samedi 3 septembre 2011

Cecilia VALDÉS URRUTIA/ Hernán GANA: Un paisajista del siglo XXI

ENTREVISTA Pintor experimental
Hernán Gana: Un paisajista del siglo XXI
Por Cecilia VALDÉS URRUTIA 

Sus pinturas son celebradas por la crítica y muy seguidas por el público, aunque ciertos "curadores" no lo incluyen para envíos al exterior. "Soy un pintor de caballete y no estoy en esos círculos", afirma. Pero continúa investigando. Y sorprende. El 4 de septiembre inaugura una obra más radical en galería Animal.  

Estudió arquitectura en la Universidad Finis Terrae y apenas egresó hizo su primera exposición de pintura. Fue un éxito total: ocupó primeras planas y la crítica lo elogió. Hernán Gana de Landa vendió todo. Pero no se conformó con ello y desde una línea más surrealista y luego con un realismo ilusionista se arriesgó hacia un cruce entre el informalismo y el pop. Nuevamente arrasó con enormes pinturas que incorporaban trozos de violines y reglas de cálculo, collages y pequeñas postales con hermosos paisajes pintados por él. Las exhibió en la galería AMS Marlborough.

Hace diez años su obra se centra en el paisaje. Un espacio que investiga y evoluciona, que incluye composiciones de agua, campos y también trazos del paisaje urbano, con una "dosis poderosa de dramatismo, pero también con esperanza en la superación y en la redención del hombre, algo bastante infrecuente en el arte contemporáneo", como escribió el crítico Waldemar Sommer. El lenguaje de Hernán Gana toma de la figura, de la abstracción y del objeto. Y no se conforma ni admite la repetición.

Obsesiones urbanas

Su próxima muestra -con más de 20 obras de gran formato- lleva por título "Punto sin retorno". "Surge al enfrentarme a los 40 años, y hacer un balance y ver que ya no hay vuelta atrás. Estas carreteras que retrato se relacionan porque tienen un punto sin retorno".

-¿Con la pintura sucede algo similar?
"No. La pintura me da muchas salidas".

-En esta serie hicistes justamente un cambio muy drástico, desde tus paisajes muy estéticos con pastizales, horizontes, aguas con código de barras, a este espacio más duro.
"Soy un adicto al espacio, al paisaje. Es mi base, lo que incluye la ciudad, el campo, todo el habitar. Y la carretera es un modo de habitar. Ahí tengo, mientras manejo, mis mejores conversaciones; es el momento en que escucho música, las noticias en la radio. El auto es un contenedor en este espacio habitable. Y lo que retrato aquí son las obsesiones urbanas que no me había detenido a quererlas; a buscarles el lado estético".

-Esta es una obra más "urbana".
"La pintura es al final el resultado plástico de la intelectualización de un paisaje. Pero soy malo para la crítica, soy mejor para la contemplación. Esto me lleva más al análisis. La exposición pasada, por ejemplo, versaba sobre un edificio no muy amable, pero lo que recreé fue su habitar, donde convivían muchas microhistorias. Hablo ahora de estos males necesarios, como las carreteras, que conviven y nos ayudan al final para vivir. Hago una lectura positiva".

-Una lectura, eso sí, más gráfica y menos pictórica.
"Sí. Pero desarrollé nuevas técnicas en tinta china, acuarela, resina. Ocupé todos los materiales que se me ocurrieron. Y me encantó la acuarela, y he seguido en ella con estos trabajos más contempóraneos que tengo en mi taller".

Me hace más libre

-¿Pero este cambio tiene que ver también con una lucha tuya contra la belleza en el arte, contra tu ojo estético...?
"Me gusta ir evolucionando. No niego a otros artistas que profundizan en su tema hasta la muerte. Pero me quedo con mis obsesiones y ellas son dinámicas. Y el tener una amplia paleta de imaginería, me permite conceptualizar de la mejor forma. Manejo la gráfica, pero también la pintura, el paisaje. Esto, al final, me hace más libre".

-La experimentación ahora es la gran protagonista.
"Sí, de hecho la Costanera Norte y el cruce norte sur es el soporte que uso para experimentar. Al principio, surgieron las carreteras como venas, pero luego las empecé a interpretar desde el punto de vista del habitar y las trabajé en forma más gráfica. La carretera aparece como símbolo de la calle tomado por la gente. La pinto también incendiándose e incluso la inundo".

