CRÍTICA: LIBROS - MEMORIAS Geoff Emerick y
Howard Massey - El sonido de los Beatles. Memorias de su ingeniero de grabación
Secretos de cocina
Por Diego A. MANRIQUE
Geoff Emerick, ingeniero de sonido en
Abbey Road, ofrece una visión inédita del trabajo para los Beatles y Paul
McCartney
Memorias. Hace poco, un productor español
de larga trayectoria viajó a Nueva York en luna de miel. Allí, se le ocurrió
visitar los estudios de grabación clásicos. Ningún problema, le dijeron. De
hecho, estaban dispuestos a montarle lo que necesitara, incluyendo
convocatorias a músicos de primera, literalmente de un día para otro. No tenían
trabajo.
Los grandes estudios son víctimas
colaterales de los cambios en el consumo cultural. Servicios caros, pierden la
batalla ante los accesibles estudios caseros: en el mundo del MP3, la máxima
calidad sonora no es un requisito. Por consiguiente, están desapareciendo.
Hablamos de una artesanía altamente especializada, sustentada sobre una
convergencia de vectores: equipamiento, savoir faire y espacio. Dado
que algunos tenían localización céntrica, atraen la codicia inmobiliaria. En
2010, supimos que Abbey Road, los estudios más famosos del mundo, podían
transformarse en apartamentos de lujo. El escándalo consiguiente paró a su
propietario, EMI.
El grueso de El sonido de los
Beatles transcurre en aquel discreto caserón londinense. Geoff Emerick
tuvo silla de pista en la más deslumbrante historia musical de los sesenta:
ganó dos premios Grammy por ejercer de ingeniero de sonido de los Beatles (más
otro por su trabajo con Wings y un cuarto por el conjunto de sus aportaciones
técnicas). Emerick se sentó detrás de la mesa de grabación en sus elepés más
audaces: de Revolver (1966) aAbbey Road (1969).
Emerick desmitifica lo que significaba un
puesto en Abbey Road. Entró allí gracias a la gestión rutinaria de un orientador
profesional ante EMI. Conviene recordar que aquella empresa era casi tan
tradicionalista como el Palacio de Buckingham. Los técnicos estaban obligados a
llevar batas y la pirámide laboral resultaba asfixiante. Abundaban los jefes
excéntricos o dictatoriales. En 1968, el director del estudio cortaba la
electricidad para echar a Pink Floyd: los horarios eran sagrados (y las horas
nocturnas se pagaban extra).
Los Beatles cambiaron todo: como motor de
EMI, imponían su propio ritmo. Sin embargo, a pesar del prestigio y las horas
extra, algunos empleados preferían no trabajar con ellos. Los de Liverpool
marcaban las distancias con la mano de obra: no solían compartir comida, bebida
o confidencias. Al gozar de permiso para investigar, sus sesiones podían ser
"absolutamente exasperantes". Y el clima, según se deterioraban las
relaciones internas, se hizo irrespirable.
Sabiendo que Emerick no escribía un
diario, cabe suponer que algunos de sus "recuerdos" han sido
adquiridos a posteriori. Pero fue testigo-víctima de las tensiones
creativas en aquellas jornadas. Sin menospreciar la aportación musical de
George Martin, el productor queda retratado como un equilibrista poco
solidario. Ejerce sus privilegios jerárquicos y no renuncia a su taburete,
simbólicamente más alto que los asientos de los Beatles.
Respecto a estos, lo que imaginábamos:
John Lennon empuja hacia la experimentación, aunque sus ideas no sean prácticas
(cantar mientras se balancea colgado del techo) o le cueste verbalizarlas.
Emerick le atribuye una de las cuñas que romperían a los Beatles, cuando otorga
voz a Yoko Ono -hasta entonces, ajena a la música pop- en las discusiones
clave. Intenten visualizar a Yoko convaleciente de un accidente
automovilístico, instalada durante semanas en una cama en pleno estudio,
recibiendo a sus amigos y con un micro conectado al cuarto de control, para
poder lanzar sus opiniones sobre lo que se está tocando.
Se certifica la santa paciencia de George
Harrison y Ringo Starr, ninguneados por los jefes del cotarro. A su modo, se
desquitan cuando la acción salta al estudio de Apple en Savile Row. Allí
Harrison se convierte en un señor hasta grosero, que interrumpe conversaciones
para recitar plegarias. Y Ringo, el sensato Ringo, destroza literalmente el
edificio por el capricho de construir un anexo para grabar bandas sonoras.
Obviamente, Emerick es un "hombre de
McCartney" en más de un sentido. Sitúa en Sgt. Pepper el ascenso
de Paul a productor de facto del grupo: George Martin lleva mal el horario
nocturno y tiende a adormilarse. McCartney es un perfeccionista. Y tiene
suficiente diplomacia para salir pimpante de situaciones complejas, como la
tragicómica estancia en Lagos, para grabar el álbum cumbre de Wings, Band
on the run.
En Nigeria, comprendemos el neocolonialismo
de las multinacionales. Teóricamente, los estudios de EMI en todo el mundo
estaban estandarizados. En realidad, Lagos usaba material obsoleto, procedente
de Abbey Road. Que tampoco era el estudio puntero del planeta. Incluso en 1970,
un Phil Spector, habituado a la tecnología estadounidense, echaba pestes de
Abbey Road. El mismo Emerick enumera sus deficiencias arquitectónicas y su
ambiente espartano.
Con todo, aquello funcionaba. Hoy parece
inconcebible que Sgt. Pepper, la obra más fantasiosa de 1967, se
grabara en cuatro pistas: glorioso testimonio de la laboriosidad, la limpieza,
la chispa de unos técnicos al servicio de creadores pletóricos. Una
experiencia, un espíritu, unos conocimientos que se irán extinguiendo según
cierran los grandes estudios.
El sonido de los Beatles. Memorias de su
ingeniero de grabación
Geoff Emerick y Howard Massey
Prólogo de Elvis Costello
Traducción de Ricard Gil
Ediciones Urano. Barcelona, 2011
412 páginas. 21 euros
The Beatles sobre
YOU TUBE:
- The
Beatles - Abbey Road [Full Album]
- The
Beatles - Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band
- John Lennon -
Woman
- George
Harrison - My Sweet Lord
- Paul McCartney –
Maybe I’m amazed 1970
- Paul
McCartney Live and Let Die
Articulo : http://www.elpais.com 17/09/2011

