dimanche 25 septembre 2011

Carlos CAMPANA/ Los Años Locos, también en Mendoza


Los Años Locos, también en Mendoza
Por Carlos Campana

Un paseo por la ciudad en una época de esplendor. Las mujeres comenzaban a liberarse, aparecían los autos y el cine reinaba.

No cabe dudas que los años 20 del siglo pasado, fueron el puntapié inicial para cambiar una sociedad que por aquel entonces se movía en una órbita muy conservadora. Fue el cambio, por ejemplo, en el que después de la Gran Guerra, las mujeres pudieron adquirir ciertas libertades. Hoy recordamos cómo vivieron los mendocinos esta época llamada Los Años Locos.

Aspirando a una ciudad

Por aquellos años 20, la ciudad de Mendoza pasaba de ser una aldea a una ciudad dinámica.

Desde hacía un tiempo, que los constructores mendocinos habían dejado de lado los edificios de un solo piso para animarse a erigir proyectos de mayor envergadura como el Pasaje San Martín. Se podía ver que la ciudad, empezaba a crecer hacia arriba.

En la avenida San Martín se encontraban amplios y bellos comercios como las tiendas de Gath & Chávez, el Progreso o la zapatería La Guerra. Por la misma arteria, circulaban por las vías los tranvías eléctricos que eran el único transporte público que existía en aquel tiempo. 

A parte de los mateos que eran alquilados por la mayoría de la gente, se podían ver a unos pocos manejando, imponentes y lujosos automóviles de marcas importadas como Essex, Hispano Suiza y Studebaker. Por supuesto eran las clases más pudientes las que podían portar estos vehículos. Los de menor poder adquisitivo, que tampoco eran muchos, transitaban con su Ford modelo “T” o los prototipos de la General Motor conocidos como Chevrolet. 

Algunas calles estaban adoquinadas pero otras como Rioja, Salta, Leandro N. Alem, Catamarca, Mitre y Perú eran de tierra.  La calle Las Heras, otra de las importantes avenidas que tenía la ciudad, estaba adoquinada y contaba con palmeras en el centro.

La vida es una lucha

Con la inmigración producida en nuestro país, trajo a italianos, españoles, polacos y árabes dispuestos a trabajar la tierra y engrandecer nuestra provincia. También llegaron cruzando el Atlántico empresarios que apostaron a la producción vitivinícola, haciendo que nuestra industria fuese la más importante del país.

Eran tiempos de contrastes económicos; los más pudientes viajaban a Europa, gastaban su dinero “tirando manteca al techo ” y los “pobres ” vivían en la miseria más espantosa, muchos de ellos en conventillos en donde una familia dormía en una sola habitación. Los más populosos eran los de Juan B. Justo al 500, el de San Juan al 1.200, el de Ituzaingó al 2600, y dos en la calle José Federico Moreno al 1.600 y 1.900.

Un país en crecimiento

Nuestro país, por aquellos años 20 comenzaba una era de prosperidad, luego de la crisis que se había producido en la Primera Guerra Mundial.

Después de la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear tomó el mando de la Nación. Se intensificó la exportación de materias primas como carne y cereales a los países europeos. También se instalaron las primeras fábricas de automóviles con inversionistas extranjeros. Muchos inmigrantes tuvieron la posibilidad de prosperar y las clases sociales más altas incrementaron sus ganancias haciéndose millonarios. 

En Mendoza,  el gobierno lencinista favoreció a los estratos sociales más humildes, tratando de satisfacer las necesidades básicas. Se creó la Secretaría de Trabajo que tenía como objetivo cumplir las normas laborales y de seguridad. También sancionó una series de leyes en favor del obrero. Otra de las conquistas para los más desprotegidos fue la creación de un sistema de jubilaciones y pensio-nes para los empleados estatales. 

En salud se destacó con nuevos hospitales en la ciudad y en distintos departamentos.

Tango, charleston y...

¿Pero, qué escuchaban los mendocinos por esa época? La música predilecta por los muchachos y las chicas era el tango que al principio sonaba en los clubes populares y burdeles, pero en poco tiempo lo adoptó la clase adinerada, bailando en los salones del Jockey Club y del Plaza Hotel. 

El charleston, el foxtrot y la Jazz-Band de Paul Whiteman, habían invadido los salones de las clases más altas. Algunas orquestas tocaban en vivo esta clase de música que hacía la delicias de los jóvenes.

Por supuesto que la moda era algo que no se podía dejar de lado. Caballeros con llamativos trajes rayados, de colores combinados con sombreros llamados “rancho” hacían que los muchachos vistieran con cierta frescura y las bellas damas, se habían liberado al despojarse de los vestidos largos  y se animaban a mostrar sus piernas con con faldas muy cortas y peinadas a lo “garzón ”.
También podían hacer algo hasta ese tiempo prohibido: fumar un cigarrillo en público.

La magia del cine 

Toda la familia concurría a los cines que como el cine Municipal, el Palace Theatre, el flamante Independencia y el Avenida, que era el más importante de todo por poseer gran capacidad y uno de los equipos de proyección más modernos. El edificio era una réplica de una sala cinematográfica de Hollywood en Estados Unidos.

Por supuesto en sus pantallas se pasaba cine mudo, el sonoro todavía no había llegado y se podía ver a grandes estrellas como John Barrymore, Douglas Fairbanks, Greta Garbo, Charles Chaplin o  Mary Pickford. Pero de todas estas  estrellas sobresalió un italiano llamado Rodolfo Valentino...

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