dimanche 14 août 2011

CRÍTICAS de los LIBROS


CRÍTICA: LOS LIBROS DE LA SEMANA Pierre Bergounioux - Una habitación en Holanda / B-17G
El orgullo de la ficción
Por Ricardo MENÉNDEZ SALMÓN

La sabiduría de Pierre Bergounioux se ve en dos libros que reflexionan sobre la vida de Descartes, que cambió la filosofía, y el derribo de un bombardero en la Segunda Guerra

Satisfecha la lectura de Una habitación en Holanda, admira la audacia de Pierre Bergounioux (Brive-la-Gaillarde, 1949). Narrar en apenas ochenta páginas uno de los momentos seminales de la razón occidental, nada menos que el nacimiento del sujeto moderno, y hacerlo al tiempo que se perfila un travelling vertiginoso desde los orígenes de la Europa política (ergo: Roma) hasta la constitución de los Países Bajos como asilo del pensamiento libre, no es asunto baladí.

Bergounioux asume semejante riesgo mediante un texto en el que, incorporando lo que la historia del pensamiento supone de conquista intelectual, de antorcha de la razón y emancipación de los viejos ídolos, convierte a Descartes en maravilloso personaje novelesco, que sin renunciar a los rasgos un tanto antipáticos con que Hals lo retrató para la posteridad (con su cabello de mosquetero, con su mirada negligente, con esas cejas que parecen expresar un educado hartazgo), lo revela como un viajero contumaz que hizo de la conquista de "una habitación propia" (disculpas por el anacronismo) el avatar inexcusable de su vida intelectual.

Libro deliciosamente "francés", en el sentido más noble de lo que el adjetivo sugiere, Una habitación en Holanda esconde un homenaje muy hondo a cierta tradición europea de hombres libres, que conquistaron para el continente su bien más preciado: la heroica aceptación de su destino. Desde esa óptica, escenas tan memorables como el posible aunque improbable encuentro en la ciudad de Leyden entre el niño Spinoza y el futuro muñidor del Discurso del método, valen por cientos de páginas de pesada y asfixiante "novela histórica". El orgullo de la ficción, su soberanía indiscutible, brilla en estas páginas eruditas con una profundidad no exenta de delicadeza.

Podría pensarse que, tras la lectura de esta quest cartesiana, B-17G resultará un fruto menor. Nada menos cierto. Porque Bergounioux brilla tanto en la solemnidad de la Historia como en la intimidad de la anécdota.

En el párrafo final de Todos los pilotos muertos, Faulkner escribe: "Una imagen, unas pocas palabras escritas que cualquier cerilla, una llama menuda e inocua que cualquier niño puede producir, es capaz de borrar en un instante. Un palito de una pulgada de madera mojada en azufre es más largo que la memoria o el dolor; una llama no mayor que una moneda de seis peniques es más feroz que el valor o la desesperación".

Es cierto. El impulso de la vida, su vis movendi, ese hálito abrasador que recorre el paisaje y a quienes lo pueblan, sólo puede ser atrapado en imágenes y expuesto luego, abducido, traducido, interpretado, mediante el expediente de la palabra que nombra, ordena y restituye. La hermenéutica es el destino último de todo anhelo de conocimiento. Mostrar es a menudo deficiente; hay, además, que decir.

Así lo asume Bergounioux en B-17G, bellísimo escrutinio acerca de un suceso bélico, el derribo de una Fortaleza Volante durante la Segunda Guerra Mundial filmado desde el punto de vista de su destructor, un Focke-Wulf alemán. Admirada la película, ese chispazo entrevisto de condenación y muerte, Bergounioux se obliga a desencadenar el relato que lo habita: quién reposa en el vientre de la víctima, quién a los mandos del matador, qué poderes posee el lenguaje para desentrañar la breve y borrosa secuencia que obsesiona al escritor desde muy joven.

El misterio se obra cuando Bergounioux desenreda la madeja. La historia de la guerra en Europa en diálogo con la historia íntima del escritor; la antigua fábula sobre el mundo y sus afanes recogida en el esplendor de un puñado de escritores (Cervantes, Proust, Kafka) que aplican su lupa sobre sucesos que el huracán de la vida, padecido y gozado en primera persona, "no supo en su momento ni comprender ni pensar". Aceptémoslo: se escribe siempre después de la alegría y del Holocausto.

