Entrevista a Fernando Ampuero
Por Carlos M. SOTOMAYOR
Luego de culminada su llamada trilogía
callejera de Lima, Fernando Ampuero nos vuelve a sorprender
con El peruano imperfecto (Alfaguara, 2011), una novela que, como él
mismo señala, puede leerse como una autobiografía en clave falsa.
–¿Cómo se origina la idea de la novela?
Nace de la idea de ver cómo han cambiado
las cosas en los últimos cuarenta o cincuenta años, cómo ha cambiado la ciudad,
cómo he cambiado yo mismo, como persona. Entonces, quería poner un personaje de
la clase media alta, digamos, que está en conflicto con sus medios y con estos
cambios. Algunos consideran que son cambios buenos, pero la mayoría los ve como
cambios malos. Por ejemplo, está el hecho de que esta ciudad, que de un millón
de habitantes saltó a los 9 millones, se ha llenado de una cantidad de lacras,
problemas, microbuses, humo, contaminación, violencia y, sobre todo,
malos modales: la gente haciendo la pila en la calle. Esta fue la premisa
original: hay un estado de ánimo frente a las grandes transformaciones sociales
que ha vivido mi personaje, el peruano imperfecto. Y él siente que ya no encaja
en los nuevos códigos de conducta de la ciudad. Esto por un lado. Y por el otro
lado, a lo largo de más de cuarenta años hubo, otros cambios de orden
espiritual, anímico y sexual. Yo me concentré más en lo que es una sexualidad
de entre siglos. En los años 60, había unas represiones medio virginales. Todos
estábamos educados en colegios religiosos; entonces, lograr que una aventura
romántica terminara en el sexo era una hazaña, una proeza. Sin embargo, cinco o
seis años después, ya era otra cosa: se llegó a la liberación, porque
simultáneamente en el mundo había estallado la revolución sexual, la revolución
tecnológica, aparecen las píldoras anticonceptivas.
–El protagonista, Pedro José, mantiene una
especie de doble vida, en el ámbito sentimental, digamos.
En sus inicios, que son las
experiencias que generalmente marcan a una persona, se da esta dualidad: de
haber tenido esta chica rubia, bonita, blanca, y esta chica tan o más bonita
que la rubia, que era más bien matizadita, de piel capulí y de flor canela. Y
la relación con esta empleada era igualitaria. Los dos eran personas
desesperadas que se necesitaban: él, un adolescente sin mayores armas para
poder enfrentar sus devaneos amorosos; y la otra, con los problemas que después
nos enteramos que tenía. Entonces, él, a partir de ese momento, repite en su vida
estemodus operandi de tener dos relaciones simultáneas en dos colores: un
café con leche, donde se resume la peruanidad. Y él, a su vez, como nos
enteramos después, a raíz de sus antecedentes familiares e históricos, incluso,
nace también de esa dualidad. Entonces, él se dice: “Este modo de afrontar mi
sexualidad responde a un llamado de la sangre” (risas).
–Respecto a la estructura. Hay en medio de
la novela, una mirada hacia el pasado que, incluso, podría leerse como una
novela de aprendizaje (Bildungsroman)…
Claro, eso es lo que realmente quise
hacer: una novela dentro de otra. Pero en realidad, la novela está contada
solamente en dos tiempos. Y al final sientes que la cosa funciona de una manera
muy esférica. Amanece el personaje, de pronto hace una descripción de los
velatorios del barrio en donde se demora un poquito. El lector, si es atento,
debe presumir que esto no es gratuito, porque luego va a tener un significado
muy importante hacia el final.
–Una pregunta que se hace el protagonista
y que marca la pauta de la novela es “cómo se hace un peruano”.
Cuando le toca responder esa pregunta, no
se atreve a hacerlo. El dice: yo no sé cómo se hace un peruano, sólo sé cómo se
deshace, con la vida familiar, con la política nacional, con los sueños rotos.
–El protagonista también dice: “Ser
peruano es vivir a la defensiva”…
Es cierto. Y tú que me conoces y conoces
parte de mi vida, has sido testigo de cómo he tenido que defenderme de tantas
agresiones del medio, de los competidores, de los escritores, de los corruptos
que persigo, de los periodistas que me odian. Ser peruano es vivir a la
defensiva. Entrar a vivir con decencia en este país, tratando de defender
ciertos valores morales, es como salir en el auto en pleno tráfico: uno maneja
a la defensiva en esta ciudad.
–Si bien en tus novelas y en tus cuentos
uno percibe tu experiencia vital, en El peruano imperfecto lo autobiográfico
está muchísimo más presente.
Claro, si tú ves mi trilogía callejera de
Lima (Caramelo verde, Puta linda y Hasta que me orinen los
perros) es un poco más externo, a pesar de que conozco muy bien ese mundo. Pero
aquí vuelvo a los escenarios que se dan en la mayoría de mis cuentos, que son
escenarios de la clase media alta, o de la burguesía; y hago una cosa más, doy
un paso más adelante, hago una especie de autobiografía en clave falsa. Hay
algunos episodios que han ocurrido y que los exagero. Hay otros episodios que
los invento. Y hay otros que fueron tan inverosímiles que, al ser difícil de
contar, los atenúo (risas). Pero son episodios que corresponden a una simulada
autobiografía. Es, en realidad, un juego de espejos permanente entre el
personaje de ficción y el personaje real. Y esa es la gracia de la novela.
–Y hay un elemento de auto confrontación…
Claro; el sentimiento que está detrás de
este juego de espejos, de esta autobiografía en clave falsa, es, creo yo, el de
la autocrítica. Porque soy bastante duro conmigo mismo a lo largo de la novela.
No hay mucha auto indulgencia, voy contando las cosas como creo que debe ser. Hay
autocrítica, que es indispensable para convivir en sociedad. Y hay,
inevitablemente, crítica a secas: crítica social, crítica al medio en el que
vivo.
–Me parece que para esa auto
confrontación juega un papel clave el personaje del psicoanalista Max Hernández
(basado en el conocido médico e intelectual)…
Perfecto. Max Hernández es el personaje
que cumple dos propósitos. Primero, que se distingue a un personaje que me
permite hablar sobre mis problemas o sobe los problemas del personaje y a la
vez escucharme pero de una manera diferente. Porque no sólo te estás hablando a
ti mismo, estás hablando de ti mimo a otro. Y esa es la gracia del
psicoanálisis. Y la segunda ventaja es que tengo un psicoanalista y no tengo
que pagar la consulta (risas).
–El protagonista dice: “Yo soy todo lo que
vivido, todo lo que he soñado y todo lo que he leído”.
Suscribo esa frase y tú también la puedes
suscribir. Claro, tú eres todo lo que has vivido, todo lo que has soñado y
todo. Y eso somos a lo largo de la vida, pero vamos avanzando en esta
nutrición, en esta voracidad de vivir, de leer y de soñar con un solo fin:
completarnos. Pero no siempre podemos hacerlo; no me siento completo. Por eso,
en algunas partes de la novela, Pedro José se confiesa un ser inacabado, en una
lucha contra sí mismo por intentar completarse.
Articulo : http://lamula.pe
10/09/2011

