CRÍTICA: NARRATIVA Stanislaw Lem - Solaris
Los sonajeros del progreso
Por Alberto MANGUEL
Convertida en un clásico indiscutible, la
primera traducción de Solaris del polaco al español recupera sutiles
cambios de estilo y de humor y un lenguaje de términos inventados. La obra de
Stanislaw Lem ofrece una nueva lectura Narrativa.
La historia de las exploraciones humanas
son siempre exploraciones de nuestros límites. No buscamos lo que no conocemos
sino la afirmación de conocimientos ya adquiridos. En nuestra arrogancia, no
vemos sino lo que queremos ver: ante el resto nos vendamos los ojos. La ciencia
elabora para consolarnos o entretenernos argumentos de ciencia-ficción, pero en
realidad no hace más que responder a tradicionales expectativas. Lo
inimaginable, lo impensable, lo increíble queda por ser dicho. Entretanto,
seguimos siendo polvo de estrellas, naciendo y muriendo en un breve e
incomprensible parpadeo. "¿Quién nos ha hecho esto?", pregunta uno de
los alucinados tripulantes de la nave espacial enviada para explorar el planeta
Solaris. "¿Fue Gibarian? ¿Giese?", dice nombrando a otro astronauta y
a uno de los historiadores del planeta. "¿Einstein? ¿Platón? Eran todos
unos delincuentes ¿sabes? Piensa que, en el interior de un cohete, el ser
humano puede estallar como una burbuja, o solidificarse, o cocerse, o vaciarse
de sangre tan rápido que no le dé tiempo ni a gritar; después, los huesecillos
golpearán las paredes de chapa, mientras dan vueltas por las órbitas de Newton
corregidas por Einstein; ¡son los sonajeros del progreso!". Los sonajeros
del progreso no anuncian la edad adulta de la humanidad, sólo nuestra propia
infancia. Quizás a eso se refería la conclusión de ese otro gran clásico, con
la imagen del feto flotando en el espacio,2001: Odisea del espacio de
Isaac Asimov, cuya deuda a Solaris de Stanislaw Lem no ha sido
suficientemente reconocida.
El argumento
de Solaris (trasladada a la pantalla primero por Andréi Tarkovski en
1972, y luego por Steven Soderbergh en 2002) es conocido: enviado en una misión
a la estación espacial Prometeo, sobrevolando el planeta Solaris, el
psicoanalista Kelvin descubre que los miembros de la estación han sido
invadidos por extrañas presencias. Intentando descubrir la causa, Kelvin mismo
recibe la visita de una misteriosa mujer del todo parecida a su esposa muerta.
¿Qué produce estas vívidas pesadillas, a estos seres presentes pero no vivos,
cada uno el fantasma de la memoria de uno de los exploradores de Solaris? ¿Es
el planeta mismo, ese mar extraño y gelatinoso, quien crea estas alucinaciones?
¿Es Solaris una criatura viva, capaz de "pensar" la realidad? El
poeta Czeslaw Milosz, contemporáneo de Lem, dijo
que Solaris parafraseaba "las etapas de la vida humana",
intensificando "la angustia habitualmente velada por nuestra rutinaria
aceptación de lo inevitable". Esto, dicho dentro del contexto de la
dictadura comunista, fue considerado como una audaz crítica al sistema, pero
sin duda Milosz proponía una lectura más allá de la política.
En Solaris, Lem hace explícita su convicción de que nuestra herencia
mental, nuestra identidad misma como seres humanos, depende de nuestra
consciencia, del hecho de saber que existimos y que el universo existe. Sin
embargo, definiendo esa consciencia, marcando sus límites, existe un inmenso
espacio ocupado por aquello que no imaginamos, aquello que (como confesó alguna
vez Stephen Hawking), a pesar de poder un día ser conocido, quizás no podrá
nunca ser imaginado. Esta noción, de un entendimiento que nuestra imaginación
no puede concebir, es infernalmente atroz. Solaris encarna esa
intolerable expectativa.
Nada asombrosamente, Solaris ha
pasado de ser un clásico indiscutible de la ciencia-ficción a ser simplemente
un clásico indiscutible. Publicada originalmente en Polonia en 1961, bajo el
régimen comunista, al poco tiempo fue traducida, primero al alemán, luego al
francés y del francés al inglés, procurando para Lem una celebridad universal.
La esmerada traducción al castellano de Joanna Orzechowska, la primera hecha
directamente del polaco, recupera para el lector español sutiles cambios de
estilo y de humor, un lenguaje compuesto de términos inventados, juegos de
palabras, jerga científica, que las anteriores ediciones castellanas ignoraban. Solaris puede
leerse ahora con el esmero y la atención que un clásico merece.
Solaris
Stanislaw Lem
Traducción de Joanna Orzechowska
Introducción de Jesús Palacios
Impedimenta. Barcelona, 2011
292 páginas. 20,95 euros
Articulo : http://www.elpais.com 10/09/2011
