samedi 20 août 2011

CRÍTICAS de los LIBROS


CRÍTICA: EL LIBRO DE LA SEMANA Percival Everett
"Las cosas entretenidas no suelen generar pensamiento"
Por Sergio C. FANJUL

Se trata de uno de los escritores estadounidenses más sorprendentes. Su talento y fina ironía se aprecian ahora en España con X. La novela, una parodia sobre el exitoso mundo de la literatura, se sale de los tópicos afroamericanos

Milagrosa e inexplicablemente", según los editores de Blackie Books, la obra del estadounidense Percival Everett (Georgia, 1956) no había sido traducida al castellano hasta ahora. La novela Erasure (que ha sido titulada X, con el beneplácito entusiasta del autor) es la primera que se vuelca en la lengua de Cervantes. Su protagonista, Thelonious Monk Ellison, tiene varios puntos en común con Everett: es afroamericano, dueño de una ironía muy fina, profesor universitario algo frustrado (aunque Everett es catedrático de la Southern California University, cuyo departamento de Estudios Literarios dirige) y escritor digamos experimental. Entre otras cosas, Thelonious es autor de una suerte de remake de Los persas de Esquilo (Percival lo es de una novela sobre Dionisos) que nadie entiende pues, tratándose de un negro, lo normal sería que su pluma retratase "la auténtica experiencia afroamericana", en el sentido en que la pueden retratar una película de Spike Lee o las letras del gangsta rap. Es decir: gueto, delincuencia, drogas, problemas sociales.

Así, Monk escribe una novelita comercial, Fuck (Porculo), una sátira alocada del género, con un protagonista casi borderline al que le cuesta hablar con corrección, pobre y macarra, cuya única preocupación es dejar embarazada a cuanta mujer conoce. Cómo no, esta obra tiene un éxito desbordante e incluso vende por una millonada los derechos para adaptarla al cine. Monk, que la escribe con seudónimo, se ve torturado por el éxito de una obra que desprecia. Este texto delirante, de casi cien páginas, está incrustado en su totalidad dentro de X, una novela dentro de otra novela, como en un juego de muñecas rusas.

Everett parece un hombre reflexivo: habla con voz grave y se piensa un par de veces lo que va a responder.

PREGUNTA. ¿La literatura escrita por negros en Estados Unidos es realmente como la pinta?
RESPUESTA. No es exactamente como Fuck, porque ese lenguaje lo he creado yo, no existe. Pero el lenguaje que usan esas novelas, las que se tienen por auténticas novelas afroamericanas, tampoco existe. Yo no tengo ningún problema con que esas novelas existan, aunque a menudo me parece que están pobremente escritas y que resultan ofensivas. El problema es que durante mucho tiempo han sido la única oferta. Y no hacen más que perpetuar los estereotipos.

P. ¿Por qué esa necesidad de estereotipos?
R. Los estereotipos son fruto de la pereza. La gente, los lectores, generalmente prefiere la confirmación de una idea preconcebida a abrirle paso a ideas nuevas y diferentes. Esa es la razón por la que se mantienen ciertos estereotipos raciales.

P. Si no puede hablarse entonces de literatura afroamericana... ¿Puede hablarse de literatura inglesa o latinoamericana?
R. Cuando hablas de literatura francesa o estadounidense sí que hablas de unos límites específicos, unas fronteras, eso sí que puede tener sentido. Asignarle una etiqueta a un grupo en particular, en un lugar que está contenido dentro de esos límites físicos, no es más que un acto de marginación. La nacional sí me parece una categoría válida. Aunque no vale leer solo un par de novelas de una tradición nacional y hacer juicios de valor a partir de ahí, pues así se crea el estereotipo. Estamos hablando de una cultura variada y compleja, no puede haber una reducción a una o dos de sus manifestaciones.

P. ¿Sabe que a muchos lectores de X les encanta la novela Porculo, de la que Monk reniega?
R. (Ríe) Supongo que está bien, de alguna forma perversa.

