dimanche 14 août 2011

Ignacio VALENTE/ R.L. STEVENSON el gozo de leer


Cuentos completos Autor escocés
R.L. Stevenson el gozo de leer
Por Ignacio VALENTE 

Leo a Julian Barnes, leo a Philippe Claudel, leo a éste y aquél y... me dejan gusto a poco. ¿Dónde están hoy el poder de síntesis, la fuerza, el lenguaje que fluye, la sensación de vida, la hondura, el dibujo de los caracteres que encontramos tan seguido en este autor?

Como era de prever, la lectura -y aun más la relectura- de losCuentos completos de Robert Louis Stevenson (1850-1894) nos depara en sus mil páginas un gozo grande, que hallamos pocas veces en la narrativa actual. Leo a Julian Barnes, leo a Philippe Claudel, leo a éste y aquél y... me dejan gusto a poco. ¿Dónde están hoy el poder de síntesis, la fuerza, el lenguaje que fluye, la sensación de vida, la hondura, el dibujo de los caracteres que encontramos tan seguido en nuestro autor? (Incluso, una nouvelle de Truman Capote, Niños en su cumpleaños , escrita en 1948 y reeditada hoy, estando a medio camino cronológico entre Stevenson y nuestros días, me maravilla con su precisión feliz, con su economía verbal, con esa trasparencia que hace desaparecer el lenguaje por obra del lenguaje y nos deja ante las cosas mismas, las personas, los sentimientos, las situaciones, sin el menor esfuerzo, y por tanto más afín a Stevenson que a nuestros laboriosos contemporáneos, sobre todo en ese resorte elemental e intemporal del género que es el interés por saber qué ocurre en la página siguiente.)

Los inagotables Jekyll y Hyde

Obviamente, estos muchos relatos, la mayoría nouvelles , no tienen una calidad pareja. Digamos que un tercio del libro es de excelencia: ¿se puede pedir más? El resto es un contexto necesario, que por largos trechos no defraudará al lector. Los primeros cuentos o capítulos incluidos en "El club de los suicidas" y en "El diamante del rajá", así como los tres o cuatro que siguen, son interesantes pero un tanto ingenuos o excéntricos, y entre ellos y nosotros se nota el tiempo transcurrido. Así, hasta que llegamos a esa obra maestra que es "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde". He leído varias veces esta novela corta, desde mis años escolares hasta hoy, pero el placer que me ha producido ahora es todavía mayor. Y, cosa notable, la ausencia de aquel suspenso original de la primera lectura, que es un resorte clave de esta intriga, no sólo no disminuye su atractivo sino que casi diría que lo aumenta, porque nos permite apreciar mejor -analíticamente- cómo el autor entra en materia, cómo dosifica la información, sugiere unos hechos y vela otros con suma habilidad, hasta llegar al terrorífico remate que lo esclarece todo.

Dos elementos dan forma a esta obra: una idea brillante, la doble personalidad inducida por la química, y su desarrollo narrativo ejecutado con mano segurísima. El primer elemento -el fantástico- posee dos valores añadidos: su dimensión preternatural no consiste en los trillados fantasmas ni demás parafernalia de ultratumba, sino que es interior a la psique y al soma del protagonista; y además contiene una honda revelación psicológica y fisionómica del mal moral en el corazón del hombre, con centro en Hyde y en el aura maligna que él irradia espantosamente. En ambos sentidos -fantástico y moral-, me parece superior a Poe. La extensa confesión final del Dr. Jekyll corría el riesgo de parecer un deus ex machina , una mera explicación ulterior del misterio precedente; pero a poco andar, cobra substancia propia, se adentra en las honduras abismales del bien y el mal -sobre todo del mal- en la naturaleza humana, llega a ser una parte integrante del relato mismo, incluso la más interesante, y le otorga su coherencia global.

El demonio, el amor y la aventura

Del grupo de relatos "Los juerguistas", todos ellos valiosos, destaco "Markheim", la historia de un asesinato -algo lenta-, seguida de una extraña conversación del criminal con alguien que a ratos parece ser el demonio y a ratos un ángel, acerca de... del bien y del mal, otra vez. El diálogo está lleno de sabiduría sobre la condición humana, y une la verosimilitud con la agudeza moral. Aunque en tono menor, volvemos a encontrar al espíritu del mal en "El diablo de la botella", que recrea en un ambiente polinesio un motivo anterior del género fantástico, el cumplimiento de todos los deseos humanos a costa del alma, con tal sencillez, brevedad y simpatía, que parece difícil de superar en su propio orden al cuento folclórico. Y en "Olalla", la historia un poco lenta de un amor torrentoso en España, el leve toque de lo macabro tiene algo de Poe, pero es más sutil, y por eso mismo más terrible.

No había notado yo, antes de esta lectura completa, lo recurrente de la dimensión fantástica en Stevenson (que vuelve a aparecer en "El ladrón de cadáveres"). Más bien se lo considera, y con razón, una de las cumbres de otro género, el relato de aventuras. De las narraciones de ese tipo recomiendo aquí "La playa de Falesá", una nouvelle de los mares del sur, que no va muy a la zaga de "La isla del tesoro" (y es harto decir). De ella daré tan sólo, para no alargarme más, el siguiente testimonio personal: es uno de los textos más hermosos y amenos que he leído dentro del doble género del relato de aventuras y la novela de amor, protagonizado en una isla del Pacífico por tres personajes de perfil consumado como caracteres: el comerciante inglés decente, la indígena polinesia y el comerciante inglés desalmado.

Articulo : http://diario.elmercurio.com  07/08/2011

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