-Entiendo que esta serie partió con unas imágenes del fotógrafo Guy Wenborne.
"Sí, pero el tema lo trabajé durante cinco años. Tomé fotos, pero eran muy monótonas. Investigando para un mural en la estación del Metro di con estas tres fotografías de Guy Wenborne que dan origen a estos cuadros. Pero me demoré dos años en darle forma, como parte del proceso mental. Me fasciné con estas imágenes aéreas. El punto de partida es bien duro, pero el juego que trato de producir lo humaniza".

Más cerca del drama de Kiefer

-¿Sigues pintando paisajes?
"¡Soy un paisajista! Esto es como un álbum distinto que sacan los músicos. Ahora quiero hacer acuarelas de paisajes de tres metros, que no se hacen. Hay que encargar los papeles al exterior. Luego del terremoto pasaron también cosas muy interesantes y trágicas. Llevé a Arteba dos obras que recreaban cómo había arrasado el agua. El público se detenía ante ellas: impactaban. La última pintura que estoy haciendo es más rota: con aguas y aceites que se cortan".

-Y esos paisajes más bucólicos, ¿continúan hoy?
"Sí, aunque estoy reencontrando paisajes que no son tan estéticos: un sitio eriazo, por ejemplo; incluso he llegado a la conclusión de que me encanta el esmog. Ofrece una cantidad de capas de grises maravillosas, que contrasta con el cielo más duro que retrata Richard Estes en Nueva York. Las luces las encuentro más elegantes gracias al esmog. Y de hecho me gusta sacar las fotos en invierno: esos contraluces y grises sutiles cuando se está poniendo el sol".

-¿Hoy te sientes más cercano de un Antonio López García o más precisamente a un Anselm Kiefer?
"En la elección de mis paisajes hay algo implícito, en el análisis, como Kiefer. En pinturas suyas de gran belleza como 'Bilder-Streit', la gente no imagina que trata sobre un campo de concentración. Y los trenes que aparecen en su obra son los que iban a Auschwitz. En mi caso, he pintado situaciones de edificios o de agua que reflejan realidades que van mucho más allá, y que conceptualmente pueden ser muy dramáticas, como un incendio que me tocó vivir o el drama del terremoto".

No he sido parte del movimiento

-¿Vas a los lugares?
"No necesariamente, pero investigo y recorto las imágenes del diario. Me ha tocado vivir cosas como el incendio que tuvimos en la casona de campo familiar en Chiñihue. Lo tomé en imágenes mientras sucedía la devastación total. Sabía que era algo que en algún momento iba a llevar a la tela. Muy fuerte, muy dramática. Había niños ahí...".

-¿Cómo ves la escena?
"Me gusta el arte chileno contemporáneo. Claro que hay cosas que uno encuentra más novedosas que buenas. De la vanguardia me interesan Leppe, Dittborn y, de los más jóvenes, Patrick Steeger

-A varios le intriga, ¿por qué teniendo una obra sólida e innovadora no eres elegido para ser enviado a bienales como el Mercosur y otras ?
"No soy parte del 'arte oficial'. Porque no he estado en los lugares precisos donde se gestó, como la Universidad de Chile; ni he sido parte de movimientos ni grupos. Y soy pintor de caballete: ¡esta es pintura sobre tela! Hoy para ser de 'vanguardia' sigue ganando aquí el arte conceptual y la instalación. Tampoco tengo una pintura muy contestataria y denunciante".

-Pero en bienales como Venecia reapareció este año la pintura y fuertemente la escultura, más interactivas. ¿No piensas en instalaciones pictóricas?
"Mucho, yo proyecto imágenes, muchas veces. De hecho, he pensado en hacer enormes juegos de agua en instalaciones donde el público pueda ir participando a través de una enorme obra continua... muy interactiva y sociológica. Quizás lo haga".

Exposicion "Punto sin retorno"
Obras : más de 20 pinturas de Hernán Gana
Fecha: desde el 4 de septiembre
Lugar : Galería Animal
  
Articulo : http://diario.elmercurio.com  28/08/2011

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