La inclusión de Porculo dentro de X es solo uno de los muchos recursos de los que Everett echa mano en la novela, que en su conjunto es un texto fragmentario, donde se mezclan comentarios sobre pesca y carpintería (las aficiones mundanas de Monk) con latinajos, cartas, conferencias eruditas y delirantes diálogos imaginarios entre personajes de la alta cultura con la que el protagonista se identifica, como Oscar Wilde y James Joyce o Mark Rothko y Alain Resnais, entre muchos otros. Técnicas que le han valido la calificación de posmoderno o experimental entre la crítica y que el autor rebate. ¿Posmoderno? "No sé qué significa ser posmoderno, excepto admitir que sigo a los escritores modernistas. La exploración de la forma y la sustancia de escritores serios que se dicen posmodernos en realidad es la misma exploración del modernismo. Si posmoderno quiere decir experimental, entonces Tristram Shandy, de Laurence Sterne, es una novela posmoderna. Creo que los académicos sencillamente han recurrido a esa definición, la de posmoderno, para las novelas producidas durante el tardocapitalismo". ¿Experimental? "Sinceramente no pienso en mi trabajo como experimental. Una novela es por definición experimental, porque el escritor no tiene ni idea de lo que está haciendo cuando empieza a escribir. Picasso no pintaba siguiendo la línea de puntos numerados".

En X, Everett hinca el fino bisturí de la ironía para criticar el mundo académico, la televisión (hay un divertido trasunto de Oprah Winfrey), la industria del cine o la editorial. Nadie se libra. "A veces las decisiones de las grandes editoriales no son tanto literarias como de mercado, de modo que los editores no pueden decir qué libro quieren publicar sin la aprobación del departamento de marketing. Esto resulta antitético a la producción del verdadero arte... aunque supongo que siempre ha sido así".

P. La novela, pues: ¿arte o entretenimiento?
R. Idealmente, el arte sería entretenido para la gente. Idealmente, cuando la gente se encontrase con una novela complicada, difícil (a falta de mejor palabra), que supusiese un reto, debería resultar un entretenimiento. Me gustaría vivir en un mundo en el que la gente se obligase a sí misma a comprender cosas que no se entienden fácilmente. Las cosas que suelen parecernos entretenidas tienen un lugar en la cultura, pero no suelen generar pensamiento ni ponen a prueba al consumidor, al espectador.

P. ¿No está el mundo académico y crítico a veces algo alejado del lector de a pie, que se lee novelas tirado en el sofá ajeno a cualquier trascendencia?
R. Ninguna novela le habla a una persona o a un grupo de personas en particular. Lo que yo espero es que el lector traiga a la obra lo que él o ella sabe. Y es así como obtiene lo que obtiene de la lectura de una novela. Una novela puede despertar el interés de un lector por la teoría literaria, por ejemplo, pero si no es el caso, eso no debería afectar su capacidad para disfrutar la lectura.

P. En este mundo bombardeado por información, tuits, teléfonos inteligentes y redes sociales ¿queda tiempo para sentarse durante horas a leer una novela?
R. Probablemente menos gente dedique muchas horas a leer novelas en un mundo así, pero del mismo modo en que queda espacio para la escultura y la pintura en el mundo, habrá sitio para la novela. Me da cierta tristeza cuando veo a un grupo de personas que mira la pantalla de su teléfono en lugar de comunicarse entre sí. Yo no tengo Facebook porque no quiero herir los sentimientos de las 5.000 personas con las que alguna vez he coincidido en mi vida y que quieren ser mis amigos. Ya tengo suficientes amigos, no necesito más, y no es así como me los hago.

Otras obras de Everett no traducidas, para que se hagan una idea de su amplitud de miras, son Glyph, cuyo narrador es un bebé mudo con 475 de coeficiente intelectual, una hilarante parodia del posestructuralismo que no deja de rendirle homenaje; Wounded, una revisión del western que trata temas como la homofobia, y I Am Not Sidney Poitier, premio Believer en 2010, de cuyo protagonista, que nace de un embarazo de dos años y tiene un parecido asombroso con Sidney Poitier, se acaba ocupando un hombre llamado Ted Turner, igual que el magnate de las comunicaciones. Algunas obras de este extraño universo serán publicadas próximamente por Blackie Books.

