el ponerme a escribir sin más. Como periodista hice de todo, era un generalista, pero eso me permitió tocar muchas ramas, hacer muchas entrevistas y observar a mucha gente. Escuchar es fundamental para aprender a escribir diálogos y en mis libros hay muchos, y creo que el periodismo fue una buena escuela".

Drury asegura que muchos de los personajes que nacieron en The end of vandalism le siguieron acompañando durante mucho tiempo y por eso decidió recuperarlos e introducirlos en otras obras, como la que se encuentra escribiendo actualmente, para la que aún no hay título. "Pero por primera vez uno de ellos saldrá del pueblo para ir a la gran ciudad, Los Ángeles". Allí escribió varios relatos para la revista The New Yorker,entre ellos, Path lights, que el director Zachary Sluser transformó en un cortometraje protagonizado por John Hawkes. "La experiencia de adaptar el relato al cine me fascinó. No entiendo a esos escritores que se quejan de que luego sus libros no se parecen en nada a la película. Yo creo que no deberían parecerse. Me gusta que tomen la forma de otro animal". Sluser también quiere llevar al cine La región inmóvil, "pero tenemos que encontrar dinero y hoy eso es complicado".

En sus libros, y en particular en The end of vandalism, los personajes están impregnados de una sutil tristeza vital, pero al mismo tiempo la prosa de Drury está salpicada de humor. Y no es precisamente ironía lo que utiliza, puesto que en ningún momento fuerza situaciones o se ríe de sus personajes. Al contrario, es un humor más cercano al surrealismo, por cómo presenta las situaciones o cómo los personajes se desenvuelven en ellas. "Yo creo que siempre tiene que ser el lector el que decide si algo es divertido o no lo es. Y a mí no me gusta darle pistas sino simplemente presentar los hechos. Sin más. A veces pueden ser divertidos, pero supongo que el nivel de empatía con los personajes es algo que cada lector construye de forma muy personal".

A Drury tampoco le gusta demasiado situar sus novelas en un tiempo excesivamente concreto porque le interesa la sensación de intemporalidad. "Son novelas que ocurren en la contemporaneidad, pero sin fechas concretas. Apenas aparece algún teléfono móvil y ninguna computadora. Son objetos que no me interesan porque también trato de evitarlos en mi vida real". Jura no haber leído jamás un libro electrónico, "me sigo resistiendo, me gusta el olor y el tacto del papel", y no le interesan las puertas comerciales que Internet le pueda abrir, como el poder editar sin la mediación de un editor. "¿Estás loca? ¡Me encantan los editores, no quiero trabajar sin ellos! Un buen editor es lo mejor que le puede ocurrir a un novelista, te ayuda a mejorar el trabajo, a encontrar una dirección y a publicar el mejor libro posible. No quiero publicar sin editor, creo que ningún escritor debería hacerlo".

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CRÍTICA: LIBROS
Falsa tranquilidad en el condado de Grouse
Por Fernando CASTANEDO

Hace ya tiempo que la crítica estadounidense considera a Tom Drury (Iowa, 1956) uno de los escritores más brillantes de su generación, aunque ninguna de sus obras haya alcanzado el éxito que sí han obtenido sus contemporáneos Jonathan Franzen, Michael Cunningham o Jeffrey Eugenides. En 2009 se tradujo al español su cuarta y última novela, La región inmóvil (The driftless area, 2006), y ahora se publica la que fue su primera, En el condado de Grouse (The end of vandalism, 1994), donde se encontraban ya bien trazadas las señas de identidad de una literatura arraigada en el Medio Oeste estadounidense.

Lo primero a señalar sobre En el condado de Grouse es que once de los veinte capítulos del libro se habían publicado ya como relatos cortos en TheNew Yorker cuando se editó la novela. Esta información confirma la naturaleza episódica de buena parte del material que se narra y permite definirla como una suerte de novela-río, aunque en un solo volumen. Como sucede en muchas de éstas, la acción gira en torno a una trama leve, en este caso la del idilio y la vida matrimonial de la pareja protagonista, formada por Dan Norman, elsheriff del condado, y Louise Darling, fotógrafa y encargada de una tienda de fotos.

Sin embargo, dentro de esa fluidez se dosifican sabiamente los momentos de tensión, en parte relacionados con el trabajo policial del protagonista. Ahí está la presencia inquietante de Tiny Darling, el primer esposo de Louise, o el hallazgo de un bebé en el carrito de un supermercado, que contrastará violentamente con el desenlace en el embarazo de la protagonista. Otro rasgo común a este tipo de novelas es la abundancia de personajes. Aquí son sesenta y ocho los que llegan a intervenir en algún momento del relato, y por ello el escritor tuvo a bien incluir al final una lista con los nombres y oficios de todos ellos.

Mención aparte merece el espacio mítico del condado de Grouse que Drury recreó aquí y cuya geografía imaginaria aparece reproducida en un mapa al comienzo de la novela. Drury se ha inspirado en la Iowa rural de su infancia y juventud para este condado que encarna la quintaesencia, con todos sus claroscuros, de las relaciones humanas en una pequeña sociedad. Y también retrata los vínculos del hombre con su terruño en términos que, por muy ambivalentes que sean, desmienten el sambenito de gente desarraigada que los estadounidenses llevan colgando desde tiempo inmemorial. Por todo ello este condado se ha comparado con el de Huron de Alice Munro o con el famosísimo Yoknapatawpha de Faulkner.

En sus primeras páginas, La región inmóvil podrá desconcertar al lector por la aparente deriva de las escenas, hasta que irrumpe la intriga con una fuerza descomunal. Desde el momento en que Pierre Hunter sustrae 77.000 dólares a su antagonista se desata esa tensión de la caza humana propia del mejor thriller, con momentos de una inquietud como la que es capaz de generar Stieg Larsson o los hermanos Cohen (con quienes se ha comparado a Drury) en sus obras más señeras.

En el condado de Grouse
Tom Drury
Traducción de Javier Ortiz
451 Editores. Madrid, 2011
385 páginas. 20 euros

Articulo : http://www.elpais.com 13/08/2011

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