Anagrama reedita casi 40 años después de
su primera publicación La Izquierda Exquisita y Mau-mauando al
parachoques, de Tom Wolfe
Vieja lección de Nuevo Periodismo
Por Alberto OJEDA
"Todo lo que hoy se escribe y se lee
en los periódicos y revistas pasa por el modelo que creó Tom Wolfe en la década
de los sesenta". Palabra de Eduardo Mendoza. El autor de La ciudad de
los prodigios lo afirma en el prólogo de un volumen de Anagrama que
rescata dos de sus reportajes (¿habría que decir mejor relatos?) más
conocidos: La Izquierda Exquisita y Mau-mauando al parachoques.
Mendoza aclara que el influjo en la actualidad del Nuevo Periodismo (con esta
expresión quedó acuñada para los restos su manera de practicar el oficio) se
derrama en dos vertientes: "A su ejemplo se deben las mejores páginas del
periodismo moderno y quizás algunas de las peores".
Tom Wolfe refleja en Radical
Chic (título original de La Izquierda Exquisita) una de las
contradicciones más flagrantes de los años 70 en los Estados Unidos: cómo la
intelectualidad de izquierdas, más bien aburguesada, abrazó causas políticas de
extremistas. Quizá el ejemplo más paradigmático de este ingenuo
acercamiento fue la cena organizada por el compositor y director de orquesta
Leonard Bernstein en su casa, en la que confluyeron algunos de los cabecillas
de los Panteras Negras con figuras destacadas de la cultura norteamericana como
Sidney Lumet y Otto Preminger.
Tras los lisérgicos 60, en los que la
juventud se dio a la fuga a través del rock, las drogas y los periplos
orientales, lo 70 resonaron en la conciencia yankee como un portazo que cerraba
de golpe toda esa efervescencia lúdica. Empezaba, según Mendoza, "una
época presidida por el desencanto, la ideología y la violencia". Los
conflictos sociales, con las protestas contra la guerra de Vietnam en su cénit
de violencia, se recrudecían por todo el país. La izquierda no podía mantenerse
de brazos cruzados mientras todo cambiaba. Y así, por culpa de la
precipitación, es como dieron algún que otro paso en falso, arrimándose a
extremistas con los que creían poder entenderse. O sea: un intento de cabalgar
sobre un tigre.
Tom Wolfe, trasnochador y dandy
impenitente, estuvo en esa histórica cena, como otros tantos periodistas, pero
su manera de contarla fue la que ha pasado a la historia. "Se limitó a
relatar lo sucedido sin pronunciarse a favor o en contra, pero con un ácido
sentido del humor, con una mirada que en su momento fue vista como corrosiva y
feroz". El no pronunciarse no significaba para nada un culto a la
objetividad. Más bien al contrario: el periodismo para él, y para los que
se movieron en la misma órbita (Norman Mailer, Truman Capote, Gay Talese...),
era sobre todo mirada. Y un cierto desenfado, y el recurso al lenguaje
coloquial, y la inclusión de diálogos, y tratar lo solemne con el descaro de lo
frívolo...
Todas esas reglas no escritas fueron
sedimentando lo que hoy conocemos por Nuevo Periodismo. En él también se
inscribe Mau-mauando al parachoques, el otro relato (¿o habría que decir
reportaje?) del volumen, en el que Wolfe desvela la picaresca de negros,
chicanos e incluso samoanos para rascarle subvenciones y ayudas a
burócratas sin las más mínima idea de lo que se cuece en las calles que
pretenden fiscalizar.
Esta publicación se suma a la ola de
lanzamientos de textos vinculados al Nuevo Periodismo. El año pasado, Anagrama
ya publicó de Tom Wolfe La palabra pintada y ¿Quién teme a la
Bauhaus feroz?, también en su colección Otra vuelta de tuerca. Y hace
escasos meses visitaba nuestro país Gay Talese, con su elegancia impecable de
traje italiano bien cortado (su padre era un sastre siciliano y eso deja
huella), de quien se han rescatado con gran éxito Honrarás a tu
padre y Retratos y encuentros (Alfaguara), además de La
mujer de tu prójimo (Debate).
Articulo : http://www.elcultural.es 23/09/2011