En cuanto pisó España, en esta su primera visita, Everett se interesó por el movimiento del 15-M y quiso que le llevasen a la acampada de la Puerta del Sol. "Todavía no sé mucho sobre el asunto, pero aplaudo cualquier intento de elaborar un discurso mejor en política antes que comulgar ciegamente con el statu quo". Inevitable preguntarle por Barack Obama: "La verdad, jamás pensé que vería un presidente negro en la Casa Blanca. Sin embargo, no nos engañemos, la posición de Obama es conservadora, porque el cargo lo pide. No se puede llegar a presidente de los Estados Unidos sin tener una posición conservadora. Eso sí: pasar de un presidente tonto a uno inteligente es todo un avance".

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CRÍTICA
En busca del éxito a través de una novela vergonzosa
Por Alberto MANGUEL

Ácido, crítico, un maestro de la parodia, Percival Everett es una de las perlas escondidas de la literatura norteamericana. En su novela X el protagonista es un narrador conflictivo que descubre los engaños de la literatura, se inspira en los clásicos y fragua un engaño

No es de extrañar que uno de los más audaces, originales, inteligentes escritores norteamericanos de nuestra época no sea debidamente consagrado en su propio país: en los Estados Unidos, Percival Everett es casi un desconocido. Los estragos causados por los conglomerados editoriales y las vastas cadenas de librerías, intentos en convertir al libro en fugaz producto de consumo, han imposibilitado el reconocimiento de auténticos talentos literarios, y han condenado a los lectores de la patria de Faulkner a los minúsculos méritos de un Jonathan Franzen o a las obscenidades de un Brett Easton Ellis. Talleres de escritura que reducen la novela a supuestas fórmulas mágicas, editors que podan y maquillan los manuscritos según el gusto comercial del momento, distribuidores analfabetos que deciden qué libros merecen ser publicitados y cuáles no, suplementos literarios cada vez más breves y más necios, han hecho que la literatura norteamericana sea hoy la más vendida y la más traducida en el mundo entero, y también la menos interesante y la más efímera.

Afortunadamente, la literatura descree de apegos nacionales, y a veces sucede que un escritor ignorado en su tierra natal sea reconocido en el extranjero. Francia, a través de Baudelaire, reveló los méritos de Edgar Allan Poe, Alemania los de Cees Nooteboom, Argentina los de Calvino, Italia los de Sándor Márai. Everett ha encontrado lectores sagaces en Europa (su obra ha sido coronada con el Premio Gregor von Rezzori a la mejor novela traducida al italiano) y si bien tales encomios no han merecido el interés de sus compatriotas, sus extraordinarias novelas han adquirido un público cada vez mayor del otro lado del océano. Ahora Blackie Books de Barcelona ofrece a los lectores españoles una de las mejores novelas de Everett, en una eficaz traducción de Marta Alcaraz.

Las más de veinte obras que Everett ha publicado desde 1983 (cuando apareció su primera ficción, Suder) tienen todas un tono ácido, a veces sarcástico, a veces irónico, siempre paródico. En 1993, David Foster Wallace (otro de los autores impulsado por la ola comercial) trató de argüir, con inconsciente ironía, que la ironía debilitaba la ficción, y que el escritor norteamericano debía reconocer, sin críticas y sin burlas, la "auténtica belleza" de la cultura popular de su país. Everett, sabiamente insensible a los ingenuos argumentos de Wallace, retrata con humor feroz la sociedad norteamericana. El racismo esencial, la veneración machista del aventurero sin escrúpulos, la corrupción política y la vocación democrática, la violencia intrínseca del puritanismo, son expuestos sutil y convincentemente a través de una prosa muchas veces brillante, muchas veces cómica, conmovedora y poética, siempre original. Nadie se parece verdaderamente a Everett: remotos antepasados podrían ser el Petronio del Satiricón y el Laurence Sterne de Tristram Shandy. Sus raíces intelectuales yacen en Atenas y Roma, deuda hecha explícita en al menos tres de sus anteriores novelas, y a través de citas de Tito Livio, Horacio y Ovidio en ésta, pero la voz de Everett, en cada uno de sus libros, es obvia y certeramente la de nuestro miserable siglo.

