dimanche 28 août 2011

Elisa SILIÓ/Entrevista a Peter HøEG



ENTREVISTA: a Peter HøEG
"A los daneses les encanta creerse tolerantes"
Por Elisa SILIÓ

El escritor, uno de los más leídos, ahonda con humor en la falta de espiritualidad en Los niños de los cuidadores de elefantes

Peter Høeg (Copenhague, 1957) es uno de los cinco autores daneses más leídos de la historia -a distancia, claro, de Hans Christian Andersen-, pero son pocos los detalles que trascienden de su vida. Tras alcanzar la cima con La señorita Smila y su especial percepción de la nieve (Tusquets), se encerró en un centro de crecimiento personal y hoy vive, junto a su mujer Akinyi, keniata, y sus hijas, en un lugar fantasma de la península de Jutlandia. Un secretismo que contrasta con la calidez de su trato durante esta entrevista en la oficina de su agente en Copenhague, puro diseño nórdico blanco y minimalista. Høeg promociona Los niños de los cuidadores de elefantes (Ediciones B) con el hablar pausado de un practicante de la meditación y con el porte recto de un excomponente del Royal Danish Ballet, en otra vida marino y actor. En la novela, los tres hijos de unos pastores luteranos, residentes en una idílica isla danesa, se enfrentan a la desaparición de sus padres, vinculados con el terrorismo.

PREGUNTA. Su libro ahonda en la falta de espiritualidad en su país. ¿Es tan grande?
RESPUESTA. Las cuestiones espirituales han adquirido cada vez más importancia en Dinamarca, que es muy pobre en experiencias religiosas. He leído que el segundo libro más leído en España es la autobiografía de Teresa de Ávila y eso significa que en su país sí las hay. No es cuestión de creer o no, sino de tener una experiencia espiritual.

P. Sin embargo, dando una vuelta por Copenhague se ven templos de la Iglesia sueca, la ortodoxa rusa, anglicana...
R. Sí existen, pero no hay tradiciones en Dinamarca desde la reforma luterana. El estilo de vida no es nada religioso. La gente cree en la ciencia, no se plantea grandes cuestiones sobre el amor, la vida... Por eso los niños de este libro buscan respuestas místicas en su entorno y, como no las encuentran, investigan. Esta obra plantea cuestiones serias como la religión, el abandono de unos niños, la relación con sus padres..., pero yo he intentado manejarlas con humor porque reír es la mayor de las libertades.

P. Por esa razón usted practica la meditación, que no budismo.
R. Cuando uno cuenta una historia está en contacto con el que la lee. Y esa unión se produce también en la meditación. Hay que mirar dentro de uno mismo para conectar con el resto. Descubrí al final de mis 20 que había tres cosas fundamentales en mi vida:1) cuidar de mi familia y amigos, 2) escribir los mejores libros que pudiese y 3) buscar un mejor contacto con el resto de personas. Y para eso necesito proteger mi vida privada. He llegado a lo más alto de mi carrera en el plano exterior, pero en el interior me queda progreso para tener una vida plena. Cuando era joven me dediqué a conocer a los lectores y a los editores de otros sitios, pero ahora tengo que centrarme en mi yo. Tengo una casa al lado de donde vivo, donde escribo de once a dos. No puedo mantener la concentración más tiempo. Y una vez al año me mudo a otra casa en un lugar muy remoto y allí puedo escribir seis, siete horas porque no veo a nadie.

P. No ha abandonado su labor altruista.
R. La Lolwe Foundation es pequeña y no me lleva tiempo ahora. Se creó gracias a los libros. Rehabilita edificios. Ya solo viajo una semana al año con mi familia. Hay que ayudar a los niños del mundo global que están enganchados al móvil e Internet e incomunicados de sus padres que trabajan mucho. Cogemos a niños de 12 años una hora a la semana en el colegio y les ejercitamos para que vivan en calma, porque la presión fuera es muy grande. Además, estoy escribiendo un libro sobre el tema. Intentaré que se publique en otros países porque puede ayudar a los niños.

P. La relación familiar del libro es muy chocante para un español.
R. En los países mediterráneos la relación padres-hijos es más cercana. Demasiado. Lo contrario es también malo. Los padres de Peter no están nunca y es peligroso. Hay que establecer un equilibrio entre no ser posesivo y, a su vez, tener cuidado. Quiero remarcarlo en el libro. Los niños son muy astutos para hacer frente a esta ausencia.

P. La crítica literaria encuentra semejanzas en su literatura con la de Italo Calvino o Jorge Luis Borges.
R.Son grandes maestros y no deberíamos mezclarnos. Todos los autores tenemos que aprender de ellos. En el primer libro que escribí, El siglo de los sueños (Tusquets), había mucho de García Márquez porque es de quien aprendí. No hay que tener miedo de robar a otros, es una forma de crecer. Luego lo haces tuyo. Así es la historia de la literatura. Intento explorar otros estilos. En este libro me he preocupado de la forma de hablar de un niño de 14 años y su sentido del humor; y de investigar a gente que parece llevar una vida ordinaria, pero que tiene una gran pasión invisible. Hoy no leo ficción, lo hice durante décadas. Les pasa también a los compositores que no escuchan. Cuando envejeces tienes tantas experiencias que no necesitas otras.