La imagen, pues, como excusa para el proceso de exhumación literaria, esa obra de demolición, quizá no muy distinta al derribo de un gran bombardero, a la que el escritor se aplica sin mejor esperanza que la de arrancar una minúscula partícula de sentido a cuanto carece de él. Para ello, toda coartada de la imaginación resulta lícita. Por ejemplo, dotar de nombre, identidad e historia a uno de los viajeros del B-17G, ese gigantesco museo fúnebre en el que la muerte viste las galas del metal y del frío, los atributos de cierta pesadilla tecnológica.

Por eso Bergounioux nos habla de un tal Smith, apellido americano por antonomasia, pues todos los pilotos están muertos hace tiempo, pues todas las vidas son la vida del posible Smith en algún momento, el tripulante que antes de morir en la frontera de los veinte años sobrevuela un mundo que ni comprende ni es capaz de pensar, un mundo para el cual sólo el rescate de la literatura, la eficaz nodriza que nunca duerme, es factible.

Una habitación en Holanda / B-17G
Pierre Bergounioux
Traducciones de David Stacey /
Paula Cifuentes
Minúscula / Alfabia. Barcelona, 2011
91 y 75 páginas. 11 y 12,50 euros

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CRÍTICA: LOS LIBROS DE LA SEMANA
Jean fantástica
Por Vicente MOLINA FOIX

Una vida sin ti cuenta en cuatro novelas la vida de una joven que lleva nombres distintos en cada una pero siempre es la misma.

Son novelas breves y dislocadas, como intenso y fraccionado es el tiempo, que uno calcula no superior a tres lustros, en que la autora llegó a Europa desde las Antillas, viajó sin parar, amó casi tanto como sufrió, tuvo un aborto y fue también muy feliz. En todos esos años de adolescencia y juventud, Rhys no escribió; bastante tenía con divertirse, con enamorarse, mientras, eso sí, miraba el mundo a su alrededor con un ansia de apoderamiento que es propia de los grandes artistas. Fruto de ese periodo frenético y de esa atenta mirada posesiva fue su primer libro (de cuentos), aparecido en 1927, cuando ella ya tenía los 37, y prologado por Ford Madox Ford, quien resaltó el "singular sentido de la forma" que aquella debutante aportaba a la literatura inglesa. Un año después apareció su magistral Cuarteto, primera de cuatro novelas claramente autobiográficas, todas muy estimadas por los connaisseurs pero poco atendidas por el gran público. Después vino el silencio. Cuando iba camino de los ochenta años, Rhys, hallada casi por azar en su retiro de Cornualles, reapareció con otra obra maestra, Ancho mar de los Sargazos, y el resto de su vida, que aún duró hasta 1979, pertenece al ámbito del culto legendario.

Una vida sin ti recoge, en muy buena traducción, esas cuatro novelas centrales de la no muy extensa obra (ocho títulos) de la autora, que Lumen ofrece juiciosamente no según el orden de su publicación original sino siguiendo la cronología vital de la(s) protagonista(s). En Viaje a la oscuridad (aparecida en 1934) se narra la llegada a Londres de Anna, una antillana blanca y adolescente que siempre ha querido ser negra y a la que el frío de las Islas Británicas maltrata, casi tanto como los hombres. Su trabajo de corista, el ambiente de los teatritos provinciales, de los bares a punto de cerrar, de las pensiones sórdidas, marca un relato que, en Cuarteto (1928), nos presenta en París a la misma joven más crecida y ahora bajo el nombre de Marya, enredada en un triángulo amoroso con historia, pues está basado en el que Rhys mantuvo con el gran escritor Ford Madox Ford, descubridor, protector y manipulador -asistido por su propia esposa- del juego de seducción, sofisticado abuso y cruel desdén que la novela describe de modo fascinante.

