dimanche 7 août 2011

LVI/ La escritora de la que habla el mundo

La escritora de la que habla el mundo
Por LVI

Es una joven revelación, que no le escapa a la tarea titánica de escribir “la gran novela americana” versión siglo XXI.

Una nueva estrella ilumina el firmamento literario. Es Lauren Groff (1978, Cooperstown, Estado de Nueva York), finalista del Premio Orange para nuevos escritores en 2008 con su primera novela, “Los monstruos de Templeton”, que le valió un contrato para ser traducida a diez idiomas y el elogio de autores consagrados y tan diferentes como Lorrie Moore y Stephen King.

Mientras en Estados Unidos ya ha publicado su segundo libro (un volumen de cuentos) y se espera la salida del tercero (otra novela), los lectores argentinos pueden disfrutar la edición española de “Los monstruos de Templeton”, a cargo de Salamandra: 400 páginas de una narración exquisita, que apuesta fuerte y casi no comete errores y que hace pensar en esa súper etiqueta literaria que atemoriza a más de uno y señala a “la gran novela americana”.

Sólo pueden aspirar a ese título aquellas novelas que expresen el espíritu de la Nación, en un momento dado o desde un determinado punto de vista. Por eso mismo debe tratarse de un “gran relato” que abarque un amplio segmento de la historia nacional. No sólo se trata de extensión sino también de complejidad y todo ello sólo puede lograrse en clave realista. Tiene más chances de alcanzar la gran corona quien escriba una novela de aprendizaje, de formación (eso que suele designarse como bildungsroman ).

“Los monstruos de Templeton” tiene todo eso. Es la historia de un pequeño pueblo del Estado de Nueva York, Templeton, desde fines de 1700 hasta comienzos de 2002, lo que quiere decir que las Torres Gemelas ya estaban en el suelo: “El invierno posterior al atentado contra Nueva York, el país estaba triste, gris, en un tris de precipitarse al Apocalipsis. El mundo que yo conocía se hallaba siempre a punto de acabar; éramos frágiles; yo lo era. Hubiera bastado un suave codazo para que me despeñara en caída libre”. Ese yo que narra, entonces, es el espejo de todo un país.

Templeton es la versión ficcional de Cooperstown. Admite Groff: “Mi Templeton es a Cooperstown lo que una sombra al árbol que la produce, una silueta que cobra la textura del suelo en que se proyecta”. Ese juego entre ficción y realidad no es nada ingenuo: “La ficción consiste en contar la verdad mediante mentiras”, escribe Groff, con la seguridad de quien se pasó mucho tiempo meditando el asunto.

Y como Cooperstown no es un pueblo cualquiera para Estados Unidos -es el pueblo de James Fenimore Cooper (1789-1851), uno de sus grandes novelistas, autor, entre otras recordadas novelas, de “El último mohicano”-, Templeton también tendrá su escritor famoso, su archivo histórico y, como si no bastara con ello, será la cuna de uno de los deportes más populares: el béisbol.

Hay, al menos, otro juego literario a tener en cuenta: así como William Faulkner incluyó en “¡Absalón, Absalón!” un mapa de Yoknapatawpha, el libro de Groff se abre con el mapa de Templeton. 

Pero esta mujer va mucho más allá: en casi todos los capítulos coloca retratos de sus personajes (fotos, pinturas) y va reescribiendo periódicamente el árbol genealógico de su protagonista.

La novela comienza así: “El día que regresé a Templeton sumida en la desgracia, el cadáver de un monstruo de quince metros de largo emergió a la superficie del lago Glimmerglass”. Quien narra  -quien regresa- deberá contarnos quién es, de dónde viene y por qué vuelve abatida, qué es Templeton para ella y cómo es que un monstruo habita las aguas de su lago. 

Articulo : http://losandesmedia.com 07/2011

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