X (Erasure, el título original quiere decir "borradura") fue publicada en inglés en 2001. El narrador es un cierto Thelonious Monk Ellison, nombre que combina el del célebre músico de jazz y el del igualmente célebre autor de la novela Invisible Man. Thelonious es un escritor de literatura "difícil", inspirada (como la de Everett) por los clásicos, y cuyos libros no sólo no se venden sino que ya nadie quiere publicarlos. En su vida privada las cosas tampoco andan bien: su madre sufre de Alzheimer, su hermano no acaba de definir su identidad sexual, su hermana debe enfrentarse a extremistas religiosos en la clínica donde hace abortos. Al mismo tiempo que Thelonious debe hacer frente a todas estas dificultades, una cierta Juanita Mae Jenkins, autora de una melodramática novela "afroamericana", con su fárrago de lugares comunes (de los cuales Everett nos da desopilantes ejemplos) que implícitamente prolongan ancestrales nociones racistas, se ve consagrada como la gran estrella del mundo literario norteamericano. Para vengarse (del público, de la literatura, del implacable destino que los griegos llamaron Moira), Thelonious, bajo el seudónimo de Stagg R. Lee, trama una novela aún más convencional que la de Jenkins, que su agente vende por un adelanto gigantesco a Random House. Para colmo, su novela, bajo el título Porculo (los editores quieren que llame Porkulo, para que quede menos ofensivo) es presentada a un prestigioso premio literario donde Thelonious forma parte del jurado; si gana, el pobre Thelonious deberá recompensarse a sí mismo por una literatura que abomina. X concluye con la célebre respuesta de Newton a quienes le preguntaban las razones de la ley de gravedad: "Hypotheses non fingo". Tampoco Thelonious (y Everett) pretenden explicar nada.

El epígrafe de X es de Mark Twain, otro antecesor de Everett: "Nunca sería capaz de contar una mentira que alguien pusiera en duda o una verdad que alguien pudiera creer". El lector queda advertido: ni a explicación ni a documento pretende esta novela de Everett, sólo a trazar el retrato de un escritor narrándose a sí mismo, dándose como prueba de la absoluta fidelidad que la auténtica literatura requiere de sus practicantes, y del absoluto engaño al que voluntariamente se entrega el auténtico lector.

X
Percival Everett
Traducción de Marta Alcaraz
Blackie Books. Barcelona, 2011
358 páginas. 21 euros

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Conan Doyle se enfrenta al Mal absoluto
Por José María  GUELBENZU

Narrativa. Siempre se vuelve a sir Arthur Conan Doyle porque era un gran contador de historias. A su pesar, debe su fama a su criatura Sherlock Holmes, pues no era ésa su mayor ambición, pero sus admiradores se lo agradecemos infinitamente.

Sin embargo, quien lea Rodney Stone obtendrá como recompensa dos o tres tardes de lectura fascinante. Se encontrará inmerso en la Inglaterra de principios del XIX siguiendo las peripecias de un chico de pueblo al que un golpe de fortuna sitúa en la élite londinense de la mano de su tío, íntimo del círculo de dandis que rodea al príncipe de Gales y árbitro de la elegancia que, por cierto, mira por encima a un joven elegante que empieza a destacar conocido como Beau Brummell. El tío Charles es muy aficionado al boxeo a puño desnudo, tal y como se practicaba en la época, lo que da lugar a una mezcla de tipos rudos y aristócratas que conviven y se enfrentan en un ambiente boxístico admirablemente narrado lleno de emoción y aventura, donde no falta una intriga muy bien llevada y muy del gusto del sano melodrama decimonónico. Conan, que es tan imperial como Kipling en su mentalidad, nos obsequia con una historia de buenos y malos donde triunfa la Inglaterra de generosos y abnegados luchadores y guerreros siempre dispuestos a demostrar su coraje y valía por el ancho mundo que hicieron suyo. El relato es una suma de episodios muy entretenidos y bien contados, engarzados en una trama de boxeo que, a su vez encierra una subtrama con un enigma digno de las mejores novelas de aventuras.