Leída en el orden de esta edición o al aire de cada lector, Una vida sin ti es una sinfonía de cámara en cuatro movimientos y para una orquesta reducida, que interpreta, con un pequeño elenco de voces y en escenarios recurrentes, la peripecia vital de la narradora en sus agitadas variaciones, en sus gozosos crescendos y sus ayes de dolor. Si destacoCuarteto es porque en el descenso infernal que en ella se cuenta, la ciudad, en este caso París y Cannes, adquiere una ultrarrealidad subyugante: el episodio del despertar con la melodía del pastor de cabras que pasa bajo las ventanas de la muchacha es característico del impresionismo lírico de la escritura de Rhys, atemperado a menudo por la visión prismática de las cosas. ¿Prosa cubista? No creo que a la autora le gustara el calificativo. Se trata más bien de su fenomenal capacidad de ver en la realidad lo que está debajo de la realidad, descomponiendo el componente superficial de las apariencias. Con ese don visionario, Jean Rhys se muestra siempre como una fantaseadora desbordada, y de manera acusada en Buenos días, medianoche, última de las cuatro en esta edición y en la fecha de composición, 1939. Es la más amarga y caleidoscópica, quizá porque, escrita a punto de cumplir cincuenta años, Rhys, con su agudeza intacta, empezaba a serenarse.

Una vida sin ti
Jean Rhys
Traducción de Catalina Martínez Muñoz
Lumen. Barcelona, 2011
621 páginas. 24 euros

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CRÍTICA: LIBROS - CÓMIC
Shh... se dibuja
Por Álvaro PONS

Milt Gross fue el precursor de la novela gráfica con Él fue malo con ella, un libro publicado en 1930 y hasta ahora inédito en español. Un concepto innovador para el cómic adulto

Pese a la profunda crisis que sufre la industria española del cómic, sigue existiendo un pequeño resquicio para la sorpresa y para la apuesta arriesgada, como demuestra el editor portugués Manuel Caldas publicando en España una obra capital de la historia del noveno arte: Él fue malo con ella, de Milt Gross. Inédita en nuestro país durante ocho décadas, está considerada por muchos especialistas como el precursor más importante de la novela gráfica, el inicio de una nueva forma de entender el cómic.

Publicada originalmente en 1930, la obra de Milt Gross supone todo un atrevimiento casi suicida en su momento. Pese a que la historieta había alcanzado personalidad propia durante las primeras décadas del siglo XX y contaba ya con un importante número de obras maestras y autores reconocibles y estimados por el gran público, el noveno arte se resistía todavía a abandonar la seguridad de los suplementos dominicales de los periódicos. Los admiradores de las posibilidades de la narración gráfica eran cada vez más, pero la consideración infantil del cómic seguía pesando como una losa en la búsqueda de una identidad adulta para el nuevo arte y en la obligada concienciación autoral necesaria para su verdadera eclosión. Aparecían recopilaciones de historietas de prensa en forma de libro, pero la independencia del cómic de la prensa era, todavía, apenas un intento que no fructificaría hasta bien entrada la década. Una situación poco adecuada para la aparición de una obra personal dirigida a un público adulto que no arredró a Gross, un dibujante que conocía un gran éxito en ese momento gracias a sus historietas humorísticas y que ya había roto esquemas preconcebidos con su radical estilo gráfico y su surrealismo delirante. Ahogado por las limitaciones narrativas de la plancha dominical, Gross puso su vista en las "novelas en imágenes" que publicaron durante la década anterior autores como Lynd Ward o Frans Masereel, obras de narrativa gráfica más próximas a la experiencia pictórica, con una fuerte vinculación al expresionismo alemán, que recibían todo tipo de elogios por la alta cultura (Thomas Mann loaba sin límite el Passionate Journey del belga Masereel).

Creaciones sin limitación de páginas o de formato, con temáticas sociales y comprometidas heredadas en cierta forma de las series de grabados de William Hogarth y dirigidas a un público adulto, pero sencillas en sus planteamientos narrativos, sin sacar partido de las posibilidades expresivas del cómic. Con Él fue malo con ella, Gross construyó un relato de fuerte contenido social, denunciando las tropelías de los "villanos" de la época a través de las peripecias de un héroe ingenuo y puro, un fortachón de Klondike que tendrá que enfrentarse a las mil zancadillas con las que el destino impide que se reúna con su amada. Un argumento que hundía sus raíces tanto en las obras antes citadas como en las tramas melodramáticas del cine mudo de la época, pero que el dibujante transformó completamente fusionándolas con su profundo dominio del humor, alternando el drama con el slapstick visual y un dibujo caricaturesco que se alejaba del estilo expresionista de sus referentes para entroncar directamente con las obras que el padre de la historieta moderna, el suizo Rodolphe Töpffer, realizara en el siglo XIX. Frente a la estática sucesión de planchas únicas, Gross apostó por el dinamismo compositivo, por la concepción secuencial e incluso por la introducción de los bocadillos de pensamiento, que en una obra completamente muda servían como guiño de comunicación con el lector. El resultado es simplemente soberbio: aunque la sencillez del guión podría hacer pensar en una obra simplona y previsible y que la ausencia de palabras le restaba al autor una de sus principales armas humorísticas, el juego de palabras y los giros idiomáticos imposibles, Milt Gross se revela como un observador tan lúcido como ácido de la naturaleza humana, con un catálogo infinito de recursos narrativos para que la sátira y el humor inteligente sean siempre protagonistas.

