dimanche 14 août 2011

Patricio TAPIA/ Las vidas paralelas de Christopher HITCHENS


"Hitch-22" Memorias del controvertido escritor
Las vidas paralelas de Christopher Hitchens
Por Patricio Tapia 

El reconocido polemista, autor, crítico y analista se ha enfrentado a muchos y en muchos frentes, desde la literatura a la política. Su oponente mayor ahora es la enfermedad. Previa a ella publicó sus memorias, que llegarán a las librerías chilenas en septiembre.

Figura tempestuosa, con tantos devotos como enemigos, el crítico y comentarista Christopher Hitchens ha abrazado causas tan dispares como el radicalismo socialista y la guerra contra Irak. Se le ha llamado, en el mejor de los casos, provocador o disidente y, en el peor, renegado o traidor. A eso hay que agregar algunas de sus características distintivas: dedicado bebedor y fumador, escritor ingenioso y polemista temible, periodista tan cáustico y versátil como ferozmente prolífico, en revistas prestigiosas (que van desde New Statesman o The Nation hasta Slate , Atlantic Monthly y Vanity Fair ), atacando a una infinidad de personajes distinguidos.

Doble vida

Que se le apliquen los epítetos "alborotador izquierdista, enemigo de las tiranías" lo mismo que "neoconservador, partidario de guerras imperiales" no responde tanto a un episodio del doctor Jekyll y el señor Hyde como al paso del tiempo. Después de todo, el tránsito de la izquierda a la derecha no es tan poco frecuente por causas como la desilusión con el socialismo y los atractivos del liberalismo. Pero Hitchnes, según muestra en sus memorias, ya en su juventud como estudiante vivía una dualidad. A veces era "Chris", el agitador trotskista en las barricadas o piquetes ante las fábricas, arrestado en protestas. Otras veces era "Cristopher", el bien vestido invitado a cenas de alta sociedad, en selectas habitaciones doradas, bebiendo vinos refinados, frecuentando a estudiantes ricos y a algunos "pomposos e ingeniosos reaccionarios". Estaba lejos del tiempo en que sus amigos lo llamarían "Hitch", de manera que el tema de "Chris / Christopher" representaba, dice, parte de la doble vida que intentaba llevar en Oxford. Pero la coexistencia del activista radical y el aplicado bon vivant , son sólo algunas de las dicotomías que han poblado su vida, todas las cuales figuran en Hitch-22 : literatura y política, derecha e izquierda, Inglaterra y Estados Unidos, homosexualidad y heterosexualidad, judío y ateo. Y una que no aparece en el libro: salud y enfermedad.

En junio de 2010, durante la gira promocional de Hitch-22 , las cosas comenzaron a ir mal. Debió suspenderla y le diagnosticaron un cáncer terminal al esófago. Sometido a tratamientos y operaciones (casi murió en enero de este año), ha mantenido sus columnas y ha escrito sobre el proceso con honestidad, coraje y decoro. Dice ser residente de "Ciudad Tumor". "Estoy muriendo, pero también usted", le respondió a un periodista. "Sólo que yo lo hago más rápidamente".

Ni pronto ni tarde

El libro surgió por un error: el catálogo de una muestra de fotografías lo describía erróneamente como "el difunto Christopher Hitchens". Como una pequeña corrección, escribió sobre su vida. Cuando pensó hacerlo antes, tuvo la reserva de que fuera "demasiado pronto"; pero no quería que fracasara porque fuera "demasiado tarde". Nacido en 1949, Hitchens ya tenía más de 60 años al publicarlo.

Los dos primeros capítulos están dedicados a sus padres. Yvonne, su madre, es exótica, esperanzada, indecisa. Su lacónico padre, a quien llama "el comandante" -porque lo había sido en la Marina Real- es severo, contenido, desilusionado y pesimista. Es un matrimonio mal avenido, de clase media baja, que se esfuerza porque su hijo medre y forme parte de la clase alta. Años después, cuando los hijos estén crecidos, Ivonne dejará el hogar y aparecerá al poco tiempo muerta en un pacto suicida con su amante, en un hotel de Atenas. Hitchens, veinteañero, irá a rescatar el cuerpo. Tras esos capítulos iniciales, el libro no vuelve a tener tanta intensidad y tristeza.