El valle del miedo, novela de Sherlock Holmes que el maestro John Dickson Carr tenía por "una de las cinco mejores novelas de intriga de la literatura de misterio", hace el volumen número siete de la serie que bajo el epígrafe de Sherlock Holmes / El canon vienen publicando Juan Antonio Molina Foix y Valdemar y que es, sin duda, la edición Holmes en castellano. Cada volumen está prologado con toda eficiencia, se adorna con magníficas ilustraciones, la traducción es impecable y el aparato crítico es exhaustivo. No puede faltar en la casa de ningún amante de las aventuras de Sherlock Holmes. Y dicho esto, añadamos que, en efecto, quizá sea esta la mejor novela de Holmes, menos conocida que las demás. Está dividida en dos partes: en la primera se desarrolla el misterio y se resuelve; en la segunda, se retrocede veinte años atrás para conocer la historia que sostiene la resolución del enigma de la primera. La primera parte responde al esquema clásico: Holmes recibe una carta, parte a un rincón rural a resolver una muerte, desarrolla sus calidades deductivas y resuelve el problema. En la segunda cambia el escenario: estamos en América, donde una sociedad secreta de las que tanto le gustan a Conan y que es, en realidad, un Sindicato del Crimen, opera impunemente en un lugar conocido como El Valle del Miedo. Amores y rufianes se mezclan para ofrecernos un escenario trepidante que, desde el pasado, vendrán a confluir en el presente. Y siempre, la sombra fatídica de Moriarty representando a un Mal absoluto que, sin embargo, puede ser derrotado en batallas concretas, lo mismo que el Bien, pero dentro de una guerra sin fin. Esa visión del Absoluto, que ha pervivido hasta hoy en las novelas de acción, sea la Espectra de Bond o los detestables psicópatas de la novela negra o de terror, procede de una concepción religiosa que continúa instalada en nuestro interior contra viento y marea, aunque sin la gracia, en general, con que caballeros como sir Arthur eran capaces de hacerlo antaño y hacernos estremecidamente felices.

Rodney Stone / El valle del miedo
Arthur Conan Doyle
Traducción de Armando Lázaro Ros
Capitán Swing / Valmemar. Madrid, 2011
368 / 320 páginas. 19 euros

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CRÍTICA
Libros de carne y hueso
Por J. Ernesto AYALA-DIP

Memorias. La obra de Sergio Pitol (México, 1933) transita, además de la traducción, por diversos géneros literarios: novela, cuento y ensayo. En todas estas tareas el premio Cervantes deja su impronta de creador cuidadoso en el arte de la heterodoxia.

En su tríptico novelístico (formado por El desfile del amor, Domar a la divina garza y La vida conyugal) ya hay claras muestras de su manera distintiva de mezclar y reunir en una nueva unidad narrativa todas las posibles procedencias genéricas de las que se nutre. Entre la crítica no faltan colegas que ya han distinguido dicho tríptico como una obra posmoderna. En todas sus novelas, no sólo en el Tríptico, Sergio Pitol convierte cada solución narrativa en una reflexión narratológica. No porque la explicite, sino que queda incorporada en la textura de sus ficciones. Para el escritor mexicano el lugar de la ficción no es nunca un lugar sagrado, el espacio pétreo de la norma y la convención. Sus atajos, las sinuosas líneas de la intriga, las sombras que desparrama sobre sus novelas y cuentos son parte de su estrategia de composición. Los asuntos que trata, bajo el prisma de este personal método formal, desenmascara en parte la historia de México, a la vez que el propio ejercicio novelesco como mecanismo de interpretación de esa parte del territorio de la realidad que no tiene respuesta. Lector fervoroso del teórico ruso de la novela, Mijaíl Bajtín, Pitol sabe que no hay manera de acercarse a ninguna realidad sin que el arte salga indemne. No se sale como se entra. Una vez dentro de ella, la novela cambia, sus leyes ya no son las mismas.

