dimanche 28 août 2011

Patricio TAPIA/ P. D. JAMES investiga la novela policial



Literatura de género De asesinatos y detectives
P. D. James investiga la novela policial
Por Patricio Tapia 

Es una de las más reconocidas escritoras de novelas policiales. En su último libro condensa sus conocimientos sobre el género al que se ha dedicado por cincuenta años.

Aunque no es lo mismo practicar un deporte que hablar sobre él -como atestiguan los comentaristas cuyo único músculo ejercitado en años ha sido la lengua, para criticar los errores de un atleta-, P. D. James demuestra en Todo lo que sé sobre novela negra que, además de ser una distinguida autora de novelas policiales, es una acabada conocedora y una guía entretenida y competente en el género al que se ha dedicado.

Por sus memorias, que llamó "un fragmento de autobiografía", La hora de la verdad (1999), sabemos que P. D. James de niña visitaba a su madre internada en una clínica psiquiátrica, lo que la obligó a hacerse cargo, quinceañera, de sus hermanos menores; que se casó con un médico, quien regresó de la Guerra mentalmente enfermo; que debió criar a sus hijos trabajando en varios lugares: en hospitales primero, luego en el Ministerio del Interior, y en la policía. Y que así surgió la novelista: del contacto burocrático con los crímenes y de la lectura de ese género. James es famosa por la serie de novelas que tiene como protagonista al policía viudo, taciturno y dado a escribir poesía Adam Dalgliesh, llamado así -revela en uno de los pocos pasajes autobiográficos de Todo lo que sé sobre novela negra - "por el profesor de inglés que tuve en la Cambridge High School".

Orígenes y Edad Dorada

Todo lo que sé sobre novela negra (la traducción más bien engañosa del libro que en inglés se titula "Hablando de la novela de detectives") señala la estructura definida y las convenciones establecidas del género: un crimen misterioso, normalmente un asesinato; un círculo cerrado de sospechosos, todos ellos con móvil, medios y oportunidades para haberlo cometido; un detective, aficionado o profesional, que intenta resolverlo; y, finalmente, una solución a la que el lector debería poder llegar por deducción a partir de las pistas, aunque engañosas, dadas en la novela. Precisa, eso sí, que tal definición es algo restrictiva y está más acorde con la llamada "Edad Dorada" (las dos décadas de entreguerra) de la novela policial y no con la realidad actual.

James busca sus orígenes y opta por La piedra lunar , de Wilkie Collins, como la primera historia detectivesca clásica. En su recorrido posterior están los sospechosos de siempre (o más bien, los detectives de siempre), de manera que hay un capítulo dedicado a Arthur Conan Doyle y Sherlock Holmes ("el indiscutible Gran Detective"), y al hablar de él, menciona las aportaciones de Edgar Alan Poe, quien en cuatro relatos breves introdujo los mecanismos narrativos que después se repetirán en las historias de detectives de los inicios. Otro victoriano que valora es Chesterton como autor de relatos cortos de detectives y su protagonista el padre Brown.

Al tratar la "Edad Dorada", menciona obras conocidas, como El último caso de Trent (1913), de E. C. Bentley o las novelas de Michael Innes y su detective Sir John Appleby. Y aborda cuatro autoras admirables: Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, Margery Allingham y Ngaio Marsh. A Christie la llama una "ilusionista literaria" y, según James, no ha ejercido gran influencia en el desarrollo posterior del género. Sus simpatías van más por Dorothy L. Sayers, la más versátil, con tantos admiradores como detractores. Lo llamativo es su conocimiento de obras que no siempre son fáciles de seguir, para empezar por la profusión con que se publicaron. Por ejemplo, el detective Reggie Fortune, de H. C. Bailey, protagonizó 95 historias o la Dame Beatrice Adela Lestrange Bradley, de Gladys Mitchell, apareció por primera vez en 1929 para seguir haciéndolo una vez por año, y en ocasiones dos, hasta 1984.

Otros aspectos

No obstante su énfasis británico, dedica un capítulo a la novela negra de Estados Unidos: el género " hard-boiled" . Mientras los detectives ingleses de cuna ilustre e impecable corrección entrevistaban cortésmente a los sospechosos en los salones de sus casas de campo, los escritores estadounidenses sacaban material e inspiración de una sociedad distinta. Si la narración británica se ocupa de poner orden en el desorden, los estadounidenses exploran los grandes alzamientos sociales de los años veinte, el desgobierno, la corrupción y la violencia, creando detectives acostumbrados a ese mundo y que no tratan de restaurar el orden moral. Los autores más famosos son Dashiell Hammet y Raymond Chandler, pero su favorito es Ross Macdonald y destaca entre los actuales a Sara Paretsky.

En capítulos separados aborda desde las reglas del género hasta de cómo contar la historia (el contexto, el punto de vista y los personajes); desde los críticos y aficionados (y la pregunta de por qué el género no le gustaba a Edmund Wilson mientras que para Auden eran una suerte de adicción) hasta su presente y futuro.

En cuanto a las reglas cita al académico y sacerdote Ronald Knox, quien estableció en el prefacio a una antología de los mejores cuentos de detectives de 1928-29, algunas normas, que implican desde el "juego limpio" ("cualquier agente sobrenatural queda descartado"; "el detective no podrá cometer el crimen ni descubrir pistas que no se den a conocer de inmediato al lector") hasta la arbitrariedad ("no deben aparecer chinos en la historia"). James apunta que no hay que seguir obligadamente todas estas reglas (menciona cómo Agatha Christie rompió varias y que le resulta difícil comprender la prohibición de los chinos), pero las analiza con cuidado y ejemplos.

Todo lo que sé sobre novela negra está lleno de anécdotas sobre los autores famosos y no tanto. Como está centrado en la novela de detectives inglesa, a la que se dedica casi completamente, menciona sólo muy brevemente al belga Georges Simenon y, al pasar, al sueco Henning Mankell. Y de los contemporáneos ingleses no se detiene mucho más que en las novelas de Ian Rankin o las de su amiga Ruth Rendell.

Medio siglo de crímenes

Si se va a escribir una novela policial, ¿por dónde empezar? ¿Por el arma o por el cadáver? ¿Quizá, por quién investigará el caso? Phillys Dorothy James (Oxford, 1920) comienza por la ambientación. "En mis propias novelas de misterio, salvo en raras excepciones, me ha inspirado el lugar más que la forma de matar a la víctima o un personaje", señala en Todo lo que sé sobre novela negra y cómo Intrigas y deseos (1989) surgió de una visita a East Anglia cuando se encontraba en una playa desierta.

Su obra alcanza casi 20 novelas, desde Cubridle el rostro (1962) hasta Muerte en la clínica privada (2008). Ha sido proclive a las comunidades aisladas (un hospital, una estación nuclear) y a los crímenes truculentos. En Mortaja para un ruiseñor (1971), a una enfermera que es voluntaria para una demostración de alimentación intragástrica se le suministra ácido carbólico (desinfectante para baños) en vez de leche y muere retorciéndose frente a la clase. En Una cierta justicia (1997), una exitosa abogada es asesinada en su oficina con un abrecartas en el corazón, siendo teatralmente ataviada con una peluca empapada de sangre.


Articulo : http://diario.elmercurio.com  21/08/2011


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