dimanche 14 août 2011

Pedro Pablo GUERRERO/ Matías KUNSTMANN debuta en la novela


"Lo improbable de mí" Publicada por Tajamar
Matías Kunstmann debuta en la novela
Por  Pedro Pablo Guerrero 

El escritor y abogado relata en su primer libro la historia de un científico chileno, asistente de investigación en la Facultad de Física de la Universidad de Columbia, que conoce en 2003 a una joven activista contraria a la invasión de Irak.

Hay cosas que a Matías Kunstmann Rioseco le preguntan a menudo. Y sí, su apellido alemán es el mismo de los colonos que llegaron al sur de Chile en tiempos de Pérez Rosales, y está emparentado indirectamente con los cerveceros de Valdivia, aunque no los conoce. Él nació en Concepción el año 1974, estudió derecho en la Universidad de Chile y hoy es un abogado especialista en asesorías tributarias, que ejerce de manera independiente, luego de trabajar durante años en estudios jurídicos y firmas auditoras.

Al comienzo, Kunstmann se acercó a la poesía, no a la narrativa. Estuvo varios años en el taller de Marina Arrate, pero se "desencantó" de ese mundo por motivos personales. Hacia 2003 entró al taller de cuentos de Alejandra Costamagna, al que asistió de manera intermitente. Por medio de la escritora, llegó al taller de Pablo Azócar, donde permaneció hasta 2005. Tres años más tarde comenzó a escribir una novela sobre dos jóvenes -él chileno, ella norteamericana- que se conocen en la Universidad de Columbia, en vísperas de la invasión de Estados Unidos a Irak.

Su primer proyecto de narrativa larga no tuvo un comienzo fácil, reconoce Kunstmann. Desechó la versión inicial, recicló algunos elementos y presentó el manuscrito definitivo a varias editoriales. Todavía esperaba una respuesta cuando, el año pasado, ganó el Premio del Consejo Nacional del Libro a la mejor obra literaria inédita, lo que decidió su publicación en Tajamar.

-¿Qué se siente partir con un primer libro a los 37 años?
-No me veo en una carrera literaria. Por el momento, trabajo como abogado y me siento súper cómodo haciendo las dos cosas. Me gusta escribir, pero no necesariamente me voy a dedicar a esto, entonces tampoco siento que haya empezado tarde. La verdad es que este libro lo escribí como una experiencia personal para pasarlo bien, aunque no siempre lo pasé tan bien cuando lo estaba escribiendo.

-¿Cómo surgió la idea de intercalar textos sobre física y astronomía en la novela?
-Por una cuestión bastante azarosa, leí acerca de los agujeros negros. Me gustó como metáfora para mi historia esto de que fueran un lugar en el universo en el que no hay espacio ni tiempo. Mis personajes no están en ninguna parte, son incapaces de habitar plenamente el presente. Seguí leyendo y llegué a las biografías de los físicos que desarrollaron la teoría cuántica. Traté de hacer un paralelo entre ellos y la desintegración de la realidad que va experimentando el protagonista de Lo improbable de mí .

-¿Te costó dar con el título?
-Las primeras tentativas tenían que ver con ese lugar sin tiempo ni espacio, pero después, por la trama, me fui metiendo en el tema de las probabilidades. Leí un libro muy entretenido acerca de la física y la conciencia: El enigma cuántico , de Bruce Rosenblum y Fred Kuttner. En mi novela, el protagonista siente en un momento que la realidad es absolutamente azarosa y que se relaciona con observadores que él no maneja. Incluso se cuestiona la probabilidad de ser, lo que hizo que ese título cuajara.

-¿Por qué eliges como protagonista a un físico?
-Tiene un sentido funcional dentro de la historia, que empieza a derivar en una cosa medio policial, con el detective Fonseca que acosa al protagonista haciéndose el tonto, a lo Columbo. Me interesaba mucho que esta novela estuviera centrada en la acción, y todo lo que tuviera que ver con reflexiones se leyera en forma transversal. Para eso era necesario que el personaje no fuera mi alter ego, sino que hubiera cierta distancia.

-El contexto de la novela corresponde a inicios de 2003, año en que empezaste un Magíster de Derecho en la Universidad de Toronto.
-Efectivamente. Cuando viví en Toronto estaba inserto en el ambiente universitario justo en la época de la invasión a Irak. Fue una buena experiencia, porque estaba lo suficientemente cerca para ver la reacción de lo que pasaba en un mundo tan próximo a Estados Unidos como lo es el sur de Canadá, pero lo suficientemente lejos para no estar inmerso en esa realidad. Los canadienses tienen una visión entre celosa y cínica de sus vecinos, con toda una carga de amor-odio.

-La actitud del protagonista frente al discurso crítico de la academia es muy escéptica.
-Es que en los ambientes universitarios de posgrado prima la cultura de lo políticamente correcto. Si discutes un planteamiento que todo el mundo acepta, cruzas una línea súper fina y empiezan a sospechar de ti, que es precisamente un tema del libro. Mi personaje mira con desconfianza ese absolutismo de los "buenos" y tiende a empatizar, en cambio, con los incorrectos, no porque esté de acuerdo con su incorrección, sino porque es capaz de ver en ellos matices que los hacen personas muy queribles.

-¿Leíste "En busca de Klingsor", de Jorge Volpi?
-No. Y me lo han preguntado. El que sí leí, y no me gustó, es un libro que también está mezclado con la física: Crímenes imperceptibles, de Guillermo Martínez. Lo leí porque me comentaron este link entre la ciencia y una historia policial, pero no empaticé con el tono del narrador. No era el que le quería dar a mi novela, que es, como yo lo veo, mucho más juguetón y absurdo.

-¿Te interesan las discrepancias entre la realidad y su interpretación?
-Sí, desde siempre, y tiene que ver con lo que fui a estudiar a Canadá: la visión intersubjetiva del mundo, en oposición a las visiones objetivas que postulan que las cosas son como son, y no como un auditorio de personas relevantes entiende que son. La diferencia entre la opinión y el gusto es un problema planteado por Kant, que retomó Hannah Arendt y desarrollaron Gadamer y Habermas, entre otros.

-¿Cómo se relaciona este problema con tu novela?
-No tiene que ver directamente, pero sí con el mismo bichito de que la realidad no viene dada. Yo sólo soy un turista de la física, pero me gustó descubrir que, en algún sentido, ella apunta sus dardos al mismo lugar. Las grandes verdades son inasibles para las personas. En cambio, entiendes el mundo como tu entorno lo entiende. Es un tema que me gustaría seguir explorando en mis próximos trabajos.

Articulo : http://diario.elmercurio.com  07/08/2011

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