La publicación de su nuevo libro, Una autobiografía soterrada, además de una investigación del espíritu, es la confirmación de las leyes de la distorsión artística que practica Pitol. Estamos hablando de una autobiografía en donde los libros y las lecturas que se han hecho son su materia angular. Si en El viaje (2001), el autor mexicano revivía (a la vez que reflexionaba) su experiencia soviética (en calidad de agregado cultural en la Embajada de su país) y, además, descubría el lado más horrible del estalinismo en la carne de los escritores rusos más emblemáticos, en Una autobigrafía soterrada asistimos a la disección del propio escritor como sujeto de invenciones. Pitol desmenuza su arte poética. Rinde con su escritura clara, homenaje a la claridad de Alfonso Reyes, a la potencia descifradora de Bajtín. Destripa sus propias obras. Se suma a Quiroga y Piglia con su abc del cuento. Explica las razones que lo llevan a urdir esas zonas de nadie y de nada que nos confunden adrede en sus novelas y cuentos. Leí este libro y aprendí. Este lúcido libro sobre seres de papel y seres de carne y huesos.

Una autobiografía soterrada
Sergio Pitol
Anagrama. Barcelona, 2011
135 páginas. 14,50 euros

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CRÍTICA
El Profeta
Por Ignacio VIDAL-FOLCH

Narrativa. El escenario es el Moscú de los años setenta y ochenta, una ciudad inmensa e invertebrada que crece y va devorando los alrededores, de barrios apartados a los que se llega con grandes dificultades, asumidas por todos con naturalidad y paciencia.

Casas, todavía, de pisos comunales, bloques de apartamentos en medio de descampados, hoteles colegiales semivacíos pero con un bufé funcional, grandes espacios urbanos desordenados, tiempos muertos, gente cervecera en las mañanas frías. Y tenemos también un protagonista muy singular y perfilado, El Profeta del título, un curandero autodidacta e intuitivo que practica una medicina moral, o psicomedicina o chamanismo; por entonces estaba de moda esta medicina popular alternativa en la Unión Soviética. Y está la corte de sus pacientes curados, sus apóstoles: un joven estudiante, un periodista especializado en medicina. Al médico que lea esta novela seguro que se le pondrán los pelos de punta: Yakushkin, el curandero, cura cánceres con masajes e infusiones de hierbas del campo e ingesta de polvos dentífricos y cáscaras de huevo, que tienen mucho calcio. Pero antes el paciente ha de someterse a un estricto y prolongado ayuno, pues el hambre extrema y la deshidratación matan a las células cancerígenas. Claro que también perecen las sanas, pero el buen, el santo laico Yakushkin retiene al paciente en la vida mediante el recurso a la conciencia, el frotamiento incesante de manos, la charlatanería incesante: el amor. En su terapia son fundamentales los sermones: "La enfermedad no es otra cosa que la venganza de la conciencia por nuestra falta de sensibilidad". Parece tan tonto como la psicomagia de Jodorowsky, pero estas cosas funcionan a veces, funcionó con el mismo autor, desesperado tras un accidente automovilístico y varias operaciones estériles, y que después de tres años de dolores extremos se puso en manos de un curandero ucranio que le curó en cuatro meses. Makanin es uno de los autores más respetados de la literatura rusa actual, y ésta una de sus novelas más celebradas.

El Profeta
Vladimir Makanin
Traducción de Lydia Kúper
Marbot. Madrid, 2011
250 páginas. 17,50 euros

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CRÍTICA
Tensar el arco y otros poemas. Antología poética (1939-1987)
Por Antonio ORTEGA

Poesía. Por primera vez aparece en España, prologada y traducida ejemplarmente por Marta López-Luaces, una muestra de la obra de Robert Duncan (Oakland, 1919-San Francisco, 1988).