Por primera vez, una obra de historieta se construía desde la completa libertad autoral, desde el control absoluto de todos los aspectos creativos, del contenido al continente. Una particularidad que señala a Él fue malo con ella como una de las primeras obras en las que tiene sentido hablar de cómic de autor en toda su extensión y con todas sus consecuencias, en una novela gráfica identificable y con las mismas características que las obras que comenzarían a generalizarse casi medio siglo después.

Afortunadamente, el editor portugués Manuel Caldas, verdadero orfebre de la historieta que ya ha dejado al aficionado español ediciones de exquisita y cuidada restauración de clásicos como Príncipe Valiente, Krazy Kat o The Kin-der-Kids, sigue inasequible al desaliento su labor casi de ONG de la historieta y distribuye en España una edición perfecta de este clásico inestimable del noveno arte.

Él fue malo con ella. La Gran Novela Americana sin palabras - sin música. Milt Gross. Libri Impressi. Lisboa, 2011. 268 páginas. 16 euros.

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CRÍTICA: LIBROS
Julia & Roem
Por Á. PONS 

Pocos autores pueden certificar como Enki Bilal el haberse convertido en clásicos en vida: autores reverenciados que consiguen que sus nuevas obras sean portadas de los periódicos. Una circunstancia que, quizás, le lleva en su última obra a asumir un tour de force tan arriesgado como sugerente: enfrentarse al clásico por antonomasia, al reclamado como canon de la literatura occidental moderna, William Shakespeare.

Con cierta prudencia, bien es cierto, aprovechando la experiencia como diseñador de decorados y vestuario para el ballet de Romeo y Julieta de Angelin Preljocaj; retomando a Montescos y Capuletos desde una óptica renovada, que recupera en cierta medida aquella escenografía para entroncar la historia de ese amor imposible en la atmósfera turbia y apocalíptica del universo creado por Bilal en su anterior obra, Animal'z. Una catástrofe indefinida, quizás el desastre climático definitivo, quizás el estornudo final de un planeta cansado de la molesta plaga humana, una "apoplejía" que transforma el entorno en un lugar baldío, tan estéril como irrespirable, donde apenas un puñado de supervivientes intentan enfrentarse ante un fin predicho. Un escenario que es lógica evolución del dibujante, un camino surcado según una manera propia de entender la ciencia-ficción, cada vez más opresiva, oscura y angustiante, que le permite enfrentarse al dramaturgo dando el primer paso, lanzando el guante de un reto casi imposible: ¿es posible el drama cuando la esperanza humana se ha perdido? Una pregunta que los propios personajes intentarán resolver, obligados por el dibujante-demiurgo a volver a vivir el drama de Romeo y Julieta, abducidos lentamente por el texto original. Con su habitual tono pausado, Bilal irá colocando preguntas a modo de piezas de un tablero de ajedrez en el que el lector irá descubriendo la estrategia a la vez que los personajes, reconociendo lugares comunes entre la tragedia shakespeariana y el argumento que plantea, sabedores todos de ir encaminados a un destino escrito desde hace quinientos años. La paleta de cromatismos ocres será el vehículo definitivo de silencios que intentarán dar respuesta a la pregunta.

