Los Años Locos, también en Mendoza
Por Carlos Campana
Un paseo por la ciudad en una época de
esplendor. Las mujeres comenzaban a liberarse, aparecían los autos y el cine
reinaba.
No cabe dudas que los años 20 del siglo
pasado, fueron el puntapié inicial para cambiar una sociedad que por aquel
entonces se movía en una órbita muy conservadora. Fue el cambio, por ejemplo,
en el que después de la Gran Guerra, las mujeres pudieron adquirir ciertas
libertades. Hoy recordamos cómo vivieron los mendocinos esta época llamada Los
Años Locos.
Aspirando a una ciudad
Por aquellos años 20, la ciudad de Mendoza
pasaba de ser una aldea a una ciudad dinámica.
Desde hacía un tiempo, que los
constructores mendocinos habían dejado de lado los edificios de un solo piso
para animarse a erigir proyectos de mayor envergadura como el Pasaje San
Martín. Se podía ver que la ciudad, empezaba a crecer hacia arriba.
En la avenida San Martín se encontraban
amplios y bellos comercios como las tiendas de Gath & Chávez, el Progreso o
la zapatería La Guerra. Por la misma arteria, circulaban por las vías los
tranvías eléctricos que eran el único transporte público que existía en aquel
tiempo.
A parte de los mateos que eran alquilados
por la mayoría de la gente, se podían ver a unos pocos manejando, imponentes y
lujosos automóviles de marcas importadas como Essex, Hispano Suiza y
Studebaker. Por supuesto eran las clases más pudientes las que podían portar
estos vehículos. Los de menor poder adquisitivo, que tampoco eran muchos,
transitaban con su Ford modelo “T” o los prototipos de la General Motor
conocidos como Chevrolet.
Algunas calles estaban adoquinadas pero
otras como Rioja, Salta, Leandro N. Alem, Catamarca, Mitre y Perú eran de
tierra. La calle Las Heras, otra de las importantes avenidas que tenía la
ciudad, estaba adoquinada y contaba con palmeras en el centro.
La vida es una lucha
Con la inmigración producida en nuestro
país, trajo a italianos, españoles, polacos y árabes dispuestos a trabajar la
tierra y engrandecer nuestra provincia. También llegaron cruzando el Atlántico
empresarios que apostaron a la producción vitivinícola, haciendo que nuestra
industria fuese la más importante del país.
Eran tiempos de contrastes económicos; los
más pudientes viajaban a Europa, gastaban su dinero “tirando manteca al techo ”
y los “pobres ” vivían en la miseria más espantosa, muchos de ellos en
conventillos en donde una familia dormía en una sola habitación. Los más
populosos eran los de Juan B. Justo al 500, el de San Juan al 1.200, el de
Ituzaingó al 2600, y dos en la calle José Federico Moreno al 1.600 y 1.900.
Un país en crecimiento
Nuestro país, por aquellos años 20
comenzaba una era de prosperidad, luego de la crisis que se había producido en
la Primera Guerra Mundial.
Después de la primera presidencia de
Hipólito Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear tomó el mando de la Nación. Se
intensificó la exportación de materias primas como carne y cereales a los
países europeos. También se instalaron las primeras fábricas de automóviles con
inversionistas extranjeros. Muchos inmigrantes tuvieron la posibilidad de
prosperar y las clases sociales más altas incrementaron sus ganancias
haciéndose millonarios.
En Mendoza, el gobierno lencinista
favoreció a los estratos sociales más humildes, tratando de satisfacer las necesidades
básicas. Se creó la Secretaría de Trabajo que tenía como objetivo cumplir las
normas laborales y de seguridad. También sancionó una series de leyes en favor
del obrero. Otra de las conquistas para los más desprotegidos fue la creación
de un sistema de jubilaciones y pensio-nes para los empleados estatales.
En salud se destacó con nuevos hospitales
en la ciudad y en distintos departamentos.
Tango, charleston y...
¿Pero, qué escuchaban los mendocinos por
esa época? La música predilecta por los muchachos y las chicas era el tango que
al principio sonaba en los clubes populares y burdeles, pero en poco tiempo lo
adoptó la clase adinerada, bailando en los salones del Jockey Club y del Plaza
Hotel.
El charleston, el foxtrot y la Jazz-Band
de Paul Whiteman, habían invadido los salones de las clases más altas. Algunas
orquestas tocaban en vivo esta clase de música que hacía la delicias de los
jóvenes.
Por supuesto que la moda era algo que no
se podía dejar de lado. Caballeros con llamativos trajes rayados, de colores
combinados con sombreros llamados “rancho” hacían que los muchachos vistieran
con cierta frescura y las bellas damas, se habían liberado al despojarse de los
vestidos largos y se animaban a mostrar sus piernas con con faldas muy cortas
y peinadas a lo “garzón ”.
También podían hacer algo hasta ese tiempo
prohibido: fumar un cigarrillo en público.
La magia del cine
Toda la familia concurría a los cines que
como el cine Municipal, el Palace Theatre, el flamante Independencia y el
Avenida, que era el más importante de todo por poseer gran capacidad y uno de
los equipos de proyección más modernos. El edificio era una réplica de una sala
cinematográfica de Hollywood en Estados Unidos.
Por supuesto en sus pantallas se pasaba
cine mudo, el sonoro todavía no había llegado y se podía ver a grandes
estrellas como John Barrymore, Douglas Fairbanks, Greta Garbo, Charles Chaplin
o Mary Pickford. Pero de todas estas estrellas sobresalió un
italiano llamado Rodolfo Valentino...
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