La vía de ascenso social es para Hitchens la educación. Estudia en un colegio privado que sus padres apenas pueden pagar. Allí, dice, se dio cuenta por primera vez de que las palabras pueden funcionar como armas. Llega después a la Universidad de Oxford, donde inicia su "doble vida" de activista político -se unió a un movimiento de izquierda Socialistas Internacionales- y de fascinación por los círculos de poder. Entre sus maestros y gente que trató como orador de una sociedad de debates oxoniense están: Steven Lukes, Noam Chomsky, Isaiah Berlin, John Sparrow, Leszek Kolakowski. En lo restante del libro, los nombres de amigos y conocidos famosos aparecen como bombas de racimo: desde Gore Vidal o Susan Sontag hasta Bill Clinton. A éste lo conoció en la universidad, donde según dijo célebremente, fumó marihuana pero "no inhaló"; precisa Hitchens que era alérgico al humo por lo que la consumía en galletas. Dedica capítulos a sus mejores amigos: James Fenton, Martin Amis, Salman Rushdie y otro a Edward Said, a quien conoció en 1976 y pasó de una gran cercanía al distanciamiento. Al confesar algunas de sus aventuras homosexuales juveniles, dice haber sido amante de dos jóvenes que después formarían parte del gobierno de Margaret Thatcher, a los que no nombra. Después sólo se fijará en mujeres. Pero es reticente con esta parte de su intimidad: de sus dos esposas y de sus amantes apenas habla. También sus tres hijos son mencionados al pasar.

Su labor política lo lleva a viajar. En 1968, a Cuba (no le gustaron las condiciones en que allí se vivía y lo hizo saber) y pretendió ir a Praga, pero la invasión rusa lo impidió. En los años 70 comienza a trabajar en prensa, lo que lo lleva a otros países: Grecia, Chipre, Irlanda, Portugal, España, Polonia, Argentina (donde conoció a Borges). Sus visitas a Cuba o Polonia lo hicieron desconfiar de las revoluciones y sobre todo, de los regímenes que se instalaban tras ellas.

En esos años comienza su reputación como bebedor: su tolerancia al alcohol era mayor que la de nadie que conociera, y esa reputación no era fácil entre periodistas ingleses de la vieja guardia. En un apartado del libro cuenta que esa época ha pasado. Al momento de escribir, considera que bebe con "relativo cuidado" -lo que debería ser obvio dada su productividad inusual de artículos y sus clases- : en torno a las doce y media un whisky y al almuerzo media botella de vino tinto -"no siempre más, pero nunca menos"-, lo que repite en la noche.

A esas alturas, se ha vinculado a lo más granado de la literatura inglesa de la época. A mediados de los 70 y hasta principios de los 80 se hacía una "comida de los viernes" en que participaban los Amis, padre e hijo, Clive James, Peter Porter, Carig Raine, Terry Kilmartin, Mark Boxer, Russell Davies, Ian McEwan, Julian Barnes, James Fenton, Robert Conquest y Hitchens, dedicándose a los cotilleos y juegos de palabras.

Estados Unidos

Sus viajes lo llevan muchas veces a Estados Unidos. Finalmente se mudó a ese país en 1981: primero Nueva York, luego Washington. En 2007 consigue la ciudadanía. En el interín se ha identificado con una amplia variedad de causas, siempre tratando de derribar a figuras que considera negativas: Kissinger, Bill Clinton, Sadam Hussein. También atacó a la Madre Teresa de Calcuta y, más tarde, a Dios. Ateo devoto, tras décadas de una labor reconocida pero confinada a ciertos círculos se convirtió en súper ventas con su libroDios no es bueno (Debate, 2008), convirtiéndose en una de las figuras más visible del llamado "nuevo ateísmo".

En todo caso, su espectacular "conversión" -quizá no sea la mejor palabra para Hitchens- desde una fe izquierdista a otra derechista se manifestaba fundamentalmente en que si bien se opuso a la primera Guerra del Golfo de 1991, apoyó decididamente la segunda, no sólo agitando banderas, sino que tuvo, como detalla en el libro, una activa participación animando la invasión en los más altos niveles del gobierno de Washington. Influyó en eso, probablemente, la fetua (la condena a muerte) de Jomeini contra su amigo Salman Rushdie y más tarde, el ataque del 11 de septiembre de 2001. La Guerra del Golfo, en todo caso, implicó un episodio más bien triste: el caso del joven soldado que fue a Irak inspirado por Hitchens y que murió allí, y a cuya familia finalmente contactó.