Julia & Roem
Enki Bilal
Traducción de Manel Domínguez
Norma. Barcelona, 2011
96 páginas. 19,50 euros

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CRÍTICA: LIBROS
Una vida en China. 3. 'El tiempo del dinero'
Por Georgina HIGUERAS 

La publicación de El tiempo del dinero -tercera y última parte de Una vida en China-cierra la biografía en cómic del artista gráfico Li Kunwu, cuya peripecia vital ilustra los avatares por los que ha pasado su país desde los tiempos del maoísmo radical (con episodios tan traumáticos como el Gran Salto Adelante y la Gran Revolución Cultural) hasta la actualidad. Como su título indica, este último libro está dedicado al comunismo capitalista que puso en marcha Deng Xiaoping en diciembre de 1978 y que alentado por el ansia de una vida mejor ha hecho de China la segunda potencia económica mundial.

Autor de más de 30 obras gráficas, Li acepta colaborar con el francés P. Ôtié en un proyecto que le exige escarbar sin complacencia en sus recuerdos y desgarrar el trazo gráfico habitual de sus tiras en el Diario de Kunming para reflejar mejor las contradicciones que sacuden China durante estas décadas. El vértigo del cambio de los últimos 25 años es tan brutal que Li en el tramo final del proyecto, es decir, en El tiempo del dinero, tiene serias dificultades para hacer comprender a Ôtié la razón que mueve a la inmensa mayoría de sus familiares y amigos, en particular y de los chinos en general, a enriquecerse sin límites y el poco interés que prestan por cuestiones que para Occidente son fundamentales, como la matanza de Tiananmen.

La obra te agarra porque se perciben con facilidad los esfuerzos de Li por vencer la resistencia a desnudarse en público, cirugía imprescindible para dar autenticidad al cómic. A través de su vida y la de sus amigos, con sus grandezas, sus miserias y cotidianidad, China se acerca a nosotros y permite al lector adentrarse en ese empeño común por el desarrollo y por dejar atrás toda una época de turbulencias, dolor y hambre.

Li utiliza para ello una técnica que presta especial atención a los rostros y a las expresiones (a veces al borde de la caricatura), tan depurada que le bastan unos simples trazos, pero tan elaborada, que en otras ocasiones le permite fotografiar escenas domésticas y paisajes urbanos.

Una vida en China no es solo recomendable para aficionados al cómic, sino también para quienes, lejos de todos los tópicos, aspiren a entender la realidad de este país llamado a marcar la historia del siglo XXI.

Una vida en China. 3. 'El tiempo del dinero'
Li Kunwu y P. Ôtié
Traducción de Ana Sánchez
Astiberri. Bilbao, 2011
270 páginas. 22 euros

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CRÍTICA: LIBROS
Acabar con la tutela al mundo árabe
Por Luz GÓMEZ GARCÍA 

En las reacciones que vienen suscitando las revueltas populares de Túnez a Yemen, hay algo que Occidente no acaba de comprender: la tutela a la que se ha sometido al mundo árabe debe llegar a su fin.

Las masas árabes están demostrando una entraña democrática que echa por tierra las tradicionales excusas de Occidente para regatearles una democracia digna de tal nombre. Apoyándose en la principal de ellas, el miedo al islamismo, Occidente ha amparado una y otra vez la violación de los derechos humanos, la corrupción y la autocracia. El statu quo regional se ha garantizado a expensas de las posibilidades democráticas de las naciones árabes. La tutela exterior, ejercida por Estados Unidos y en menor medida por la Unión Europea, ha sido posible, desde luego, gracias a la tutela interior ejercida por los dictadores nacionales, que han tratado a sus pueblos como menores de edad. Sin embargo, los árabes no pueden ser rehenes de las necesidades geopolíticas de Estados Unidos y sus aliados.

Tradicionalmente esto ha sido posible gracias a la proliferación y perpetuación del estereotipo que asignaba a la civilización araboislámica una inferioridad política connatural. La realidad de los hechos está llamando, más que nunca, a una nueva relación de Occidente con el mundo islámico. Cuando se habla de ello no suelen faltar los píos propósitos (Obama es el primero en derrocharlos, aunque ya queda muy lejos su discurso de El Cairo), pero no se concreta, por lo general, su alcance. La tendencia es a los pequeños cambios cosméticos, cuando está visto que sirven de poco y que lo que urge es un cambio de paradigma. ¡Cambio de paradigma, palabras mayores! Pero de un intento de algo así es de lo que trata el libro de Juan Cole. Según Cole, historiador norteamericano de la Universidad de Michigan, agudo polemista, nada será posible en este sentido sin el respeto a la legalidad internacional, el fin del desprecio al islam y, en gran medida, la configuración de un nuevo modelo energético, basado en energías renovables y limpias. Porque el mundo islámico no dolería tanto si no fuera por sus recursos energéticos (en Asia Central, en Oriente Próximo y en el Magreb) y porque varios países de mayoría musulmana cuestionan el papel regional de Israel, Estado ahijado de Estados Unidos.