Tensar el arco y otros poemas presenta un episodio crucial de la poética norteamericana de la segunda mitad del siglo XX, del vínculo esencial entre la "modernidad" de Pound, Hilda Doolittle, Walt Whitman, o William Carlos Williams y la "posmodernidad" del verso proyectivo y el poema como campo abierto de los poetas del "Black Mountain College", con Charles Olson o Robert Creely entre ellos. Una figura doble: central porque está presente en la encrucijada de los principales movimientos de su tiempo, y marginal porque el sincretismo cultural de su escritura, con el mito como sistema integral de conocimiento, es infrecuente entre sus contemporáneos. Esa percepción mítica, esos despertados "arrobos de una visión interna de las cosas", permiten al poema acabar en el borde sereno de un momento de realidad trascendente: "El sonido de las palabras espera / a un bárbaro anfitrión en los límites del sentido". El ensamblaje formal de sus poemas orgánicos es fuente y valor de un sentido abierto al rapto de un lenguaje proliferante, "como perros a la caza / del asombro perturbador". Un acontecimiento inicial provoca una estructura matricial que descubre sentidos y formas nuevas, un discurso capaz de revelar el significado del mundo, de crear poemas monumentales, eso que llamaba "gran collage", donde fuerzas internas determinan su forma final. Poemas sin fin, libres y abiertos, una épica modificada, un sentido de conciencia expandida y comunal gracias a sus preocupaciones políticas y sociales. Cada poema tiene su efecto de resonancia en el conjunto de una escritura sostenida en un complejo espacio de relaciones, porque es "desde el interior de la materia donde la / casa se sostiene". Como diría Stravinski, una "gran sinfonía" donde cada fragmento, cada melodía, son acontecimientos irrepetibles que modulan la articulación del mundo y el universo: "un todo hilado con la malla de una lana gastada". Cada poema introduce al lector en un despertar del sentido de la vida, en "El hedor de lo real en la nariz imaginaria". Un lector cómplice y abierto a la creación de un sentido expansible "hasta donde se rompe la resistencia del idioma", casi hasta el infinito.

Tensar el arco y otros poemas. Antología poética (1939-1987)
Robert Duncan
Traducción, prólogo y notas
de Marta López-Luaces
Bartleby. Madrid, 2011. 383 páginas. 19 euros

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CRÍTICA
Último naipe (Poesía completa, 1970-1990)
Por Ángel L. PRIETO DE PAULA

Poesía. Conocido como periodista cultural y novelista, José Antonio Gabriel y Galán (Plasencia, 1940-Madrid, 1993) fue, en el centro de todo, un poeta: un poeta escueto y como renuente, que apareció tarde y desapareció, públicamente al menos, bastante antes de su muerte (sus únicos libros exentos son de 1977 y 1978).

Descartes mentía, refutación lírica del tratado cartesiano Las pasiones del alma, tiene mucho de inventario amoroso y de análisis del fracaso sentimental: "A punto estuvimos de morir de amor, pero murió el amor / y nosotros vivimos". El libro adopta el tono dialogístico de una tensó entre cuerpo y alma, amante (emisor) y amada (interlocutora), el poeta y Descartes. En Un país como este no es el mío, el antiguo trasfondo intimista da paso a una revisión del tema de España, ahora con una formulación coral y polifónica, épica se ha dicho, cuyo modelo discursivo es Anábasis de Perse, que traduciría en 1983. Aunque el motivo conecta con la poesía del medio siglo, ello por no remontarnos al noventayocho o más lejos aún, rasgos como el fragmentarismo, el irracionalismo y la movilidad semántica son absolutamente contemporáneos, y obligan a proyectar la intrahistoria sentimental de la posguerra española, que el autor solicitaba leer "con atención no demasiado localista", en una más amplia historia universal de la derrota. Una edición de su poesía reunida precedente de esta incluía el inédito Razón del sueño (1988), relectura de tópicos barrocos (espejismos, trampantojos, naturaleza muerta...) extrañamente sacudidos por un temblor visionario. Es, en fin, muy oportuno este impecable volumen recopilatorio, enriquecido por la excelente introducción crítica de Luis Bagué. Irreparable e inevitable, el tiempo ha pasado por estos versos; pero tras su corteza de sabor generacional late una poética verdadera y sin azúcares, cuya belleza desabrida sobrevive a lo fungible del gusto.

Último naipe (Poesía completa, 1970-1990)
José Antonio Gabriel y Galán
Prólogo de Antonio Gamoneda
Edición de Luis Bagué Quílez
Editora Regional de Extremadura
Mérida, 2011
280 páginas. 20 euros


Articulo : http://www.elpais.com 0/08/2011

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