P. Un barco le inspiró en su primer libro ¿y en esta nueva novela?
R. Hace tres años estuve en Alemania y los editores, con quienes tengo mucha relación, me dijeron: Peter, ¿podrías escribir un libro sobre espiritualidad para niños? Normalmente, no escribo por petición, sigo mi instinto, pero me interesó porque trabajo mucho con niños. Pasé dos semanas planeándolo y me di cuenta de que no era capaz, pero empecé a oír la voz de este libro que está concebido como un libro familiar. Mi sueño es que se pueda leer en alto y lo escuchen tres generaciones: los niños, sus padres y sus abuelos. Aquí la cultura está dividida por segmentos de edad y eso no ocurre en África o Brasil donde todos disfrutan con lo mismo.

P. En el libro se pinta Dinamarca como el "país de la tolerancia" y el cierre de sus fronteras refleja lo contrario.
R. ¡Es una broma! A los daneses les encanta creerlo. En los últimos 10 años ha ido a peor. El cierre es una tragedia. Bromeo también sobre la nobleza danesa. Lo encuentro un poco cómico, como en el Quijote. Usé algunos nombres parecidos a los reales y, según salió el libro, llamaron a los editores, diciendo que era ilegal.

P. ¿Se imagina siendo de nuevo marino o bailarín?
R. Hace tres semanas dos amigos de esa época, mi hija de 17 y yo bailamos una coreografía de hip-hop en un cumpleaños. Fue una experiencia estupenda, pero por el entrenamiento que requiere no repetiría. Y marinero tampoco. He pasado tanto tiempo dentro de un barco por los cinco continentes que ahora necesito pasar tiempo en tierra.

***
CRÍTICA:
Parodia de la religión
Por Sergio RODRÍGUEZ PRIETO

¿Mito o marca? Dos décadas después de que La señorita Smila y su especial percepción de la nieve se convirtiera en uno de los raros best sellers internacionales que cuentan además con el beneplácito de la crítica, resulta casi imposible separar el nombre de Peter Høeg de la potente maquinaria comercial que le acompaña.

Y por más que el Høeg de carne y hueso intente desmarcarse de la gloria prefabricada -con esa humildad zen que transmite en las pocas entrevistas que concede-, las expectativas creadas en torno a su figura son tantas, y su público tan amplio y diverso, que todas sus novelas parecen condenadas de antemano a la polémica. Así sucedió cuando rompió una década de silencio literario con Den stille pige (no editada en España). Sus lectores más conservadores le acusaron de una excesiva complejidad argumental y de concederse demasiadas licencias para un thriller, mientras que otros defendieron su disposición para asumir riesgos e innovar desde un planteamiento lúdico que se proponía la reinvención del género. Ante este panorama la única salida que le queda a Høeg es hacer lo que le dé la gana. Y eso es lo que ha hecho con Los niños de los cuidadores de elefantes, su personal parodia de la religión desde la mirada desenfadada de dos adolescentes, el narrador de catorce años y su hermana de dieciséis, ambos capaces de ver y aceptar los "elefantes" de los adultos (la ambición, la vanidad, el miedo a la muerte...) tal y como enseña el proverbio chino que encabeza el libro. La desaparición de sus padres les precipitará en un vodevil frenético de aventuras y misterios que suceden -y se resuelven- con el atropello característico de los dibujos animados y que ofrece un muestrario de personajes a cual más estrambótico: un pastor que viste sotanas de cachemira y conduce un Maserati, un conde yonqui y bisexual o una hacker budista que regenta un negocio de sexo telefónico, por nombrar sólo a unos cuantos. Inmerso en una trama rocambolesca, cuando no descabellada, el narrador va explicando a salto de mata los bandazos de la acción y sacándose comodines de la manga para justificar sobre la marcha un sinfín de casualidades forzadas. Todo es posible en un libro donde los terroristas hacen terapia de grupo en un burdel, los villanos aprovechan el primer diálogo de turno para exponer de cabo a rabo sus estrategias y los niños (y las bisabuelas) profieren amenazas con el aplomo de un rufián de cine negro. Obviamente todo esto es intencionado, forma parte del espíritu del texto, del propósito de un Høeg convencido de que la mejor forma de atacar el fundamentalismo era escribiendo una novela sin ningún fundamento. Allá cada cual con su elefante.

Los niños de los cuidadores de elefantes
Peter Høeg
Traducción de Sofía Pascual Pape
Ediciones B. Barcelona, 2011
423 páginas. 19 euros

Articulo :  http://www.elpais.com 27/08/2011

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