La consecuencia de la intencionada confusión entre pugnas culturales que no son tales e imperativos económicos indisimulables es una propensión a la agresión militar que desactiva el poder blando de que goza Occidente en las sociedades musulmanas, fundado en los ideales democráticos y la pujanza científica. Cole analiza todo ello desde la perspectiva estadounidense, que mira ante todo a Arabia Saudí, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán y Líbano. Desde una perspectiva europea, ganarían protagonismo el Magreb, Turquía y el Sahel, y saldrían a la palestra la cuestión identitaria y la presión migratoria. De ahí que no haya bálsamos de Fierabrás para la relación con el mundo islámico. Su diversidad en la unidad lo desaconseja. Vistas las cosas en una dinámica doméstica, de funcionamiento interno de las sociedades árabes, el reto mayor es la emancipación de la mujer. Con frecuencia se reduce a la mujer árabe a un papel de sumisión y de falta de protagonismo, pero existe una larga tradición reivindicativa (en el tiempo, no más corta que la española) que por frágil no deja de estar ahí. Autoras como Huda Shaarawi, Fatima Mernissi y Mai Ghusub han creado un tejido reflexivo árabe del que bebe y contra el que se rebela al mismo tiempo la libanesa Joumana Haddad, autora de una obra poética y periodística centrada en el estatuto del cuerpo en las sociedades árabes. Muy sonada fue la creación de su revista Jasad en 2008. En estas Confesiones de una mujer árabe furiosa critica por igual la sumisión patriarcal y el paternalismo occidental (también el feminista), y declara que una mujer árabe distinta existe, ni dócil y velada, ni occidental por obligación. Y esa mujer es... ella misma. Volteriana, gibraniana, Haddad tiene todo su derecho a gritar y existir y reclamarse única y soberana, y a pensar que así ayuda a la mejora de la condición de la mujer árabe. ¿Y si no es verdad? Igualmente tiene derecho. ¿Y si está equivocada? Pues no pasa nada, ejerce su libertad y así acierta. La sentencia, dentro de cien años. Entender a los árabes es, por encima de consideraciones de caso, entender que su vulnerabilidad no es un hecho intrínseco y exclusivo, sino fabricado y compartido. Ha de verse en el marco del imperialismo estadounidense, que deshumaniza a los sujetos para convertirlos en objeto de sus políticas. Los libros de Judith Butler, Tariq Ali y James Petras ayudan a comprenderlo. Ali incide en los fundamentos político-institucionales del imperio y en el continuismo de las presidencias en teoría disímiles de Bush y Obama. Petras aborda las relaciones de dependencia menos aparentes: cultura, educación, comunicación. Y Butler (en una magistral conferencia impartida en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) analiza lo mediático-doctrinal, en concreto la función reclutadora de las cámaras que graban la guerra, tanto en un sentido literal como en el de reclutar opinión favorable a la acción bélica.

Un nuevo compromiso con el mundo islámico. Juan Cole. Traducción de Yolanda Fontal y Carlos Sardiña. Bellaterra. Barcelona, 2010. 275 páginas. 25 euros. Yo maté a Sherezade. Confesiones de una mujer árabe furiosa. Joumana Haddad. Traducción de Marta Mabres Vicens. Debate. Barcelona, 2011. 142 páginas. 16,90 euros (electrónico: 11,99 euros). Violencia de Estado, guerra, resistencia. Por una nueva política de la izquierda. Judith Butler. Traducción de Patrícia Soley-Beltran. Katz. Madrid, 2011. 81 páginas. 8 euros. El síndrome Obama. Capitulación en Estados Unidos, guerra en el exterior. Tariq Ali. Traducción de Belén Urrutia. Alianza. Madrid, 2011. 247 páginas. 17,50 euros. Economía política del imperialismo contemporáneo. James Petras. Traducción de Equipo Rebelión y Diego Guerrero. Maia. Madrid, 2009. 280 páginas. 12 euros.

Articulo : http://www.elpais.com 13/08/2011

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