samedi 20 août 2011

Repelente y fascinante


Repelente y fascinante

En junio de 1959, se descubrió el cadáver de una mujer joven, Jean Hilliker, en la cuneta de un barrio de mala fama en Los Angeles. La posición del cuerpo, sin ropa interior, con una media atada a un tobillo y la otra anudada al cuello, sugiere inequívocamente la naturaleza sexual del crimen.

Su hijo, el futuro novelista James Ellroy, fue recogido enseguida por su padre. El niño tuvo una educación singular, pues lo llevaban al cine todos los días. El adulto le enseñó que los actores principales de Hollywood eran homosexuales, lo cual era una buena noticia: así, ellos dos dispondrían de más mujeres. Mientras crecía, James flirteó durante temporadas con la delincuencia en forma de robos menores, vagancia, alcohol y drogas. Además, veía por su cuenta muchas películas y series de televisión; desde muy temprano, comenzó a leer como poseso, en especial a los autores de la novela negra americana, tales como McCoy, Willesford, Gardner, Chandler y Hammett.

En 1979 publicó Réquiem por Brown , al que siguieron La Dalia Negra , L. A. Confidential , Jazz blanco y muchas otras ficciones policiales, algunas llevadas exitosamente a la pantalla. En 1996 apareció Mis rincones oscuros , su estremecedora autobiografía; en vez de seguir usando herramientas literarias para hurgar en la realidad, describiendo delitos horribles, dotado al fin de madurez suficiente para mirar el pasado, Ellroy intentaba reconstruir el asesinato de su madre con la ayuda de un agente jubilado y lo relataba en un espléndido reportaje, donde la primera persona era él mismo. Por primera vez, este hombre algo esquizofrénico, que siempre oyó voces, se armaba de la paciencia, la ternura y la compasión necesarias para escuchar la única voz que había tratado de acallar con el estrépito de su obra: la del muchacho herido, transmitiéndola con una limpieza deslumbrante al hablar de su propia vida.

En adelante, la producción de Ellroy ha aumentado, cayendo en lo irregular o mediocre. La crítica nunca ha estado de acuerdo con respecto a los méritos del autor californiano: mientras algunos lo consideran genial, otros estiman que, si bien ha concebido piezas de calidad, por lo general redacta folletos desechables, eso que en inglés llaman pulp fiction . A la caza de la mujer (Mondadori, 226 páginas, $9.000), su última entrega, vuelve al tema de su biografía, aunque ahora sin la furia, la pasión, la energía de sus memorias. Y lo hace desde la perspectiva del escritor millonario, consagrado, que escarba incesantemente en sus peores debilidades.

El título original del libro es The Hilliker curse , o sea, "La maldición Hilliker"; no es reprochable que se haya traducido de otro modo, ya que los lectores sin conocimiento de los hechos que resumimos, quedarían en ayunas frente a un nombre sin significado. Con excepción de un largo viaje en auto para visitar a la hermana de Jean en Ohio, James no se detiene en el personaje central de su pasado. Sin embargo, la presencia de la enfermera de mal genio, fanática de Brahms y del whisky, está presente en cada página de A la caza... Desde luego, nadie puede superar lo que Ellroy experimentó, por lo que resulta comprensible que, pasada la sesentena, evoque de nuevo al terrible fantasma de Jean, un fantasma que se encarnará en cada una de las mujeres que conoce, tanto las que divisa y desea a lo lejos, como las que comparten un rato con él o se arriesgan a ser sus compañeras.

Ellroy se detiene en aspectos de su juventud que ya conocíamos, pero en esta oportunidad entra en detalles ridículos, patéticos o dignos de la picaresca estadounidense. El grueso del volumen está dedicado a la obsesión de este practicante del género negro por las mujeres o, para decirlo en términos románticos, por el eterno femenino. Ellroy pone en un pedestal a todas sus parejas y de ahí que denomine a los capítulos de A la caza... , "Ella", "Ellas", "Diosa" y cosas parecidas. El maduro galán no tiene amigos hombres y está claro que carece de todo interés en estos. El vocabulario puede ser blasfemo u obsceno, pero en el terreno erótico Ellroy es muy recatado para los estándares actuales. Y también exhibe un machismo recalcitrante, acompañado de posiciones derechistas y una religiosidad casi maniática.

Las cuatro protagonistas del relato -Helen, Joan, Karen, Erika- son máscaras de Jean, por quien este Edipo maduro pena y muere cada día de su existencia. A la caza... revela la faceta más perturbadora de Ellroy, una megalomanía desatada, que torna a este texto en una mixtura repelente y fascinante.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 14/08/2011

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