Según Hitchens, Gore Vidal le señaló que uno no debería nunca desaprovechar la oportunidad de tener sexo o aparecer en televisión. Esforzándose por estar a la altura de esa máxima ha pasado muchas horas en programas de televisión por cable en horas intempestivas. Reconoce, sin embargo, que cada vez que va se siente algo culpable. "Es preeminentemente el mundo 'blando' del sueño, la ilusión vana y la 'percepción': tiene solo una relación de sucedáneo con respecto al mundo 'duro' de las palabras impresas y los conceptos escritos al que he intentado dedicar mi vida".

No aburrir

La madre de Hitchens sostenía que el único pecado imperdonable era ser aburrido. Su hijo se ha esforzado por no incurrir en él. No lo es en Hitch-22 , aunque a veces exagera con sus juicios lapidarios. Así, de Herbert Marcuse y R. D. Laing dice que son pseudointelectuales que definen la idiotez moral de los 60; al filósofo Michael Dummett lo llama "un profesor sensiblero y bastante tonto"; al Maharishi Mahesh Yogi que había iluminado a los Beatles lo tilda de "siniestro charlatán" y a Jimmy Carter de "pío reptil renacido". A pesar del descubrimiento tardío, en 1987, de su condición judía (su abuela materna lo era, aunque su madre lo ocultó) insulta a Martin Buber.

Tampoco aburren sus artículos. Desde 1992 y hasta ahora, Hitchens mantiene una columna en Vanity Fair , en que ha hecho de todo: pasó por una mejora estética que implicó depilación brasileña, máscaras de barro, gimnasia y tratamiento dental, lo mismo que por un ahogamiento simulado o por asistir a manifestaciones en Beirut (donde lo golpearon) o viajar, abriéndose camino con otra identidad y sobornos, hasta Corea del Norte.

Hay un factor posterior a la publicación original del libro, que influye en su lectura: el cáncer de Hitchens. Entrega una perspectiva distinta. Para empezar, en la justificación de sus giros políticos, pues hay cosas más importantes que ellos y, finalmente, no parecen tan graves. Como anota Hitchens, la síntesis a la que aspiraba era la orwelliana: "desarrollar un antitotalitarismo consistente e integral" y probablemente no esté muy lejano.

Otra cosa son las luces retrospectivas. Alguna vez, durante su juventud, Hitchens empezó a tartamudear. En una nota del libro señala: "Superé ese defecto y ahora puedo hablar, a menudo o preferentemente sin interrupción, horas seguidas". Pero, si bien pese su enfermedad, seguía escribiendo y dando conferencias, en abril de 2011 tuvo que cancelar una aparición en una convención sobre ateísmo; envió una carta: "Nada me habría impedido unirme a ustedes excepto la pérdida de mi voz (al menos mi voz hablante) que, a su turno, se debe a una larga discusión que actualmente mantengo con el espectro de muerte". Hasta que el cáncer no atacó sus cuerdas vocales, Hitchens no se había preocupado mucho por la "voz del escritor" y al tema dedica su último artículo, de junio, en Vanity Fair .

Variaciones de Hitchens

Hitchens es un autor tan versátil, que pasa de la política a la literatura sin problemas. Su libro Amor, pobreza y guerra(Debolsillo, 2011) parte de la idea de un proverbio según el cual la vida de un hombre no es completa si no ha conocido esas tres cosas. En la sección "amor" aborda a autores que van desde Lord Byron o Trotsky a Borges -cuenta de otra forma su encuentro referido enHitch-22 - y Joyce. Son artículos literarios o biográficos sobre las contradicciones de Churchill y Kipling, o sobre Evelyn Waugh. En la sección "Americana" son lugares o personas: un reportaje sobre Sunset Boulevard, un viaje por la Ruta 66, un comentario sobre Las aventuras de Augie March de Bellow. En "pobreza" incluye algunos de sus ataques, a veces feroces a Michael Moore o Teresa de Calcuta (cuenta cómo lo llamó el Vaticano para testificar en su contra en el proceso de canonización). En "guerra" hay una sección "Antes de septiembre" (visitas a Kurdistán y Montenegro, Corea del Norte y Cuba) y "Después de septiembre", que recoge sus artículos sobre el ataque del día 11: desde la perplejidad al terror. En su campaña atea, como agregado a Dios no es bueno se ha publicadoDios no existe (Debolsillo, 2010), una antología de "lecturas escogidas para el no creyente", desde Lucrecio hasta nuestros días, con textos de Spinoza, Darwin, Mark Twain, Bertrand Russell y otros, incluyendo a sus amigos Daniel Dennett y Richard Dawkins.

Articulo : http://diario.elmercurio.com  07/08/2011

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