dimanche 14 août 2011

Somos lo que olvidamos


Somos lo que olvidamos

Si Verano robado , primera novela de María José Viera-Gallo, era una narración promisoria, Memory Motel (Tajamar Editores, 246 páginas, $12.900) no solo es un gran paso adelante, sino una obra aplomada, original, por momentos profundamente conmovedora. El salto de un título a otro no es tan espectacular como podría sugerirlo el juicio precedente, ni tampoco indica ruptura con respecto a los trabajos previos de la autora: su estilo sigue siendo el mismo, pero ahora lo ha refinado de modo considerable, los temas son parecidos, aunque en esta oportunidad los desarrolla hasta niveles irreconocibles y, en especial, la seguridad en el manejo de los recursos literarios, revela a un talento maduro, inquieto, renovado. En otras palabras, Viera-Gallo, fiel a sí misma, en sus aciertos y en sus tics, logra sorprender gracias a una estimulante ficción.

El dilema más serio de Memory Motel resulta, paradójicamente, su mayor mérito. Nos referimos al lenguaje. A primera vista, su hibridez puede chocar, si bien es fácil acostumbrarse gracias al cúmulo de hallazgos y ambigüedades que presenta. Sería injusto reparar en el uso extensivo del inglés, del spanglish o cierta jerga transatlántica que predomina al interior de comunidades cerradas que residen en el extranjero; mal que mal, la protagonista vive en ese medio y pasa por una etapa de confusión emotiva y mental. Sin embargo, hay más: a veces creemos que la escritora comete errores, que usa mal las palabras y cuando vemos que estas se repiten, tenemos que conceder que los equivocados éramos nosotros. Y todavía hay más: Viera-Gallo da muestras, una y otra vez, de auténtico ingenio verbal, mediante giros curiosos o frases inacabadas, pues pasa del coloquialismo súbito a la reflexión pausada e introspectiva, pareciendo que no se pone de acuerdo consigo misma, en una suerte de tanteo léxico, que constituye la esencia de esta singular historia. En suma, el idioma heterogéneo, estentóreo o sutil, es parte y todo de Memory Motel .

La trama recrea, sin orden cronológico lineal, la biografía de Ágata, chilena de 33 años, quien inicia trámites para divorciarse de Igor, connacional en ascenso dentro de los circuitos artísticos de Nueva York. La decisión es en extremo dolorosa, porque Ágata está enamorada de su marido y la presencia de éste es constante en todo lo que hace o deja de hacer. La pasividad es definitoria, ya que la joven pasa meses sin ver a nadie, sin alimentarse o salir a la calle. Recluida en un departamento de Brooklyn, vaga por las calles del barrio de Williamsburg, subsistiendo en forma cada vez más precaria. Lleva mucho tiempo cesante y el último trabajo que tuvo fue traducir al español formularios y etiquetas de medicamentos para afecciones psiquiátricas. Tenía que subir y bajar a pie decenas de pisos de un rascacielos en Manhattan, debido a su fobia a los ascensores.

Estos dos asuntos -remedios y elevadores- son consustanciales al relato. Memory Motel es, en gran medida, la crónica pormenorizada de un episodio severo de depresión; en términos novelescos, poco se ha escrito entre nosotros que refleje con tal intensidad los terribles síntomas que manifiesta esa enfermedad. Si a ello agregamos el absoluto desarraigo de hallarse en un país donde se hablan cientos de lenguas, el cuadro de incomprensión y desamor se expande hacia horizontes incalculables. En cuanto a la claustrofobia, su origen se remonta a un incidente entre Ágata e Inti, su autista hermano menor.
El desciframiento de un cuaderno que Inti le dejó al morir, llamado "El idioma de los animales que están en paz con el mundo", servirá a Ágata para descubrir un camino de salida. La otra vía es Trevor, un hirsuto y misterioso irlandés-mexicano, quien se expresa en monosílabos y vive tan radicalmente fuera del sistema que su conducta solo es posible en una nación de locos como Estados Unidos: no tiene identidad, carece de papeles, practica el trueque, desconoce las normas. Por cierto, las soluciones son provisionales, inconclusas, indefinidas.

"Es raro cómo dejó de amarme. Fue tan rápido. Fulminante. Y con esa misma rapidez se va a olvidar. Lo sé. ¿Pero no es Proust el que dice que somos lo que olvidamos? Y si es así, ¿en qué se va a convertir Igor a través de su olvido?". La cita a Proust llama la atención en un volumen colmado de referencias, algunas muy recónditas, a la cultura popular. Aún así, Memory Motel , pese a su visceral carga de espontaneidad, es la cuidadosa construcción de un intelecto fino, abierto a muy diversos matices.


Articulo : http://diario.elmercurio.com  07/08/2011

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